Voy a contar cómo fue mi primera vez y por qué me gusta una clase de hombre.
La adolescencia era el despertar de la sexualidad. Yo, a la edad que pasó esto, ya había estado con mujeres, pero no con hombres. Un par de veces quise masturbarme el ano, pero no sentía tanto placer como masturbarme con mi glande. Resulta que cada vez que iba a gimnasia del colegio en primavera, con calor, salía el curso más grande que nosotros. Había uno en particular. La escuela era una escuela de barrio, pero por ahí se inscribían de barrios chicos, de villa o asentamiento. El pibe en cuestión era repetidor, tenía dos años más que yo. Siempre lo veía y me emanaba excitación; varias veces llegaba a mi casa a masturbarme pensando en él. Siempre que salía del colegio salía sin remera, un cuerpo con los cuadrados, pelitos desde la cintura hasta su ombligo, brazos largos, muchos pelos en las axilas, villero morocho. Muchas pibas estaban detrás de él.
Resulta que un día nos invitan a un baile en un barrio cerca de la escuela donde estaba él. Yo esa noche estaba con Feli, una piba muy linda; era la popular y la más bonita de mi curso, buen cuerpo, todos le arrastraban el ala. Charlando con ella, se acerca y se presenta: "Hola, me llamo Maxi". Se quedó charlando hasta que Feli se dio cuenta de que se la quería levantar, pero a ella no le gustaban esa clase de pibes y se fue. Él se quedó hablando conmigo y me preguntó qué onda esta piba, si me la comía o salía con alguien. Le dije que no sabía nada, pero por ahí salía con pibes. "Bueno", me dice, "tírame información que me la quiero culiar. Si no, te voy a nalguear esa cola gorda que tenés". Lo miré sorprendido, y me dice: "Sí, como te hacen tus compañeros".
Esto pasó unas semanas. Un día voy al baño durante el horario de clase porque me hacía pis. Parece que él me vio desde la otra aula y, cuando llegué al baño, lo sentí que venía atrás. Me dice: "¿Qué onda? ¿Sabés algo de Feli?". Le contesto: "No, nada. Se comió un pibe, pero está soltera". "Esa info no me sirve", cuando me doy cuenta de que me miraba las nalgas, y me dice: "Bueno, no cumpliste con tu palabra. Le voy a entrar a esas nalgas". Yo, con los pantalones medio bajados porque estaba haciendo pis en los mingitorios, me lleva al último cubículo, y le digo: "No, pará, el culo no". Me dice: "Estoy muy caliente y lo tenés zarpado". Le digo: "Bueno, te la chupo, pero no la cola". Me da vuelta, me agacha y me frota la entrepierna por la boca. Se baja el jogging y los bóxer, y sacó una pija venosa, peluda, de buen tamaño y ancha. Me la pasa por la boca y me la empiezo a comer. Le chupaba solo la cabeza y sentía que la tenía mojada; tenía mi lengua el gusto a su pija. En un momento me levanta la pija y me dice: "Chúpame los huevos". Eran todos negros y peludos con su transpiración. Me hizo excitar más. Él lo notó: "Mirá, tenés la pija parada. ¿Te gusta?". "Sí, me gusta". "Bueno, entrega el orto entonces".
Me hace parar y me pone contra la pared. Se escupe la mano y me lo pasa por mi ano. Repite el mismo proceso y se la pasa por el pene. Acto seguido, me apunta la cabeza a mi ano y empieza a querer meterla. Hizo un poco de fuerza y entró. Justo a tiempo me tapó la boca. Le digo: "Sácala, sácala". La sacó, volvió a escupir los lados y volvió a meterla, y el dolor se iba yendo. Me agarraba los glúteos y me los apretaba. Me empezó a bombear. Habrán pasado 5 minutos y me sacó la pija y acabó a un costado. Se subió los pantalones y me dijo al oído: "A nadie le contás esto".
Me quedé un segundo en el baño y pensaba que era un sueño. Volví al aula y sentía que de mi ano bajaba algo; resulta que los primeros chorros los tiró adentro. Llegué a casa, me limpié. Me masturbé pensando lo que había pasado...
