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La Prostituta De Mi Bully 1

Un año después, la pesadilla no solo no había terminado, sino que se había vuelto mi absoluta rutina. Tal como era de esperarse después de todas las veces que el maldito de Braian se corrió adentro mío, terminé quedando embarazada y teniendo a la criatura. Ya no me quedaba panza, pero la marca de mi humillación estaba más fija que nunca. Fiel a su trato de mierda, venía todos los días a usarme como si fuera una prostituta barata, pagándome un peso miserable por cada cogida. Para juntar algo de plata y comprar apenas un alfajor o un paquete de fideos de $1000, el hijo de puta tenía que venir a liquidarme y cogerme mil veces.
Esa tarde, el chabón cayó a mi casa directo después de entrenar en el gimnasio. Venía apestoso, chorreando transpiración rancia, pegajoso y con el olor rudo a sudor metido en la piel. Se sentó en mi sillón como si fuera un rey en su trono, abriéndose de piernas y sacando su verga gorda y sudada.
— Dale, perra, ponete de rodillas y empezá a laburar por tu peso diario. Me ordenó Braian con voz ronca, agarrándome del pelo para empujarme la cabeza directo contra su entrepierna.
— S-sos un asqueroso... venís todo transpirado del gimnasio... Le dije intentando correr la cara, sintiendo ese gusto salado y rancio antes de tocarlo.
— Cerrá el orto y tragá, trola. Bastante que te mantengo el vicio pagándote. Me gritó, obligándome a meter la cabeza de su verga en la boca.
Con las lágrimas quemándome los ojos y tragándome todo mi orgullo, empecé a chupársela despacio, sintiendo el gusto fuerte a sudor en la lengua. Me atragantaba a cada rato mientras el muy hijo de puta se reía de cómo me ahogaba con sus 23 centímetros.
De golpe, sacó el celular del bolsillo de la campera, puso la cámara en video y me manoteó fuerte del cuero cabelludo para trabarme el cuello.
— Mirá a la cámara, pedazo de puta barata. Mirá cómo tenés la verga de tu bully metida hasta el fondo mientras te la comés todita. Me dijo riéndose en mi cara, enfocando mi cara llorosa con su carne adentro de mi boca.
— Mmmh... mmmgh... Intenté protestar, pero me empujó la cabeza más fuerte, haciendo que me ahogara contra su pelvis sudada.
— Enfocá bien los ojos acá, perra, que todo el barrio vea para lo único que servís. Mirá la carita de golosa que ponés mientras te tragás mi leche. Me humilló el chabón, grabando cada segundo de mi degradación.
— P-por favor, Braian... no me g-grabes... Le supliqué apenas me dejó respirar un segundo, tartamudeando de la vergüenza.
— Te callás y seguís chupando si querés juntar la plata para el pan de mañana, dale. Me gritó con frialdad.
No me quedó otra que volver a bajar la cabeza y seguir tragándome la verga apestosa. Como casi todos los días, el chabón venía como conejos a exigirme entre coger y chupársela unas diez veces diarias. Para él yo no era más que un basurero donde descargarse y dejar su semen, riéndose a carcajadas cada vez que me obligaba a tragarme hasta la última gota hirviente para no ensuciarle el sillón.
— Mirá cómo te tragás toda mi leche, perra. Sos una puta barata que vive de lo que le tiro. Me dijo riéndose a carcajadas mientras me miraba desde arriba, tirándome un billete miserable sobre la mesa mientras yo quedaba de rodillas, con la boca embarrada, grabada y totalmente destruida.
La Prostituta De Mi Bully 1

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Un año después del embarazo, mi vida era una humillación constante. El trato miserable seguía intacto: me pagaba un peso por cada vez que me usaba, y para juntar apenas una moneda para comprar cualquier cosa básica en el almacén, el hijo de puta tenía que venir a liquidarme y cogerme cientos de veces.
Como casi siempre, Braian llegó borrachacho, sudado y sin bañarse, buscando cualquier forma de degradarme antes de darme una moneda. Se tiró en el sillón y me ordenó que me desnudara por completo en el medio de la sala.
— Ponete de rodillas ahí en el piso, dale, desnudita como la perra barata que sos. Me ordenó con la voz gruesa y el aliento apestoso a alcohol rancio.
