Veníamos de meses charlando fantasías, cuando la confianza está alta y el escabio afloja la lengua. En algún momento habíamos coqueteado con la idea de armar un trío, ella con dos hombres, y después compensarlo con otra mujer para ser recíprocos—, pero aunque primero dijo que si, al poco tiempo ella misma fue la que frenó en seco. Me dijo que lo penso mucho y hacer eso iba terminar abriendo la pareja, aunque yo le dije que es una fantasia y nunca mas, ella tiro argumentos sobre que el sexo es adictivo y no queria arriesgarse a terminar con una pareja abierta, y apenas dijo eso yo tambien me eche para atras, ya que tampoco queria eso.
Nuestra relación tenía juego y cero tabúes, pero los límites estaban firmes.
Tiempo despues cuando se acercaba el cumpleaños de ella, hablamos sobre su regalo de cumpleaños, la idea surgio como algo más tranqui y pensado exclusivamente para su disfrute, siempre me exito que se exite al limite pero sin que se nos desmadre todo. Era una idea nueva, no iba a ser un trío, pensamos en ir a un club de strippers o una sesión de masaje a cuatro manos, ella tambien pregunto si seria solo recibir masaje o ella tambien poder tocar, por lo que le dije que es su cumpleaños si queria podia hacerlo con la libertad total de recibir, tocar y mandar.
El verdadero quilombo fue encontrar a la persona indicada. Tenía que ser alguien con un buen físico, de esos que a ella le hacían agua las manos, pero con una absoluta confianza y discreción de hierro. En el camino chequiamos un par de opciones, pero los descarté porque no me daban suficiente confianza.
Hasta que, después de charlarlo un tiempito dimos con el candidato perfecto: un amigo conocía desde chico y era de ir al gym como nosotros. No tenía el físico de revista, pero estaba bien armado, era limpio y, sobre todo, había buena confianza.
Solo faltaba buscar la forma de proponerselo ya que el tambien es casado. No era cuestión de tirar la piedra y ver qué pasaba porque sabíamos que él manejaba la misma discreción. Una noche que nos juntamos a tomar algo, es largo contar toda la charla pero digamos que le termine diciendo la onda masomenos con unos tragos encima. Finalmente cuando vio que no había quilombos y que era solo un juego entre grandes donde la jermu de él ni se enteraba y la mia estaba de acuerdo, al flaco le brillaron los ojos. Aceptó al toque, entendiendo perfectamente los limites y que la prioridad era la discreción absoluta.
La idea inicial era ir a un hotel, meternos en ropa interior en un jacuzzi pequeño, ella recostada sobre mi, con las piernas encima del otro, recibiendo masajes de ambos lados.
Reservamos en pernocte una habitación con jacuzzi en un telo piola, de esos amplios y seguros. El plan lo teníamos armado para evitar cosas que no queriamos: primero entrámos nosotros dos solos para aflojar los nervios. Apenas cerramos la puerta, abrí una botella de champagne que llevábamos en la mochila y nos servimos dos buenas copas. Fumamos un poco y luego el alcohol empezó a circular rápido, calmando la ansiedad y dejándonos a los dos con la respiración pesada, listos para lo que se venía.
Le di un trago largo al vaso, la besé con fuerza sintiéndole el sabor a alcohol y le mandé un mensaje rápido a mi amigo: "Ya estamos, venite para la 14".
Calculamos los minutos justos. Nos metimos al jacuzzi en ropa interior; el agua caliente y los jets burbujeando empezaron a empañar los espejos mientras el vapor nos envolvía. Ella se recostó sobre mi pecho, con las piernas estiradas hacia el frente esperando el momento.
A los diez minutos sonó la puerta de la habitación. Me levanté un segundo, le abrí a mi amigo que entró algo nervioso, saludó en silencio, se sacó la ropa quedando también en slip y se metió al agua del otro lado del jacuzzi, quedando justo enfrente de ella.
Apenas se acomodó, comenzaron los masajes y caricias mientras charlabamos y bebiamos aflojando ya que estabamos algo tensos todavia, de a poco mi amigo fue apoyando mas las piernas de mi novia encima de el, empezó a masajearle las pantorrillas y los muslos con movimientos firmes, subiendo despacio por la piel mojada, besaba mucho sus piecitos pequeños y ella se lo pasaba por la cara y el cuerpo, mientras yo le besaba el cuello y le mordisqueaba las orejas a mi novia, que ya respiraba agitada entre los dos. Luego comenzamos a besarnos con mi novia y mas se exitaba ella, ya rozaba con su pie el pene de mi amigo sobre el slip dejandolo duro. Él cerró los ojos un segundo, tragó saliva y estiró las manos hacia adelante agarrandola de la cintura.
El agua del jacuzzi burbujeaba y el calor del ambiente nos tenía a los tres con la piel encendida. En un segundo de pausa, ella avanzo al siguiente nivel, ahi en frente como lo tenia, le acaricio un poco el cuerpo y luego le saco el pene del slip y comenzo a masturbarlo. Mi amigo se mordía los labios, con las manos apoyadas firmemente en la cadera de ella pero respetando el pacto de no tocarla demas, disfrutando de cada movimiento, mientras yo le saque el corpiño y amasaba sus tetas mientras besaba su cuello.
Luego de unos minutos intensos donde ella lo hizo acabar, el juego con él llegó a su fin tal como lo teníamos planeado. Mi amigo se acomodó el slip, salió del agua, se secó, se vistió en silencio y nos saludó, se fue sin decir una sola palabra.
