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el pacto 8

Tras el fin de semana con el novio de Paola, la realidad en la casa se volvió una ilusión grotesca. Laura volvió convertida en otra mujer: su mirada tenía un brillo distinto, caminaba por el apartamento con un aire de libertad descarada y en la cama se entregaba con un hambre que antes no existía.
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Sabía que el muro se había roto para siempre y que la "perra sin dueño" de la que me habló Paola ya no se iba a apagar. Yo vivía atrapado en una mezcla de náusea y excitación insoportable, sabiendo que haberla visto entregarse a ese desconocido en la pantalla solo era el primer dominó en caer.
El impacto no tardó en llegar. Apenas arrancó la semana, Paola me mandó una captura de pantalla que demostró que Laura ya no tenía freno. En ese primer chat, mi novia le contaba a su amiga, entre risas y una complicidad sin vergüenza, que en la oficina había un compañero nuevo, un tipo de hombros anchos que no dejaba de mirarla. La experiencia del fin de semana le había quitado el miedo; ahora ella era la que buscaba el peligro. En los días siguientes, los mensajes de Paola me mostraron la escalada diaria: Laura le describía fascinada los roces "accidentales" en la cafetería, las miradas intensas en los pasillos y la forma en que el tipo se le acercaba a hablarle al oído, sabiendo que ella ya estaba lista para cualquier cosa.
Hacia mitad de semana, la sutileza desapareció por completo. Laura le confesó a Paola que el juego inocente de la oficina ya no le bastaba y que la tensión acumulada la tenía al borde del colapso.
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Pero lo que terminó de romperme la psique fue un audio que Paola me reenvió, donde Laura le decía con la voz agitada: "Pao, no puedo más. Anoche, mientras Daniel me penetraba, cerré los ojos con tanta fuerza que me dolían los párpados. No lo veía a él. Imaginaba que era la verga de ese idiota la que me estaba rompiendo por dentro. Sentía que su dureza era la que me hacía gritar". Leí eso y sentí una náusea violenta que se transformó instantáneamente en una erección dolorosa. El fantasma del fin de semana anterior seguía vivo, y ahora mi propia mujer me usaba como un simple sustituto en su fantasía con el del trabajo.
El conflicto real estalló el jueves cuando Laura, desesperada por concretar el encuentro y harta de las puras miradas en la oficina, le pidió el apartamento prestado a Paola. La respuesta de su amiga fue el detonante de todo: "Amiga, es imposible. Mis papás llegan este fin de semana y se van a quedar conmigo. La casa está ocupada". Ante el desespero de Laura por no querer ir a un motel feo para la primera vez con este nuevo hombre, Paola lanzó la granada: "¿Y por qué no lo metes a tu casa?".
Vi en los chats el pánico inicial de Laura, sus protestas temblorosas sobre lo que dirían los vecinos o qué pasaría si yo llegaba de sorpresa. Pero Paola, sabiendo que Laura ya había probado el abismo el fin de semana pasado, le jugó con la mente hasta que Laura, totalmente dominada por el morbo, confesó la verdad más obscena: "Pao, de solo pensarlo me mojo todita. Imaginarme a ese man encimota mío en la cama donde duermo con Daniel me da un pánico horrible, pero me excita más que cualquier otra cosa".
Paola no perdió el tiempo y me mandó el mensaje que selló mi destino: "Chino, su mujer quedó encendida desde el fin de semana pasado y ahora está desesperada por estrenar a este man en su propia cama. Ahora nos toca movernos a nosotros. Inventa que te vas de pesca este fin de semana y compra las cámaras. Quiero ver cómo profana su propio santuario".
Entré en un estado de trance masoquista. Inventé el viaje de pesca con una naturalidad que me asqueaba. Compré dos cámaras espía diminutas y las instalé en la sala y en el dormitorio principal, apuntando directamente al corazón de mi intimidad: la cama. En un acto de devoción perversa, limpié la casa y tendí las sábanas con una pulcritud casi ritual. Estaba preparando el altar donde mi novia sería sacrificada por un extraño.
El viernes por la mañana, la despedida fue una tortura. Laura me abrazó y me dio un beso dulce. "Te voy a extrañar mucho en este viaje de pesca, mi amor", me dijo con una ternura que me rompió el alma y me puso la verga dura. Salí de casa con el corazón martilleando en mis oídos y me instalé en un hotel cercano, un refugio de sombras donde podía observar sin ser visto.
