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🔥"3 Cuerpos, 7 Pecados" Intro + Capitulo I

Buenas, cómo están?

Les traigo mí primer relato en Poringa. Ojalá sea de su agrado.
Pueden escribir por DM (mensaje privado) contándome sus anécdotas o historias que les gustaría que escriba en este formato.

En este post traigo el primer capítulo de mí libro "3 Cuerpos, 7 Pecados".

La historia nos cuenta sobre Lucía y Martín, una pareja joven y apasionada que acaba de mudarse a un PH en Palermo, Buenos Aires. Una noche, una simple fantasía sobre invitar a un tercero prende la mecha de algo mucho más grande.

Lo que comienza como un juego inocente de morbo y exhibicionismo pronto se convierte en un viaje adictivo guiado por los siete pecados capitales. Los límites se difuminan entre placer, celos y deseo descontrolado.

"3 Cuerpos, 7 Pecados"
Es el primer libro de la trilogía "3 Cuerpos".

Una historia erótica argentina explícita, intensa y muy real.

¿Hasta dónde serías capaz de llegar por avivar el fuego?

Este libro es una obra de ficción erótica destinada exclusivamente a mayores de 18 años. 
Todos los personajes son completamente inventados y no representan a ninguna persona real, viva o 
fallecida.

Aunque se mencionan nombres de ciudades, barrios y lugares reales de Buenos Aires (Palermo, 
Recoleta, etc.) con el único propósito de ambientar la historia, todas las personas, diálogos, 
situaciones y sucesos son producto de la imaginación del autor. 
Cualquier similitud con personas o hechos reales es pura coincidencia y no intencional.

Esta historia contiene escenas explícitas de sexo consentido entre adultos ficticios y temas que pueden 
resultar intensos o sensibles para algunos lectores (BDSM suave, sexo en lugares públicos, lenguaje 
explícito, etc.).

Las imágenes utilizadas fueron creadas por I.A.

Sin más preámbulos, les dejo está historia.


🔥"3 Cuerpos, 7 Pecados" Intro + Capitulo I

Introducción

«Siete son los pecados capitales, siete las formas de vencer,

siete los caminos santos al infierno y así comienza tu viaje...

Siete pendientes hacia abajo, siete esperanzas sangrientas,

siete tus estrellas ardientes, siete los cuernos del hijo de la luna.»¹


«Siete son los vicios principales que, señoreando, presiden a todos los otros,
conviene a saber: la soberbia, la envidia, la ira, la pereza, la avaricia, la gula y la lujuria.
Estos siete vicios son llamados capitales porque de ellos, así como de cabezas y príncipes,
descienden y nacen todas las otras legiones y turbas de pecados.»²



¹ Iron Maiden, «Moonchild» (letra: Adrian Smith / Bruce Dickinson; música: Adrian Smith / Steve Harris), álbum Seventh Son of a Seventh Son, EMI, 1988.

² San Gregorio Magno, Moralia in Job, lib. XXXI, cap. 45, n. 87 (Patrologia Latina, vol. 76, col. 620-621).


Prólogo

«Hay fuegos que sólo se encienden,
cuando se juntan tres maderas.»

-Proverbio árabe.

Durante siglos, mujeres y hombres, siempre tuvieron la precaución de no expandirse más allá de su zona de confort. No cruzar ciertos límites que no sabría qué nuevo paradigma traería a su vida. Hasta se ha llegado a poner como pena de muerte a lo largo de la historia el solo hecho de pensar en otra persona fuera de la pareja actual.

Pero es engañarnos pensar que nunca fue así. Los padres de la cultura, los griegos, ya tenían sus fiestas de orgías y sus vínculos más allá del amor... Luego nos enseñaron a no explorar esos caminos, a temer al tercer leño, cuando en la hoguera de tu casa ya tienes los clásicos dos. Se instó a apagarlo antes de que la llama se haga demasiado grande, demasiado caliente, imposible de contener. Pero cuando el fuego de la pareja empieza a bajar, cuando las noches se vuelven tibias y el deseo se duerme por costumbre, una de las formas de que vuelva a arder fuerte, de que caliente de nuevo hasta los huesos, es acercar ese tercer leño. Y dejar que prenda...

Una pareja joven se desarrolla feliz en virtud del calor de esos leños. La conforma, en primer lugar, Martín, de 30 años y con una presencia que se siente antes de verlo. Su cabello castaño oscuro, ligeramente ondulado y siempre un poco rebelde, cae sobre la frente de forma que invita a apartarlo con los dedos. Lo que más atrapa, lo que hace que muchas mujeres se queden mirando más de lo debido, son sus ojos: un marrón cálido, profundo, casi chocolate líquido, con motas doradas que brillan cuando la luz los golpea y una intensidad que parece leer pensamientos. Cuando te mira, lo hace de verdad, como si en ese segundo no existiera nadie más en el mundo.

