No puedo creer que esté viviendo esto.
Llegamos al bar hace como cuarenta minutos. Un lugar común, lleno de gente, mesas cercanas, ruido de conversaciones y risas. Yo estaba sentado al lado de Daniela, con el corazón latiéndome tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho. Ella estaba vestida con una campera de jean azul un poco abierta, top negro ajustado que le marcaba las tetas grandes, redondas y pesadas. Cada vez que respiraba se notaba cómo se le movían.
Walter estaba sentado al lado de Daniela. Al principio todo era “normal”: charlábamos, tomábamos cerveza, nos reíamos. Pero yo ya sentía la ansiedad subiendo. Sabía que esto no iba a quedar en charla.
De repente Walter se inclinó hacia su costado, le agarró la cara a Daniela con una mano y la besó.
Fue como si el tiempo se detuviera. Sus bocas se juntaron justo delante mío. Primero fue un beso suave… y después se volvió intenso, sucio. Se escuchaba el ruido húmedo de las lenguas. Daniela le respondió. Le metió la lengua, gimiendo bajito dentro de su boca.
Me quedé paralizado. Intenté decir algo, pero solo abrí la boca y no me salió ni una palabra.
Se separaron un segundo. Daniela me miró con los labios hinchados y brillantes, y sonrió con cara de zorra.
Daniela: — ¿Qué pasa, amor? ¿Te quedaste mudo?
Walter se rio y volvió a besarla, esta vez agarrándola más fuerte de la nuca. Le metió la lengua hasta el fondo mientras le bajaba una mano y le apretaba una teta por encima del top negro. Se la amasaba con ganas, apretando fuerte. Se notaba cómo los dedos se le hundían en la carne.
Daniela gimió más fuerte dentro de su boca. Vi claramente cómo se le paraban los pezones, marcándose duros contra la tela del top.
Walter (separándose apenas, mirándome con burla): — Mirá a este boludo… tiene la boca abierta y no dice nada. ¿Te gusta ver cómo le como la boca a tu mujer, cornudo?
Daniela (mirándome fijo, con la respiración agitada mientras Walter seguía apretándole la teta): — Pobrecito… mirá la cara de cornudito que tiene. Se queda calladito mientras otro me toca las tetas delante suyo. ¿Te excita esto? Decime…
Quise hablar. Quise decir “basta” o “acá hay gente”, pero la voz no me salía. Solo sentí cómo la pija se me ponía completamente dura, palpitando dentro del pantalón.
Walter y Daniela se miraron con complicidad y volvieron a besarse con más hambre. Esta vez ella le pasó la mano por el cuello y lo atrajo fuerte. Se comían la boca como si estuvieran solos. Walter bajó las dos manos y le agarró las tetas, apretándoselas por encima de la ropa. Los pezones de Daniela estaban durísimos, bien marcados.
Daniela (separándose un segundo, mirándome mientras Walter le tocaba las tetas): — Uff… me encanta cómo me toca... ¿Ves lo que le pasa a tu mujer cuando la toca otro?
Walter (riendo, mirándome mientras seguía manoseándola): — Este cornudo está con la pija al palo mirando. Mirá el bultito que tiene en el pantalón. Le encanta que le toque las tetas a su mujer delante de él.
Daniela bajó la mano por debajo de la mesa y empezó a acariciarle la pija a Walter por encima del pantalón. Se notaba perfectamente el bulto grande y grueso marcándose en su jean. Ella lo apretaba, lo medía, lo pajaba despacio por arriba del pantalón.
Daniela (hablando con Walter, pero mirándome a mí con lujuria): — Tenés la pija re dura… y grande. Mucho más gruesa que la de él. Me encanta sentirla palpitar.
Walter (mirándome con desprecio, mientras Daniela le tocaba la pija): — ¿Escuchaste, cornudito? Tu mujer dice que la mía es más grande. ¿Qué se siente saber que ella está tocando otra pija mejor que la tuya delante tuyo? Sos muy cornudo.
Yo estaba al palo total. La pija me dolía de lo dura que la tenía. Sentía vergüenza, excitación y humillación todo al mismo tiempo. Intenté hablar de nuevo:
— Daniela… por favor…
Pero ella me interrumpió con una risita cruel:
Daniela: — ¿Por favor qué, cornudito? ¿Por favor seguí tocándole la pija? ¿Por favor seguí besándolo? Mirá cómo estás… ni siquiera podés hablar. Solo mirás...
Walter le metió la mano más adentro del escote, manoseándole las tetas con más fuerza. Daniela cerró los ojos un segundo de placer y luego me miró otra vez.
Walter (con voz baja y arrogante): — Daniela tiene hambre de pija de verdad. Se nota que vos no la satisfacés. Hoy le voy a hacer de todo.
Daniela (mirándome con los ojos llenos de deseo, todavía tocándole la pija): — Es verdad… tengo muchas ganas de que me coja. Quiero probarla entera. Quiero que me rompa, cornudito. ¿Me dejás ir con él? Decime que sí…
Se besaron una vez más, profundo y sucio, delante de todo el bar. Walter le agarró el culo con fuerza con una mano, apretándoselo.