Me saqué la ropa despacio, temblando de rabia y vergüenza, y me puse de rodillas sobre las baldosas frías, mirándolo desde abajo en la posición más derrotada posible.
— Abrí la boca y empezá a lamerme los huevos, dale. Vengo re sudado del calor y del escabio, así que te los limpiás bien con la lengua. Me dijo él, abriéndose de piernas y mostrándome la entrepierna apestosa.
— S-sos un asqueroso, Braian... por lo menos bañate un poco... Le dije tartamudeando, sintiendo arcadas solo de oler el sudor rancio que salía de sus bolsas.
— ¿Te vas a poner escrupulosa ahora, trola? Acordate de que si querés tu peso diario, me tenés que lamer los huevos y tragarte toda mi leche sin chistar. Me gritó, agarrándome del pelo y empujándome la cara contra sus testículos sudados.
Tragándome todo mi orgullo y la poca dignidad que me quedaba, acerqué la cara y empecé a chuparle los huevos sudados, sintiendo el gusto salado y rancio en la lengua. Mientras mi boca trabajaba en su entrepierna y con una mano empezaba a pajeársela despacio, él se largó a reír con ganas.
— Mirá la carita que ponés, me da risa cómo te equivocaste de vida. Mirá lo buena madre y la pedazo de puta que parecés acá abajo. Me humilló el maldito, sobándome la cabeza como si fuera un animal.
— Mmmgh... P-por favor... Le dije con la voz ahogada entre sus muslos, mirándolo hacia arriba totalmente derrotada.
— ¿Qué pasa? ¿Te gusta la tarea o no? Te encanta estar ahí abajo sirviéndome de basurero. Me lanzó con sadismo, viendo cómo me tragaba las lágrimas mientras lo pajeaba.
— N-no me gusta... lo h-hago por la p-plata... Le dije en un hilo de voz, sintiendo cómo se me quebraba el alma.
— Si no querés hacerlo, jodete y quedate sin un mango, pero sabés bien que necesitás mi plata. Te tenés que ganar el peso, perra. Me dijo fríamente, dándome un tironazo rudo del cuero cabelludo.
El chabón reacomodó su espalda en el sillón y soltó una carcajada burlona al pensar en la miseria en la que me tenía metida.
— Qué cagada de risa con la economía de hoy en día, che... Todo el mundo en la tele quejándose de que con 100 pesos no te comprás ni un caramelo en el kiosco, y yo acá tengo a mi puta personal laburando por un peso por cogida. Me dijo riéndose en mi cara con desprecio total.
— Sos un monstruo... te aprovechás de que no tengo nada... Le dije llorando en silencio, con la boca embarrada en su sudor y el brazo cansado de pajearlo.
— Agradecé que te doy algo, perra barata, porque valés exactamente eso: un peso. Ahora apretá esa paja y tragá, que me voy a correr en esa boca de mierda. Me sentenció mi bully, disfrutando de mi humillación absoluta mientras yo quedaba atrapada en mi triste realidad.
gender bender

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Estaba sola en mi habitación, frente al espejo, sintiendo una mezcla de náuseas y desesperación mientras me acomodaba el conjunto de lencería erótica que acababa de comprar. Era un encaje negro ínfimo, diminuto y transparente, diseñado para dejarme prácticamente al desnudo. Me había costado semanas reunir la plata para pagarlo, juntando peso por peso, cogida tras cogida, soportando que Braian viniera a matarme a embestidas solo para tener unas monedas en la mano.
— No puedo creer que termine gastando lo poco que me da en esta porquería... Me dije a mí misma en voz baja, mirándome al espejo con los ojos llenos de lágrimas retenidas.
— Pero si no lo hago, el muy hijo de puta no viene, y si no viene, no gano un solo peso para comer... Me repetí con la voz quebrada, masticando la impotencia de estar atrapada en esta mierda.
El chabón me había dicho claramente que esto era una "inversión". Si quería que siguiera viniendo a cogerme mil veces para juntar algo de plata, tenía que mantenerlo caliente y tentado a través del celular. Me había ordenado ponerme de rodillas frente al espejo y grabarme en video pidiéndole que viniera a usarme.