Su rostro es anguloso, mandíbula fuerte y barba de dos días perfectamente descuidada que resalta una piel pálida y suave. Mide 1.80, de hombros anchos y cintura estrecha; lleva la camisa blanca con las mangas arremangadas hasta los codos, dejando ver antebrazos definidos y venas marcadas que se tensan cuando agarra algo... o a alguien. Siempre usa el primer botón desabrochado, dejando entrever la línea de sus pectorales y un leve rastro de vello oscuro que desaparece bajo la tela, suficiente para disparar la imaginación. Sus manos son grandes, con dedos largos y fuertes, uñas cuidadas; manos que parecen saber exactamente dónde tocar y con qué presión justa. Se mueve con seguridad tranquila, casi felina, y cuando sonríe (esa media sonrisa ladeada que no llega a ser arrogante pero está a un paso) aparece un hoyuelo en la mejilla izquierda que desarma defensas sin que él diga una palabra.

Martín es gerente de proyectos en una consultora tecnológica: traje impecable de día, decisiones rápidas y voz grave que llena las salas de reuniones. Pero en casa, con su novia Lucía, esa misma voz se vuelve ronca, esas mismas manos precisas se vuelven exigentes, y esa mirada marrón que durante el día controla cronogramas y multimillonarios proyectos, por la noche solo tiene un objetivo: hacerla perder el control.

Lucía tiene 25 años y mide 1,55, pero su presencia es tan arrolladora que nadie se fija en su estatura: es como si su cuerpo, compacto y curvilíneo, estuviera diseñado para capturar miradas sin esfuerzo. Pelirroja natural, con un cobrizo intenso que cae en ondas largas y sedosas hasta la mitad de la espalda, siempre un poco revuelto, invitando a que alguien pase los dedos por él. Sus ojos son de un azul claro y penetrante, casi hipnóticos, enmarcados por pestañas largas que dan sombra a las pecas que salpican su nariz y pómulos altos, dándole un aire de inocencia traviesa. Los labios, carnosos y tentadores, siempre pintados de un rosa suave que parece pedir un beso, se curvan en sonrisas que prometen más de lo que dicen.

Su figura es una delicia para los sentidos: piel suave y pálida, con un toque de rubor natural en las mejillas que se extiende a su cuello esbelto y hombros delicados. Los pechos son divinos, firmes y generosos, con una forma redondeada que tienta bajo cualquier tela, coronados por pezones rosados que se marcan sutilmente cuando se excita o hace frío. La cintura es estrecha, como para rodearla con una mano, fluyendo hacia caderas anchas y unas piernas fuertes pero cortas, tonificadas por el mes que lleva haciendo natación en el club cerca del nuevo PH de Palermo, donde por fin se mudaron con Martín después de cinco años juntos. Su trasero es redondo y tentador, de esos que invitan a una caricia prolongada, y todo su cuerpo emana una calidez sensual que hace que tocarla sea adictivo.

En cuanto a su personalidad, Lucía es Capricornio hasta el hueso: organizada, práctica y con una determinación que la hace irresistible cuando se propone algo. Es buena y cálida, de abrazos que envuelven y palabras que reconfortan, pero no duda en ser firme cuando la situación lo requiere, como cuando defiende sus límites o toma decisiones rápidas en el trabajo. Freelancer como community manager, vive con la notebook siempre cerca, tomando mate a toda hora y caminando descalza por el depto, con una playlist suave de fondo. Es leal y protectora, pero conserva ciertos tabúes que la hacen sonrojar: abierta en charlas con amigas, pero reticente a ideas como un trío con Martín, cambiando de tema con una excusa torpe. Sin embargo, esa mezcla de disciplina y ternura la hace impredecible: planea todo, menos cómo su curiosidad sexual puede despertar de golpe.

