El lunes por la mañana, el silencio de mi teléfono era el preludio de una tormenta. Antes de que yo siquiera pusiera un pie en la casa, Paola ya me había enviado las capturas de la conversación que había tenido con Laura justo después de salir de mi apartamento el fin de semana. Laura estaba en un estado de shock erótico, todavía agitada por la profanación de nuestro santuario.
Laura: "Pao, no puedo creer que lo metí a la casa. Tengo un morbo y una culpa que me quema, pero fue una locura espectacular".
Paola: "Amiga, me alegro por ti. ¿Pero qué vas a hacer con Daniel ahora que te entregaste a este mundo?".
Laura: "Daniel es mi novio, mi estabilidad y el hombre de mi vida. Yo no lo voy a perder por nada. Esto es solo sexo y ganas".
Paola: "Así se habla. Disfrute su arrocito en bajo, pero aprenda a separar el corazón del sexo. El sexo con el del trabajo es vicio, Daniel es su hogar".
Pero hubo un detalle que me hizo temblar la verga en el pantalón: Laura le admitió a Paola que el hecho de hacerlo en la cama donde duermo con ella, en el lugar donde se supone que solo existimos los dos, hizo que se viniera como nunca en su vida. La traición se había convertido en el afrodisíaco más potente de su existencia.
En el chat privado con Paola, la complicidad era ya un vínculo perverso. Ella se burlaba de mi tormento con un coqueteo desbordante.
Paola: "Chino, debes estar destrozado después de ver ese show en tu propia cama, ¿cierto?".
Daniel: "Me destruyó, Pao. Pero me hice una paja tan salvaje que sentí que el corazón se me iba a salir. Fue el orgasmo más violento de mi vida".
Paola: "Eso es porque ahora tienes una novia más enamorada que nunca, Dani. El secreto la tiene brillante... pero recuerda que mientras sea tu hogar de día, le pertenece a la noche y a los hombres que la rompen".
Llegué al apartamento el lunes por la mañana mientras Laura todavía estaba en la oficina. Entré en silencio y caminé por la casa. El aire se sentía diferente, cargado de una electricidad invisible. Fui directo al dormitorio. Me acerqué a la cama y, en un acto de masoquismo puro, hundí la cara en las sábanas. Aún quedaba un rastro tenue, un aroma a sexo ajeno que se mezclaba con el perfume de Laura. Sentí un choque violento entre la náusea y un deseo animal que me puso la verga dura al instante.
Cuando Laura llegó por la tarde, corrió a abrazarme con un entusiasmo que rayaba en la histeria. Me dio un beso largo y mojado que sabía a mentira y a lujuria. "Te extrañé tanto, mi amor... eres el mejor novio del mundo", me susurró al oído. Yo la miraba y veía en sus pupilas el rastro del otro hombre.
No aguante más y la empujé contra la pared antes de llevarla a la cama. Laura se arrodilló frente a mí con una urgencia nueva. Me desnudó y se lanzó sobre mi miembro con una técnica que me voló la cabeza. Sus succiones eran más profundas, más expertas: *¡Sllurp, sllurp!*. Gemía mientras me devoraba la verga con una desesperación que me decía que estaba descargando la adrenalina del fin de semana conmigo.


La subí a la cama y la penetré en misionero, clavando mis manos en sus caderas para que sintiera cada estocada. Quería reclamar el territorio que ese idiota había profanado.


Daniel: "¿Tú eres mía, cierto? ¿De quien es esta cuca?" le pregunté con la voz ronca mientras la embestía con fuerza.
Laura: "¡Tuya, mi amor!... ¡Solo tuya!... ¡SÍ!... ¡Ahhh, sí, dame fuerte!" respondió ella gimiendo, arqueando la espalda mientras sus uñas se clavaban en mis hombros.
Para terminar de sellar la posesión, la giré y la puse en cuatro en la misma posición en la que el compañero la había poseído días antes. *¡Plap, plap, plap!*. El sonido de la carne chocando era un eco de la traición. Ella gritaba de placer, fundiéndose con el colchón mientras yo la reclamaba con una saña posesiva que nos dejó a los dos exhaustos y empapados en sudor.

