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El VIP con Tini

Las luces del escenario estallaban en mil colores, el público gritaba como loco en el estadio de Buenos Aires. "¡TINI! ¡TINI! ¡TE AMAMOS!" se escuchaba por todos lados. Tini Stoessel, con el corazón a mil, sudada de la cabeza a los pies, terminaba de cantar el último tema. El top negro ajustado se le pegaba al cuerpo por el sudor, marcando cada curva de sus tetas firmes, y el shortcito negro de cuero con tachas plateadas le apretaba el culo de una forma que volvía locos a todos. Bajó del escenario con una sonrisa enorme, eufórica, el pelo rubio largo revuelto y la piel brillando bajo las luces.

El VIP con Tini

- ¡La puta madre, qué noche! - murmuró para sí misma mientras caminaba por el pasillo hacia el camarín, todavía sintiendo la adrenalina del show recorriéndole el cuerpo.

Entró al camarín y cerró la puerta. El lugar estaba iluminado con luces suaves, había un espejo grande de cuerpo entero contra la pared y un sofá amplio. Se miró en el reflejo y sonrió. Se acomodó el pelo, pasó las manos por su cintura y giró para verse de perfil. Le encantaba verse así, caliente, poderosa.

Se acercó más al espejo, acomodándose las tetas dentro del top. Estaba sola, pero ya sentía ese calor familiar después de cada show, esa calentura que le quedaba en el cuerpo.

Antes de sentarse, abrió un poco la puerta y llamó al guardia de seguridad que estaba afuera.

- Ey, vos - le dijo con esa voz dulce pero firme. - Dejá pasar al grupo VIP que está esperando. Las nenas con sus viejos y los cuatro pibes. Nadie más entra a menos que yo te avise, ¿entendiste? Si no te aviso, no entra nadie más. -

- Sí, Tini. Como vos digas - respondió el guardia, serio.

Tini cerró la puerta y se volvió a mirar al espejo, sonriendo con picardía. Sabía que el VIP incluía fans y también a esos cuatro tipos que había visto en la lista. 

Las nenas entraron primero, nerviosas como nunca. Eran tres chicas de 15 o 16 años con sus padres, temblando de la emoción.

- ¡Ay, Tini! ¡No puedo creer que estés acá! - dijo una de ellas, casi llorando.

Tini las recibió con abrazos calurosos, riendo, firmando autógrafos y sacándose fotos con cada una. Estaba cariñosa, hablándoles con cariño, preguntándoles qué tema era su favorito y contándoles anécdotas del show. Los padres sonreían, agradecidos.

Los cuatro pibes, Nicolás, Martín, Bruno y Marcos, esperaban afuera, fingiendo calma. Nicolás era el más fanático, de esos que conocían todas las canciones, todos los outfits y cada movimiento de Tini. Martín y Bruno eran seguidores casuales, pero los tres juntos habían arrastrado a Marcos, que no escuchaba su música pero que, como los demás, se había quedado con la boca abierta viendo el cuerpo de Tini en el escenario.

- Dejemos pasar primero a las nenas - dijo Nicolás en voz baja a sus amigos, con una sonrisa cómplice. - Así quedamos nosotros para el final. -

- Buena idea - contestó Bruno, ya con la pija medio dura solo de imaginarlo.

Cuando las chicas y sus padres terminaron y salieron del camarín, contentas y emocionadas, los cuatro pibes se miraron con cara de "nos toca a nosotros".

El guardia los miró. - ¿Están todos juntos? -

- Sí, venimos juntos - respondió Marcos rápido.

Desde adentro, Tini asomó la cabeza y le hizo señas al guardia con la mano.

- Dejalos pasar - dijo con una sonrisa.

Los cuatro pibes entraron al camarín y Tini los recibió con esa sonrisa profesional que usaba con todos los fans. El lugar olía a perfume caro mezclado con el sudor dulce de su cuerpo después del show. Ella seguía parada frente al espejo grande, acomodándose el pelo rubio largo con una mano mientras los miraba.