— Ay, Dios mío... qué humillación tan grande... Murmuré sola en la pieza, acomodando el teléfono sobre la mesa de noche enfocando mi cuerpo desnudado por el encaje.
Me puse de rodillas sobre la alfombra, frente al espejo, y apreté el botón de recitar. Miré a la pantalla intentando poner cara de sumisa, pero el dolor me ganaba.
— "Hola, Braian... mirá la lencería pequeña que me compré para vos... vení a coger..." Dije en el primer intento, con la voz plana y temblorosa.
Corté la grabación. Sabía que si le mandaba esa basura, el chabón se iba a enojar y me iba a dejar tirada sin un peso.
— No, no sirve... tiene que ser perfecto, si no, se me ríe en la cara y no viene... Me dije recriminándome, secándome una lágrima rebelde.
Puse a grabar de nuevo, acomodando mis manos sobre mis muslos expuestos y sacando pecho frente a la cámara.
— "P-por favor, Braian... vení a ponérmela toda que estoy desesperada por tu verga..." Intenté decir en la segunda toma.
Tampoco. Sonaba demasiado falsa, demasiado asustada. Necesitaba sonar como la perra barata que él me obligaba a ser. Borré el archivo y volví a empezar, tragándome hasta el último pedazo de dignidad.
— "Braian, mirá esta lencería puta que me puse... vení a darme de comer tu semen, te lo suplico..." Dije en el tercer video, tratando de forzar una sonrisa que me quemaba los labios.
Tampoco me convenció. Sabía perfectamente lo que a ese enfermo le gustaba escuchar, las palabras exactas con las que me humillaba todos los días. Si quería asegurar el trabajo, tenía que ser implacable contra mi propio orgullo.
— "Vení, dale... quiero que vengas ya a hacerme tu perra y a romperme la vagina o el culo como hacés siempre..." Grabé en la cuarta versión, apretando los muslos frente al espejo.
Sentía que me moría por dentro. Me quedé mirando el video grabado una y otra vez, buscando cualquier falla en mi cara para asegurarme de que quedara bien erótico y explícito.
— "Braian, por favor... vení a usarme todas las veces que quieras hoy... te necesito adentro..." Dijeron mis labios en la quinta toma, poniéndome de espaldas al espejo para mostrarle el culo apenas cubierto por el hilo de encaje.
— "Mirá cómo te pido que vengas... vení a llenarme toda de leche, dale, que me porto bien y te espero de rodillas..." Dije en la sexta grabación, acariciándome las piernas para la cámara.
— "Por favor, vení a cobrarte todas las cogidas que quieras... me puse esta lencería súper puta nada más que para vos..." Supliqué en el séptimo intento, con la mirada clavada en el lente.
— "Braian, no aguantó más... vení a hacerme mierda la concha por ese peso de mierda, pero vení..." Repetí en la octava versión, con la voz rozando el llanto de pura vergüenza.
Revisé los archivos en el celular uno por uno. Mis manos temblaban de la rabia al ver cómo me había transformado en todo lo que odiaba, arrastrándome sola en mi habitación para convencer a mi propio bully de que viniera a abusar de mí a cambio de unas monedas miserables.
— "Esta es la que le va a gustar al hijo de puta..." Me dije a mí misma con desprecio total, seleccionando el video más humillante de todos para enviárselo al WhatsApp.
Apreté el botón de enviar y me quedé de rodillas en el piso frío, mirando la pantalla, esperando a que el chabón me clavara el visto y me confirmara que venía a cobrar su tarifa diaria.
cambio de cuerpo

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Un año después del embarazo, mi realidad seguía siendo una miseria absoluta. Para juntar unas monedas para comprar cualquier cosa básica, el hijo de puta de Braian tenía que venir a liquidarme y cogerme mil veces, pagándome un peso miserable por cada vez que me usaba.
Esa tarde llegó a mi casa hecho una mugre, directo de la calle, tirándose a lo largo sobre mi cama sin siquiera sacarse las zapatillas. Tenía la entrepierna hirviente, apestosa y llena de transpiración rancia de todo el día. Me obligó a ponerme de rodillas al costado del colchón para chupársela.
— Mové la boca, perra, que no tengo todo el día. Agarrá la verga y emprolijala bien. Me ordenó Braian con voz ronca, agarrándome de la nuca para ponerme la carne pegada a la cara.