Días después, la perversión escaló a un nuevo nivel. Paola me reenvió un chat donde Laura le confesaba que ya no aguantaba las ganas de repetir con el del trabajo. Pero Paola decidió cobrar el favor de los videos que solía mostrarle a Laura en el pasado.
Paola: "Amiga, acuérdese de los videos que yo le mostraba cuando me los comía... ahora le toca a usted devolverme el favor. Quiero ver cómo lo hace".
Laura: "Jajaja, está bien Pao. La aprendiz va a superar a la maestra. Me lo voy a llevar al parqueadero de la oficina en la hora del almuerzo, lo meto al carro y le dejo el celular acomodado en el tablero para que nos vea en vivo".
A mediodía, mientras yo estaba en mi trabajo, mi teléfono vibró. Era Paola con un tono coqueteo que me puso la piel de gallina.
Paola: "Chino, ¿a qué horas sale a almorzar? Le tengo el postre listo para que acompañe la comida".
Inmediatamente después, me envió el link de la transmisión en vivo. Abrí el video con las manos temblando. La imagen era nítida: Laura estaba en el asiento del copiloto del carro del compañero, en el parqueadero de la oficina. No hubo preámbulos. Laura se subió la falda con una rapidez frenética y se despojó de la ropa interior mientras el hombre la besaba con hambre.

La vi montarse encima de él sobre el asiento reclinado. Laura se agarró del techo del carro para impulsarse, penetrándose con movimientos frenéticos y violentos que hacían que el vehículo se balanceara. *¡Mmmph!... ¡Plap, plap, plap!*. Los gemidos de Laura eran jadeos cortos y desesperados, mezclados con la risa nerviosa del hombre mientras miraban de reojo que nadie pasara por el parqueadero.

Laura: "¡Sí!... ¡Más rápido!... ¡SÍIII!... ¡Mierda, qué rico!" gritaba ella mientras se movía con una urgencia animal sobre la verga del compañero.
El encuentro fue un "rapidín" intenso que duró apenas diez minutos. Los vi terminar en un clímax explosivo que dejó a Laura jadeando contra el pecho del hombre. Lo más impactante fue el final: vi cómo Laura se sentaba tranquilamente en el asiento, se retocaba el maquillaje frente al espejo del carro con una calma aterradora y se despedía del compañero con un beso rápido.
Cerró la transmisión y volvió a su escritorio como si nada hubiera pasado. Yo me quedé en shock, mirando la pantalla en negro, sabiendo que mi novia acababa de tener un escape salvaje a mitad de su jornada laboral y que ahora era una experta en vivir una vida doble sin que nadie en la oficina sospechara de la perra que se escondía detrás de la secretaria.
Laura: "Pao, no puedo creer que lo metí a la casa. Tengo un morbo y una culpa que me quema, pero fue una locura espectacular".
Paola: "Amiga, me alegro por ti. ¿Pero qué vas a hacer con Daniel ahora que te entregaste a este mundo?".
Laura: "Daniel es mi novio, mi estabilidad y el hombre de mi vida. Yo no lo voy a perder por nada. Esto es solo sexo y ganas".
Paola: "Así se habla. Disfrute su arrocito en bajo, pero aprenda a separar el corazón del sexo. El sexo con el del trabajo es vicio, Daniel es su hogar".
Pero hubo un detalle que me hizo temblar la verga en el pantalón: Laura le admitió a Paola que el hecho de hacerlo en la cama donde duermo con ella, en el lugar donde se supone que solo existimos los dos, hizo que se viniera como nunca en su vida. La traición se había convertido en el afrodisíaco más potente de su existencia.
En el chat privado con Paola, la complicidad era ya un vínculo perverso. Ella se burlaba de mi tormento con un coqueteo desbordante.
Paola: "Chino, debes estar destrozado después de ver ese show en tu propia cama, ¿cierto?".
Daniel: "Me destruyó, Pao. Pero me hice una paja tan salvaje que sentí que el corazón se me iba a salir. Fue el orgasmo más violento de mi vida".
Paola: "Eso es porque ahora tienes una novia más enamorada que nunca, Dani. El secreto la tiene brillante... pero recuerda que mientras sea tu hogar de día, le pertenece a la noche y a los hombres que la rompen".
Llegué al apartamento el lunes por la mañana mientras Laura todavía estaba en la oficina. Entré en silencio y caminé por la casa. El aire se sentía diferente, cargado de una electricidad invisible. Fui directo al dormitorio. Me acerqué a la cama y, en un acto de masoquismo puro, hundí la cara en las sábanas. Aún quedaba un rastro tenue, un aroma a sexo ajeno que se mezclaba con el perfume de Laura. Sentí un choque violento entre la náusea y un deseo animal que me puso la verga dura al instante.
Cuando Laura llegó por la tarde, corrió a abrazarme con un entusiasmo que rayaba en la histeria. Me dio un beso largo y mojado que sabía a mentira y a lujuria. "Te extrañé tanto, mi amor... eres el mejor novio del mundo", me susurró al oído. Yo la miraba y veía en sus pupilas el rastro del otro hombre.
No aguante más y la empujé contra la pared antes de llevarla a la cama. Laura se arrodilló frente a mí con una urgencia nueva. Me desnudó y se lanzó sobre mi miembro con una técnica que me voló la cabeza. Sus succiones eran más profundas, más expertas: *¡Sllurp, sllurp!*. Gemía mientras me devoraba la verga con una desesperación que me decía que estaba descargando la adrenalina del fin de semana conmigo.


