Transcurrió un año desde el nacimiento del bebé. Para el mundo exterior, éramos la familia perfecta: yo, el esposo abnegado y trabajador; ella, la mamá joven, radiante y entregada; y el niño, que crecía fuerte aunque en su rostro no hubiera un solo rasgo mío. Yo era feliz en mi ignorancia voluntaria, cuidando de una criatura que pertenecía a cualquiera de los cientos de hombres que habían pasado por el cuerpo de mi mujer.
Un martes por la tarde, Valeria me esperó con la cena servida y una sonrisa melosa. Me abrazó por el cuello, me dio un beso suave en los labios y me soltó la noticia con esa voz dulce, tranquila y llena de cariño con la que siempre me manejaba.
**Valeria**
—Mi rey lindo... le cuento que me llamó Camilo, un exnovio mío de hace años allá del pueblo. El pobre está súper enfermo, solo y en cama, y me voy a ir a cuidarlo una quincenita a su casa para hacerle compañía y atenderlo bien.
**Esteban**
—¿Quince días, mi amor? ¿Y el bebé? —pregunté, sintiendo ese frío helado en el pecho que tanto me excitaba.
**Valeria**
—Ah, mi amor, usted me lo cuida aquí en la casa bien bonito —me dijo sonriéndome con infinita ternura y sobándome la mejilla—. Yo sé que usted es un papá ejemplar y el único hombre en el que confío para esto. Yo me voy estos quince días a ponérmele al día a Camilo, y usted me cuida la casa y al niño bien juicioso. ¿Verdad que sí, mi vida?
**Esteban**
—Claro que sí, mi amor... Vaya tranquila, cuídelo mucho. Yo me encargo de todo aquí.
Verla hacer maletas con esa soltura y ese cariño descarado me reventó la cabeza de morbo. A la mañana siguiente se fue, dejándome a cargo de la cuna, los teteros y los pañales.
Al cuarto día de su viaje, mientras yo meceaba al bebé en la sala para que se durmiera, sonó mi celular. Era una llamada normal de Valeria. Contesté de inmediato pegándome el teléfono a la oreja con el corazón latiéndome a mil.
**Esteban**
—Hola, mi vida... ¿Cómo estás? ¿Cómo sigue Camilo?
Al otro lado de la línea no hubo un saludo calmado. Lo primero que escuché fue una respiración agitada y un choque seco, carnoso y violento resonando directo en el auricular.
¡PAC! ¡PAC! ¡PAC!
¡SLAAP! ¡SLAAP! ¡SLAAP!
**Valeria**
—¡Aghhh... mmmgh... hola, mi rey! —gemía Valeria entrecortada, sofocada de la excitación—. Llamaba para saber cómo está el niño... ¡Aah!... Ay, mi amor... Cami ya se está sintiendo mucho mejor gracias a mis cuidados... ¡Aghhh!
**Esteban**
—Valeria... ¿qué te están haciendo? ¿Qué es ese ruido? —pregunté con el aliento corto, cerrando los ojos.
En mi mente comenzó a dibujarse la escena con una claridad enfermiza: me la imaginaba a ella despatarrada en la cama de su ex, en cuatro, con la cara hundida en la almohada mientras Camilo la agarraba de las caderas con fuerza de toro y se la metía hasta el fondo sin piedad.


**Valeria**
—¡Ay, mi amor!... Me está pegando una rellenada deliciosa mientras hablo contigo... ¡Aghhh!... ¡Vieras cómo me lo hace, Esteban!... Cami no ha cambiado nada, sigue siendo un toro salvaje... ¡Mira cómo me abre toda, mi vida! ¡Cómo me retumba las nalgas!
¡SLURP! ¡CHAC! ¡CHOC!
El sonido de los jugos batiéndose adentro de su entrepierna era asquerosamente nítido por el micrófono. Valeria me chicaneaba su traición entre gemidos descarados, contándome en vivo cómo la reventaban, mientras yo en la sala me bajaba el pantalón y empezaba a pajearme desesperado escuchándola.
**Esteban**
—Disfrútalo, mi amor... que te atienda bien ese hombre...
**Valeria**
—Gracias, mi rey lindo... Te dejo que este hombre me va a mear adentro... Te amo, cuídame al niño... ¡Aaaah!
La llamada se cortó. Me quedé en el sofá viniéndome en la mano, imaginando la leche del ex chorreándole por los muslos.
Tres días después, a mitad de la tarde, el teléfono volvió a sonar. Era Valeria otra vez.
**Esteban**
—Hola, mi vida... ¿Cómo van por allá?
Esta vez no había golpes de caderas, pero sí un sonido húmedo, denso y succionante pegado al micrófono del celular.