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Se conocieron hace cinco años en el cumpleaños de un amigo en común.


pareja


Él llegó tarde, ella se iba temprano. Chocaron en la puerta, derramaron vino tinto sobre los dos, se rieron y terminaron hablando hasta el amanecer. Desde entonces no se soltaron más. Ahora, después de idas y vueltas, están dando los primeros pasos a la formalización: un departamento nuevo. Fue el golpe de suerte inesperado. Tres ambientes en Palermo, balcón corrido, pisos de pinotea que crujen, ventanas altas que dan a un pulmón de manzana lleno de árboles. Lo habían tenido parado meses porque el dueño anterior falleció y los herederos querían vender rápido. La encargada de supervisar la refacción mínima y coordinar la mudanza era una decoradora de ambientes, que el dueño del edificio recomendó y que de momento organizó con Martín, aunque todavía queda pagar remanentes.

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Habían pasado tres semanas desde que mudaron la última caja al PH de Palermo. Todavía olía a pintura fresca y a cartón abierto. Era viernes, llovía fuerte afuera y ninguno de los dos tenía ganas de cocinar, así que pidieron sushi y abrieron la segunda botella de malbec que quedaba de la fiesta de inauguración. Martín estaba tirado en el sillón nuevo, con la remera subida y la cabeza apoyada en el respaldo, mirando el techo como si buscara dónde colgar la lámpara que todavía estaba en la caja. Lucía, en short de algodón y una camiseta vieja de él, caminaba descalza con la copa en la mano, dando vueltas por el living como si todavía no creyera que ese espacio era suyo.

En la televisión pasaban una película casual; ninguno le prestaba atención, salvo Martín cuando hubo una escena de sexo entre la pareja y una mujer. Él se quedó mirando hasta el final de la escena y luego se refugió en sus pensamientos...

A eso de las doce, la lluvia se volvió torrencial y apagaron las luces grandes. Quedaron solo con la lámpara de pie que tira luz cálida y el reflejo de los relámpagos cada tanto que iluminaba de repente todo el hogar. El silencio se llenó de vino y de esa electricidad rara que aparece cuando dos personas llevan cinco años juntas y de pronto comparten hasta el cepillo de dientes. Entre ese clima, el dulce placer anestesiado del alcohol y la vista de su novia, Martín, medio en broma, medio en serio, soltó:

-¿Sabés que nunca te conté que... antes de conocerte, una ex me propuso un trío? Y yo dije que no, porque... No sé. Me parecía mucho en ese momento...-confesó mirando el techo, tratando de recordar.

Lucía se quedó quieta un segundo, ceja levantada, la copa a medio camino de la boca. Lo miró fijo, como hace cuando está procesando información importante para un cliente. Sintió enojo brotar de sí, celos clásicos que puede tener cualquier mujer ante esa confesión, pero esta vez vino un sentimiento nuevo... Como una cosquilla en la panza que le hizo replantear su actitud en fracciones de segundo. Una imagen veloz, muy teórica, se le pasó por la cabeza y de sus labios se escapó:

-¿Y ahora qué pensarías? -preguntó ella, voz baja, casi desafiante.

Martín se incorporó despacio. Se miraron. No era la típica conversación de pareja borracha, y jamás se había tocado este tema; era la primera vez que lo hablaban sin filtros. Lucía sintió cómo el calor del vino le subía por el pecho y se le instalaba entre las piernas.

-No sé... -dijo él-. Ahora que estamos acá, que todo es nuevo... me da curiosidad. Pero solo si vos quisieras también... -

Lucía se mordió el labio inferior (ese gesto que Martín conoce de memoria y que siempre lo desarma). Dio un sorbo largo al vino hasta dejar vacía la copa, dejándola sobre la mesa y se sentó a
horcajadas encima de él, despacio, como si estuviera midiendo cada centímetro.

-¿Y si empezamos por algo más chiquito? -susurró, rozándole la oreja con los labios-. Sin terceros... todavía. Pero vos y yo... haciendo cosas que nunca nos animamos.-

Martín sintió que el corazón le pegaba en la garganta. Ella, la misma que se ponía colorada si él bromeaba con un trío en una charla de amigos, ahora tenía las mejillas encendidas y los ojos brillando de una forma que él no recordaba haber visto nunca.

Esa noche no hablaron de nombres, ni de apps, ni de nadie más. Solo se besaron con una urgencia distinta, como si acabaran de conocerse. Lucía lo llevó de la mano al dormitorio todavía sin terminar de armar, se sacó la camiseta sin prisa y dejó que él la mirara mientras se quitaba el short. Se quedó con la tanga negra de encaje y se paró frente a él, pequeñita pero imponente.

-Quiero que me mires como si fuera la primera vez -le dijo, y la voz le tembló apenas-. Y después... vamos a ver hasta dónde llegamos.-

Fue la primera vez que Lucía tomó la iniciativa de verdad. La primera vez que dijo "quiero" sin pedir permiso. La mudanza, el departamento nuevo, la sensación de página en blanco: todo eso hizo clic dentro de ella. El tabú seguía ahí, pero de pronto ya no era una pared: era una puerta entreabierta.

