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Mi única amistad es la joven hijita del vecino. ep3(ficción)

Pasé los siguientes días investigando sobre la carrera de Educación. Supuse que me harían preguntas sobre eso, y no quería quedar como un tarado.

El día de la fiesta llegó y aún no me decidía si asistir temprano, o llegada la noche. ¿Me vería muy desempleado si aparezco una hora antes de que empiece todo? 
Ya podía escuchar las primeras pruebas de sonido en los altavoces, junto al parloteo de los invitados. La calle ahora estaba iluminada por las farolas y láseres para fiesta. 
Sinceramente, no sé de dónde sacaron plata para todo eso, si se la pasaban tomando cerveza.

Me armé de valor y acomodé un poco mi camisa. Salí para toparme con toda la pista siendo ocupada por sillas monobloc, gentío y un gran toldo fuera de la casa de Vane. Con algo de torpeza me acerqué hasta su puerta, que estaba abierta, y toqué tres veces.
Dentro se encontraba abarrotado de personas. Habían chiquillos conocidos de la zona jugando en sus celulares, señoras corriendo de un lado a otro llevando los bocaditos, compadres riendo exageradamente de sus anécdotas... y a lo lejos, un grupo de chicas escandalosas reunidas en círculo.

Por un segundo todos fijaron su atención en mí (no quise ni mirarlos), para después volver a lo suyo. Lo importante era que Vane ya me había visto y corría emocionada a abrazarme.
Mientras llegaba, mis ojos gozaron de verla nuevamente, con un outfit llamativo.
Vestía unos botines negros, jeans largos y ajustados, una blusa corta transparente y por debajo un top.

Me abrazó con fuerza durante dos segundos antes de soltarme.
 -Feliz cumple... -Le dije tímidamente, dándole unas palmaditas en el hombro, y ella solo me sonrió para volver con sus amigas.

Tomé asiento antes de morir de vergüenza, reflexionando en mis deciones. De vez en cuando daba brevísimas miradas al grupito de Vane. Se veía tan diferente a las demás...
Lo principal era la altura y su desarrollo.
Ella ,aunque tenía unos botines que la hacian un poco más alta, seguía siendo superada por centímetros. Intentando parecer como las otras, con esa arrogancia típica de la edad; riendo de cualquiera que mirasen (como a mí). Y ni hablar de sus cuerpos... tal vez incluso eran de un grado superior, porque no encajaban sus grandes atributos con los de Vane. 

La fiesta fue como cualquier otra en estos tiempos modernos... Un animador al que poco caso hacían, música pegajosa y repetitiva a todo volumen, las señoras repartiendo comida y aperitivos... 
También hubo competencia de bailes. Pasitos virales y demás tonterías.
Pero no te negaré que lo disfruté como los demás (por otras razones).
Fue asombroso ver la facilidad con la que movían el cuerpo. Destilaban sensualidad y energía, algo que antes hubiera sido reprochado por adultos. Sin embargo, hoy era vitoreado.


A las 2 de la madrugada se dio por terminada la celebración.
Yo seguí sentado a esperar que la mayoría se hubiese retirado. Me ofrecí a ordenar y limpiar un poco la casa. Doña Eva lo agradeció con algo de asombro e incomodidad, pero no se negó.
Al final solo quedamos la familia de Vane y yo. Su padre dormía ruidosamente en el sofá de la sala y la señora no se molestó en levantarlo. 

 -Mamiiii... -Gritaba Vane desde la cocina.
 -Anda a ver qué quiere. Yo voy a guardar las sillas que alquilé. -Me ordenó la seño.
 -Okay...

Ya me conocía la casa de memoria, después de haberla visitado tantas veces hace mucho tiempo.
Llegué directo y me asomé. -¿Qué pasó? Necesitas algo..?

La vi subida a un taburete de madera, tratando de alcanzar algo en los estantes de la cocina.
 -Sip ¿Me bajas las galletas de ahí? Mamá las esconde para que no las acabe de golpe... -Sonrió y sacó la lengua, tras confesarme esa travesura.
 -Va. -Caminé hasta ponerme a su derecha y estirar mis brazos directo a el paquete de galletas en el estante.
De pronto, ella se me coló entre mis brazos, dándome la espalda. Solo podía ver su cabello castaño, planchado y suelto.

 -¿Q-qué haces..? -Balbuceo lleno nervios. No esperaba eso...

Soltó una risilla tonta, y al cabo de unos segundos me dijo. -No me has dado mi regalo de cumpleaños... 
No había un tono de reproche ni enfado.

 -Ah, sí... No sabía qué regalarte ¿Te gustarían unas crocs? Para que no andes descalza.
 -Nah... -
Siguió en silencio hasta que se dio la vuelta, mirándome a los ojos. -Me conformo con un abrazo...

