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La Familia De Mi Novia Pt 11

Episodio XI: Totalmente roto.

El domingo amaneció soleado y silencioso. Me desperté con el cuerpo dolorido y la mente hecha un lío. Sofía ya estaba levantada, fresca y con esa energía dominante que parecía no agotarse nunca. Después del desayuno, donde me hizo comer de su mano y lamerle los dedos constantemente, me miró con una sonrisa peligrosa.

—Vení. Hoy vamos a jugar en el lugar más prohibido de la casa.

Me llevó de la mano hasta la habitación de Jesi. Apenas crucé la puerta, la culpa me golpeó como un puñetazo en el estómago. Ahí estaba la cama de mi novia, perfectamente hecha, con las almohadas que olían a ella. Las fotos en la pared: Jesi sonriendo, Jesi con Mica, Jesi y yo abrazados en una de las últimas que nos sacamos juntos.

—Sofía… no acá —murmuré, la voz temblándome.

Ella se rio bajito y me empujó contra la cama de su hija.

—Justo acá, pendejo. Quiero que sientas en carne propia lo hijo de puta que sos.

Me sacó la ropa con movimientos seguros y se subió encima mío. Al principio fue sexo “normal”: me besó con fuerza, me mordió el labio y se sentó sobre mi pija dura, cabalgándome despacio mientras me miraba a los ojos.

—Mirá las fotos de Jesi mientras me cogés —ordenó—. Mirala bien.

Intenté cerrar los ojos, pero ella me dio una cachetada y me agarró del pelo.

—Abrí los ojos. Quiero que veas su cara mientras me llenás.

La culpa era asfixiante. Cada embestida se sentía como una traición más profunda, pero con un placer gigante. Sofía gemía alto, sin importarle nada, moviéndose con ese ritmo controlado que me volvía loco.

De repente se levantó, se puso en cuatro sobre la cama de Jesi y me miró por encima del hombro.

—Metémela en el culo. Ahora.

Dudé un segundo. Ella se acercó, me escupió en la mano y me guió.

—Hacélo. Cogeme el culo en la cama de tu novia.

Entré despacio, pero ella empujó hacia atrás con impaciencia, metiéndose toda mi verga de una vez, demostrándome que no era su primer anal, aunque dudo mucho que Darío se la coja asi. Gemí fuerte. El calor y la presión eran brutales. Sofía empezó a moverse, dominando incluso en esa posición, empujando contra mí mientras me insultaba bajito:

—Mirá lo que hacés… cogiéndole el culo a la mamá de tu novia en su propia cama. Sos un traidor asqueroso, Esteban. Y te encanta.

La culpa y el placer se mezclaban de una forma enfermiza. Intenté aguantar, pero Sofía apretaba y aflojaba, controlando todo. Cuando ya no pude más, salí y ella se dio vuelta rápidamente, arrodillándose frente a mí.

—Corréte en mi cara. Toda.

Me corrí con fuerza, chorros gruesos que le cubrieron la cara, los labios y parte del pelo. Sofía sonrió, satisfecha, y luego me agarró del cuello y me besó profundamente, pasándome mi propia leche con la lengua. El beso fue largo, sucio y humillante.

Pensamiento mío: “Estoy besando a la mamá de mi novia con mi semen todavía caliente en su boca… y no puedo parar. Ya estoy totalmente roto.”

Por la tarde, después de una siesta donde me obligó a dormir con la cara entre sus tetas, Sofía me miró con esa expresión que ya conocía demasiado bien.

—Andá a la habitación de Jesi otra vez. Buscá la tanga más chiquita y puta que tenga. Ponétela y vení al baño.

Obedecí sin discutir. Revolví el cajón de Jesi con las manos temblando y encontré una tanguita negra diminuta, casi transparente, que siempre me excitaba muchísimo cuando se la veía puesta a Jesi. Me la puse como pude; apenas me cubría la pija y se me clavaba entre las nalgas.

Cuando entré al baño, Sofía ya estaba desnuda, esperándome con algo en la mano: una jaula de castidad de metal brillante.

—Arrodillate.

Me arrodillé. Ella me bajó un poco la tanguita, me metió la pija semi-dura dentro de la jaula fría y la cerró con un clic definitivo. Luego volvió a subir la tanguita por encima, ajustándola bien. La presión era inmediata e incómoda.

—Ahora ya ni siquiera tu pija te pertenece —susurró—. Es mía las 24 horas.

Me hizo entrar a la ducha con ella. El agua caliente empezó a caer. Sofía me agarró del pelo y me empujó hacia abajo.

—De rodillas.

Me arrodillé bajo el chorro. Ella se paró sobre mí, abrió las piernas y, mirándome a los ojos, empezó a mearme. El chorro caliente le dio primero en el pecho, después en la cara y finalmente en la boca.

—Abrí la boca.

Al principio sentí un poco de asco. Quise apartarme, pero ella me sostuvo fuerte del pelo.

—Tragá. Mostrame lo obediente que sos.

Tragué. El sabor era fuerte, prohibido, degradante. Y sin embargo, mientras ella seguía meando y mirándome con esa superioridad absoluta, algo cambió. La humillación se convirtió en un calor extraño y excitante. A pesar de lo caliente de la situación, mi verga no intentaba endurecerse, en parte por la jaula y en parte por tanto sexo en las últimas horas.

Sofía se rio al notarlo.

—Mirá vos… hasta esto te pone. Ya no hay vuelta atrás, Esteban. Sos mío por completo.

Cuando terminó, me hizo lamerla limpia bajo el agua. Después me besó otra vez, posesiva, mientras el agua caía sobre nosotros.

**Pensamiento mío:** “Estoy en una jaula, usando la tanga de Jesi, tragando el meo de su mamá… y me excita. Ya no soy el mismo. Estoy totalmente roto.”

**Pensamiento de Sofía:** “Lo quebré del todo. Mañana vuelven las chicas y él va a tener que fingir que nada pasó. Esto va a ser delicioso.”

Por la noche volvió a usar el strap on mientras yo todavía tenía la jaula y la tanga y en el momento que estaba por correrme con mi pija flácida y encerrada, me dejó quitarmelas para poder cogerla 

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La intensidad a pleno, Esteban está totalmente al merced de Sofi, posiblemente en el próximo capítulo ya bajen un poco las revoluciones.
Meta de hoy: si llega a 400 puntos o 10 comentarios de diferentes personas, siguiente parte está noche. Que tengan una linda paja jijiji 😘🖤

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