Esta historia continúa.
La adolescencia era el despertar de la sexualidad. Yo, a la edad que pasó esto, ya había estado con mujeres, pero no con hombres. Un par de veces quise masturbarme el ano, pero no sentía tanto placer como masturbarme con mi glande. Resulta que cada vez que iba a gimnasia del colegio en primavera, con calor, salía el curso más grande que nosotros. Había uno en particular. La escuela era una escuela de barrio, pero por ahí se inscribían de barrios chicos, de villa o asentamiento. El pibe en cuestión era repetidor, tenía dos años más que yo. Siempre lo veía y me emanaba excitación; varias veces llegaba a mi casa a masturbarme pensando en él. Siempre que salía del colegio salía sin remera, un cuerpo con los cuadrados, pelitos desde la cintura hasta su ombligo, brazos largos, muchos pelos en las axilas, villero morocho. Muchas pibas estaban detrás de él.
Resulta que un día nos invitan a un baile en un barrio cerca de la escuela donde estaba él. Yo esa noche estaba con Feli, una piba muy linda; era la popular y la más bonita de mi curso, buen cuerpo, todos le arrastraban el ala. Charlando con ella, se acerca y se presenta: "Hola, me llamo Maxi". Se quedó charlando hasta que Feli se dio cuenta de que se la quería levantar, pero a ella no le gustaban esa clase de pibes y se fue. Él se quedó hablando conmigo y me preguntó qué onda esta piba, si me la comía o salía con alguien. Le dije que no sabía nada, pero por ahí salía con pibes. "Bueno", me dice, "tírame información que me la quiero culiar. Si no, te voy a nalguear esa cola gorda que tenés". Lo miré sorprendido, y me dice: "Sí, como te hacen tus compañeros".
Esto pasó unas semanas. Un día voy al baño durante el horario de clase porque me hacía pis. Parece que él me vio desde la otra aula y, cuando llegué al baño, lo sentí que venía atrás. Me dice: "¿Qué onda? ¿Sabés algo de Feli?". Le contesto: "No, nada. Se comió un pibe, pero está soltera". "Esa info no me sirve", cuando me doy cuenta de que me miraba las nalgas, y me dice: "Bueno, no cumpliste con tu palabra. Le voy a entrar a esas nalgas". Yo, con los pantalones medio bajados porque estaba haciendo pis en los mingitorios, me lleva al último cubículo, y le digo: "No, pará, el culo no". Me dice: "Estoy muy caliente y lo tenés zarpado". Le digo: "Bueno, te la chupo, pero no la cola". Me da vuelta, me agacha y me frota la entrepierna por la boca. Se baja el jogging y los bóxer, y sacó una pija venosa, peluda, de buen tamaño y ancha. Me la pasa por la boca y me la empiezo a comer. Le chupaba solo la cabeza y sentía que la tenía mojada; tenía mi lengua el gusto a su pija. En un momento me levanta la pija y me dice: "Chúpame los huevos". Eran todos negros y peludos con su transpiración. Me hizo excitar más. Él lo notó: "Mirá, tenés la pija parada. ¿Te gusta?". "Sí, me gusta". "Bueno, entrega el orto entonces".
Me hace parar y me pone contra la pared. Se escupe la mano y me lo pasa por mi ano. Repite el mismo proceso y se la pasa por el pene. Acto seguido, me apunta la cabeza a mi ano y empieza a querer meterla. Hizo un poco de fuerza y entró. Justo a tiempo me tapó la boca. Le digo: "Sácala, sácala". La sacó, volvió a escupir los lados y volvió a meterla, y el dolor se iba yendo. Me agarraba los glúteos y me los apretaba. Me empezó a bombear. Habrán pasado 5 minutos y me sacó la pija y acabó a un costado. Se subió los pantalones y me dijo al oído: "A nadie le contás esto".
Me quedé un segundo en el baño y pensaba que era un sueño. Volví al aula y sentía que de mi ano bajaba algo; resulta que los primeros chorros los tiró adentro. Llegué a casa, me limpié. Me masturbé pensando lo que había pasado...
Esta historia continúa.
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