La subí a la cama y la penetré en misionero, clavando mis manos en sus caderas para que sintiera cada estocada. Quería reclamar el territorio que ese idiota había profanado.


Daniel: "¿Tú eres mía, cierto? ¿De quien es esta cuca?" le pregunté con la voz ronca mientras la embestía con fuerza.
Laura: "¡Tuya, mi amor!... ¡Solo tuya!... ¡SÍ!... ¡Ahhh, sí, dame fuerte!" respondió ella gimiendo, arqueando la espalda mientras sus uñas se clavaban en mis hombros.
Para terminar de sellar la posesión, la giré y la puse en cuatro en la misma posición en la que el compañero la había poseído días antes. *¡Plap, plap, plap!*. El sonido de la carne chocando era un eco de la traición. Ella gritaba de placer, fundiéndose con el colchón mientras yo la reclamaba con una saña posesiva que nos dejó a los dos exhaustos y empapados en sudor.

Días después, la perversión escaló a un nuevo nivel. Paola me reenvió un chat donde Laura le confesaba que ya no aguantaba las ganas de repetir con el del trabajo. Pero Paola decidió cobrar el favor de los videos que solía mostrarle a Laura en el pasado.
Paola: "Amiga, acuérdese de los videos que yo le mostraba cuando me los comía... ahora le toca a usted devolverme el favor. Quiero ver cómo lo hace".
Laura: "Jajaja, está bien Pao. La aprendiz va a superar a la maestra. Me lo voy a llevar al parqueadero de la oficina en la hora del almuerzo, lo meto al carro y le dejo el celular acomodado en el tablero para que nos vea en vivo".
A mediodía, mientras yo estaba en mi trabajo, mi teléfono vibró. Era Paola con un tono coqueteo que me puso la piel de gallina.
Paola: "Chino, ¿a qué horas sale a almorzar? Le tengo el postre listo para que acompañe la comida".
Inmediatamente después, me envió el link de la transmisión en vivo. Abrí el video con las manos temblando. La imagen era nítida: Laura estaba en el asiento del copiloto del carro del compañero, en el parqueadero de la oficina. No hubo preámbulos. Laura se subió la falda con una rapidez frenética y se despojó de la ropa interior mientras el hombre la besaba con hambre.

La vi montarse encima de él sobre el asiento reclinado. Laura se agarró del techo del carro para impulsarse, penetrándose con movimientos frenéticos y violentos que hacían que el vehículo se balanceara. *¡Mmmph!... ¡Plap, plap, plap!*. Los gemidos de Laura eran jadeos cortos y desesperados, mezclados con la risa nerviosa del hombre mientras miraban de reojo que nadie pasara por el parqueadero.

Laura: "¡Sí!... ¡Más rápido!... ¡SÍIII!... ¡Mierda, qué rico!" gritaba ella mientras se movía con una urgencia animal sobre la verga del compañero.
El encuentro fue un "rapidín" intenso que duró apenas diez minutos. Los vi terminar en un clímax explosivo que dejó a Laura jadeando contra el pecho del hombre. Lo más impactante fue el final: vi cómo Laura se sentaba tranquilamente en el asiento, se retocaba el maquillaje frente al espejo del carro con una calma aterradora y se despedía del compañero con un beso rápido.
Cerró la transmisión y volvió a su escritorio como si nada hubiera pasado. Yo me quedé en shock, mirando la pantalla en negro, sabiendo que mi novia acababa de tener un escape salvaje a mitad de su jornada laboral y que ahora era una experta en vivir una vida doble sin que nadie en la oficina sospechara de la perra que se escondía detrás de la secretaria.
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