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Quitándole la inocencia a mi hija 2

Mi hija y yo no tuvimos sexo completo hasta que mi lujuria aumentó hasta el punto en que pensé que me volvería loco. Durante casi un año entero, me satisfice con cunnilingus y felación, comiendo  su pequeño coño rosado, viéndola chupar la  polla dura de su propio papi hasta que estaba listo para correrme por todo su hermoso rostro joven, viéndolo rezumar de sus suaves labios mi semen caliente y gotear por su barbilla risueña o viéndolo esparcido sobre sus pequeñas tetas. 
Lanie era la hija perfecta para un padre pervertido como yo. Cada noche iba a su habitación tan pronto como mi mujer Edna se iba a trabajar, a veces incluso después de follar con mi esposa iva a su habitacion y  le daba un beso de buenas noches a mi hija pero nuestras lenguas se buscándose mutuamente y sus pequeñas manos agarraban mi polla ya  dura por el deseo y la llevaba a su delicada boca que siempre estaba lista para succionarmela profundamente hasta el fondo de su pequeña garganta.
A veces, incluso los fines de semana, lograba colarme junto a mi hija cuando mi esposa ya estaba dormida. De vez en cuando, encontraba a Lanie tumbada en la cama totalmente desnuda, con los ojos cerrados, los brazos tras la cabeza, sus rizos rubios sobre la almohada, las piernas bien abiertas y su precioso coño ya mojado por sus deditos, su pequeño clítoris asomando, y me tiraba de rodillas para comerle su delicioso coño, sintiendo sus jóvenes muslos cerrarse alrededor de mi cabeza en cuanto empezaba a lamerselo empujando mi lengua profundamente, ella levantava sus cadera para encontrarse con mi boca hambrienta, mis manos agarraban su pequeño trasero, besando su coño, chupando, haciéndole cosquillas, jugueteando con mi boca y mientras lamia sentia mi polla dura contra el borde de la cama.
Sus manitas tirando de mi cabeza, llevándome cada vez más profundo hacia su suave y húmedo coño rosado, hasta que sentía que su ágil cuerpo joven se sacudía y se ponía rígido de repente, la oía gemir de placer mientras decía: «Ohhh, papi, esto es perfecto, esto es realmente delicioso, te amo, papi, hazlo, papi, hazlo», mientras saboreaba su pequeño chorro de semen en mi boca y escuché su grito ahogado mientras mordía la almohada para que su mamá dormida no escuchara que su papá estaba haciendo que su pequeña niña se corriera.
Fue después de uno de estos pequeños episodios, mientras ella yacía en mis brazos que decidí que era hora de dejarle conocer la sensación de la larga y dura polla de un hombre en lo profundo de su coño. 
Mientras nos besábamos, dejé que mis dedos se deslizaran hacia abajo desde sus pequeños pezones hasta tocar su pequeño agujero y sentirla retorcerse de placer mientras mis dedos le hacían cosquillas en su ano antes de tocar su apretada y mojada rajita y  deslizar mi dedo dentro de su vagina y sentirla aún húmeda de su orgasmo que tuvo un rato antes. 
Mientras la besaba, supe que podía saborear el jugo de su propio coño en mis labios. Su mano estaba en mi polla acariciándola suavemente.
"¿Quieres que te la chupe, papi?" preguntó mientras me miraba.
—No, cariño. Quiero que hagamos algo nuevo —respondí suavemente.
De repente se puso rígida y respiró hondo. Era algo que me había pedido hacer más de una vez durante el último año, y me había negado. 
Acaricie su coño con mis dedos y sentí que abría las piernas voluntariamente, su mano agarro mi muñeca mientras sentía mis dedos penetrar en su vagina empapada de nuevo.
"¿Qué...? ¿De verdad vamos a hacerlo, papi?", preguntó sin aliento, mientras hundía mis dedos más profundamente en su coño, abriendo aún más sus piernas. La mirada salvaje en los ojos de mi pequeña me indicó que sabía lo que quería hacerle.
"Primero te voy a follar con los dedos, nena y luego vas a sentir la polla de papi dentro de ti", dije, moviendo mis dedos aún más profundamente.
"P-pero ¿qué pasa si mamá nos escucha?"
"No lo hará cariño, Está profundamente dormida."
Lanie yacía en el hueco de mis brazos mientras la penetraba suavemente con los dedos, con los ojos cerrados, la cabeza echada hacia atrás, el cuello estirado, sus pequeños pechos tensos, sus diminutos pezones duros como piedras, mientras disfrutaba de la sensación de mis dedos entrando y saliendo de su empapada rajita. 
Apreté su clítoris con el pulgar, la agarré con fuerza mientras la levantaba de las sábanas con la fuerza de mi mano penetrante.