Apenas se fue, el espacio volvió a ser exclusivo de los dos, cargado de adrenalina por lo que acababa de pasar. Salimos del jacuzzi con la piel encendida, nos tiramos a la cama grande entre sábanas blancas y bien hot por el calor y el alcohol, nos abrazamos y tuvimos tremenda noche de sexo.
Nuestra relación tenía juego y cero tabúes, pero los límites estaban firmes.
Tiempo despues cuando se acercaba el cumpleaños de ella, hablamos sobre su regalo de cumpleaños, la idea surgio como algo más tranqui y pensado exclusivamente para su disfrute, siempre me exito que se exite al limite pero sin que se nos desmadre todo. Era una idea nueva, no iba a ser un trío, pensamos en ir a un club de strippers o una sesión de masaje a cuatro manos, ella tambien pregunto si seria solo recibir masaje o ella tambien poder tocar, por lo que le dije que es su cumpleaños si queria podia hacerlo con la libertad total de recibir, tocar y mandar.
El verdadero quilombo fue encontrar a la persona indicada. Tenía que ser alguien con un buen físico, de esos que a ella le hacían agua las manos, pero con una absoluta confianza y discreción de hierro. En el camino chequiamos un par de opciones, pero los descarté porque no me daban suficiente confianza.
Hasta que, después de charlarlo un tiempito dimos con el candidato perfecto: un amigo conocía desde chico y era de ir al gym como nosotros. No tenía el físico de revista, pero estaba bien armado, era limpio y, sobre todo, había buena confianza.
Solo faltaba buscar la forma de proponerselo ya que el tambien es casado. No era cuestión de tirar la piedra y ver qué pasaba porque sabíamos que él manejaba la misma discreción. Una noche que nos juntamos a tomar algo, es largo contar toda la charla pero digamos que le termine diciendo la onda masomenos con unos tragos encima. Finalmente cuando vio que no había quilombos y que era solo un juego entre grandes donde la jermu de él ni se enteraba y la mia estaba de acuerdo, al flaco le brillaron los ojos. Aceptó al toque, entendiendo perfectamente los limites y que la prioridad era la discreción absoluta.
La idea inicial era ir a un hotel, meternos en ropa interior en un jacuzzi pequeño, ella recostada sobre mi, con las piernas encima del otro, recibiendo masajes de ambos lados.
Reservamos en pernocte una habitación con jacuzzi en un telo piola, de esos amplios y seguros. El plan lo teníamos armado para evitar cosas que no queriamos: primero entrámos nosotros dos solos para aflojar los nervios. Apenas cerramos la puerta, abrí una botella de champagne que llevábamos en la mochila y nos servimos dos buenas copas. Fumamos un poco y luego el alcohol empezó a circular rápido, calmando la ansiedad y dejándonos a los dos con la respiración pesada, listos para lo que se venía.
Le di un trago largo al vaso, la besé con fuerza sintiéndole el sabor a alcohol y le mandé un mensaje rápido a mi amigo: "Ya estamos, venite para la 14".
Calculamos los minutos justos. Nos metimos al jacuzzi en ropa interior; el agua caliente y los jets burbujeando empezaron a empañar los espejos mientras el vapor nos envolvía. Ella se recostó sobre mi pecho, con las piernas estiradas hacia el frente esperando el momento.
A los diez minutos sonó la puerta de la habitación. Me levanté un segundo, le abrí a mi amigo que entró algo nervioso, saludó en silencio, se sacó la ropa quedando también en slip y se metió al agua del otro lado del jacuzzi, quedando justo enfrente de ella.
Apenas se acomodó, comenzaron los masajes y caricias mientras charlabamos y bebiamos aflojando ya que estabamos algo tensos todavia, de a poco mi amigo fue apoyando mas las piernas de mi novia encima de el, empezó a masajearle las pantorrillas y los muslos con movimientos firmes, subiendo despacio por la piel mojada, besaba mucho sus piecitos pequeños y ella se lo pasaba por la cara y el cuerpo, mientras yo le besaba el cuello y le mordisqueaba las orejas a mi novia, que ya respiraba agitada entre los dos. Luego comenzamos a besarnos con mi novia y mas se exitaba ella, ya rozaba con su pie el pene de mi amigo sobre el slip dejandolo duro. Él cerró los ojos un segundo, tragó saliva y estiró las manos hacia adelante agarrandola de la cintura.
El agua del jacuzzi burbujeaba y el calor del ambiente nos tenía a los tres con la piel encendida. En un segundo de pausa, ella avanzo al siguiente nivel, ahi en frente como lo tenia, le acaricio un poco el cuerpo y luego le saco el pene del slip y comenzo a masturbarlo. Mi amigo se mordía los labios, con las manos apoyadas firmemente en la cadera de ella pero respetando el pacto de no tocarla demas, disfrutando de cada movimiento, mientras yo le saque el corpiño y amasaba sus tetas mientras besaba su cuello.
Luego de unos minutos intensos donde ella lo hizo acabar, el juego con él llegó a su fin tal como lo teníamos planeado. Mi amigo se acomodó el slip, salió del agua, se secó, se vistió en silencio y nos saludó, se fue sin decir una sola palabra.
Apenas se fue, el espacio volvió a ser exclusivo de los dos, cargado de adrenalina por lo que acababa de pasar. Salimos del jacuzzi con la piel encendida, nos tiramos a la cama grande entre sábanas blancas y bien hot por el calor y el alcohol, nos abrazamos y tuvimos tremenda noche de sexo.
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