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Es verdad lo que dicen de las luchonas

Luego de una cita frustrada en la que se vio interrumpida por el mensaje de un ex de la muchacha con la que estaba saliendo, volví a casa dispuesto a hacer lo de siempre: cenar, masturbarme e irme a dormir.

Subí una foto desde el bondi donde se veía el barrio, y a los segundos una respuesta a la historia: "Andas por la zona, venite que estamos con los pibes". Era Mili, ex compañera de laburo, de 27 años. Nos dejamos de hablar por los celos del padre de su bendición.

Con los pibes hacía referencia a unos impresentables pero piolas vecinos, que tenía el gusto de coincidir solamente en los cumpleaños.

Como ya era pasada la medianoche y los vagos se fueron a sus respectivas casas, ella me dijo de quedarme, aprovechando que tampoco estaba su bendi.

Hablando de los celos enfermizos de su ex, contaba como actualmente estaba re suelta, prácticamente dándole bola a cualquier gil que quisiera cogérsela. ¿Si ese otro gil era yo? Para eso vinimos.

La conversación empezó a subir de tono, cuando le pregunté si era verdad lo que decían de las mamá luchonas, que son un fuego cogiendo.
No se esperó tal pregunta, pero fue para adelante diciéndome "¿Quéres probar?"

Obviamente, no me negué, y fue así como comenzó a hacerme un pete demasiado fuerte, al punto de tener que pensar en otra cosa para no acabarme en su carita tierna pero de puta. Se ahogaba cada vez más, corriendo su maquillaje negro y sus pestañas postizas.

Cuando sintió que mi verga estaba pronto, se sentó al reves, con movimientos circulares que me dejaron loco. Sin capacidad de reacción, sintiendo como se abría esa concha profunda y tocaba las paredes.

Con ese impulso, me levanté de estar sentado y la pude sostener en el aire, destacando que mide 1.49, entonces arremetí con fuerza. Ella también no se esperaba eso.

Sus gemidos fuertes y gritos, aprovechando que no había nadie en su casa, hacian vibrar las paredes de ladrillos de su cuarto.

No recuerdo cuánto rato pasó, pero yo sentía cada segundo que me iba acabar. En uno de esos momentos, ella me sacó el condón y pidió que la llenara de leche, pero no me animé.

Atiné a llenarle la boca de leche mientras me estaba haciéndome nuevamente el oral, casi ahogándose y escupiendo todo arriba de mi verga.

"Confirmaste lo que decías de las luchonas?" Me preguntaba mientras bordeaba su lengua en la cabeza de mi verga toda gomosa luego de haber descargado todo.

Creo que mi relato dice todo.
Es verdad lo que dicen de las luchonas

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