- ¿Qué tal, chicos? ¿Les gustó el show? - preguntó con voz cálida, acercándose un poco. - Cuentenme, ¿cuál fue tu tema favorito de esta noche? -

Nicolás se puso colorado pero respondió rápido, emocionado: - Todo estuvo increíble, Tini. Pero “Muñecas” me mató… la bailaste como nadie. Te sigo desde el principio, boluda, conozco todas tus letras. -

Tini se rio, halagada, y le tocó el brazo. - Mirá vos, un verdadero fan. -

Martín y Bruno se rieron nerviosos, y Marcos solo sonrió de costado, sin disimular mucho que la estaba comiendo con la mirada. Empezaron a charlar del recital, de lo eufórica que se la vio en el escenario y de lo increíble que sonaba en vivo. Mientras hablaban, Tini se movía por el camarín preparando el celular para una foto grupal.

- Bueno, vamos a sacarnos una foto juntos, ¿dale? Acérquense. -

Los chicos se fueron acomodando alrededor de ella. Tini quedó en el medio, frente al espejo, con su top negro ajustado marcándole las tetas y el shortcito de cuero con tachas apenas cubriéndole el culo redondo y firme. De repente, mientras se acomodaban, Marcos se pegó fuerte por detrás “sin querer”. Tini sintió clarito cómo la pija semidura de él se le clavaba contra el culo, presionando entre las nalgas por encima del short.

Ella se tensó un segundo pero no dijo nada, solo siguió sonriendo como si nada.

Un segundo después, Bruno, que estaba a su lado, le pasó la mano disimuladamente por el culo, apretándole una nalga con los dedos. Tini lo sintió perfecto, pero fingió que no pasaba nada, acomodándose el pelo y mirando al espejo.

- A ver, sonrían… - dijo ella levantando el celular para sacar la selfie.

En el momento exacto de la foto, sintió dos manos más tocándola: una en la cintura baja, casi metiéndose bajo el short, y otra rozándole la teta por el costado. Además, otra pija dura se le apoyó contra el muslo. Tini respiró hondo, el corazón le latía fuerte. Ya no había duda.

Sacó la foto y bajó el celular. Se quedó un segundo en silencio, mirándolos uno por uno a través del espejo. Los chicos intentaron actuar normal, pero se les notaba la excitación.

- Ya está, chicos… sé perfectamente lo que están haciendo - dijo Tini de repente, con voz seria pero calmada. - No soy boluda. Me di cuenta desde el primer roce. Uno con la pija contra mi culo, el otro tocándome el orto… y ahora todos tratando de sentirme. ¿Pensaban que no me iba a dar cuenta? -

Los cuatro se pusieron pálidos. Nicolás empezó a balbucear: - Tini, perdón… fue sin querer, no queríamos faltarte el respeto… -

- Sí, boluda, disculpanos - agregó Martín, nervioso.

Tini los miró con una mezcla de diversión y deseo. Hizo una pausa larga, dejándolos sufrir un poco, y luego sonrió con esa sonrisa sucia que tanto le gustaba verse en el espejo.

- Cállense la boca - les dijo firme. - Están de suerte, hijos de puta. Después de los shows me quedo re caliente, con la concha mojada y necesitando que me den duro. Así que… ¿esto es lo que querían? ¿Querían cogerme? -

Los cuatro se quedaron mudos un segundo, incrédulos. Nicolás fue el primero en reaccionar: - Sí… la puta madre, sí queremos. -

- Sí, Tini - dijeron los demás casi al mismo tiempo.

Ella se mordió el labio inferior y se acercó despacio, contoneando las caderas. Empezó suave, como había prometido. Se paró frente a Nicolás primero y lo besó en la boca, metiéndole la lengua despacio mientras le pasaba la mano por el pecho y bajaba hasta apretarle la pija por encima del pantalón. Después pasó a Bruno, besándolo más sucio, mordiéndole el labio mientras le tocaba el bulto. Martín y Marcos recibieron el mismo tratamiento: besos calientes, manos traviesas por encima de la ropa, apretándoles las pijas que ya estaban duras como piedras.