Esa noche no hubo trío. Hubo manos nuevas, bocas que exploraron lugares que conocían de memoria pero como si fueran territorio virgen, y una promesa susurrada contra la piel: "Vamos a jugar... pero despacito, hasta que los dos queramos más". Sus cuerpos se entregaron el uno al otro, intentando fundirse en un nuevo ser. Los besos abrieron nuevos horizontes que no habían conquistado. Los gemidos alcanzaron un tenor vibrante ante el fuerte roce de sus pechos contra su pene. La conexión carnal se volvió salvaje y pasional, entregando sus fluidos al fuego del amor. Y así, entre cajas sin abrir y olor a lluvia, Lucía descubrió que su deseo también podía ser capricorniano: planificado, intenso y absolutamente imparable cuando decide avanzar.

El fuego ahora ardía de verdad, pero para mantenerlo vivo era necesario alimentarlo...

...con otra leña.


trio

I - Soberbia

La alarma del celular vibra sobre la mesa de luz, marcando las 7 de la mañana. Martín, la apaga con un manotazo. Se da vuelta y besa la espalda desnuda de Lucía. Sus cabellos anaranjados yacen arremolinados sobre la almohada, y sus párpados aún pesados y cerrados, cubren sus bellos ojos acaramelados. Sus labios son una tentación para cualquier mortal. Aunque su pijama engañe, posee un físico divino: pechos dulces, linda cadera tallada que remarca una curvatura espléndida, la cual la sábana resguarda imperiosamente ante la llegada del semental de Martín.

No obstante ese deseo fue calmado horas antes... ahora ella se mueve un poco, murmura algo todavía dormida, y se arroja nuevamente a los dulces sueños. En un esfuerzo colosal de no quedarse en la cama con ella, Martín se levanta, y se prepara tomando un boxer limpio del cajón. En el marco de la puerta, da una última mirada a la dama durmiente. Camina y se mete al baño, donde se refresca con la lluvia de la ducha pensando en como será su día y en las distintas obligaciones que le esperan.


joven


El departamento es un amplio piso en el séptimo G de un edificio clásico de Palermo, Buenos Aires, Argentina. Posee techos altos, molduras restauradas y mucha luz natural que entra por las grandes ventanas. Living-comedor abierto que combina lo viejo porteño con toques modernos: sillón gris nuevo, mesa baja de madera oscura, cocina americana con isla de granito negro. El dormitorio principal domina con una cama king size de sábanas blancas y edredón gris perla; las mesas de luz tienen lámparas de pantalla beige, y la pared frente a la cama está vacía, esperando el espejo de cuerpo entero que Lucía propuso con una sonrisa pícara ("para vernos... ya sabés").

Aún hay cajas de mudanza en rincones, plantas en las esquinas y cuadros apoyados sin colgar; el lugar huele a ellos, a café y, sobre todo, todavía se percibe el olor a sexo de anoche. Vestigios de una noche de pasión por toda la sala: copa volcada, soutien rojo en el sillón, una media colgando del ventilador. Martín, esquivando estos obstáculos, sale del baño con la toalla baja, barba al ras un poco larga pero perfectamente lookeada. Lucía, sentada cerca de la mesa esperándolo con el desayuno, lo mira y se muerde el labio.

-Estás para el delito, che.- Exclama acompañado de un gesto con su mano sobre uno de sus pechos.

-Y vos para cadena perpetua - Contesta él agarrándola por la cintura y mordiéndole el cuello.

Una leve carcajada se escapa de ella, y reprime el instinto de querer repetir el ejercicio de pareja que hicieron anoche. Ya portando su traje gris oscuro, camisa celeste, corbata borgoña, despide a su chica en la puerta con la bata apenas cerrada.

-Portate bien.- Le dice él con los ojos puestos en la silueta de sus pechos, queriendo salir de la bata.

-Nunca.- Responde ella apretándole el culo antes de cerrar.

Unos pasos más y Martín entra en el ascensor. Coincide con Valeria, la vecina del 7º B. 45 años, divorciada, vistiendo unos leggins negros y top deportivo. Un físico muy bueno, dada la constante actividad que lleva, pechos grandes y una cola que siempre destaca en el edificio. Un rápido beso entre ambos, y un escaneo visual muy notorio de la mujer a Martín. El fuerte perfume de limón lo embriaga y le da una sensación muy rica. La mujer lo nota rápidamente y sonríe.

