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Mi peor pesadilla VIII

Iba en el auto de Lu en silencio.

Intentando asimilar lo que había sucedido.

Ella iba cantando "wanna be" en voz alta, una mano en el volante, la otra haciendo un gestito de rap.

La luz roja del semáforo nos detuvo a pocas cuadras de la Universidad.

Esa pausa activó un poco mi cerebro, que solo atinó a decir:

"Vos sabías de esto antes?"

Ella interrumpió su canción, me miró antes de arrancar otra vez y sonriente me dijo:

"No, honestamente te llevé a sacar fotos pero veo que tu trabajo es muy completo jaja me gustó verte trabajar"

Y me guiñó el ojo mientras arrancaba otra vez.

Miraba al piso, no quería agarrar el teléfono porque sabría que debería enfrentarme a mensajes de Sofi alentandome o preguntando cómo había sido la sesión.

Intentaba ignorar incluso el entorno que por efímeros segundos me rodeaba.

Mi limitada experiencia sexual se resumía en 3 mujeres, el problema que a una de ellas la amaba, otra era la hermana de mi mejor amigo y la última la acababa de conocer hace pocas horas.

Hablando de pocas horas.

Todo ese historial había sucedido en 72hs.

Seguía inmerso en mis pensamientos, caía la noche y casi como si me leyese los pensamientos, Lu sin consultar pasó por un AutoMac.

"Te pido dos cuarto de libra?"

Su acto de gentileza me tomó por sorpresa.

Comimos en el auto mientras ella me contaba una anécdota de un viaje con Javi.

Ya mientras la veía robarse mis últimas papas, sus ojos verdes se posaron en mí.

"Seguís en shock."

No era una pregunta.

Bajé la vista soltando una risa corta por la nariz.

"Un poco."

Ella sonrió apenas mientras doblaba por una avenida que no reconocí.

"Te voy a distraer entonces."

Recién ahí levanté un poco la cabeza.

"¿A dónde vamos?"

Lu hizo una mueca divertida.

"Tengo una amiga que necesita fotos. Y vos necesitás dejar de pensar tanto."

No tuve demasiada oportunidad de responder. A los pocos minutos ya estábamos estacionando frente a un edificio lleno de balcones pequeños y luces violetas escapándose desde algunas ventanas.

Subimos por ascensor mientras Lu revisaba mensajes en el celular.

"Se llama Valentina", dijo guardándose el teléfono en el bolsillo. "Hace contenido para OnlyFans y está obsesionada con mejorar su perfil."

La miré confundido.

Las puertas del ascensor se abrieron.

Lu caminó hacia un departamento del fondo y antes de tocar timbre me miró con una sonrisa.

"Créeme... después de hoy, siento que podés ayudarla bastante más de lo que imaginás."

Mi peor pesadilla VIII


Al abrir la puerta descubrí a la famosa Valentina, tenía esa estética medio gótica pero exageradamente femenina. Pelo negro con mechones claros, maquillaje oscuro, medias negras y un vestido ajustado que parecía elegido específicamente para distraer a cualquiera que intentara mantener una conversación normal.

Pero lo más peligroso no era cómo se veía.

Era la comodidad con la que manejaba la atención.

Como si estuviera demasiado acostumbrada a que la miraran.

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Ella empezó a mostrarme referencias en el celular mientras hablaba con naturalidad absoluta sobre poses, números de suscriptores y "contenido que convierte". Yo apenas intentaba seguirle el ritmo. Cada vez que se acercaba a mostrarme algo, terminaba rozándome con el brazo o apoyándose demasiado cerca. Y aunque probablemente fuese parte de su personalidad, empezaba a costarme ignorarlo.

Lu mientras tanto estaba tirada boca abajo sobre un sillón mirando parte de la sesión desde el teléfono de Valen.

"Te juro que los tipos pagan cualquier cosa por esta estética", dijo Valentina acomodándose frente al espejo. "Tipo… inocente pero no tan inocente."

La vi acomodarse el vestido negro pegado al cuerpo mientras observaba las fotos que yo iba sacando.

Y honestamente, entendía perfectamente por qué le funcionaba.

Las medias negras, el contraste del pelo, esa forma de mirar directo al lente como si conociera exactamente quién iba a ver esas fotos después.

Valentina empezó a soltarse cada vez más.

Primero fueron poses simples sobre la cama. Después sentada contra la pared. Más tarde empezó a jugar con el borde del vestido, subiéndolo apenas mientras me preguntaba:

"Así está bien o demasiado?"

