Primera parte
https://www.poringa.net/posts/relatos/6337606/Primera-experiencia-como-cornudo---parte-1.html
Segunda parte
https://www.poringa.net/posts/relatos/6406835/Primera-experiencia-como-cornudo---parte-2.html
Tercera parte
https://www.poringa.net/posts/relatos/6417268/Primera-experiencia-como-cornudo-Parte-3.html
Me quedé un microsegundo mirando la escena.
Cuando abrí la boca para decir algo, Walter ya había tomado la cara de Daniela con las dos manos. Le pasó la lengua lenta por los labios hinchados, saboreando su propia saliva y la de ella, y después le bajó la cabeza con firmeza para que siguiera chupando.
— Dejala que termine, cornudo — me dijo mirándome fijo por el espejo, con esa sonrisa de superioridad.
Daniela me miraba de costado mientras se la tragaba. Babeaba muchísimo. Hilos gruesos de saliva le corrían por la comisura de la boca, bajaban por el mentón. Cada vez que bajaba la cabeza se le llenaban los ojos de lágrimas de esfuerzo; esa pija era demasiado gruesa y apenas le entraba. Aun así no paraba. Gemia con la boca llena, haciendo ruidos húmedos y profundos.
En un momento la sacó de la boca. La sostuvo al lado de su cara, aún palpitante, brillante de saliva, y me miró directo a los ojos:
— ¿Esto es lo que querías, cornudito…? Yo quiero mucho más.
Y volvió a metérsela hasta donde pudo, esta vez más agresiva, más hambrienta. Walter le agarraba las tetas como podía desde atrás, apretándolas, pellizcándole los pezones mientras ella gemia con la pija embutida en la garganta.
— Ya estoy por acabar… — gruñó Walter, la voz rota —. ¿Dónde querés la leche, putita? Decime…
Yo imaginaba dónde iba a pedir. Estaba completamente seguro. Y yo también lo deseaba. Tenía la pija a mil, babosa, empapando el calzoncillo.
— Dale, putita… ¿dónde querés la leche? No aguanto más…
Ella sacó la pija de la boca. Abrió bien grande, sacó la lengua, se la pasó por el glande y dijo apenas:
— Acá.
Walter soltó un gruñido largo y empezó a disparar. El primer chorro le pegó directo en la lengua y le llenó la boca. Ella volvió a meter esa pija enorme y venosa de un solo movimiento, tragando mientras él seguía eyaculando. Se le escapaba leche por los costados de la boca, le bajaba por el mentón. Él seguía tirando, y ella lo miraba con los ojos entrecerrados, deleitándose.
Cuando finalmente terminó, hizo una última succión profunda, lenta, limpiándolo. Después se fue componiendo despacio. La pija de Walter seguía bastante dura, brillante, todavía goteando.
Daniela me miró.
Abrió la boca y dejó caer toda la leche que le quedaba adentro. El semen espeso le cayó en chorros sobre las tetas grandes, resbalando entre ellas, marcando la piel. Empezó a frotárselas con las dos manos, esparciendo la leche de él por toda la superficie, apretando, amasando, manchándose los pezones.
Walter volvió a tocarle las tetas con ambas manos, ayudándola a distribuir su propia corrida.
— Qué hermosas tetas que tenés… merecen ser compartidas — murmuró.
Ella lo miró, se agachó una vez más y le limpió la pija con la boca, lenta, casi cariñosa, sacándole las últimas gotas. Después se separó, se acomodó el pelo y le dijo con una sonrisa cansada pero satisfecha:
— En otro momento repetimos.
Se bajó del auto.
Walter se acomodó como pudo la ropa, se subió el cierre y, antes de bajar, me miró por última vez:
— Hasta la próxima, amigo.
Cerró la puerta y se fue caminando hacia su casa.
Daniela abrió la puerta del acompañante y se subió.
Se sentó sin arreglarse. Las tetas todavía al aire, brillantes, cubiertas de leche espesa que le corría hacia el estómago. Me miró de costado, con los labios hinchados, la cara manchada y esa expresión de puta satisfecha que nunca le había visto.