-Buen día, guapo.- Lo saluda acomodándose el cabello.

-Buen día, Vale. ¿Otra vez temprano al estudio?-

-Hoy hacemos yoga a las 8:30... voy a hacer sudar a medio Palermo -le guiña-. Algún día venís vos, ¿eh?- Lo toca con el dedo índice sobre el pecho

-Cuando me des clase privada. -Bromea Martín.

-Dalo por hecho. Traé a tu novia también... o no... - Dice ella, y la puerta del ascensor se abre en el garaje.

Ella lo despide con un beso al aire, y Martín se queda mirando como se aleja... Cómo su cola se mueve de un lado al otro... Queda como hechizado. Un bocizano de otro auto lo trae de nuevo hacia el mundo real. Sube a su auto y pone marcha a su trabajo.

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Hoy Lucia tiene franco, ya que ha programado con éxito una tanda de publicaciones en redes sociales, y los contratistas quedaron fascinados. Por lo que lo que ordena y limpia la casa con música pop de fondo. Al terminar revisa si instagram un momento mientras toma un descanso. Al principio no hay nada raro en su algoritmo, hasta que se repente comienzan a salir mujeres en ropa interior... Pero no los clásicos reels de catálogo de ropa (que ella misma edita y sube a las empresas en ocasiones) sino que eran videos y fotos más eróticos. Lejos de sacarlo, se queda viendo. Le empieza a calentar... No era la primera vez que le saltaban estás cosas con su algoritmo, pero hoy ella se siente "curiosa".

De tanto ver nota como se le humedece la bombacha, y aunque no suele tener seguido estás necesidades, no resiste y pone un vídeo porno en internet. Hace click en el primero que le sale: una pareja teniendo relaciones en un vestuario de un gimnasio. El hombre tiene un pene muy grande y la mujer esta totalmente operada, con dos impresionantes senos que le cuelgan y se mueven de un lado a otro mientras el hombre la penetra. En un principio hasta le dan risa la sobreactución de ello, pero se deja llevar. La mano de Lucia se desliza por debajo de la bombacha y se toca con deseo. El vídeo avanza y la pareja es descubierta por gente que entraba al vestuario, pero no se espantan y la pareja jamás se detiene... Al contrario, continúan y dan un show sexual a los presentes ahí. Los ojos de Lucia ya estan llorosos de los orgasmos que está teniendo, pero cuando los espectadores del vestuario comienzan a acercarse a la mujer y se transforma en una orgía, Lucia se asusta y saca todo. Queda sentada en el sillón toda transpirada y mojada, siente fuego en sus mejillas. Va al baño y mientras se baña, ordena en su mente todo lo vivido recientemente.

Sale finalmente de la ducha y, mientras se seca el pelo con la toalla, se mira al espejo pensando... "¿Qué sentiría siendo vista por otra persona...?" Martín viene a su mente y se le incrementa el morbo, por lo que decide hacer algo...

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Un día caluroso en la Oficina de Prometeo S.A., piso 18 del Venus Palace, corazón comercial de Buenos Aires. Martín ya dejando su coche en el estacionamiento de la empresa, ingresa a su trabajo. El jefe, Roberto López (55 años, pelo plateado, reloj pesado, casado con Claudia, la rubia operada de 50 que todos siguen en Instagram), lo intercepta en el pasillo.

-¡Martín, ídolo! ¿Cómo va esa campaña del banco?- Dice mientras le da un sorbo a su café.

-Todo listo para las 11, jefe.-

-Perfecto. Pasá después por mi oficina, así detallamos todo. ¡Ah! Y decile a Claudia que deje de joderme... Desde la última cena en casa, dice que quiere que vuelvas. Así que tenés que venir, te vió una vez y ya te extraña...-Suelta una risita cómplice para luego marcharse dentro de su oficina.

Martín era uno de los pocos empleados que habían visitado la casa de Roberto, y el único que quedaba en la empresa. La última cena de dió en un marco de hablar sobre el actual puesto de Martín, y hubo un interesante cruces de miradas con Claudia... Si bien a él le pareció raro, no lo atribuyó a nada especial, solo simplemente "carisma". Esto fue el año pasado a la fecha de los sucesos.

La oficina tiene una rica mezcla entre experiencia y aprendizaje, auqne destaca el equipo joven: Los pibes copados que siempre lo invitan a afters y que él rechaza porque prefiere volver con Lucía. Muchas chicas jóvenes y hermosas en la parte de contaduría y logística; y la experiencia la conforman los abogados que son tres viejos amargados... Pero hacen milagros cuando hay problemas.