Su cabeza se agitaba de un lado a otro, sus muslos apretaban mi mano con fuerza, mi polla tiesa se aferraba a su pequeña mano. "¡Ohhh, me corro, papi, me corro!", gimió con su voz de niña pequeña. "¡Me corro!", y su cuerpo se tensó al sentir el orgasmo, que la inundó, me inundó la mano y me recorrió la muñeca. Me llevé los dedos a la boca y los chupé profundamente antes de llevárselos a la suya, y ella también chupó profundamente, saboreando de nuevo su propio coño.
"¿Estás lista para follar con papi cariño, le susurré. "¿Quieres hacerlo feliz a papi? ¿Quieres sentir su polla en tu coño? ¿Estás lista para ser la  novia de papa mi pequeña?"
"Oh sí, papi, lo deseo tanto, lo he deseado durante meses, desde que te vi metiéndolo en mami y vi lo que hiciste para hacerla gritar. Quiero ser mami, quiero ser toda tuya", susurró ella, besando mi cara, lamiéndome, tirando de mi polla, poniéndose encima de mi.
"Espera, Lanie, espera un momento. No quiero hacerte daño, quiero que estés encima de mí para que frotes tu coño contra ella, dije, mientras me apresuraba a colocarme debajo de ella. La levanté sobre el mío y le puse las piernas a ambos lados.
Entonces se arrodilló sobre mí, pude ver su coñito, su pequeño clítoris asomando de nuevo. "Bueno, nena, ahora toma mi polla frotatela y cuando tu quieras deslízala despacio dentro de tu coñito.
Ella bajó sus caderas con cuidado hasta que sólo la punta de mi polla estuvo en la boca de su coño sin vello.
"Se siente tan grande, papá", que gusto y rico es pasarla por mis los labios de mi coño, dijo.
"No te preocupes, cariño frotala un poco mas y ya veras como encaja sin dolerte, te lo prometo", le dije, agarrándola de las caderas.
Lentamente, bajó su cuerpo mientras mi polla se deslizaba centímetro a centímetro en su coño mojado. "¡Es tan grande!", repitió. "¡No cabe, papi! ¡No puedo meterla!"
En respuesta, empujé mis caderas hacia arriba y la atraje hacia mi polla metiendole toda la cabeza.
"Siéntelo ahora, Lanie. Siente parte de la polla de papá dentro de ti", dije con voz áspera y acalorada.
Hizo una mueca de dolor al sentir mi capullo dentro. "¡No puedo, papá, me duele!", dijo.
"Solo te dolerá un minuto, cariño, ya verás, luego te sentirás genial", le dije para tranquilizarla. "Prepárate cariño. ¿De acuerdo?"
"Sí, papá, estoy lista", dijo.
"Buena chica. Bien, nena, ahora empuja cuando te diga, empuja muy fuerte", susurré. "¡Ahora, Lanie, ahora!", siseé con urgencia, y de repente di un fuerte empujón hacia arriba y le clave mi polla hasta los huevos.
"¡Ahhhhh!", gritó cuando mi pene atravesó su himen. Su rostro juvenil se contorsionó cuando sintió el repentino y agudo dolor punzante de tener todo ese rabo dentro.
Bajé la mirada hacia donde nos uníamos y contuve la respiración ante la impresionante vista. Un chorro cada vez mayor de la sangre virginal de mi pequeña fluía por el eje de mi pene, lubricándolo.
Sin querer lastimarla más de lo necesario, y con mi polla llenando su vagina, agarré sus caderas incipientes y la mantuve en su lugar. Pronto descubrí que no tenía por qué hacerlo, pues aparentemente lo peor ya había pasado para la joven.
"¡Mmm, papi, siento un calorcito ahí abajo, como si irradiara dentro de mí!". Dicho esto, empezó a subir y bajar rápidamente. ¡Mi hija me estaba cogiendo!
"¡Ay, papi, qué rico, qué rico!", dijo, con las manos en mi vientre mientras empezaba a cabalgarme; su cabecita de rizos rubios apenas me llegaba al pecho. Me contuve, casi sin moverme, dejándola disfrutar del momento. Podía sentir el fluido de su coño fluir y ella también. Mi polla se hizo más grande y dura dentro de ella hasta que su grosor estiró las paredes de su vagina y su longitud la llenó hasta su pequeño útero.
"¡Puedo sentirte muy dentro de mí, papi!" dijo con asombro mientras su cuerpo subía y bajaba sobre mí.
Lanie lo disfrutaba, el miedo se había esfumado. Parecía emocionada de follar por fin con su papi, algo que me había pedido al menos una vez a la semana durante el último año. Sumida en su éxtasis, se sentía en un mundo aparte mientras cabalgaba con entusiasmo la polla de su papi, con su pequeño cuerpo inclinado hacia atrás, sus manos agarrando mis muslos mientras golpeaba su coño con fuerza contra mi polla una y otra vez, hasta que finalmente echó la cabeza hacia atrás y relinchó en silencio, ahogando sus gritos mientras se corría por primera vez en su vida con una polla dentro de su coño. 