— Y ahora…?
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Segunda parte
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Tercera parte
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Me quedé un microsegundo mirando la escena.
Cuando abrí la boca para decir algo, Walter ya había tomado la cara de Daniela con las dos manos. Le pasó la lengua lenta por los labios hinchados, saboreando su propia saliva y la de ella, y después le bajó la cabeza con firmeza para que siguiera chupando.
— Dejala que termine, cornudo — me dijo mirándome fijo por el espejo, con esa sonrisa de superioridad.
Daniela me miraba de costado mientras se la tragaba. Babeaba muchísimo. Hilos gruesos de saliva le corrían por la comisura de la boca, bajaban por el mentón. Cada vez que bajaba la cabeza se le llenaban los ojos de lágrimas de esfuerzo; esa pija era demasiado gruesa y apenas le entraba. Aun así no paraba. Gemia con la boca llena, haciendo ruidos húmedos y profundos.
En un momento la sacó de la boca. La sostuvo al lado de su cara, aún palpitante, brillante de saliva, y me miró directo a los ojos:
— ¿Esto es lo que querías, cornudito…? Yo quiero mucho más.
Y volvió a metérsela hasta donde pudo, esta vez más agresiva, más hambrienta. Walter le agarraba las tetas como podía desde atrás, apretándolas, pellizcándole los pezones mientras ella gemia con la pija embutida en la garganta.
— Ya estoy por acabar… — gruñó Walter, la voz rota —. ¿Dónde querés la leche, putita? Decime…
Yo imaginaba dónde iba a pedir. Estaba completamente seguro. Y yo también lo deseaba. Tenía la pija a mil, babosa, empapando el calzoncillo.
— Dale, putita… ¿dónde querés la leche? No aguanto más…
Ella sacó la pija de la boca. Abrió bien grande, sacó la lengua, se la pasó por el glande y dijo apenas:
— Acá.
Walter soltó un gruñido largo y empezó a disparar. El primer chorro le pegó directo en la lengua y le llenó la boca. Ella volvió a meter esa pija enorme y venosa de un solo movimiento, tragando mientras él seguía eyaculando. Se le escapaba leche por los costados de la boca, le bajaba por el mentón. Él seguía tirando, y ella lo miraba con los ojos entrecerrados, deleitándose.
Cuando finalmente terminó, hizo una última succión profunda, lenta, limpiándolo. Después se fue componiendo despacio. La pija de Walter seguía bastante dura, brillante, todavía goteando.
Daniela me miró.
Abrió la boca y dejó caer toda la leche que le quedaba adentro. El semen espeso le cayó en chorros sobre las tetas grandes, resbalando entre ellas, marcando la piel. Empezó a frotárselas con las dos manos, esparciendo la leche de él por toda la superficie, apretando, amasando, manchándose los pezones.
Walter volvió a tocarle las tetas con ambas manos, ayudándola a distribuir su propia corrida.
— Qué hermosas tetas que tenés… merecen ser compartidas — murmuró.
Ella lo miró, se agachó una vez más y le limpió la pija con la boca, lenta, casi cariñosa, sacándole las últimas gotas. Después se separó, se acomodó el pelo y le dijo con una sonrisa cansada pero satisfecha:
— En otro momento repetimos.
Se bajó del auto.
Walter se acomodó como pudo la ropa, se subió el cierre y, antes de bajar, me miró por última vez:
— Hasta la próxima, amigo.
Cerró la puerta y se fue caminando hacia su casa.
Daniela abrió la puerta del acompañante y se subió.
Se sentó sin arreglarse. Las tetas todavía al aire, brillantes, cubiertas de leche espesa que le corría hacia el estómago. Me miró de costado, con los labios hinchados, la cara manchada y esa expresión de puta satisfecha que nunca le había visto.
— Y ahora…?
1 comentarios - Primera experiencia como cornudo – Parte 4