Pero la que destaca notablemente es Morena, la nueva directora de arte. Tiene una notable presencia. Polleras cortas, top con blazer que siempre le marcan los pechos, ojos azules y cabello violeta con flequillo. Una mujer de unos 40 años, a quien nunca se le conoció una pareja, y siempre se pensó que era lesbiana. No obstante, todos en la oficina estan embobados con las piernas de Morena.

Cercano al mediodía, Martín ya definiendo algunos proyectos y demás, siente y observa una notificación de su celular. Al desbloquear ve un mensaje de Lucia :

"Te extraño... Ojalá estuvieras acá en la ducha ❤️". Y una foto adjunta que lo deja sin palabras. Una foto de ella, en frente del espejo del baño empañado, recién salida de la ducha y solo con una tanga roja.


novia


Una fuerte presión en su miembro viril no tarda en sentirse. Se pone como un animal en celo. Martín responde desde abajo del escritorio:

"Está noche vas a cobrar, mala🔥."

En un breve ida y vuelta de textos, Martín recupera la energía perdida después del bajón de la comida. Trascurre el tiempo y completa sus tareas del día. Justo antes de prepararse para irse a su casa, ve que cae un mail a su correo personal. Ve que pertenece a Gisela, quién es la encargada de la remodelación del PH y decoradora de ambientes con la quién venía arreglando, gracias a la recomendación del dueño del edificio. Abre su buzón y procede a abrir el correo:

Gisela
Asunto: cobro resto + espejo

"Hola Martín, cómo estás??
Te comento que recién puedo pasar un viernes a las 18, más o menos, para cobrar la parte en negro que quedábamos y te dejo el espejo de cuerpo entero que falta (el del dormitorio) ya que estoy tapada de laburo y con algunos temas personales...
Si está Lucía mejor, así la conozco en persona y veo quién es la que te quita el aliento 😉
Seguro le va a encantar el espejo, elegí el mejor para ustedes.
Avísame si podes, yo justo tengo libre ese día a la tarde.

PD: te dejo mí celu... si preferís hablarme por ahí, no suelo darlo ya que es personal, pero me caes bien 😉.
+ 54 9 11 7***-7***
Besitos, G."

Martín recuerda la voz seductora de Gisela, el perfume intenso, lo fuerte que está y las terribles senos que tiene, porque además de sus tamaños, tiene un tatuaje de serpiente entre ellos... Imposible no ver sus tetas. Profesionalismo puro... por ahora. Es difícil describirla, pero es una persona que encandila, físicamente y con una personalidad que la queres o la odias... Responde positivamente el mail diciéndole que no había problema, y que con gusto la esperaba el viernes. Y finalmente la agenda en su celular como "Gisela 🐍".

Martín
Hola Gise, soy Martín, acabo de ver tu mail. Si no hay problema, agendame y vos decime cuando te quede más cómodo. Un beso grande 😉

Increíble pero cierto, la respuesta llegó como un rayo, y se pudo ver la foto de perfil del celular de Gisela, lo que era muy tentador.


infiel


Gisela 🐍
Hola Martín! Dale mil gracias! Te aviso ni bien pueda, temprano ese día. Otro grande también para vos 😘

Seguido se va a su casa. Al subir al auto ve el bolso de natación de Lucía, y con lo pajero que se puso hoy con su fotito en tanga , no resiste la tentación de ver su traje de baño. Lo saca, lo observa y lo vuelve a meter. Esperaba el clásico traje negro bastante discreto que compraron juntos cuando arrancó natación, pero no... Era un traje nuevo que él nunca había visto, color rojo, en la cola un hilo muy fino y la parte de los pechos transparente. "Lucía está muy caliente estos últimos tiempos..." Se sonríe y arranca el auto.

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En el garaje de su casa, en el subsuelo, Martín se encuentra a Filemón, el dueño del edificio. Un hombre grande, de unos 70 años o más, pelo canoso corto y una barba igualmente blanca impecable. Viste un suéter verde jade y unos jeans con zapatos negros. Se acerca a Martín y le pregunta cómo va todo, ya que en teoría son los residentes más nuevos ahí.

-¿Cómo te está yendo querido? ¿Cómo está quedando el PH?- pregunta tocándose la barba.

-Bien, muchas gracias Filemón. Está quedando divino, todo gracias a la chica que nos recomendó.- Hace mención a la morocha decoradora de ambientes.

