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El pacto 5

La casa ya no se sentía como el lugar de antes. El aire se había vuelto diferente, más ligero pero cargado de una electricidad invisible. Lo más impactante fue ver la transformación de Laura. Mi mujer se había convertido en la esposa perfecta. Estaba radiante, más atenta que nunca conmigo, más cariñosa y con una sonrisa que iluminaba cada rincón del hogar. Me servía el café con una dulzura que me dejaba mudo y me besaba con una pasión que antes no existía. 
Yo la observaba en silencio mientras ella se movía por la cocina. Sentía un morbo que me quemaba la sangre al saber que esa paz y esa felicidad eran el subproducto de su traición. Laura era más feliz conmigo porque se sentía liberada en los brazos de Samir. Sabía que mientras me sonreía con esa inocencia fingida, por dentro todavía vibraba el eco de los gritos y la carne chocando en el apartamento de Paola
El pacto 5


Una tarde, Laura me tomó de la mano y me arrastró hacia la habitación con una urgencia que me dejó sin aliento. No hubo preámbulos; fue un asalto de deseo. Me desnudó con una impaciencia animal y se arrodilló frente a mí antes de que yo pudiera reaccionar.
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Laura: ¡Mmmph!... ¡Ssslluuurp!... ¡Mmmh!... gemía mientras su lengua trabajaba con una voracidad que me hizo clavar las uñas en las sábanas.
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*Slurp... chupa... mmmh... glup...*

Su técnica era diferente. Era más salvaje, más experta, más hambrienta. Sentía cómo succionaba cada milímetro de mi verga con una fuerza que me hacía ver estrellas. Sus gemidos profundos salían desde el fondo de su garganta mientras se metía el miembro hasta el final: *"¡SÍ!... ¡Mmmph!... ¡SÍ, ASÍ!... ¡Aaaah!... ¡Rico!... ¡Mmmh!..."*. Me volví loco con esa devoción obscena. La puse encima de mí y la obligué a que se moviera con fuerza, mirando cómo sus pechos rebotaban y su cara se transformaba en una máscara de puro éxtasis.
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Daniel: Tú eres mía, ¿cierto? ¿Solo mía? le solté con la voz rota por la excitación.

Laura: ¡Sí!... ¡Sí, solo tuya, Dani!... ¡SÍIII!... ¡SÍIII!... ¡Mmmh!... ¡Solo tuya!... ¡Ohhh!...
El pacto 5

Me mentía con una convicción que me encendía los nervios. Saber que me decía eso mientras su cuerpo todavía guardaba la memoria de otro me hizo estallar en un orgasmo violento que nos dejó a los dos jadeando en la cama. Pero el momento más fuerte vino después. Mientras estábamos abrazados y sudorosos, Laura se apoyó en mi pecho y me miró con esos orbes inocentes.
Laura: ¿Te gustó, mi amor? ¿Te sentiste bien conmigo? me preguntó con una naturalidad que era un insulto a mi inteligencia.
Yo la miré a los ojos, sabiendo que ese mismo cuerpo había estado abierto de piernas para un extraño días antes. Sentí un placer perverso al verla mentirme tan de frente.
Daniel: Sí, preciosa... fue increíble. No hay nada como estar contigo.
Cerré los ojos mientras sonreía internamente. Esa mentira mutua era el clímax de nuestra nueva realidad. Ella creía que me engañaba; yo disfrutaba de su engaño.
Al día siguiente, me reuní con Paola en la cafetería de siempre. En cuanto se sentó frente a mí, esa mirada de complicidad y fuego me hizo saber que el juego iba a subir de nivel.
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Paola: ¡Hola, cornudito! dijo soltando una risita mientras se cruzaba de piernas, dejando que su falda subiera un poco más de lo normal.

Daniel: Hola, Pao. No tienes idea de cómo está Laura en la casa. Es la mujer perfecta ahora que tiene ese escape. El sexo con ella después de verla así fue lo mejor de mi vida.
Paola se inclinó hacia mí y rozó mi mano con la suya, un toque eléctrico que me hizo reaccionar de inmediato. Me miró con una picardía que ya no era solo por Laura.
Paola: Ves que tengo buen gusto, Dani... sé exactamente cómo despertar los instintos de una mujer. Imagina lo que pasaría si yo te tuviera así de descontrolado a ti conmigo.
Me sostuvo la mirada con un coqueteo sutil pero letal. En ese momento, sacó su teléfono y deslizó la pantalla frente a mis ojos.

