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Pague caro el precio de querer verla con otro

Hoy voy a seguir como vengo cintando en otros relatos el camino de como hoy somos una pareja que incursiona dentro del mundo swinger.
https://m.poringa.net/posts/relatos/6087395/Me-entero-que-soy-cornudo.html
Es hora de poner nombres, somos Juliana y Carlos y esta vez voy a contar de cómo fue la primera vez que vi presencial a mi mujer con otro estando yo ahí.
Yo seguía disfrutando saber que mi mujer estaba con otros hombres. Pero quería algún dia que estar presente en esa situación. Varias noches la tentaba para que me confiese y no pisaba el palito. Hasta que después varias noches nos pusimos a buscar en aplicaciones medio en broma medio en serio a alguien y ver si se animaba a conocerlo conmigo. Tuve suerte que se prendió en mi juego y se animó a dar un paso más:
La luz tenue del restaurante apenas lograba disimular la tensión en la mesa. Juliana y Carlos llevaban meses hablando de esto, alimentando la fantasía: introducir a un tercero, que rompiera la rutina de su matrimonio de veinte años. Tras semanas de filtros en una aplicación discreta, habían elegido a Marcos. Su perfil prometía sofisticación, distancia y, sobre todo, el cumplimiento estricto de sus reglas.
Esa noche, Juliana se preparó ante la atenta mirada de su marido. Era una mujer de rostro hermoso y figura voluptuosa, realzada por un escote sugerente que Carlos no dejaba de admirar. Para la ocasión, ella había elegido un vestido ajustado y unas botas negras de tacón que subían hasta las rodillas. Se sentía el centro de las miradas, pero la realidad estaba a punto de chocar de frente con la fantasía.
Cuando Marcos llegó, la química del papel no se trasladó a la mesa. Aunque era un hombre atractivo, de sonrisa impecable y conversación fluida, el ambiente se volvió denso a medida que avanzaba la cena. Su seguridad rozaba la arrogancia y pronto tomó el control de la conversación con preguntas demasiado íntimas que hicieron que a Carlos se le tensara la mandíbula. El punto de quiebre ocurrió antes del postre. Marcos, rozando la rodilla de Juliana por encima del cuero de sus botas, sugirió con total naturalidad ir directamente a un hotel cercano. En ese instante, la incomodidad pudo más.
— ¿Saben qué? —Dijo Juliana, forzando una sonrisa—. Creo que cometimos un error. No estamos listos para esto.
Carlos obedeció la señal de inmediato. Pidió la cuenta, pagó la cena y, tras una despedida incómoda y apresurada, la pareja caminó rápidamente hacia el estacionamiento subterráneo.
Sin embargo, en el silencio y la soledad del estacionamiento se rompió antes de que Carlos pudiera encender el motor. Marcos los había seguido de cerca. Antes de que Juliana lograra cerrar la puerta del copiloto, la mano del hombre la detuvo con firmeza. La tensión acumulada mutó en algo completamente distinto; la arrogancia de Marcos se transformó en una presencia imponente que congeló cualquier intento de protesta.
Con un movimiento rápido y dominante, la tomó de la cintura y la llevó al frente del vehículo, haciéndola acostar en el capó boca arriba bajo la mirada estupefacta de su esposo en el asiento del conductor. El juego de poder que creían haber cancelado se materializó de golpe en ese espacio cerrado. Marcos le practicó un sexo oral intenso y posesivo que la dejó totalmente húmeda, haciendo que el tacón de sus botas repicara contra el metal del coche ante sus propios jadeos incontrolables.
Acto seguido, rompiendo toda inhibición, Marcos la bajó y la puso de rodillas sobre el suelo de cemento. Frente a los ojos abiertos de par en par de Carlos, la diferencia se hizo evidente: el miembro de Marcos, notablemente más grande y robusto, confirmaba de forma imponente su rol. Sin dejar de mirar a Carlos, Juliana comenzó a practicarle una felación a Marcos con una entrega y una pasión salvaje como nunca antes lo había hecho en su matrimonio, completamente sometida al magnetismo y la autoridad del tercero.
Con el miembro totalmente erecto, Marcos la miró a los ojos, la tomó de la mano de forma extrañamente gentil y la guio hasta acorralarla contra la pared de concreto del subsuelo. El tacón de las botas resonaba con un eco seco en cada paso. Juliana estaba totalmente entregada; el contraste entre la frialdad del muro y el calor del cuerpo de Marcos se encendió una chispa incontrolable. Al otro lado del parabrisas, Carlos continuaba paralizado detrás del volante, incapaz de apartar los ojos de la escena.
Marcos levantó el vestido de Juliana con movimientos certeros, dejando a la vista el contraste de su piel con las largas botas negras. Corrió la fina lencería y, demostrando una total superioridad física, la tomó de pie, dominando el espacio con un ritmo firme y desbordante. El orgasmo no tardó en llegar para Juliana.
Disfruto ese momento como nunca, Marcos sin dudar giró con autoridad para dejarla de espaldas a él. Apoyando las manos contra la fría pared y manteniéndose firme sobre sus tacones, Juliana recibió la penetración como una estocada profunda, con el vestido recogido sobre sus caderas. Carlos observó desde el auto la silueta de su esposa entregada por completo, arqueada ante un hombre visiblemente más dotado.
En ese clímax de intensidad, Marcos pasó sus brazos hacia adelante, rodeando el cuerpo de Juliana para alcanzar y apretar con firmeza sus pechos, cuyos pezones estaban completamente erectos por la adrenalina. Mientras las manos la estimulaban con rudeza y posesión, la timidez inicial de Juliana se disolvió por completo. Totalmente dominada por el placer, echó la cabeza hacia atrás y, con la voz rota por el jadeo, le pidió que terminara adentro. Él cumplió con la petición de manera profunda, manteniendo el agarre sobre su pecho firme mientras se vaciaba en ella. Al separarse lentamente, Juliana sintió que se desvanecía.
Cuando todo terminó, Marcos se acomodó la ropa sin prisa. Le dedicó una última mirada de complicidad a Juliana, quien recuperaba el aliento apoyada contra el muro, ajustándose el vestido mientras sentía el rastro del semen goteando sobre sus botas. Sin decir una sola palabra, el hombre se alejó en la oscuridad del estacionamiento.
El silencio regresó al vehículo, pero esta vez, cargado con el peso de una realidad que Carlos y Juliana ya no podrían borrar.
Unas fotos más de ella para quienes vienen siguiendo nuestras historias.
Pague caro el precio de querer verla con otro





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4 comentarios - Pague caro el precio de querer verla con otro

Alepijon2025 +1
Mi esposa hizo algo así pero yo lamentablemente no la vi
Sebi70
Una mujer así...es todo lo q está bien!!