¡SLURP! ¡SLURP! ¡SLURP!
¡GLUC! ¡GLUC!
**Esteban**
—¿Valeria?... ¿Qué estás haciendo?
**Valeria**
—*Mmmgh... esperate un momentico, mi amor...* —contestó con la voz ahogada, mermada y con la boca claramente atestada de carne—. *Gluc... slurp...* Le estaba haciendo una buena chupada a Cami para consentirlo, mi rey... Tiene esa verga gigante como una piedra... *Gluc...*

En mi cabeza me la imaginaba de rodillas frente a su ex, bañándole el miembro en saliva, tragándoselo hasta la garganta sin asco mientras me sostenía la llamada a mí. El morbo me carcomía por dentro.
**Valeria**
—*Espérame un segundo en la línea, mi amor, no me cuelgues... que ya se me va a venir...*
Se escuchó un gruñido tosco de hombre y luego el sonido de chispas gruesas chocando contra la piel de mi esposa. *¡Chac, chac, chasq!* Unos segundos de silencio y el sonido de ella limpiándose los labios con la lengua.

**Valeria**
—Listo, mi vida... ya me limpié la cara, qué pena hacerte esperar —dijo soltando una risita dulce y cínica—. Cami me dejó la cara limpiecita de leche... Pero ya extraño estar en la casa, mi rey, ya quiero irme ahorita apenas termine la semana para consentirte a ti y estar con mi esposo bello.

**Esteban**
—Aquí te espero, mi amor... me haces mucha falta —le respondí excitado, imaginándomela con el rostro brillante por el semen ajeno.
Faltando apenas dos días para que se cumplieran los quince días de su viaje, me llegó un tono de WhatsApp. Era una foto enviada por Valeria: una prueba de embarazo casera sobre una mesa de noche, mostrando dos rayas rojas, oscuras y bien marcadas.
Seguido de la foto, venía un audio de voz de ella con un tono suave, cariñoso y profundamente coqueto:
**Valeria (Audio)**
*"Mi rey lindo... prepárese porque les llevé la comida completa a este par de hombres. Cami no se aguantó las ganas durante toda la quincena y me dejó bien preñada. Vas a ser padrastro otra vez, mi amor... Prepare la cuna que en unos meses nos llega el hermanito."*
Guardé el celular en el bolsillo. Miré al niño en la cuna, luego miré la casa vacía y solté una sonrisa llena de paz y demente satisfacción. Imaginé los meses que venían: cuidar a mi esposa embarazada del hijo de su ex, verla trabajar, recibir sus cariños y ser el sostén de una vida que no me pertenecía. No había rabia, no había celos, no había dolor. Solo un orgullo enfermizo recorriéndome las venas.
Me acomodé la ropa, tomé al bebé en brazos y le susurré al oído con absoluta certeza:
**Esteban**
—Tranquilo, mi amor... que tu papá es el hombre más feliz del mundo y tenemos la vida perfecta.
Un martes por la tarde, Valeria me esperó con la cena servida y una sonrisa melosa. Me abrazó por el cuello, me dio un beso suave en los labios y me soltó la noticia con esa voz dulce, tranquila y llena de cariño con la que siempre me manejaba.
**Valeria**
—Mi rey lindo... le cuento que me llamó Camilo, un exnovio mío de hace años allá del pueblo. El pobre está súper enfermo, solo y en cama, y me voy a ir a cuidarlo una quincenita a su casa para hacerle compañía y atenderlo bien.
**Esteban**
—¿Quince días, mi amor? ¿Y el bebé? —pregunté, sintiendo ese frío helado en el pecho que tanto me excitaba.
**Valeria**
—Ah, mi amor, usted me lo cuida aquí en la casa bien bonito —me dijo sonriéndome con infinita ternura y sobándome la mejilla—. Yo sé que usted es un papá ejemplar y el único hombre en el que confío para esto. Yo me voy estos quince días a ponérmele al día a Camilo, y usted me cuida la casa y al niño bien juicioso. ¿Verdad que sí, mi vida?
**Esteban**
—Claro que sí, mi amor... Vaya tranquila, cuídelo mucho. Yo me encargo de todo aquí.
Verla hacer maletas con esa soltura y ese cariño descarado me reventó la cabeza de morbo. A la mañana siguiente se fue, dejándome a cargo de la cuna, los teteros y los pañales.
Al cuarto día de su viaje, mientras yo meceaba al bebé en la sala para que se durmiera, sonó mi celular. Era una llamada normal de Valeria. Contesté de inmediato pegándome el teléfono a la oreja con el corazón latiéndome a mil.
**Esteban**
—Hola, mi vida... ¿Cómo estás? ¿Cómo sigue Camilo?
Al otro lado de la línea no hubo un saludo calmado. Lo primero que escuché fue una respiración agitada y un choque seco, carnoso y violento resonando directo en el auricular.
¡PAC! ¡PAC! ¡PAC!
¡SLAAP! ¡SLAAP! ¡SLAAP!
**Valeria**
—¡Aghhh... mmmgh... hola, mi rey! —gemía Valeria entrecortada, sofocada de la excitación—. Llamaba para saber cómo está el niño... ¡Aah!... Ay, mi amor... Cami ya se está sintiendo mucho mejor gracias a mis cuidados... ¡Aghhh!
**Esteban**
—Valeria... ¿qué te están haciendo? ¿Qué es ese ruido? —pregunté con el aliento corto, cerrando los ojos.
En mi mente comenzó a dibujarse la escena con una claridad enfermiza: me la imaginaba a ella despatarrada en la cama de su ex, en cuatro, con la cara hundida en la almohada mientras Camilo la agarraba de las caderas con fuerza de toro y se la metía hasta el fondo sin piedad.