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Y aunque lo decía riéndose, nunca parecía realmente insegura.

Era peor.

Parecía disfrutar ver cuánto podía hacerme perder el eje sin siquiera tocarme.

Lu también lo notaba.

La escuché reír bajito desde la cama cuando Valentina me pidió que me acercara "porque desde lejos las fotos no transmitían tensión".

Y ahí fue donde todo empezó a cambiar.

Porque cuando me acerqué para mostrarle una foto, Valentina no miró la pantalla enseguida.

Primero me miró a mí.

Después bajó apenas los ojos.

Y recién ahí sonrió.

"Okay… ahora sí."

No hablaba de la foto.

Eso fue evidente cuando apoyó lentamente una mano sobre mi pierna para acomodarse mejor sobre el borde de la cama.

Y más evidente todavía cuando Lu dejó de mirar el celular.

Valentina volvió a entrar al cuarto con una bata negra de seda apenas atada a la cintura.

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"Este outfit vende muchísimo más", dijo riéndose mientras se subía otra vez a la cama.

La tela se abría apenas cuando cambiaba de pose y yo ya casi sacaba fotos por inercia.

Era imposible no perderse en sus tetas.

Valentina empezó a pedirme que me acercara más.

"Desde lejos parece muy frío."

"Quiero que se sientan acá."

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Me acerqué hasta quedar frente a ella sobre la cama.

Estiró su brazo desde el borde de la cama y empezó a acariciar en la entrepierna de mí pantalón.

Se mantenía con una sonrisa como para las fotos.

Valentina mantuvo la mano sobre mi entrepierna unos segundos más.

Ni siquiera parecía apurada.

Sus dedos recorrían lentamente el bulto por encima del pantalón mientras seguía sosteniendo esa sonrisa tranquila que usaba para las fotos.

Después levantó la vista hacia mí.

Y ahí fue donde algo cambió.

Porque por primera vez desde que llegamos, dejó de parecer alguien controlando la situación.

Sus ojos bajaron otra vez.

Más lento.

Más fijos.

Casi hipnotizados.

"Okay..." murmuró apenas.

Ni siquiera sabía si me hablaba a mí o a ella misma.

Valentina se acercó un poco más desde la cama hasta quedar prácticamente arrodillada frente a mí.

Sus dedos jugaron con el botón de mi pantalón mientras soltaba una risa corta.

"Con razón Lu me dijo que valía la pena llamarte."

Terminó de bajarme el cierre lentamente sin apartar la vista de mi cuerpo.

Después simplemente se quedó observando unos segundos.

Demasiados segundos.

Como si la imagen hubiese superado la expectativa que tenía en la cabeza.

Y recién ahí se mordió apenas el labio.

"Seguí sacando fotos..." dijo mirando de reojo a Lu.

Pero nadie en esa habitación parecía acordarse demasiado de la cámara ya.

Ella seguía arrodillada frente a mí.

Sus dedos todavía descansaban sobre mi cintura mientras parecía debatirse entre seguir jugando o cruzar definitivamente el límite.

Pero lo más extraño era que ya no estaba actuando para la cámara.

Se le notaba en la respiración.

En cómo evitaba despegar los ojos de mí.

En esa pequeña sonrisa nerviosa que antes no tenía.

Lu fue la primera en romper el silencio.

"Che… al final sí te pusiste tímida."

Valentina soltó una risa corta sin dejar de mirarme.

"Callate."

Lo siguiente fué mi verga desapareciendo entre sus labios, como si el comentario de Lu hubiese sido una mojada de oreja para ella.

Con calma pero cargada de confianza, iba rodeando con su lengua cada centímetro de mí.

Daba lamidas como si fuese un helado, parecía jugar.

Pude ver cómo llevó su mano libre dentro de la bata y jugó con sus pezones mientras seguía con el pete.

Seguía con la cámara en mano pero ya no sabía si esto formaba parte o no de la sesión.

Me costaba mantenerme en mis propias piernas, Valen aceleraba llenando de saliva mi miembro durante ese proceso.

Hilos de baba iban desde la punta de mi pija hasta sus labios que iban perdiendo el color del labial producto de la intensidad que había elegido.

Sus ojitos con lágrimas auto inflingidas mientras buscaba tragar hasta el ahogo.

Era un verdadero espectáculo. Esa mujer valía cada suscripción que le pagaran.