**[PANTALLAZO EN EL TELÉFONO DE PAOLA]**

**Laura:** Pao, por favor... te lo ruego. No puedo más. Siento un vacío en mi coño cada vez que cierro los ojos. Necesito que Samir me rompa de nuevo. ¡Dime que ya hay fecha! ¡Siento que me voy a volver loca si no lo siento dentro de mí ahora mismo!

**Paola:** Jajaja, tranquila, mi Lau. Pero no te enganches con un solo pez. Afuera hay un mar de hombres esperando morderte. Hay que variar el menú para que no te aburras.

Yo miré la pantalla y sentí que la verga se me ponía dura en el instante. El morbo de verla así de desesperada era demasiado fuerte.

Daniel: No, Pao. Dile que sí. Dile que se vean una vez más. Quiero verla así de desesperada otra vez. Organízalo tú, que ella me mienta de nuevo y yo quiero verlo todo desde la pantalla.
Paola sonrió con un triunfo absoluto.

Paola: Hecho, director. Ella morderá el anzuelo sin dudarlo.
El domingo llegó y con él la segunda mentira de Laura. Me dijo que se quedaría con Paola charlando y yo la dejé ir con una sonrisa mientras contaba los minutos. Me conecté al cuarto rojo y la imagen fue un golpe de adrenalina. Laura ya no tenía nervios; era una cazadora. Se lanzó sobre Samir con una voracidad que superaba cualquier cosa que yo hubiera visto.

La vi succionar su miembro con una saña obscena: *"¡Ssslluuurp!... ¡Gkkk!... ¡Mmmph!... ¡Sí!... ¡SÍIII!..."*. Pero lo más fuerte ocurrió cuando Samir la puso en cuatro sobre la cama. Laura se giró un poco, con la cara roja de excitación y la mirada perdida, y le suplicó con una voz rota:
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Laura: Samir... por favor... quiero que me hagas el culo... quiero sentirte ahí también... rompe todo en mí... ¡Dámelo por detrás! ¡Póntelo aquí, por favor! ¡SÍIII!
Samir soltó un gruñido animal y la penetró por el ano con una estocada violenta que sonó como un disparo de carne contra carne: **¡PLAP!**
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Laura soltó un alarido de dolor y placer que me hizo saltar de la silla mientras yo empezaba a masturbarme con una furia ciega.

Laura: ¡AAAAHHHHH!... ¡SÍ!... ¡SÍ, ASÍ!... ¡Mierda, es tan fuerte!... ¡SÍIII!... ¡SÍIII!... ¡Mierda, qué rico!... ¡Mmmh!... ¡SÍIII!... ¡Más profundo!... ¡SÍIII!... ¡Plap, plap, plap!... ¡SÍ, ASÍ!... ¡Dámelo todo!... ¡Aaaahhh!..."*.

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La vi retorcerse en la pantalla, con la cara deshecha y los gemidos volviéndose ruidos animales mientras Samir la embestía con una saña salvaje por el culo. Yo me movía al ritmo de los golpes de la pelvis de Samir contra la de Laura, sintiendo que mi propia verga iba a explotar.
El pacto 5

Samir: ¿Quién te tiene así de rota, puta? ¿Quién es el dueño de tu culo ahora mismo?

Laura: ¡Tú!... ¡Eres tú, Samir!... ¡Tú me haces sentir una puta!... ¡Tú me haces sentir viva!... ¡SÍIII!... ¡TÚUU!... ¡Aaaahhh!... ¡Mierda!... ¡Sí!... ¡Tú eres el mejor!... ¡SÍIII!
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En ese instante de clímax absoluto, Samir se la vino dentro de su culo con una fuerza violenta. Yo también alcancé mi orgasmo en ese mismo segundo, soltando un gemido de frustración y placer mientras mi semen manchaba todo a mi alrededor. Me quedé jadeando en la oscuridad, mirando cómo Laura se desplomaba en la cama, completamente poseída y deshecha.
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Mi teléfono vibró. Era Paola.

Paola: ¿Te gustó el show, Dani? Ya le dije que no se enganche con Samir. Hay muchos peces más esperando su turno para probarla. Disfruta de tu mujer, que ahora es una perra sin dueño.

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