Ella corriendo su cara, me miró con una sonrisa de puta total y movió los labios sin sonido:
“Cornudito, decí que si…”
Llegamos al bar hace como cuarenta minutos. Un lugar común, lleno de gente, mesas cercanas, ruido de conversaciones y risas. Yo estaba sentado al lado de Daniela, con el corazón latiéndome tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho. Ella estaba vestida con una campera de jean azul un poco abierta, top negro ajustado que le marcaba las tetas grandes, redondas y pesadas. Cada vez que respiraba se notaba cómo se le movían.
Walter estaba sentado al lado de Daniela. Al principio todo era “normal”: charlábamos, tomábamos cerveza, nos reíamos. Pero yo ya sentía la ansiedad subiendo. Sabía que esto no iba a quedar en charla.
De repente Walter se inclinó hacia su costado, le agarró la cara a Daniela con una mano y la besó.
Fue como si el tiempo se detuviera. Sus bocas se juntaron justo delante mío. Primero fue un beso suave… y después se volvió intenso, sucio. Se escuchaba el ruido húmedo de las lenguas. Daniela le respondió. Le metió la lengua, gimiendo bajito dentro de su boca.
Me quedé paralizado. Intenté decir algo, pero solo abrí la boca y no me salió ni una palabra.
Se separaron un segundo. Daniela me miró con los labios hinchados y brillantes, y sonrió con cara de zorra.
Daniela: — ¿Qué pasa, amor? ¿Te quedaste mudo?
Walter se rio y volvió a besarla, esta vez agarrándola más fuerte de la nuca. Le metió la lengua hasta el fondo mientras le bajaba una mano y le apretaba una teta por encima del top negro. Se la amasaba con ganas, apretando fuerte. Se notaba cómo los dedos se le hundían en la carne.
Daniela gimió más fuerte dentro de su boca. Vi claramente cómo se le paraban los pezones, marcándose duros contra la tela del top.
Walter (separándose apenas, mirándome con burla): — Mirá a este boludo… tiene la boca abierta y no dice nada. ¿Te gusta ver cómo le como la boca a tu mujer, cornudo?
Daniela (mirándome fijo, con la respiración agitada mientras Walter seguía apretándole la teta): — Pobrecito… mirá la cara de cornudito que tiene. Se queda calladito mientras otro me toca las tetas delante suyo. ¿Te excita esto? Decime…
Quise hablar. Quise decir “basta” o “acá hay gente”, pero la voz no me salía. Solo sentí cómo la pija se me ponía completamente dura, palpitando dentro del pantalón.
Walter y Daniela se miraron con complicidad y volvieron a besarse con más hambre. Esta vez ella le pasó la mano por el cuello y lo atrajo fuerte. Se comían la boca como si estuvieran solos. Walter bajó las dos manos y le agarró las tetas, apretándoselas por encima de la ropa. Los pezones de Daniela estaban durísimos, bien marcados.
Daniela (separándose un segundo, mirándome mientras Walter le tocaba las tetas): — Uff… me encanta cómo me toca... ¿Ves lo que le pasa a tu mujer cuando la toca otro?
Walter (riendo, mirándome mientras seguía manoseándola): — Este cornudo está con la pija al palo mirando. Mirá el bultito que tiene en el pantalón. Le encanta que le toque las tetas a su mujer delante de él.
Daniela bajó la mano por debajo de la mesa y empezó a acariciarle la pija a Walter por encima del pantalón. Se notaba perfectamente el bulto grande y grueso marcándose en su jean. Ella lo apretaba, lo medía, lo pajaba despacio por arriba del pantalón.
Daniela (hablando con Walter, pero mirándome a mí con lujuria): — Tenés la pija re dura… y grande. Mucho más gruesa que la de él. Me encanta sentirla palpitar.
Walter (mirándome con desprecio, mientras Daniela le tocaba la pija): — ¿Escuchaste, cornudito? Tu mujer dice que la mía es más grande. ¿Qué se siente saber que ella está tocando otra pija mejor que la tuya delante tuyo? Sos muy cornudo.
Yo estaba al palo total. La pija me dolía de lo dura que la tenía. Sentía vergüenza, excitación y humillación todo al mismo tiempo. Intenté hablar de nuevo:
— Daniela… por favor…
Pero ella me interrumpió con una risita cruel:
Daniela: — ¿Por favor qué, cornudito? ¿Por favor seguí tocándole la pija? ¿Por favor seguí besándolo? Mirá cómo estás… ni siquiera podés hablar. Solo mirás...
Walter le metió la mano más adentro del escote, manoseándole las tetas con más fuerza. Daniela cerró los ojos un segundo de placer y luego me miró otra vez.
Walter (con voz baja y arrogante): — Daniela tiene hambre de pija de verdad. Se nota que vos no la satisfacés. Hoy le voy a hacer de todo.
Daniela (mirándome con los ojos llenos de deseo, todavía tocándole la pija): — Es verdad… tengo muchas ganas de que me coja. Quiero probarla entera. Quiero que me rompa, cornudito. ¿Me dejás ir con él? Decime que sí…
Se besaron una vez más, profundo y sucio, delante de todo el bar. Walter le agarró el culo con fuerza con una mano, apretándoselo.
Ella corriendo su cara, me miró con una sonrisa de puta total y movió los labios sin sonido:
“Cornudito, decí que si…”
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