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La puta de Varo

Anteriormente os conté cómo un desconocido llamado Álvaro me convirtió en su puta personal. Ahora os cuento mis historias como su puta. Si queréis leerlo desde el principio os dejo el enlace: https://www.poringa.net/posts/relatos/6406951/Soy-una-puta---Parte-3-final-acepte-ser-su-puta.html

Después de aceptar ser su puta, todo cambió. Ya no quedábamos como antes. Ahora yo estaba disponible cuando él quería y para lo que quisiera. Y lo más retorcido es que me estaba gustando. Me gustaba que me llamase solo para ser usada.

La primera vez que llamó fue a media tarde a los 2 o 3 días de nuestro primer encuentro, dejé lo que estaba haciendo y fui. Me abrió la puerta, me miró de arriba a abajo y sin apenas hablarme, me bajó los pantalones, me empujó hacia abajo. Me arrodillé en el recibidor, sacó su polla y me la puso en los labios.

Álvaro: abre.

Empecé a chupársela. Agarró mi cabeza y empezó a usar mi boca. Se la metía hasta el fondo y me mantenía ahí unos segundos hasta escuchar mis arcadas. Yo babeaba, se me caía la saliva por la barbilla y me manchaba la camiseta. Él miraba el móvil mientras follaba mi boca, como si no le diese importancia.

La puta de Varo

Cuando se cansó, me llevó hasta el sofá, se sentó y encendió la tele. Me puso de rodillas otra vez y llevó mi cabeza hasta su polla. Yo encantada de saborearla y de ser tratada como una puta, pero ya me dolía la mandíbula. Cada vez que intentaba subir el ritmo me apretaba la cabeza para que fuera más lento. Me estaba usando. Cuando por fin se corrió, lo hizo sin avisar. Me llenó la boca, sacó su polla y me ordenó que tragase.

Yo no soy de las que tragan, aunque me gusta que llenen la boca. Pero tragué. Me abrió la boca para comprobar que no quedaba nada. Después me pasó la polla por la cara, me manchó un poco la mejilla y los labios y me dijo que me fuera.

Salí a la calle con el sabor de su semen todavía fuerte en la lengua y la cara brillante. No me dejó lavarme, aunque esta vez estaba mucho menos manchada que la vez anterior. Sin embargo, notaba restos de semen y saliva en mi cara de camino a casa. Me estaba gustando.

A partir de ese día se convirtió en rutina. Me mandaba a cualquier hora. A veces en su casa, otras en el portal de un edificio, en el coche o incluso en el baño de un bar (historias dignas de contar...). Repetía igual, usaba mi boca, se corría dentro, me obligaba a tragar, se limpiaba en mi cara y me despedía. Me gustaba, pero echaba de menos que me follase como la primera vez. Quería que volviese a follarme.

Una noche me escribió mientras estaba jugando on-line con sus amigos. "Ven, zorra. Quiero que me la chupes mientras juego". Llegué en menos de media hora. Tenía los casos puestos y estaba en plena partida. Fuimos al sofá, me señaló el suelo entre sus piernas y me fui arrodillando mientras él sacaba su polla. Me la metí en la boca y él siguió jugando y hablando con normalidad por el micro.

Álvaro: un momento, chavales. Que la tengo aquí de rodillas, chupándomela -Dijo entre risas-.

Se me revolvió el estómago. Una mezcla de vergüenza y calentura me subió de golpe. Seguí chupando, pero ahora era consciente de que había varios tíos escuchando. Él me agarró la cabeza con una mano y empezó a empujar más profundo, obligándome a tomar más polla mientras les hablaba.

Álvaro: Sí, ahora mismo está babeándome toda la polla. Espera, paso foto

Me levantó la cabeza un poco, me sacó la polla de la boca y me dio un par de cachetes con ella en la mejilla. Después me hizo sacar la lengua mientras le miraba. Escuché el clic del móvil. Me acababa de hacer una foto y la envió.

Me puse roja. Estaba ardiendo de vergüenza. Pero al mismo tiempo mi coño mojó todo mi tanga. Me gustó. Empezó a leer comentarios en voz alta para que yo los escuchara "Joder, qué puta", "Mira cómo le gusta" "Haz que se la trague" "Córrete en su cara y pasa foto". Él se rio, no sé si de la situación o de mí.

Álvaro: ¿Has oído, puta? Quieren que me corra en tu cara otra vez.

Sacó el móvil y empezó a grabar. No pude decir nada, me sentía humillada y caliente a la vez. Seguí chupándosela con más ganas mientras él les contaba cómo lo hacía. Estaba completamente expuesta. Sabía que en ese momento varios tíos estaban viendo mi cara con la polla de él en mi boca y se estaban pajeando o lo harían después.

Después de un rato noté que se ponía más tenso. Me sacó la polla, me agarró fuerte del pelo, se puso de pie y empezó a hacerse una paja delante de mi cara, mientras tenía el móvil en la mano.

Álvaro: abre la boca y saca la lengua.

Obedecí. Cerré los ojos, abrí la boca, eché la cabeza hacia atrás. Se corrió en mi cara. Empecé a sentir chorros calientes en mi frente, párpados, nariz y labios. Parte entró en mi boca directamente o cayó en mi lengua. Me tuvo unos segundos con la cara llena, respirando agitada y después me puso la polla en los labios.

Álvaro: Ahora limpia.

Me obligó a lamerle la polla hasta dejarla limpia. Dejó el móvil. Había enviado el vídeo. Se sentó de nuevo y me dejó ahí terminando de limpiar mientras seguía jugando con sus amigos.

Poco después empezaron los comentarios. "Joder, qué asco de puta" "Mírala como limpia la polla con la cara llena" "Qué bien le queda la leche a esa puta" "La próxima vez que se la trague toda" "Qué buena está, tío". Cuando terminó, pasó su dedo por mi mejilla, recogiendo semen y lo metió en mi boca.

Álvaro: Puedes irte. Ya sabes qué hacer: no te limpies hasta que llegues a casa.

Me levanté, tenía la cara completamente sucia y el cuerpo temblando. Mientras me ponía de pie, él ya había vuelto a centrarse en la partida, como si lo que acababa de pasar no fuera nada importante. Salí a la calle con su semen secándose en mi cara y la cabeza llena de los comentarios de sus amigos. Ni pensé en el cumwalk que estaba haciendo.

Mi móvil empezó a vibrar. Todo eran mensajes de números desconocidos. "Qué bien has quedado" "Menuda puta" "Cuando nos toca a nosotros?". Después me añadieron a un grupo de whatsapp "La puta de Varo". Empezaron a llegar mensajes por el grupo "Ya está dentro", "Mírala, todavía debe de llevar la cara manchada", "Mándanos foto de cómo vas por la calle", "Qué puta más buena te has pillado". Mi dueño me pidió que obedeciese y pasé un selfie en el que se veía media cara, mi ropa y la calle.

Caminaba por la calle con el semen secándose en mi piel y el móvil encendido con los comentarios. Me sentía humillada, expuesta y más caliente que nunca. Al llegar a mi casa me di cuenta de una cosa: me estaba gustando demasiado. Volví a tocarme con mi satisfyer y la cara llena de semen antes de darme un buen baño merecido.


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