-Sí, Gisela tiene un estilo particular de manejarse, pero no cabe duda que es una experta en lo que hace. Tengo varios inquilinos que están chochos con ella. Me alegra que esté haciendo un buen trabajo. ¿Tu novia? ¿Contenta también? ¿Qué opina de Gisela?-

-Quédese más que tranquilo, que está todo impecable... Faltan algunos detalles pero ya estaría completo. Sí, Lucia está chocha. Es más, desde que estamos acá se le renovó el espíritu...- Martín se muerde el labio para evitar hablar más de la cuenta... Sobretodo en lo sexual.

Filemón sonríe y se le acerca más. Casi cómo querer que no escuche nadie cerca de ellos. Lo mira fijamente y le murmura poniéndole una mano en el hombro.

-Tenés todo el PH a tu disposición, incluso si necesitas algo más, me podes avisar... No obstante, te doy un consejo al ser joven: hay algunos frutos que no te conviene probar...-

-No estaría entiendo, Filemón...- Dice desconcertado Martín.

-La curiosidad mató al gato, querido. Y acá hay mucha curiosidad en la zona... Es mejor no arruinar lo que uno tiene, al menos que sepas que tenés cancha para jugar.- Le dice sonriendo y yéndose a su auto.

-Chau querido. Saludos a tu novia. Cuídensen.- Con una mano levantada, arrancando su auto.

Martín quedó pensando en lo que había dicho el hombre. "La curiosidad"... Sin saber aún a qué se refiere, comienza a caminar y sube por el ascensor.

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Ya es tarde noche, Martín entra al PH. El lugar está en penumbras, solo la luz cálida de las lámparas (elección brillante de Gisela) dejan ver algo en la casa. Suena "Wicked Game" bajito. Una figura femenina se asomaba por el marco de la habitación en vestido negro corto, descalza, con una copa de vino en su mano. Lo mira lujuriosamente y le dice:

-Bueno... ¿Voy a cobrar o no?- Procede a un trago de vino.


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Se comen la boca en la puerta, un beso urgente y profundo que sabe a vino y a deseo acumulado durante el día. Lucía deja caer la copa vacía al piso con un tintineo sordo, sus manos suben al cuello de Martín, enredándose en su cabello castaño, tirando ligeramente para atraerlo más cerca. Él la presiona contra la pared, sus cuerpos encajando como piezas de un rompecabezas olvidado. Con una mano, Martín desliza los dedos por el borde del vestido negro corto, subiéndolo lentamente al principio, solo para descubrir la sorpresa: nada debajo. Su piel desnuda, cálida y suave, expuesta al aire fresco de la noche.

-Dios, Lu... ¿sin nada? Me vas a matar.- Murmura él contra sus labios, su voz ronca y cargada de excitación, mientras su mano explora la curva de su cadera, bajando hasta rozar el interior de sus muslos.

Ella sonríe en el beso, mordisqueando su labio inferior.

-Quería que fuera fácil para vos... para nosotros.- Responde con un susurro juguetón, su aliento caliente contra su boca.

Martín no puede esperar más; la levanta en brazos con facilidad, sus piernas envolviéndolo por la cintura, y la lleva por el pasillo hacia el dormitorio, tropezando ligeramente con una caja de mudanza olvidada en el camino. Lucía ríe suave, pero la risa se transforma en un gemido cuando él la tira sobre la cama king, el colchón hundiéndose bajo su peso. El vestido se arremanga del todo, dejando su cuerpo expuesto, vulnerable y perfecto bajo la luz tenue de la lámpara de mesa.

Sin poder resistir más, Martín se arrodilla entre sus piernas, besando su vientre, bajando con lentitud tortuosa hasta llegar a su centro. Le come la vulva con devoción, su lengua explorando cada pliegue, saboreando su humedad creciente. Lucía arquea la espalda, un jadeo escapando de sus labios carnosos.

-Martín... sí, ahí...- Gime, sus manos volando al respaldo de la cama, agarrándose con fuerza como si temiera caer.

Los gemidos suben en intensidad, un crescendo que llena la habitación, mezclado con el sonido distante de "Wicked Game" aún reproduciéndose bajito desde el living. Él intensifica el ritmo, succionando suavemente, sus manos sujetando sus caderas para mantenerla quieta mientras ella se retuerce de placer. Lucía siente el calor construyéndose en su interior, sus piernas temblando.

-No pares... por favor.- Suplica entre gemidos, una mano bajando para enredarse en el cabello de él, guiándolo.