**Valeria**
—¡Ay, mi amor!... Me está pegando una rellenada deliciosa mientras hablo contigo... ¡Aghhh!... ¡Vieras cómo me lo hace, Esteban!... Cami no ha cambiado nada, sigue siendo un toro salvaje... ¡Mira cómo me abre toda, mi vida! ¡Cómo me retumba las nalgas!
¡SLURP! ¡CHAC! ¡CHOC!
El sonido de los jugos batiéndose adentro de su entrepierna era asquerosamente nítido por el micrófono. Valeria me chicaneaba su traición entre gemidos descarados, contándome en vivo cómo la reventaban, mientras yo en la sala me bajaba el pantalón y empezaba a pajearme desesperado escuchándola.
**Esteban**
—Disfrútalo, mi amor... que te atienda bien ese hombre...
**Valeria**
—Gracias, mi rey lindo... Te dejo que este hombre me va a mear adentro... Te amo, cuídame al niño... ¡Aaaah!
La llamada se cortó. Me quedé en el sofá viniéndome en la mano, imaginando la leche del ex chorreándole por los muslos.
Tres días después, a mitad de la tarde, el teléfono volvió a sonar. Era Valeria otra vez.
**Esteban**
—Hola, mi vida... ¿Cómo van por allá?
Esta vez no había golpes de caderas, pero sí un sonido húmedo, denso y succionante pegado al micrófono del celular.

¡SLURP! ¡SLURP! ¡SLURP!
¡GLUC! ¡GLUC!
**Esteban**
—¿Valeria?... ¿Qué estás haciendo?
**Valeria**
—*Mmmgh... esperate un momentico, mi amor...* —contestó con la voz ahogada, mermada y con la boca claramente atestada de carne—. *Gluc... slurp...* Le estaba haciendo una buena chupada a Cami para consentirlo, mi rey... Tiene esa verga gigante como una piedra... *Gluc...*

En mi cabeza me la imaginaba de rodillas frente a su ex, bañándole el miembro en saliva, tragándoselo hasta la garganta sin asco mientras me sostenía la llamada a mí. El morbo me carcomía por dentro.
**Valeria**
—*Espérame un segundo en la línea, mi amor, no me cuelgues... que ya se me va a venir...*
Se escuchó un gruñido tosco de hombre y luego el sonido de chispas gruesas chocando contra la piel de mi esposa. *¡Chac, chac, chasq!* Unos segundos de silencio y el sonido de ella limpiándose los labios con la lengua.

**Valeria**
—Listo, mi vida... ya me limpié la cara, qué pena hacerte esperar —dijo soltando una risita dulce y cínica—. Cami me dejó la cara limpiecita de leche... Pero ya extraño estar en la casa, mi rey, ya quiero irme ahorita apenas termine la semana para consentirte a ti y estar con mi esposo bello.

**Esteban**
—Aquí te espero, mi amor... me haces mucha falta —le respondí excitado, imaginándomela con el rostro brillante por el semen ajeno.
Faltando apenas dos días para que se cumplieran los quince días de su viaje, me llegó un tono de WhatsApp. Era una foto enviada por Valeria: una prueba de embarazo casera sobre una mesa de noche, mostrando dos rayas rojas, oscuras y bien marcadas.
Seguido de la foto, venía un audio de voz de ella con un tono suave, cariñoso y profundamente coqueto:
**Valeria (Audio)**
*"Mi rey lindo... prepárese porque les llevé la comida completa a este par de hombres. Cami no se aguantó las ganas durante toda la quincena y me dejó bien preñada. Vas a ser padrastro otra vez, mi amor... Prepare la cuna que en unos meses nos llega el hermanito."*
Guardé el celular en el bolsillo. Miré al niño en la cuna, luego miré la casa vacía y solté una sonrisa llena de paz y demente satisfacción. Imaginé los meses que venían: cuidar a mi esposa embarazada del hijo de su ex, verla trabajar, recibir sus cariños y ser el sostén de una vida que no me pertenecía. No había rabia, no había celos, no había dolor. Solo un orgullo enfermizo recorriéndome las venas.
Me acomodé la ropa, tomé al bebé en brazos y le susurré al oído con absoluta certeza:
**Esteban**
—Tranquilo, mi amor... que tu papá es el hombre más feliz del mundo y tenemos la vida perfecta.
0 comentarios - El novio perfecto 5 fin