- Desvístanse de a poco, quiero verlos - ordenó con voz ronca, admirando sus cuerpos mientras ellos se sacaban las remeras y empezaban a bajarse los pantalones.

Los cuatro pibes ya estaban completamente desnudos frente a ella, sus pijas duras apuntando hacia arriba, palpitando de excitación. Nicolás tenía una bien gruesa y venosa, Martín una más larga y curva, Bruno gruesa y con la cabeza hinchada, y Marcos la tenía bien dura y recta. Tini los miró de arriba abajo, admirando sus cuerpos jóvenes y sus vergas listas para ella.

- Miren lo que tengo acá… cuatro pijas ricas para mí sola - murmuró con voz ronca, mordiéndose el labio mientras se arrodillaba lentamente frente al espejo grande.

Se puso de rodillas sobre la alfombra del camarín. Los chicos la rodearon en semicírculo. Tini tomó la pija de Nicolás con una mano y la de Bruno con la otra, apretándolas firme mientras las masturbaba despacio.

- Qué ricas que están… duras y calientes - dijo admirándolas. - Ustedes son unos hijos de puta suertudos, ¿sabían? -

Empezó a chupar. Primero se metió la de Nicolás en la boca, bajando hasta la mitad mientras gemía, la lengua girando alrededor de la cabeza. Al mismo tiempo, le pajeaba a Bruno con movimientos rápidos y húmedos. Después alternó: sacó la de Nicolás con un “plop” sonoro y se tragó la de Bruno, chupando con fuerza, babeando todo.

- Mmm… Dios, Tini… sos una diosa - gruñó Nicolás, mirándola desde arriba.

Ella levantó la vista hacia el espejo y se excitó más al verse: arrodillada, con dos pijas en las manos y una en la boca, el maquillaje empezando a corrérsele un poco. Cambió y se metió dos al mismo tiempo: la cabeza de Nicolás y la de Martín, abriendo bien la boca, lamiendo ambas vergas juntas mientras babeaba abundantemente.

- Así, miren cómo me atraganto con sus pijas… ¿les gusta verme así de puta, no? - dijo riendo sucia, con hilos de saliva colgando de sus labios.

Los chicos gemían fuerte. Tini pasaba de una a otra, haciendo chupadas dobles y triples, metiéndose dos o tres pijas a la vez contra sus mejillas, lamiendo los huevos de uno mientras pajeaba a los otros dos. El sonido era obsceno: lamidas húmedas, gemidos y el chapoteo de su saliva.

De repente, Nicolás levantó su celular y empezó a grabar. El flash de la cámara iluminó la escena mientras Tini se estaba atragantando profundo con la pija de Marcos, la garganta apretándola, los ojos lagrimosos pero llenos de placer. Al mismo tiempo pajeaba rápido a Martín y Bruno.

Tini sacó la pija de la boca con un gemido gutural, riendo con la voz ronca y sucia: - ¿Estás grabando, Nicolás? Mirá vos… podés grabar todo lo que quieras, pervertido. Sacá fotos también. Pero escúchenme bien, boludos: esto se queda entre nosotros. Si se filtra algo, aunque sea un segundo, les voy a hacer la vida imposible. ¿Entendido? Guárdenselo para pajearse pensando en mí después. -

- Sí, Tini… no vamos a subir nada, te lo juro - respondió Nicolás, jadeando mientras seguía grabando cómo ella volvía a chuparle la pija con ganas, mirándolo directo a la cámara con ojos de puta.

- Buena puta… seguí chupando así - agregó Marcos, agarrándola del pelo rubio con suavidad.

Tini se dedicó a los cuatro durante varios minutos, turnándolos, chupando profundo, lamiendo desde los huevos hasta la punta, haciendo que cada uno sintiera su boca caliente y experta. Escupía, babeaba y gemía como una loca, mirándose todo el tiempo en el espejo.

- Me encanta verme con cuatro pijas en la cara… soy una puta cuando termino de cantar - decía entre mamada y mamada.

