Episodio VIII: A solas con Sofía
Entré a la casa y el silencio me golpeó. Sin Jesi, sin Mica, sin Darío. Solo Sofía y yo. Ella cerró la puerta con llave y se dio vuelta, mirándome de arriba abajo con esa expresión segura y dominante que tenía.
—Finalmente —dijo, dando un sorbo al vino—. Pensé que te ibas a arrepentir.
Me quedé parado en el living, las manos sudadas.
—Sofía… esto es una locura. Jesi es tu hija. Yo soy su novio. Si se entera…
Ella se acercó lento, descalza, hasta quedar a pocos centímetros. Su perfume me envolvió. La bata se abría un poco y se le veía el nacimiento de las tetas y el borde de los muslos.
—Sé todo eso, Esteban. Y vos también. Pero los dos queremos lo mismo. ¿O me vas a decir que no pensaste en mí estos días? ¿Que no te acordaste de cómo te vi en el baño?
Pensamiento mío: “Está pasando. Realmente está pasando. Debería darme vuelta e irme, pero no puedo moverme. La deseo tanto que duele. Soy un hijo de puta.”
Sofía apoyó la copa en la mesa y me agarró de la camisa, tirando suave pero firme.
—Esta noche mando yo —susurró cerca de mi boca—. Vas a estar bien obediente.
La besé. Fue un beso fuerte, casi violento. Ella me metió la lengua con hambre, agarrándome la nuca. Mis manos bajaron directo a ese culo que tanto había mirado: firme, grande, perfecto. Lo apreté fuerte y ella gimió contra mi boca.
—Llevame arriba —ordenó.
Subimos a su habitación, la de ella y Darío. Me pareció todavía más prohibido. Apenas entramos me empujó contra la cama y se sacó la bata. Debajo estaba completamente desnuda. Buenas tetas maduras, pezones duros, concha depilada y esas piernas y culo que me volvieron loco.
Se subió arriba mío, todavía vestido, y empezó a frotarse contra mi pija dura por encima del jean.
—Mirá lo que me hacés… —dijo, agarrándome la mano y llevándola a su concha. Estaba empapada.
Pensamiento de Sofía: “Por fin. Después de tanto fantasear, lo tengo acá. Voy a disfrutarlo todo. Voy a hacer que me dé lo que Darío nunca pudo darme.”
Le metí dos dedos mientras ella me besaba el cuello y me desabrochaba el pantalón. Cuando sacó mi pija, la miró con ojos brillantes.
—Es más grande de lo que imaginaba… —murmuró, y se bajó para chupármela con ganas, dominante incluso en eso: marcando el ritmo, metiéndosela profundo, mirándome a los ojos.
Yo gemía, agarrándole el pelo, pero sin poder tomar el control.
Pensamiento mío: “Estás en la cama de Darío, cogiendo con la mamá de tu novia. Si Jesi supiera… Me odio y me encanta al mismo tiempo.”
Sofía se subió, se acomodó encima y se la metió despacio, gimiendo fuerte mientras bajaba hasta el fondo.
—Ay, la puta… qué rica…
Empezó a montarme, moviendo las caderas con experiencia, dominándome. Me arañaba el pecho, me pellizcaba los pezones, me decía cosas sucias al oído.
—Sos mío esta noche, Esteban. Mi secreto.
La dejé dominarme un rato, pero después mi lado sádico salió. La agarré fuerte de las caderas y empecé a embestir desde abajo, fuerte y profundo. Sofía se sorprendió y gimió más alto.
—Así… más fuerte, carajo…
Pude controlar el ritmo porque los dos estábamos viciosos de sexo. Pero esto recién empezaba y el fin de semana era largo.
---
Al fin paso, después de tanto deseo y tensión sexual paso.
Quien creen que va a dominar acá? Esteban va a tener el control o va a ceder bajo el poder de la experimentada Sofía? Si 10 personas comentan hay siguiente parte está noche.