Martín levanta la vista un instante, sus ojos intensos encontrándose con los acaramelados de ella, y eso solo la enciende más. Se desviste rápidamente, tirando la camisa al piso, los pantalones siguiéndola, revelando su excitación plena. Sin avisarle, la penetra de una, hundiéndose en ella con un gruñido animal. Lucía gime fuerte, sus uñas clavándose en su espalda, dejando marcas rojas que arden en su piel.

-¡Sí, así mi amor... no pares... más, más!- Exclama, su voz quebrada por el placer, el cuerpo arqueándose para recibirlo más profundo.

La bestia animal en Martín toma el control; embiste con un ritmo frenético, sus caderas chocando contra las de ella en un vaivén desesperado. El sudor perla sus cuerpos, el aire cargado de sus aromas mezclados. Lucía envuelve sus piernas alrededor de él, clavando los talones en su espalda, sus gemidos convirtiéndose en gritos ahogados.

-Te siento tanto... me vas a romper.- Jadea ella, pero con una sonrisa en los labios que lo invita a seguir.

Él responde con un beso feroz, mordiendo su cuello, sus manos explorando sus pechos bajo el vestido arrugado. El clímax se acerca rápido, como una tormenta; Martín siente el pulso de ella apretándolo, y con un último embiste, saca su pene y acaba sobre su cuerpo desnudo, chorros calientes aterrizando en su vientre y pechos. Lucía se entrega al mismo tiempo, su orgasmo sacudiéndola entera, un grito final que se disuelve en un suspiro tembloroso.

Acaban los dos en menos de diez minutos, como si llevaran semanas sin tocarse. Como si fueran dos adolescentes nuevamente, descubriendo el placer por primera vez. Se limpian con toallitas del baño en suite, riendo entre jadeos, y se tiran en la cama. Desnudos, transpirados, abrazados. Lucía le dibuja círculos en el pecho con la uña, su cabeza apoyada en su hombro, mientras la respiración de ambos se normaliza lentamente. Con una leve sonrisa, provocada recordando algo y tomando el valor para confesarlo dice:

-¿Sabés en qué pensé hoy en la ducha? -Susurra ella mirando aún su pecho.

Martín quien todavía miraba el techo con los ojos apenas abiertos, aún anestesiado por el placer gira si cabeza hacia ella.

-Decime...- Le dice muy curioso.

-Que sería lindo que alguien... Bueno... ¿Cómo decirlo?... Que alguien nos viera... Así... Desnudos o haciéndolo...- Confieza ella sin verlo a los ojos, avergonzada y poniéndose colorada.

Martín se queda quieto. Sus ojos se abren completos ahora y la mira roja tras su dicho y sudada por completo. No esperaba que Lucía dijera eso, pero tampoco le disgusta. Pero el germen de la curiosidad ya empezó a arraigar en su ser.

-Epa... ¿Y eso de dónde se te ocurrió?- Intrigado ante lo que escucha.

-No sé... quizás un poco de morbo me da... tal vez ya me haya pegado ese maldito Malbec que nos regaló tu viejo jajaja...- Contesta ella quien ya lo mira fijamente.

Martín la mira, sonríe apenas. Le tomó por sorpresa totalmente lo que decía su pareja. No obstante, hay algo que le llama por dentro, un deseo de ver que pasa. Imagina brevemente algunas escenas prohibidas hasta ese momento para él, recuerda la primera noche, comiendo sushi y tomando vino... Una noche de confesiones que habían quedado tapadas, pero ahora resurgen del olvido... Recuerda y sonríe.

-Mmm... puede ser... aunque los borrachos no mienten...- Susurra muy bajito.

-Es verdad... Pero bueno, es mí morbito... Que vean... y ver yo también...- Termina agregando.

Silencio denso, pero rico. Los dos sienten que la sangre vuelve a bajar. Lucía se muerde el labio, se acurruca otra vez. Martín queda mirando el techo mientras los minutos pasan. Ella ya dormida en su brazo, y él con la mente en otro lado... Imagina muchas situaciones, algunas de las cuales no había pensado incluso antes de estar con Lucía. Justo en ese momento se percata de algo... "La curiosidad"... Era lo que Filemón le había advertido. Pero es imposible qué... Al menos que en el edificio ya hayan pasado "cosas"... De momento no le da más importancia y finalmente se queda dormido junto a su amada.

Nadie puede negar que el fuego sigue ardiendo en esta pareja... Por ahora, como dos leños. Pero ya se siente una brisa fresca que pronostica que vendrá un leño más para formar la fogata del deseo perfecta. Ya que es de soberbio no saber reconocer un consejo...

Continuará en Capitulo 2

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