Después de un buen rato, Tini se puso de pie, todavía con las manos ocupadas: masturbaba con fuerza la pija de Nicolás mientras besaba sucio a Bruno, metiéndole la lengua hasta la garganta. Los otros dos no perdieron tiempo. Entre todos empezaron a desvestirla.

Martín le sacó el top negro por arriba, liberando sus tetas firmes y redondas, los pezones duros como piedras. Bruno y Marcos le bajaron el shortcito de cuero con tachas por las piernas, dejándola solo con una mini tanga negra diminuta que apenas cubría su concha depilada y ya mojada.

- Qué cuerpo de diosa, la puta madre… - susurró Martín admirado, apretándole las tetas.

- Miren estos tatuajes… y esta concha que ya está empapada - dijo Bruno, metiendo una mano entre sus piernas y frotándole el clítoris por encima de la tanga.

Tini gimió fuerte y cambió de pija: ahora chupaba la de Marcos mientras pajeaba a Nicolás. Los chicos la tocaron por todos lados: le chuparon los pezones con hambre, mordiéndolos suave y tironeando, le metieron dedos en la concha, frotando su punto G mientras ella se retorcía de placer.

- Ay, sí… metanme los dedos, hijos de puta… toquen a su puta favorita - gemía Tini, la voz entrecortada.

La pusieron a cuatro patas sobre el sofá amplio del camarín. Su culo perfecto quedó en pompa, la mini tanga negra metida entre las nalgas. Tini arqueó la espalda, mirándose en el espejo de reojo.

- Así me gusta… tratenme como la puta que soy - pidió con voz suplicante y caliente.

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Los chicos no paraban de elogiarla y degradarla al mismo tiempo.

- Sos una diosa, Tini… pero mirá cómo estás, pidiendo pija como una cualquiera - gruñó Nicolás.

- ¿Qué esperan, boludos? Vengan a cogerme - suplicó con voz ronca, moviendo el culo en círculos lentos.

Nicolás no se hizo rogar. Se arrodilló detrás de ella, le quitó la tanga y le metió dos dedos primero, sintiendo lo mojada que estaba.

- La concha más linda de Argentina, Tini… está chorreando, hija de puta - gruñó, admirándola.

Empujó la cabeza gruesa de su pija contra su entrada y entró de un solo golpe profundo. Tini soltó un gemido largo y gutural, arqueando la espalda.

- ¡Ay, sí! ¡Qué gruesa, Nicolás! Metémela toda, carajo… - gritó, empujando hacia atrás contra él.

Al mismo tiempo, Bruno se paró frente a ella, agarrándola del pelo y metiéndole la pija en la boca hasta el fondo. Tini se atragantó un poco pero abrió bien la garganta, chupando con hambre mientras sus ojos lagrimosos miraban hacia el espejo. Martín y Marcos se pusieron a los costados, cada uno con una mano de Tini pajeándoles las pijas duras y calientes.

Los sonidos llenaron el camarín: el “plap plap plap” húmedo de Nicolás cogiéndosela fuerte por atrás, los sonidpd obscenos de Tini chupándosela a Bruno, y los gemidos de todos mezclados.

- Mirate en el espejo, Tini… mirá cómo te estamos usando - le dijo Marcos, dándole una nalgada fuerte que resonó en la habitación. - Esa carita de ángel en el escenario y ahora estás hecha una puta total. -

Tini sacó la pija de Bruno un segundo, babeando grueso, y jadeó: - Sí… soy su puta esta noche. Cógeme más duro, Nicolás… haceme sentir cada centímetro. Y vos, Bruno, metémela hasta la garganta… quiero atragantarme con sus pijas. -

Nicolás la agarró de las caderas y aceleró, sus huevos golpeando contra el clítoris de ella con cada embestida. El sudor les corría por el cuerpo a todos. Tini sentía la pija de Nicolás abriéndola, rozando justo ese punto que la volvía loca. Mientras tanto, no paraba de pajear a Martín y Marcos con movimientos rápidos y firmes, girando la muñeca en la cabeza de sus vergas.