— S-sos un asqueroso de mierda... apestás a sudor rancio... Le dije tartamudeando, sintiendo arcadas con solo oler el hedor sofocante que salía de sus 23 centímetros.
— Cerrá el orto y tragá, trola. Agradecé que vine a darte el peso diario. Me gritó él, empujándome la cabeza contra su entrepierna.
Tragándome todo mi orgullo, le agarré la verga sudada con una mano y me la metí en la boca. El gusto salado, rancio y rudo me inundó la garganta, haciéndome atragantar al instante.
— Mmmgh... mmmf... Intenté respirar mientras me ahogaba con su tamaño, sintiendo el olor espeso pegado a mi nariz.
Con la boca llena de su carne apestosa y la mano derecha sosteniéndosela bien firme, levanté la mano izquierda despacio por abajo de la cama y, escondido de su vista, le saqué el dedo del medio bien estirado hacia él. Era mi única forma silenciosa de volcar todo el odio que me quemaba por dentro.
— Mirá cómo te atragantás, golosa. Te encanta comer mi verga bien sudada. Me humilló el chabón, riéndose en mi cara sin darse cuenta de mi gesto.
— Mmmgh... p-pudrite... Le dije ahogadamente entre sus muslos, apretando el dedo con rabia contenida.
— ¿Qué dijiste, pedazo de puta? Hablá bien si querés cobrar hoy. Me gritó, dándome un tironazo rudo del pelo.
— N-nada... que ya m-me la estoy t-tragando... Le mentí en un hilo de voz, manteniendo el dedo levantado con furia mientras volvía a meter la lengua en sus testículos apestosos.
— Así me gusta, sumisa y atragantada. Chupá bien los huevos también, que están bien transpirados para vos. Me ordenó el maldito, recostándose mejor en mi almohada.
— S-sí... mmmgh... Le respondí, sintiendo náuseas brutales mientras mi dedo le hacía el "fuck you" en la penumbra.
— Qué buena prostituta barata que sos, te crié bien para que sirvas de basurero. Me lanzó él con una sonrisa sobradora.
— T-te odio con toda m-mi alma... Murmuré para mis adentros, tragándome el gusto rancio mientras lo pajeaba rápido para que se terminara de una vez.
— Apurá el trabajo con esa mano, perra, que si te esmerás capaz te tiro dos pesos en vez de uno. Me dijo burlándose de mi miseria económica.
— Mmmgh... mmmf... Apreté el agarre con rabia, atragantándome hasta la raíz mientras el hedor a sudor rancio me mareaba.
— Mirá cómo te entra todita, sos una puta insaciable. Me humilló el chabón, dándome una palmada fuerte en la mejilla.
— P-por favor... c-correte rápido y d-dame la plata... Le rogué con la voz rota y los ojos llenos de lágrimas.
— Te vas a tragar todo hasta la última gota, escuchaste bien, ¿no? Me exigió con frialdad, hundiéndome la cabeza contra sus ingles.
— S-sí, B-braian... Le respondí sumisa con los labios, mientras con la otra mano le mantenía el dedo del medio bien firme, jurándole odio eterno en silencio.
— Eso, tragá bien el olor a sudor y mi leche, que para eso te pago tu peso miserable. Me dijo él con una carcajada macabra.
— Q-que te p-pudras en el infierno... Me dije a mí misma en la mente, llorando de rabia contenida mientras me hundía en la mayor de las humillaciones.
— Dale, apretá más fuerte con la boca que ya me voy a venir. Me gritó el chabón con la voz agitada.
— Mmmgh... mmmf... Le tragué la verga hasta el fondo, sosteniendo la paja, ahogándome en su peste y dedicándole mi último gesto de desprecio escondido antes de que me inundara la boca.
de hombre a mujer

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Un año después, la pesadilla de estar atrapada en esta mierda seguía intacta. Para junta unas monedas y comprarme apenas algo de cien pesos, el hijo de puta de Braian tenía que venir a cogerse a su puta barata cien veces, pagándome un peso miserable por cada cogida. Para colmo, me había obligado a gastar mis pocas monedas en comprarme vestidos cortos, transparentes, apretados y bien putas para tenerlo caliente y asegurarme de que no dejara de venir.