Esto la hizo avergonzarse y trató de esconder su rostro en mi pecho.
Yo me sentía perdido y abrumado. No tenía nada de malo si se lo daba; y tampoco quería hacerla sentir mal.
Lentamente bajé mis brazos para rodearla por debajo de los hombros. A su vez, ella levantó los suyos para entrelazarlos detrás de mi cuello. 
Seguía parada sobre el taburete, por lo que nuestras caras quedaron sin mucha diferencia de altura.
Nunca la había tenido así de cerca... Mis pupilas no sabían a dónde enfocar, tampoco las suyas.

 -Parecemos novios... jaja... -Se atrevió a decir ella.
 -Eeh, quizás? Tú qué sabes de eso? 
 -Mis amigas ya tienen, siempre me cuentan sus chismes. Te molesta que diga eso..?
 -Honestamente me sorprende que lo digas conmigo. No soy el adecuado, sabes?
 -A mí no me importaría que lo fueras... Tú eres... -
Su voz se fue apagando, quedando ruborizada. Luego recuperó fuerzas y añadió: ...un torpe gracioso, jiji.

No tenía palabras ni aliento.

 -Bueno, este es tu regalo de parte del torpe gracioso. -Le sonreí y me dispuse a separarme. Sin embargo, ella no me dejó. 
 -Puedo pedirte una cosa más..? Porfi.
Asentí intrigado.
Continuó diciendo: -¿P-podríamos... podrías darme un beso? 

Había un tono suplicante y apenado en eso. No tuve el valor para negarme o siquiera decir algo.
Simplemente fui acercando mi rostro al suyo, cerrando mis ojos.
Nuestros labios se tocaron tímidamente, siguiendo con piquitos... Con cada uno de ellos iba acelerando más mi corazón. Sentía que perdía la calma al pasar los segundos. Mi cuerpo alto se inclinaba sobre el de ella, acorralándola a la encimera de la cocina. Los picos pasaron a ser besos intensos y desenfrenados, la tomé de la cintura con ambas manos y la pegué a mí, subiéndola a la encimera. Ella ahora se aferraba a mi cabello, acariciándolo. Sus piernas ahora me sujetaban por la cintura.
Las respiraciones agitadas entre los besos pasaron a ser jadeos. Una mezcla de ruiditos agudos y graves.
La sangre dejó de llegarme a la cabeza, solo pensaba en cosas sucias...
Mis manos toscas fueron recorriendo la suavidad de su piel tersa; desde la cintura, pasando por su espalda y abdomen, hasta llegar a sus pechos. Ella no me detuvo.
Los comencé a masajear por encima de la ropa a la vez que nos besábamos con frenesí.

Supuse que ya había entrado en desarrollo, pues estaban algo creciditos y blanditos.
Fue entonces que se separó un poco para decirme: Puedes verlos...
No perdi tiempo y desabroché con cuidado su blusa, luego agarré con ambas manos el top y se lo levanté poco a poco.
De debajo asomaron unos pechos chiquitos y pálidos... Tenían un poco de firmeza, pero al poner mi mano encima se amoldaban... Sus pezones, aunque duritos, no destacaban tanto. Las adornaban unas areolas rositas, no muy grandes.

Seguí jugando con sus pechos, pellizcándole tiernamente los pezones y escuchando cómo contenía sus agudos gemidos. Ella agarraba con fuerza mi cabeza, alborotando mi cabello. 
Mi entrepierna estaba a punto de explotar mis pantalones, Se sentía demasiado apretado, pero no fui capaz de bajármelos. Me limité a frotarme en la zona baja de ella.
Como si fuese instinto, o realmente sabía lo que hacía, comenzó a mover sus caderas para frotarse conmigo. Lo hacía con una pasión que nunca imaginé.


Si tan solo supieran sus padres lo que le estaba haciendo a su hijita consentida en su propia cocina...
Siendo la primera vez de ella, y satisfaciendo mis impulsos...
Sabroseándome sus lindos pechitos y manoseándola, mientras de vez en cuando le daba besos.


Pero de repente se oyeron pasos y el arrastre de sillas. Su madre se acercaba peligrosamente donde nosotros. 
Nos separamos rápidamente y la bajé de la encimera.
Me puse delante de ella para cubirla y que pudiera acomodarse la blusa y top, mientras yo me escondía el bulto bajo la camisa y los pantalones.
Se abrió la puerta de la cocina y entró la señora.

 -Todo bien? ¿Qué querías, hijita? Para qué llamabas?
 -Solo quería que me alcanzara unas galletas de ahí... -
Respondió, tratando de esconder la agitación.

No quería ni darme la vuelta por si se me marcaba el paquete.

 -Imagino que solo agarraste una. Ya te he dicho que debes controlarte cuando las comes, carajo. -Lo dijo con un tono serio, pero también maternal. -¿Y tú, muchacho? No tienes sueño o qué?
 -Sí, ya me iba. Solo conversaba un poco con ella... Nos vemos Vane.
 -Bye... -respondió algo cohibida.
Quería darle una caricia al hombro pero casi se me desvía la mano hacia abajo.
Mantuve la compostura y me retiré deseando buenas noches.


Esa noche me masturbé 3 veces...

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