Manejaba el momento con un tinte pornográfico que era la debilidad de cualquier consumir del otro lado.

Incluso la forma en que se levantó del suelo incorporándose frente a mí. La forma en que giró para ponerse otra vez de rodillas, pero ahora en su cama.

Solo levantó un poco su bata y me invitó con un pequeño contoneo de su cola a acercarme. Casi como acto reflejo apoyé mis manos sobre sus nalgas blancas y empecé a acomodar la verga entre sus piernas.

Ella sacó su colita para atrás ayudando el movimiento. Ya tenía la puntita adentro y liberó un gemido mientras tiraba su cabeza para atrás.

Fui metiendola casi sin dificultad, estaba muy mojada, eso me invitó a penetrarla con más confianza y más agresividad.

Valentina gemía contra las sábanas mientras yo seguía moviéndome detrás suyo. Jugaba con sus pezones, apenas si podía cubrir sus tetas con mis manos.

La habitación estaba llena del sonido de su respiración quebrada, del choque de nuestros cuerpos y de los pequeños jadeos que ya ni intentaba contener.

Pero hubo un momento donde ella cambió.

Lo sentí primero en cómo empezó a moverse.

Porque ya no parecía alguien posando.

Ni alguien pensando en contenido.

Sus manos dejaron de acomodar la bata, dejó de buscar ángulos, dejó incluso de mirar la cámara tirada sobre la cama.

Ahora solo estaba reaccionando.

Y eso se notaba demasiado.

Valentina giró apenas la cabeza, el pelo despeinado cayéndole sobre la cara mientras soltaba una risa entrecortada.

"Okay... pará un poco..."

Pero no sonaba incómoda.

Sonaba sorprendida.

Volvió a morderse el labio cuando la agarré de la cintura y terminé de hundirme otra vez dentro suyo.

"Ahí entendí por qué Lu estaba tan insoportable con este tema..." soltó entre jadeos.

Después apoyó la frente contra el colchón y se quedó unos segundos respirando agitada. No la sacó de adentro, incluso, apretó un poquito y movió en pequeños círculos su cola.

"Te juro que pensé que estaba exagerando."

Eso fue probablemente lo más sincero que había dicho desde que llegamos.

Porque recién ahí dejó de parecer Valentina “creando contenido”.

Ahora parecía una mina intentando recuperar el aire.

Aflojó lentamente mi mano de su cintura y se incorporó apenas acomodándose la bata sobre el cuerpo.

"Listo..." dijo soltando una risa cansada, acompañads de una última mirada a mi erección. "Yo ya tengo muchísimo más material del que necesitaba."

Agarró el celular desde la cama y revisó un par de fotos todavía con la respiración desordenada.

Después levantó apenas las cejas mirando a Lu.

"Tu fotógrafo es un problema."

Lu sonrió apenas.

Nada más.

Ni siquiera respondió.

Estaba al borde de esa cama, con mi pantalón aún desabrochado.

Lu se sentó en la cama y miró hacia mí. Como analizando.

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Se acercó un poco más.

Sus manos fueron hacia su pelo, acomodó su colita de pelo.

Mi peor pesadilla VIII


Me miró con deseo. Pero en silencio.

No sabía que pasaba.

La incomodidad me llevó a querer subirme el pantalón, ocultarme.

"Esperá"

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Su mano frenó apenas mi muñeca.

"No te vas a quedar así"

"Esta chica..."

Lo que me tomó realmente por sorpresa fué que ella llevó su boca directo a mí miembro que aún tenía flujos de su amiga encima. Tragó como si nada le importase.

Ese mismo día, era la tercer mujer que me daba sexo oral y nadie se comparaba con ella.

La máxima expresión del concepto femenino llevado a una vulgaridad que en lo sexual parecía ser irreproducible por otra mujer.

Me temblaban las piernas mientras ella desde la cama se devoraba mi verga.

Había algo casi desafiante en la forma en que me miraba desde abajo.

Algo impulsivo.

Territorial.

Agarré su cabeza, no porque necesite guiarla, sino porque no podía resistir, sentía las manos dormidas.

Ella solo se frenó para sacarse el top blanco y seguir con sus tetas liberadas para mí.

Sus ojos verdes nunca terminaron de apartarse de mí, incluso cuando sus labios empezaron a recorrerme con una lentitud casi cruel.

No parecía alguien improvisando.

Parecía alguien disfrutando demasiado el efecto que estaba causando.

