
El Precio del Morbo
[Habitación de Santiago, Zona Sur, Gran Buenos Aires. Domingo, 14:00 PM]
Tenía que saber. Me hervía la sangre de solo imaginarlo, y el hijo de puta de Lucas solo me tiraba largas por WhatsApp, jugando conmigo como un gato con un ratón moribundo.
Me dijo que él confirmaba al cien por ciento que sí había pasado algo en esa terraza, y que incluso hasta tenía un puto video que él mismo había grabado a escondidas.
Me jodía mandándome audios, diciéndome cosas como "qué buena que está la Casy, boludo, qué pedazo de hembra" y que el gordo de su primo era un "maestro chamuyero". Lo estaba mandando a la mierda repetidas veces. Mi mente, intentando proteger mi ego, me decía que no, que solo me estaba jodiendo, que quería hacerme calentar y que ya la parara.
Pero él seguía insistiendo. La curiosidad, esa enfermedad oscura que te come por dentro, me ganó.
"Ya, a ver, pasame el puto video y dejate de joder," le escribí, con los dedos temblando sobre la pantalla.
Él se mató de risa con un audio lleno de ruidos de fondo.
Me dijo que no, que así nomás no lo rotaba. Hijo de puta, pensé, apretando los dientes. Seguimos hablando, un tira y afloja patético donde yo mendigaba ver mi propia humillación, hasta que finalmente me soltó la bomba:
"Ya, te paso el video, ¿pero me dejás cogerme a la Casy? Jajaja".
Maldito pendejo. ¿Qué mierda se había creído? Lo mandé a cagar en tres mensajes seguidos, insultándole hasta a la madre. Pero entonces, sabiendo que me tenía agarrado de las bolas, reculó y dijo:
"Ya, ya, pará, era joda. Mirá, hagamos trato.
El próximo sábado hacemos otra juntada en mi casa, van a estar los mismos monos de la vez pasada. Vos solo prometé que si te paso el video, veas lo que veas, traés a Casy. Si no, sos alto cagón, jajaja".
Seguro es una joda pesada, pensé.
Entre la indecisión que me mataba, el sudor frío en la nuca y las ganas de saber qué carajo había pasado mientras yo dormía la mona, terminé aceptando. Además, razoné como un idiota: solo sería ir a una reunión. Esta vez no iba a tomar una gota de alcohol y no iba a dejar a Casy sola ni para ir al baño. ¿Por qué mierda me preocupaba tanto?
Terminé aceptando sus estúpidas condiciones. "Dale. Trato".
Y entonces, el archivo de video cargó en la pantalla.
Le di play. El corazón me golpeaba las costillas.
El video, grabado en vertical y con la cámara temblando ligeramente, empezó enfocando a Casy y al gordo David. Estaban en la terraza, arrinconados contra un muro blanco, de esos de mampostería barata, que le llegaba como a los pechos a Casidy.
El gordo estaba pegado a su costado. El que grababa, escondido detrás del tanque de agua, al parecer sí era Lucas. El audio apenas se escuchaba bien por el ruido del viento golpeando el micrófono del celular, pero las voces resaltaban.
Casy se balanceaba ligeramente sobre sus tacos, claramente borracha, y le decía a David con una sonrisa tonta: —Ay... te aprovechás porque estoy tomada, ¿no? Jajaja.

El gordo, sin perder un segundo, le acercó la cara, invadiendo su espacio personal: —Nooo, ¿cómo creés?
Jamás me aprovecharía de una dama tan hermosa como vos. Solo te traje aquí arriba para que vieras el hermoso paisaje... ¿alguna vez te has puesto a pensar en lo hermoso que es el cielo azul?
Mientras el tipo tiraba ese chamuyo barato y patético de poeta de barrio, vi cómo su mano izquierda, gruesa y peluda, se colocaba en la cintura de Casy.
Y poco a poco, milímetro a milímetro, iba bajando por la tela blanca y holgada hasta agarrarle el culo.
Maldito hijo de mil putas, pensaba mientras veía el video, sintiendo una opresión dolorosa en el pecho.
Mientras él seguía hablando al oído y la distraía con su palabreo barato, con su mano le agarraba cada vez más el culo.
Primero pasando su palma abierta por encima de sus ricas nalgas, frotando la tela del vestido, hasta que, seguramente dejándose llevar por la calentura de tener semejante masa de carne en la mano, el tipo le apretó fuerte una nalga.

