Primera parte
https://www.poringa.net/posts/relatos/6337606/Primera-experiencia-como-cornudo---parte-1.html
Segunda parte
https://www.poringa.net/posts/relatos/6406835/Primera-experiencia-como-cornudo---parte-2.html
No me pregunten cómo llegamos al auto.
Solo recuerdo que me senté en el asiento del conductor, las manos temblando un poco sobre el volante. Walter me dijo la dirección de su casa y yo arranqué sin decir una palabra. Daniela ya estaba atrás, sentada al lado de él.
El viaje se me hizo eterno.
Desde el primer semáforo empecé a escucharlos e intentaba observarlos. El ruido húmedo de las bocas, los gemidos bajitos de ella, la risa baja de Walter. Se besaban con una complicidad que me quemaba por dentro. Cada tanto escuchaba el roce de la ropa, el sonido de una mano apretando carne, el suspiro entrecortado de Daniela.
En un semáforo largo logré mirar bien por el espejo retrovisor.
Daniela se había subido encima de él. Estaba de frente a Walter, con las piernas abiertas a cada lado de su cuerpo. Él le había bajado el top negro hasta la cintura y le estaba chupando las tetas con ganas, una y otra vez, mordiendo los pezones, tragándose todo lo que podía. Daniela tenía la cabeza echada hacia atrás, la boca entreabierta, una mano en la nuca de Walter y la otra apoyada en el respaldo del asiento. No lograba verle bien la cara de excitación, solo el perfil, el cuello tenso, el pecho subiendo y bajando rápido.
Un auto de atrás me tocó bocina y me sacó de esa ensoñazón que tenía. Arranqué de golpe.
Seguí manejando casi en piloto automático. La pija me latía contra el pantalón, dura, incómoda. Cada vez que miraba el espejo veía más. Walter le apretaba las tetas con las dos manos mientras ella se frotaba contra su entrepierna. Después ella se bajó un poco, le abrió el jean y sacó esa pija gruesa, venosa, que apenas le entraba en la boca. Empezó a chuparla con hambre, haciendo ruidos húmedos, babosos. Se le escapaba saliva por las comisuras. Walter le agarraba el pelo y le movía la cabeza, empujándola más abajo.
Casi llegando a su casa, otro semáforo me detuvo.
Miré para atrás.
Esta vez solo vi la cara de Walter. Tenía los ojos entrecerrados, la boca entreabierta, una expresión de puro placer. Cruzó su mirada con la mía por el espejo y le dijo a Daniela, con voz ronca:
— Ya casi llegamos… y no terminamos, putita.
Ella sacó la pija de la boca. Estaba brillante de saliva, más gruesa todavía. Apenas le entraba. Daniela levantó la vista, lo miró a él. Me imaginé que sonrió con los labios hinchados y le contestó:
— Me encanta… no voy a parar.
Y se la volvió a meter hasta donde pudo, haciendo un ruido profundo de garganta.
Otro bocinazo me sacó del trance, y me maldije por estar manejando. Arranqué otra vez.
Llegamos a la puerta de su casa. Frené. Apagué el motor. El silencio del auto se sintió pesado, solo roto por la respiración agitada de los dos de atrás y el sonido húmedo de la boca de Daniela todavía trabajando.
Walter no había acabado.
Daniela se separó un poco, se limpió la boca con el dorso de la mano y me miró a través del espejo. Tenía los ojos brillantes, los labios hinchados, el top todavía bajado dejando las tetas al aire. Me habló con voz suave, casi pidiendo permiso:
— Quiero hacerlo acabar… ¿me esperás a que lo haga?
https://www.poringa.net/posts/relatos/6337606/Primera-experiencia-como-cornudo---parte-1.html
Segunda parte
https://www.poringa.net/posts/relatos/6406835/Primera-experiencia-como-cornudo---parte-2.html
No me pregunten cómo llegamos al auto.
Solo recuerdo que me senté en el asiento del conductor, las manos temblando un poco sobre el volante. Walter me dijo la dirección de su casa y yo arranqué sin decir una palabra. Daniela ya estaba atrás, sentada al lado de él.
El viaje se me hizo eterno.
Desde el primer semáforo empecé a escucharlos e intentaba observarlos. El ruido húmedo de las bocas, los gemidos bajitos de ella, la risa baja de Walter. Se besaban con una complicidad que me quemaba por dentro. Cada tanto escuchaba el roce de la ropa, el sonido de una mano apretando carne, el suspiro entrecortado de Daniela.
En un semáforo largo logré mirar bien por el espejo retrovisor.
Daniela se había subido encima de él. Estaba de frente a Walter, con las piernas abiertas a cada lado de su cuerpo. Él le había bajado el top negro hasta la cintura y le estaba chupando las tetas con ganas, una y otra vez, mordiendo los pezones, tragándose todo lo que podía. Daniela tenía la cabeza echada hacia atrás, la boca entreabierta, una mano en la nuca de Walter y la otra apoyada en el respaldo del asiento. No lograba verle bien la cara de excitación, solo el perfil, el cuello tenso, el pecho subiendo y bajando rápido.
Un auto de atrás me tocó bocina y me sacó de esa ensoñazón que tenía. Arranqué de golpe.
Seguí manejando casi en piloto automático. La pija me latía contra el pantalón, dura, incómoda. Cada vez que miraba el espejo veía más. Walter le apretaba las tetas con las dos manos mientras ella se frotaba contra su entrepierna. Después ella se bajó un poco, le abrió el jean y sacó esa pija gruesa, venosa, que apenas le entraba en la boca. Empezó a chuparla con hambre, haciendo ruidos húmedos, babosos. Se le escapaba saliva por las comisuras. Walter le agarraba el pelo y le movía la cabeza, empujándola más abajo.
Casi llegando a su casa, otro semáforo me detuvo.
Miré para atrás.
Esta vez solo vi la cara de Walter. Tenía los ojos entrecerrados, la boca entreabierta, una expresión de puro placer. Cruzó su mirada con la mía por el espejo y le dijo a Daniela, con voz ronca:
— Ya casi llegamos… y no terminamos, putita.
Ella sacó la pija de la boca. Estaba brillante de saliva, más gruesa todavía. Apenas le entraba. Daniela levantó la vista, lo miró a él. Me imaginé que sonrió con los labios hinchados y le contestó:
— Me encanta… no voy a parar.
Y se la volvió a meter hasta donde pudo, haciendo un ruido profundo de garganta.
Otro bocinazo me sacó del trance, y me maldije por estar manejando. Arranqué otra vez.
Llegamos a la puerta de su casa. Frené. Apagué el motor. El silencio del auto se sintió pesado, solo roto por la respiración agitada de los dos de atrás y el sonido húmedo de la boca de Daniela todavía trabajando.
Walter no había acabado.
Daniela se separó un poco, se limpió la boca con el dorso de la mano y me miró a través del espejo. Tenía los ojos brillantes, los labios hinchados, el top todavía bajado dejando las tetas al aire. Me habló con voz suave, casi pidiendo permiso:
— Quiero hacerlo acabar… ¿me esperás a que lo haga?
1 comentarios - Primera experiencia como cornudo – Parte 3