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Último viaje semi soltera

En 2021 yo ya estaba saliendo con Martín. Lo nuestro iba en serio, aunque todavía no estábamos casados. Y quizás por eso mismo nunca terminé de entender qué mierda me pasó aquella noche en Ibiza.

Había viajado por trabajo y llevaba varios días comportándome como una santa: reuniones, cenas aburridas, hotel, llamadas con Martín antes de dormir. Hasta que una noche me harté de mirar las mismas cuatro paredes de la habitación, me puse un vestido, agarré la cartera y salí sola.

Entré a un bar bastante tranquilo. Pedí un trago, después otro, y terminé hablando con un ruso muy lindo. No era particularmente alto, mediría un metro setenta y ocho, pero tenía una cara preciosa y sabía mirarme de esa manera que, después de un par de copas, te hace sentir irresistible.

Terminamos besándonos en un rincón medio oscuro del bar. Había poca gente y él empezó a ponerse más atrevido. Yo también.
Pero... La cosa se terminó casi tan rápido como había empezado.

Era lindo, estaba marcado, tenía buena cara y besaba bien. Hasta ahí, perfecto. Pero cuando empezamos a tocarnos en aquel rincón oscuro entendí que sexualmente no era mi tipo. Yo siempre había tenido preferencias bastante claras en ese sentido, tenía que ser grande para arriba... y en cuanto me di cuenta de que él no encajaba en ellas, se me apagó el deseo de golpe.

Así que inventé una excusa y me fui.

Lo absurdo es que no estaba menos caliente.

Estaba más.

Tal vez porque me había quedado a mitad de camino. Tal vez porque había tomado demasiado. O porque Ibiza de noche tenía esa energía de que cualquier estupidez podía convertirse en una historia que nunca ibas a contar completa.

Y entonces apareció el francés.

Iba caminando, volviendo al hotel y lo ví...

Alto. Enorme al lado mío. Bronceado, hombros anchos, brazos marcados, pelo castaño claro. Desde que entré al bar sentí que me estaba mirando.

Cuando me mandó el trago, ya estaba perdida.

Diez minutos después estaba sentada sobre sus piernas besándolo como si lo conociera desde hacía meses.

Jamás había sido asi... Supongo que nadie me conocía y estar sola me había liberado...

Pero lo que más me impactó no fue cómo se veía.

Fue su manera de ser.

Era dominante sin necesidad de levantar la voz. Me agarraba de la cintura y yo iba. Me decía “come here” y yo obedecía antes de pensar. Me miraba fijo y era suficiente para ponerme nerviosa.

En el hotel esa intensidad se multiplicó.

Yo no era así con Martín.

Con Martín tenía límites, costumbres, cosas que simplemente nunca hacía porque no me nacían o porque me daba pudor. Con este tipo, en cambio, parecía habérseme borrado la personalidad.

Me hacía acercarme, alejarme, darme vuelta, mirarlo.

En un momento me señaló el suelo delante suyo y entendí perfectamente lo que quería.

Me quedé mirándolo.

Creo que hasta me reí por los nervios.

—You’re crazy.

Él sonrió.

Y yo terminé de rodillas.

No saben lo que era esa pija, ahí me convenció de todo lo demás. Más larga que mi brazo y era gigante, peor que dos desodorantes de los Dove juntos jajaja una locura, nunca ni había imaginando que existía algo asi

Ahí fue cuando pensé, por una fracción de segundo: esto con Martín no lo hago nunca.

Y esa misma idea, en lugar de frenarme, me volvió todavía más loca.

No porque aquel desconocido fuera mejor que Martín ni porque significara algo. Justamente era lo contrario. No significaba absolutamente nada. Era puro deseo, alcohol, adrenalina y una versión de mí que jamás habría reconocido....

Él llevaba siempre el control. Yo protestaba de vez en cuando, me reía, le decía que era demasiado, pero cada vez que intentaba recuperar un poco la iniciativa terminaba cediéndosela otra vez...

Quiso coger, le dije que no... Me termine entregando, el arriba, yo arriba, nunca entraba completa pero que le daba hasta mi fondo, le daba.... Hasta que me agarró del pelo y me puso contra la pared... La mejor cogida que me han dado (perdón amor, pero lo sabes) fueron nose si 30 min o 30 días, que manera de acabarme entera, moje todoooo...

Y ahí me alzo, como si fuera un niño y me puso en la cama en 4, me acomodo y me puso unas almohadas.... 

Le dije NO

Ahí sí lo frené.

—No. Eso no.

Insistió con una sonrisa, como preguntando si estaba segura.

Me empezó a comer la cola con la lengua, era bueno en todo increíblemente me calentó 

—No entra ni loca —le dije, riéndome.

Entendió.

Y ahí el se calentó, me empezó a chupar las tetas muy violento y acercó y me acabo en las tetas jaja un enfermo

Cuando todo terminó quedé tirada sobre la cama, completamente agotada, mirando el techo y tratando de procesar qué acababa de hacer.

El francés se vistió con una tranquilidad insultante.

Antes de irse se acercó, me besó una última vez y me dijo algo en francés que ni se que es

Cuando cerró la puerta, agarré el teléfono, eran las 11 de la mañana jajaj

Había mensajes de Martín.

Y ahí, recién ahí, volvió la realidad jajaja tengo una foto de unas hora más tarde en la pileta del hotel, contándole a mi mejor amiga, la mando por privado

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