La mezcla entre suavidad y provocación era insoportable.

Porque un segundo apenas rozaba con la punta de la lengua, jugando, respirando sobre mí como si quisiera volverme loco de a poco.

Y al siguiente ya no había delicadeza alguna.

Lu perdía elegancia sólo en la intensidad.

En cómo cerraba los ojos apenas un instante.

En cómo sus dedos se aferraban a mis piernas mientras me tomaba cada vez más profundo, como si hubiese algo personal escondido atrás de todo eso.

El sonido húmedo de su boca llenó la habitación.

Y aun así, lo más obsceno seguía siendo ella.

La manera en que disfrutaba verme quebrarme arriba suyo.

La manera en que levantaba apenas la mirada para comprobar el efecto que tenía sobre mí antes de volver a hundirse otra vez.

Se frenó para sentarme en la cama y ella de pié se sacó su pantalón.

Tenía una tanga negra que le combinaba perfecto, apenas un hilito que sólo tapaba la inocencia.

Se subió sobre mí lentamente, quedando apenas a centímetros de mi cara.

Y antes de besarme, se quedó unos segundos mirándome fijo.

Después volvió a buscar mi boca.

Lento al principio.

Como si quisiera saborear el momento antes de dejarse llevar por completo.

Pero apenas empezó a moverse sobre mí, toda esa calma se quebró.

Lu dejó escapar un gemido suave contra mis labios mientras sus manos se aferraban a mis hombros.

El movimiento de su cuerpo tenía algo peligrosamente hipnótico.

Subía apenas, provocándome.

Y volvía a bajar despacio, cerrando los ojos un instante cada vez que el aire se le escapaba entre los labios.

El pelo desordenado cayéndole sobre la cara, la respiración cada vez más agitada, la manera en que me miraba entre beso y beso…

Todo en ella parecía decir cosas que nunca se había animado a hablar.

La tensión acumulada de toda la noche explotaba ahí.

En cómo se pegaba cada vez más a mi cuerpo.

En cómo buscaba mi cuello cuando necesitaba recuperar el aire.

En cómo sus dedos recorrían mi espalda casi con desesperación contenida.

Y cuanto más intentaba mantener el control, más evidente se volvía que ya lo había perdido hacía rato.

La puerta del cuarto volvió a abrirse despacio.

Valentina apareció otra vez, todavía con la bata negra apenas atada, el celular en la mano y una sonrisa cansada dibujándose al encontrarnos así.

No dijo absolutamente nada.

Solo se acercó despacio hasta el borde de la cama.

Y observó.

Como si hubiese entendido algo antes que nosotros.

Después dejó el teléfono sobre el colchón y pasó una mano lenta por la espalda de Lu.

Otra por mi pecho.

Un gesto suave.

Íntimo.

Casi cariñoso.

Pero lejos de romper el momento, hizo que la tensión creciera todavía más.

Lu cerró apenas los ojos al sentirla.

Y por primera vez en toda la noche, pareció dejar de pelear contra lo que estaba sintiendo.

Porque volvió a besarme inmediatamente después.

Más profundo.

Más desesperada.

Mientras Valentina seguía acariciándonos en silencio desde atrás, sonriendo apenas como alguien viendo cómo dos personas terminaban de perderse frente suyo

Mis manos se aferraron más fuerte a ella y el cambio fue inmediato.

Lu soltó un gemido ahogado contra mi boca, uno completamente distinto a los anteriores.

Más sincero.

Más involuntario.

Porque hasta ese momento todavía parecía querer mantener el control de la situación.

Seguía moviéndose con seguridad, jugando con las miradas, marcando el ritmo.

Pero de a poco empezó a quebrarse.

Lo sentí primero en sus piernas temblando apenas contra las mías.

Después en cómo dejó de sostenerme la mirada.

Y finalmente en la forma en que terminó abrazándose a mi cuello, buscando apoyo sin siquiera darse cuenta.

El ritmo entre nosotros se volvió más intenso y Lu empezó a perderse ahí adentro.

Ya no había poses.

Ni provocación consciente.

Solo respiraciones entrecortadas y pequeños sonidos que intentaba contener escondiendo la cara sobre mi hombro.

Cada vez que intentaba incorporarse para recuperar algo de control, volvía a caer contra mí.

Como si su propio cuerpo ya hubiese decidido rendirse antes que ella.