Entré a la casa y el silencio me golpeó. Sin Jesi, sin Mica, sin Darío. Solo Sofía y yo. Ella cerró la puerta con llave y se dio vuelta, mirándome de arriba abajo con esa expresión segura y dominante que tenía.
—Finalmente —dijo, dando un sorbo al vino—. Pensé que te ibas a arrepentir.
Me quedé parado en el living, las manos sudadas.
—Sofía… esto es una locura. Jesi es tu hija. Yo soy su novio. Si se entera…
Ella se acercó lento, descalza, hasta quedar a pocos centímetros. Su perfume me envolvió. La bata se abría un poco y se le veía el nacimiento de las tetas y el borde de los muslos.
—Sé todo eso, Esteban. Y vos también. Pero los dos queremos lo mismo. ¿O me vas a decir que no pensaste en mí estos días? ¿Que no te acordaste de cómo te vi en el baño?
Pensamiento mío: “Está pasando. Realmente está pasando. Debería darme vuelta e irme, pero no puedo moverme. La deseo tanto que duele. Soy un hijo de puta.”
Sofía apoyó la copa en la mesa y me agarró de la camisa, tirando suave pero firme.
—Esta noche mando yo —susurró cerca de mi boca—. Vas a estar bien obediente.
La besé. Fue un beso fuerte, casi violento. Ella me metió la lengua con hambre, agarrándome la nuca. Mis manos bajaron directo a ese culo que tanto había mirado: firme, grande, perfecto. Lo apreté fuerte y ella gimió contra mi boca.
—Llevame arriba —ordenó.
Subimos a su habitación, la de ella y Darío. Me pareció todavía más prohibido. Apenas entramos me empujó contra la cama y se sacó la bata. Debajo estaba completamente desnuda. Buenas tetas maduras, pezones duros, concha depilada y esas piernas y culo que me volvieron loco.
Se subió arriba mío, todavía vestido, y empezó a frotarse contra mi pija dura por encima del jean.
—Mirá lo que me hacés… —dijo, agarrándome la mano y llevándola a su concha. Estaba empapada.
Pensamiento de Sofía: “Por fin. Después de tanto fantasear, lo tengo acá. Voy a disfrutarlo todo. Voy a hacer que me dé lo que Darío nunca pudo darme.”
Le metí dos dedos mientras ella me besaba el cuello y me desabrochaba el pantalón. Cuando sacó mi pija, la miró con ojos brillantes.
—Es más grande de lo que imaginaba… —murmuró, y se bajó para chupármela con ganas, dominante incluso en eso: marcando el ritmo, metiéndosela profundo, mirándome a los ojos.
Yo gemía, agarrándole el pelo, pero sin poder tomar el control.
Pensamiento mío: “Estás en la cama de Darío, cogiendo con la mamá de tu novia. Si Jesi supiera… Me odio y me encanta al mismo tiempo.”
Sofía se subió, se acomodó encima y se la metió despacio, gimiendo fuerte mientras bajaba hasta el fondo.
—Ay, la puta… qué rica…
Empezó a montarme, moviendo las caderas con experiencia, dominándome. Me arañaba el pecho, me pellizcaba los pezones, me decía cosas sucias al oído.
—Sos mío esta noche, Esteban. Mi secreto.
La dejé dominarme un rato, pero después mi lado sádico salió. La agarré fuerte de las caderas y empecé a embestir desde abajo, fuerte y profundo. Sofía se sorprendió y gimió más alto.
—Así… más fuerte, carajo…
Pude controlar el ritmo porque los dos estábamos viciosos de sexo. Pero esto recién empezaba y el fin de semana era largo.
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Al fin paso, después de tanto deseo y tensión sexual paso.
Quien creen que va a dominar acá? Esteban va a tener el control o va a ceder bajo el poder de la experimentada Sofía? Si 10 personas comentan hay siguiente parte está noche.
11 comentarios - La Familia De Mi Novia Pt 8
Pero que curiosa relación Dominante con la hija y sumiso con la madre
Esteban la tenes que dar vuelta