- ¡Qué buena que estás, la puta madre! - gemía Martín. - Estas tetas rebotando… estos tatuajes… sos perfecta, me encanta lo trola que te ponés. -

Bruno le agarró la cabeza con las dos manos y empezó a follarle la boca con ritmo, empujando profundo. Tini tenía arcadas pero no se quejaba; al contrario, gemía alrededor de la pija y pedía más con la mirada. El espejo reflejaba todo: su maquillaje ya corrido, el rímel manchándole las mejillas, el pelo hecho un desastre y su cuerpo siendo usado por cuatro pibes jóvenes y calientes.

- Cambiemos - ordenó Tini entre gemidos, sacando la pija de Bruno. - Quiero a Marcos en la concha ahora. -

Marcos tomó el lugar de Nicolás. Su pija era más recta y entró fácil en la concha empapada de Tini, pero la embestía con fuerza salvaje, dándole nalgadas fuertes que le dejaban la piel roja.

- Tomá, puta… tomá toda mi pija - gruñía mientras la cogía. - Después del show sos una necesitada, ¿no? Mirá cómo te chorrea por las piernas. -

Tini gritaba de placer: - ¡Sí! ¡Cacheteame el orto más fuerte, Marcos! Tratame como una puta barata… -

Martín se puso adelante y le metió la pija en la boca. Ahora era doble penetración otra vez: Marcos en la concha y Martín en la boca, mientras ella pajeaba a Nicolás y Bruno. El sofá crujía con cada embestida. El olor a sexo era intenso: sudor, concha mojada, saliva y pijas calientes llenaban el aire.

Desde afuera, el guardia de seguridad escuchaba todo perfectamente. Los gemidos altos de Tini, las palmadas en el culo, los insultos sucios y los sonidos húmedos de carne contra carne. Tenía la cara roja y la pija dura dentro del pantalón, pero las órdenes de Tini eran claras: no entrar a menos que ella lo pidiera expresamente. Se quedó quieto, tragando saliva, imaginando la escena.

Tini, como si supiera que él estaba ahí, gritó más fuerte: - ¡Sí, cogeme así! ¡Soy la puta de ustedes cuatro! ¡No paren, carajo! -

Los chicos la levantaron entre todos. Nicolás y Bruno la cargaron, sosteniéndola en el aire. La pusieron contra la pared, de frente al espejo. Marcos se colocó detrás y le metió la pija en la concha otra vez, cogiéndola de pie mientras ella rodeaba su cintura con las piernas. Bruno se puso al lado y le metió la pija en la boca.

- Mira como te gusta, diosa - dijo Nicolás, grabando con el celular otra vez. - Mirate cómo te agarran y te rompen. -

Tini gemía alrededor de la pija de Bruno: - Mmm… sí… rómpanme… quiero sentirlas profundo… -

El sudor les caía por la espalda. Marcos la cogía con fuerza, levantándola un poco con cada embestida. Sus tetas rebotaban contra el pecho de él. Le dieron unas nalgadas más y Bruno le apretó suavemente el cuello con una mano, controlando el ritmo de la chupada.

- Sos una reina en el escenario y una puta en el camarín… me encanta - susurró Bruno, admirándola.

La bajaron y la pusieron sobre la mesa de maquillaje, tirando algunos productos al piso.

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 Tini quedó boca arriba, las piernas abiertas. Martín se metió entre sus piernas y empezó a cogérsela fuerte, mientras Nicolás le follaba la boca desde arriba. Los otros dos le chupaban las tetas y le pellizcaban los pezones.

- ¡Ay, la concha me arde de lo buena que está! - gritaba Tini cuando sacaba la pija un segundo. - Metanme más dedos… quiero que me llenen. -

Empezaron con doble penetración real: uno en la concha y otro intentando en el culo. Primero Marcos en la concha y Bruno lubricando su culito con saliva y dedos. Tini pedía: - Despacio al principio… pero después métanmela toda en el orto también. Quiero sentirme llena como una verdadera puta. -

Bruno entró lento en su culo. Tini soltó un gemido largo y profundo, agarrándose del borde de la mesa.