Casy pegó un saltito. —¡Ayyy! ¿Qué hacés? —le recriminó, pero su voz no sonó enojada, sino como una nena haciendo un puchero.
Él le respondió con un cinismo brutal: —No, nada, nada... mirá allá a lo lejos... —y mientras señalaba el horizonte con una mano, la seguía manoseando a mano llena con la otra.
Mierda. ¿Tan borracha estaba Casy que se dejaba hacer eso sin decir nada más? Carajo. En el video se escucharon unas risas ahogadas, como de chancho. Probablemente risas del sorete de Lucas, disfrutando el show.
La cosa es que el gordo le siguió manoseando el culo a placer. Amasaba la carne, metiendo los dedos en la raya a través de la tela blanca. Hasta que, en un momento, David miró directamente a la cámara del celular.
Hizo contacto visual con el lente. Una mirada cómplice, asquerosa, como si hablaran telepáticamente con Lucas.
Entonces David, ya completamente ido, agarró el dobladillo del vestido blanco y, de un solo tirón, se lo levantó a Casy hasta la cintura, mostrando sus ricas nalgas al aire libre.

Lucas, incapaz de contenerse, exclamó detrás de la cámara: —¡Uffff, ohhh... qué culazo...!
El lente del celular se enfocó en esa maravilla.
Casy tenía puesto el mismo hilito blanco que yo le había visto en la mañana. Su culo inmenso, rebotó ligeramente por el movimiento. Pero Casy, tal vez al sentir el aire frío de la tarde golpeándole la piel desnuda de las nalgas, volteó a verse. Se vio expuesta, desnuda de la cintura para abajo.
—¡Ay, no! ¿Qué me haces? —balbuceó, tratando de taparse, arrastrando las palabras—. Salí...
El gordo, con un control de la situación psicópata, le dijo, poniendo voz de salvador: —Tranquila, tranquila... solo se te levantó el vestido por el aire... yo te lo bajo.
Y de una forma exasperantemente lenta, tomándose todo el puto tiempo del mundo, el gordo le fue bajando el vestido a Casy.
Pero mientras lo hacía, le pasaba las dos manos descaradamente por las nalgas desnudas, frotando la piel, aplastando la carne, aprovechándose de la situación bajo la excusa de acomodarle la ropa. Lo peor de todo, lo que me quemó la sangre, es que Casy no dijo absolutamente nada. Se dejó manosear el culo desnudo por un extraño sin emitir una queja.
Después de esto, el gordo cambió de lado. Ahora estaba al lado izquierdo de Casy, aún más pegado.
Y entonces vi lo que me dolió aún más. Lo que me fracturó la confianza.
Casy, creyendo que la tela blanca la cubría pero sabiendo perfectamente que la mano del gordo estaba a centímetros, arqueó la espalda baja. Se puso ligeramente de puntitas y sacó culo hacia atrás.
Un movimiento sutil, pero innegable. Estaba invitando al gordo a seguir manoseándole.
Mierda, mierda... esto no puede ser real. Le está ofreciendo el culo a otro en mi puta cara.

La mano de David volvió a atacar, lista para meterse debajo de la tela, y...
El puto video se cortó ahí. La pantalla se fue a negro.
Me quedé mirando el reflejo de mi cara de imbécil en el teléfono.
La respiración me silbaba en la garganta.
Entré al chat de Lucas, con los dedos volando por el teclado. Le recriminé, le exigí que me mandara el resto. Mierda, Lucas, pasame el video completo la puta que te parió.
El pibe me respondió a los segundos: "Nooo... la otra parte es demasiado... quedate con eso nomás, campeón. Nos vemos el sábado, eh, no te olvides del trato".
Tiré el celular contra la cama. Carajo. No me iba a quedar con la información a medias. Me negaba. Mi cerebro intentaba racionalizar el desastre para no colapsar.
Manosearla mientras está tomada es una cosa... pensé, agarrándome la cabeza, sintiendo cómo el estómago se me revolvía en un nudo de celos, humillación y una enfermiza, asquerosa excitación. El gordo se zarpó, pero... no creo que haya pasado a más... ¿o sí?
Continuara...
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