Y creo que el momento exacto fue cuando dejó de besarme para simplemente quedarse ahí, aferrada a mí con fuerza, respirando agitada contra mi cuello mientras sus movimientos se volvían completamente desordenados.

Porque Lu seguía intentando aparentar que dominaba la situación.

Pero hacía rato que mi verga se había vuelto una debilidad para ella.

Entre gritos me pedía más. Me suplicaba que no pare.

Yo no lo pensaba hacer, apretando fuerte su culo hacía que rebote sobre mí mientras vi a Valen empezar a masturbarse cerca nuestro. Miraba perdidamente a su amiga, veía algo diferente en ella.

Los ojos verdes completamente perdidos.

Entregada y susurrando mi nombre... "Fer..."

Rebotaba sobre mí buscando aire, aferrándose a mis hombros con desesperación cada vez que volvía a bajar hasta el fondo.

La sentí acabar mientras arqueaba su espalda y se dejaba sostener por mí.

Me besó profundamente mientras aún podía notar sus espasmos que apretaban mi verga dentro suyo.

Esto me provocó muchísimo, empecé a liberar grandes chorros de leche dentro de ella. Nunca paramos de coger, ni en ese momento. Incluso, hizo que ella me incline para atrás haciéndome caer de espaldas al colchón. Cerca de las piernas de Valen.

Meneaba sobre mi mientras aún me acababa y nos fundimos en un beso pasional.

Ni yo quería sacarla de adentro, ni ella que eso suceda.

Seguimos.

Perdidos el uno con el otro.

Volvimos a subir la intensidad y la habitación resonaba con mi pelvis chocando contra su cola.

Valen acariciaba mi pecho junto a las tetas de Lu que se posaban sobre mí.

Sentía los flujos de ambos bajar por mí tronco hasta la entrepierna.

Pero ya no había nada elegante en nosotros.

Solo calor.

Respiraciones rotas.

Piel húmeda pegándose una contra otra mientras el cuarto entero parecía haberse reducido al sonido de Lu gimiendo sobre mí.

Sus uñas hundidas en mi espalda.

La cama golpeando contra la pared al mismo compás con el que ella empezaba a perder completamente la noción de sí misma.

Y cuanto más fuerte la acercaba a mí, más parecía desarmarse.

"Me... Me... Me encanta" dijo Lu pareciendo tartamudear por su falta de aire y mis embestidas.

Su mirada era de ternura mezclada con pasión.

Seguí cogiéndola, seguí disfrutando de ese cuerpo.

Me besó una vez más, sus labios se sentían calientes, ahogó un gemido largo con ese beso. Otra vez se estaba acabando. Sus ojos verdes se cruzaron y giraron para ponerse en blanco.

Nuestros cuerpos eran una mezcla de sensaciones del otro.

Su forma de caer rendida sobre mí me provocó, ver a su amiga acariciar su pelo mientras mí pija la seguía penetrando incansablemente.

Otra vez me empecé a acabar. Parecía ser la primera, inclusive un cúmulo de tantas pajas de la infancia que le había dedicado a esa mujer.

Estaba despeinada, transpirada y con el poco maquillaje que llevaba, corrido.

Su amiga ahora le acarició la mejilla con suavidad y soltó una risa baja, cansada.

—Mirá cómo quedó esta chica…

Lu ni siquiera respondió.

Solo se abrazó más fuerte a mí mientras terminaba de llenarla por dentro.

Mi pija aún palpitaba dentro de ella, Valen le acomodaba el pelo detrás de la oreja a Lu

Yo cerraba mis ojos confundido con aquél día de locos.

El cuarto f
inalmente quedó en silencio.

Solo se escuchaba nuestra respiración intentando bajar de a poco.

Lu seguía arriba mío, todavía abrazada a mi cuello, con los ojos cerrados y el pelo desordenado cayéndole sobre la cara.

Mi celular vibró contra el piso.

Una vez.

Después otra.

La pantalla se iluminó apenas entre la ropa tirada.

"Sofi"

Recién ahí, con Lu todavía temblando sobre mi cuerpo y el olor a sexo llenando toda la habitación, entendí realmente lo que acababa de pasar.

Y lo peor era que una parte de mí no quería que terminara nunca.

2 comentarios - Mi peor pesadilla VIII

gordopijudo19
Por favor, es lo mejor que leí en mucho tiempo. Increíble
Maattii87
uuuuf nena por favor!!! espectacular!!;
cada capítulo es mejor qur el anterior!
siempre genial vos nena!!