Esa noche recibí su mensaje. Venía borracho, rumiando bronca después de que un par de pibas lo rebotaron en el boliche porque el chabón era un bruto insoportable. Le abrí la puerta de mi casa luciendo uno de esos vestidos transparentes y diminutos que me partían al medio.
— Mirá lo que sos, pedazo de trola, por lo menos te pusiste la ropa puta que te mandé a comprar. Me dijo Braian enojado, bamboleándose por el alcohol y entrando a la fuerza.
— B-braian... por favor, no entrés así de violento... Le dije t-tartamudeando, tratando de dar un paso atrás.
Sin darme tiempo a nada, me agarró de la delantera con rabia y me rompió el vestido transparente de un tirón seco, dejándome las tetas al descubierto y levantándome el trapo que quedaba por arriba de la cadera.
— ¡¡¡AIAAAAH! ¡P-por favor, me rompiste la ropa que me costó mil cogidas comprar! Le aullé deshecha, intentando taparme los pechos.
— Te la callás, perra, que acá la ropa me importa un carajo. Me gritó, empujándome de lleno contra el sillón del living.
Me puso boca abajo contra el respaldar, obligándome a apoyar los antebrazos sobre el tapizado con el culo parado y expuesto mientras él quedaba parado atrás mío. De un solo empujón brutal y borracho, me hundió sus 23 cm de lleno en la vagina.
— ¡¡¡AAAAAHHHHH! ¡N-NO TAN DURO, POR FAVOR! Aullé sintiendo que me desgarraba en vivo mientras una de sus manos me ahorcaba el cuello y la otra me aplastaba el culo.
— Unas putas de mierda en el boliche me rebotaron hoy... Dijeron que mi verga gigante las lastima y que no las hago acabar, ¡pedazo de perras mentirosas! Me gritó lleno de furia, dándome embestidas salvajes desde atrás.
— ¡A-andate al d-diablo, me estás matando por dentro! Le dije llorando entre sollozos, sintiendo la furia de su borrachera.
— Mirá cómo te tengo a vos, pedazo de trola. Por un peso te uso cuando se me canta las pelotas, sos toda mía. Me humilló el chabón con una risa brutal.
— N-no soy de nadie... p-por favor, aflojá un poco... Le supliqué ahogándome por la presión de su mano en mi cuello.
— ¿Salís a la calle a ver a otros chabones? ¿Te estás viendo con algún otro gil, hablá? Me exigió con celos enfermos, dándome un impacto seco contra las nalgas.
— ¡N-no, a nadie! ¡No veo a nadie, te lo juro por mi vida! Le dije llorando desesperada para que no me pegara más fuerte.
— Más te vale, perra barata. Yo soy el único tipo que te puede coger en este mundo, ¿escuchaste bien? Me dijo riéndose de mi dolor.
— S-sí... p-pero no me des tan profundo, por piedad... Le rogué con la cara pegada al sillón.
— Ninguna otra verga te va a hacer sentir lo que sentís con mis 23 centímetros, mirá cómo te abro toda aunque te duela. Me dijo presumiendo con arrogancia borracha.
— Mmmgh... p-por favor, B-braian... me quemás por dentro... Le dije sintiendo una mezcla atroz de dolor brutal y una sobreestimulación involuntaria que me hacía temblar las piernas.
— Te encanta que te rompa la vagina así de furioso, no te hagás la santa que te estás derritiendo toda. Me humilló el maldito, acelerando las embestidas al límite.
— ¡N-no me gusta, me duele todo, sos un m-monstruo! Le grité deshecha de rabia y llanto.
— Callate y bancate la rabia que me dejaron las otras, que para eso sos mi basurero personal. Me gritó fuera de sí.
— P-por piedad... c-correte y dame el p-peso... Le supliqué entregada por completo a mi humillación.
— Te voy a llenar bien la concha para que te quede claro quién es tu dueño, trola. Me sentenció mi bully, apretándome el cuello hasta dejarme casi sin aire.
— ¡A-AIAAAAH! Aullé en un hilo de voz cuando dio el último empujón salvaje, dejándome clavada contra el sillón mientras el semen hirviente volvía a inundarme por completo.
bully

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