En cuanto conecté la transmisión en mi teléfono, el mundo se detuvo. Vi cómo la puerta se abría y el compañero de trabajo de Laura entraba. La tensión estalló de inmediato.
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Mientras se besaban con una urgencia animal en la entrada, escuché al hombre preguntar con voz ronca: "¿Y el novio? . Laura soltó una risita juguetona mientras se dejaba desvestir: "Se fue de pesca el fin de semana, cariño. Tenemos la casa para nosotros solos... no nos va a molestar". Me dolió que hablara de mí con esa ternura fingida, pero el hecho de que no tuviera ni un gramo de arrepentimiento mientras se desnudaba para otro me provocó una descarga de adrenalina brutal.
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Lo que vi después fue una carnicería de carne y deseo. Laura le caco la verga del pantalón
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La lamió sin reparos , ver cómo disfrutaba chupando esa verga , estaba cambiando algo en mi la verga se me puso como una roca , ver cómo chupaba
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Cómo jugaba con las bolas del man Dios estaba descubriendo una nueva clave de placer era delicioso verla chupar , jugar con las bolas
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El hombre la tomó por la cintura y la volcó sobre mi cama. Empezaron en misionero, con una intensidad que me dejó sin aliento. Vi cómo él la penetraba con una fuerza bruta mientras ella arqueaba la espalda, buscando más profundidad. El sonido de sus pelvis chocando era un estruendo rítmico y violento que retumbaba en mis auriculares: ¡Plap, plap, plap!. "¡Mierda, sí!... ¡Más fuerte!... ¡Dame más!... ¡SÍIII!" gritaba Laura, con la voz rota por el placer.
Escuchar a mi Laura con un completo extraño , con un hombre que se salió de mis planes y mi control me dió una certeza de que el juego terminó , y que el morbo que sentía al ver las manos sobre las nalgas perfectas de mi Laura , ver cómo se un día en esa verga, como se abría las nalgas para el , ese morbo sabía que no lo quería perder y que Laura era la mujer de mi vida
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Inmediatamente después, el hombre la giró y la puso en cuatro. La vi empujando sus nalgas hacia atrás con una impaciencia obscena. El sonido del impacto de su carne contra la del hombre era ensordecedor: ¡Plap, plap, plap, plap!. Laura ya no era la mujer que yo conocía; era una perra sedienta de castigo. "¡Sí!... ¡Rómpeme!... ¡Mierda, así!... ¡Más profundo!... ¡Sí!... ¡SÍIII!..." suplicaba ella entre gemidos ahogados. El compañero le susurró al oído mientras la embestía con saña: "Estás tan rica así... no te cambies nada, así me vuelves loco... qué puta tan deliciosa eres".
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El clímax de la degradación llegó cuando él la obligó a ponerse boca abajo, aplastándola contra el colchón mientras la penetraba por detrás. La vulnerabilidad de Laura era total. La vi hundirse en la cama, con la cara contra las sábanas que yo mismo había tendido, mientras el hombre la poseía con una ferocidad animal. El sonido de la penetración era un golpe seco y húmedo que me hacía vibrar la pelvis: ¡Plap!. "¡Mierda, sí!... ¡No pares!... ¡Dámelo todo!... ¡SÍIII!..." los gritos de Laura eran una sinfonía de rendición absoluta.
Vi algo en la pantalla que me dió una descarga de exitacion , ver los ojos de Laura , mi. Laura estaba disfrutando y en ves de celos sentí exitacion
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Yo estaba en la oscuridad del hotel, masturbándome con una furia suicida, sintiendo que mi propia identidad se desvanecía mientras veía cómo ella encontraba su libertad en la más absoluta humillación.
Cuando el encuentro terminó y la tormenta de gemidos se calmó, vi cómo se vestían lentamente. Laura se veía radiante, con la mirada perdida y el cuerpo todavía temblando. Se tomaron de la mano con una complicidad asquerosa y salieron del cuarto hacia la sala. Cambié la cámara y los vi allí, en el centro de mi hogar. Se dieron un beso apasionado y mojado antes de salir de la casa, cerrando la puerta detrás de ellos.
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Me quedé en el silencio de mi hotel, jadeando y manchado de mi propio semen, sintiendo que mi santuario ya no existía. En ese momento, mi teléfono vibró. Era un mensaje de Paola, escrito con un tono coqueto y un morbo desbordante: "Chino, ¿viste eso? Estoy tan orgullosa de mi amiga... se portó como una reina del pecado en tu propia cama. ¿Te gustó la sorpresa, mi Dani?".

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