You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

semen, sudor y lágrimas

Cuando tocaron la puerta yo recién llegaba de la clase de educación física y como no  había nadie aproveché para poner música y tirarme en el sillón a skrollear con el celular . Abrí la puerta y resultó ser el ex-vecino del departamento de la planta baja de al lado. Hace unos días se había mudado a otro barrio junto con su esposa y su hijito recién nacido, y justo cuando me interrumpió mi momento de relajación previo a la ducha, había vuelto a pintar el departamento que tenía que devolver a la inmobiliaria. "Hola, preguntale a tu papá si no me aguanta las herramientas, es para intentar desarmar la cerradura, un toque nomá, porque salí a sacar la basura y una correntada cerró la puerta y me quedaron las llaves adentro". Le expliqué que no había nadie y que las herramientas las tenía mi papá en el auto. "Y no me hacés la gamba de entrar por la ventanita del baño, que dejé abierta, y abrirme la puerta desde adentro? ¡Dale, que yo con esta panza no entro pero vos con esa cinturita pasás!" Con una paja enorme asentí, dimos la vuelta por la parte de atrás de los departamentos, el vecino me hizo de escalera: pisé sus manos, pasé por encima de su cabeza y me tuve que estirar mucho para alcanzar el hueco de la ventana, pero no tenía fuerza para subirme con las manos, así que él me dijo yo te ayudo y me agarró de los muslos y me elevó; así pude subir una pierna y cuando estaba subiendo la segunda me resbalé por mi propia transpiración y si no hubiera sido por la cara de mi vecino que me detuvo, me hubiera ido de traste al suelo. Me empecé a reír de la vergüenza, porque llegué a sentir su nariz hundirse entre mis nalgas sudadas. Cuando me recompuse medianamente concluí la tarea, salte dentro del baño fui hasta la entrada y abrí. Ahí ya estaba él, pero mientras yo esbozaba otro pedido de disculpas intentando contener las risotadas, él cerró la puerta detrás suyo y lanzó: "hace mucho que no olía una concha tan tierna" y con la mano en mi pecho me empujó hasta la mesada, yo quedé paralizada, me bajó el short, me separó las piernas, me puso boca bajo y volvió a hundir su cara. Mientras su nariz hurgaba mi ojete su lengua lamía mis labios que más y más se hinchaban. Jugueteó en mí clítoris enhiesto con la punta de su lengua al mismo tiempo que me pajeaba con sus dedos ásperos, llenos de pintura y me susurraba: "qué rica putita me estaba perdiendo", "pero que conchita más sabrosa que tenes, pendeja", "ahora te voy a cagar cojiendo"... pero no aguanté más, rompí con un grito en pleno orgasmo y caí al suelo. "Callate la boca pendeja, qué querés que nos escuche todo el vecindario", me dijo entre dientes y me levantó como si fuera un muñeco de trapo; que esto recién empieza y me colgó en la mesada con el culo afuera. Nunca había sentido un éxtasis tan grande como cuando me pinceló mi afiebrado orificio anal con su lengua escurridiza y fresca. Sentí como el culo se me dilataba y en ese trance estuve un buen rato hasta que el hechizo se detuvo. En mi voleo lo único que pude articular fue "¿Qué pasa?", pero inmediatamente un ancho ariete de carne me taladro la vulva. Entrando y saliendo, en trance de nuevo, estremecida en cada cabello y en cada bello, hasta que el hechizo se deshizo de nuevo. Ahora sí se me escapó un "¡NOOO!". "Te dije que te calles pendeja", me replicó zamarreándome de los pelos. "Cojeme" le dije sollozando. Pero el hijo de puta me metió la poronga enorme, cabezona, en el culo. Era tal mi calentura que después de la primera embestida dolorosa me relajé y me abrí de par en par para ese fornido intruso. Ahora si me cojió como si no hubiera un mañana, bombeó con bronca hasta llenarme de leche y dejarme el orto haciendo burbujas de semen. Me fui con el culo cremoso, chorreando esperma y secándome las lágrimas. Se tomó varios días para pintar el departamento, y yo para pasearme por el palier apenas escuchaba ruidos.   

0 comentarios - semen, sudor y lágrimas