Con mi polla aún dura dentro de ella, sentí su semen resbalar por mi palpitante miembro. Yo aún no me había corrido.
Entonces se desplomó sobre mi pecho, llorando de felicidad. Mi pene seguía siendo grueso, largo y duro, una vara de acero envuelta en terciopelo húmedo dentro de ella, y al ver que había llegado al clímax, iba a correrme dentro de ella.
"Date la vuelta, cariño, deja que papá te ame ahora", le susurré en su pequeño oído.
"¿Qué quieres decir, papi? ¿Qué quieres que haga?", preguntó con un hilo de voz mientras se apartaba de mí y se tumbaba boca arriba.
"Recuéstate, nena, te lo mostraré." Mi polla seguía dentro de ella mientras me balanceaba sobre ella. Me cerní sobre ella, sus rizos rubios se extendían sobre su cabecita. Cargué mi peso sobre mis brazos extendidos, la parte inferior de mi cuerpo sobre mis rodillas, mientras deslizaba mi polla dentro y fuera de su dulce y joven coño.
"Mmmm...ohhh ¡Papá!"
Sentí que ella extendía la mano detrás de mí para agarrar mis nalgas mientras me atraía con fuerza hacia ella, sus caderas se levantaban de la sábana empapada de semen para encontrarse con mi polla que empujaba sin parar.
Guardé silencio mientras la cabalgaba, cada vez más fuerte, entrando y saliendo, entrando y saliendo, un movimiento rítmico y constante que cobraba impulso a medida que ella ajustaba los movimientos de su pequeño cuerpo al mío. Su cuerpo juvenil estaba pegado al mío ahora y sabía que podía sentir mi vello rozando contra su cuerpo suave como el de un bebé, sus pequeños pezones, sus diminutos pechos que se movían. Empezó a jadear y a gemir por la creciente tensión entre sus piernas y sus manos me aferraron hasta que me incliné hacia adelante y le agarré las muñecas, torciendo sus brazos hacia atrás para inmovilizarla contra la cama.
"¿Estás lista, nena? ¿Estás lista para que papi se corra dentro de ti?"
Creo que en ese momento se dio cuenta de lo que estaba a punto de pasar. Gimió en respuesta, incapaz de detenerme mientras la penetraba cada vez más fuerte, cada embestida salvaje la empujaba más y más hacia arriba en la cama hasta que su cabeza golpeó la pared de atrás.
"Te gusta como te folla papa pequeña. ¿Es esto lo que mi niña quería?", pregunté, en voz tan baja como pude, en medio del orgasmo inminente.
"Mmm, sí papá, siiiií..." respondio entre jadeos.
"¿Debería dejar de follarte? le dije mientras se la metia duramente
Sus bracitos estaban ahora firmemente envueltos alrededor de mi cuello, y respondio "No, papá, no pares por favor,sigue sigue ahhhhh..."
"Dime qué quieres que haga, cariño..."
"OH papi, no pares...yo...Fóllame papi, fóllame...fóllate el coño de tu pequeña niña."
"¿Quieres que te folle el coño, Lanie? ¿Quieres que lo haga?", pregunté.
"Oh sí, papi, quiero que me folles el coño".
"Dilo, nena. Dime que te folle el coño."
Ella gimió en éxtasis mientras respondía, "Fóllame el coño, papi, fóllame el coño, fóllame el coño de tu niña, vamos papi, fóllame el coño, fóllame, fóllame, fóllame... ¡ponme un bebé dentro de mí!" susurró con urgencia, con los ojos cerrados, todo su cuerpo temblando debajo de mí, sus brazos apretándome más fuerte, sus pequeñas piernas envueltas firmemente a mi alrededor, su pequeño coño rojo y en carne viva por mi palpitante y embestida polla.
Con una última y poderosa oleada, dejé que mi orgasmo estallara dentro de ella, inundando su coño de semen. Nuestros cuerpos se estremecieron al unísono mientras ella tenía otro orgasmo, y otro, y otro, nuestros fluidos derramándose por nuestros muslos mientras rezumaban de su coño. Dejé caer mi peso hacia adelante, aplastándola, mientras besaba su frente y saboreaba sus lágrimas saladas por el placer que habia experimentado al sentir mi leche caliente dentro de su coño.
Esa noche dormimos juntos y no volví a mi cama después de que ella y yo cogiéramos dos veces más. Esa noche, Lanie se convirtió en mi pequeña marioneta sexual, mi princesita del semen, mi preciosa zorra.


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