- ¡La puta madre, qué bien se siente! Dos pijas adentro… no paren, hijos de puta… cójanme como se les canta. -

Los movimientos sincronizados eran brutales pero placenteros. Sonidos húmedos, palmadas, sudor chorreando, el espejo empañándose un poco por el calor. Su pelo rubio estaba pegado a la cara, el maquillaje completamente corrido, los labios hinchados de tanto chupar.

- Cambien de agujero - ordenó ella, jadeando. - Quiero que se corran adentro y afuera. -

Nicolás la penetró en la concha mientras Martín le cogía la boca. Marcos y Bruno se turnaban para pajearse sobre sus tetas. Le dieron varias corridas: uno se corrió adentro de su concha, llenándola de semen caliente que empezó a chorrear por sus muslos. Otro le pintó la cara con gruesos chorros blancos, manchándole las mejillas y los labios.

- Tomá, Tini… toda mi leche para vos - gruñía cada uno.

Ella se tocaba el clítoris mientras la cogían, corriéndose varias veces, temblando y gritando insultos mezclados con gemidos: - ¡Me corro, boludos! ¡Sigan llenándome…! -

La escena siguió durante varios minutos más: la cambiaban de posición, la cogían contra la pared otra vez, la ponían de nuevo en la mesa, siempre con al menos dos pijas dentro de ella, mientras ella masturbaba a los otros. Sudor, olor a sexo puro, fluidos por todos lados, nalgadas que le dejaban marcas rojas en el culo perfecto.

- Sos increíble… la mejor puta que vamos a tener en la vida - le decía Nicolás entre embestidas.

- ¡Vamos, boludos! ¡Corranse encima de mí como la puta que soy! - gritó Tini con la voz ronca, arqueando la espalda y abriendo bien las piernas mientras Martín la penetraba profundo en la concha. - Quiero sentir su leche caliente por todos lados… en la cara, en las tetas, en el culo… ¡como les dé la gana! -

Nicolás fue el primero en sacar la pija. Se paró al lado de ella, pajeándose rápido, la cara roja de esfuerzo.

- Sos una diosa, Tini… mirá ese cuerpo… - jadeó admirándola. - Tomá, puta… ¡acá tenés! -

Gruñó fuerte y soltó varios chorros gruesos y calientes que le cayeron directo en las tetas firmes, pintando sus pezones rosados de blanco espeso. Tini gimió de placer, agarrándose las tetas y esparciendo el semen con las manos.

- Mmm… qué rica está tu leche, Nicolás… seguí, no pares… pintame toda. -

Bruno tomó su lugar en la concha de Tini, embistiéndola con fuerza mientras los otros se pajeaban alrededor. Le dio unas nalgadas fuertes que resonaron en el camarín.

- Plap… plap… plap… ¡Tomá, Tini! Ese culo perfecto de cantante… ahora es mío - gruñó, admirando cómo rebotaba su carne. - Sos la mujer más caliente de Argentina... mirate, llena de semen. -

Tini se corrió de nuevo, temblando entera, apretando la concha alrededor de la pija de Bruno.

- ¡Me corro otra vez! ¡No paren…! -

Bruno sacó la pija justo a tiempo y le apuntó a la cara. El primer chorro le dio en la mejilla, el segundo en los labios entreabiertos y el tercero le cayó en la frente, mezclándose con el rímel corrido. Tini sacó la lengua, lamiendo lo que podía, riendo sucia.

- Qué rico… más… quiero más leche de mis fans… -

Marcos la dio vuelta rápido, poniéndola a cuatro patas otra vez sobre la mesa. Le metió la pija en el culo de un empujón, ahora más fácil por lo lubricada que estaba. La cogía con ritmo salvaje, agarrándola del pelo rubio como riendas.

- Mirate en el espejo, Tini… mirá cómo te estoy rompiendo el orto - le ordenó.

- ¡Sí! ¡Mirame! ¡Soy su puta! ¡Cógeme el culo más fuerte, Marcos! - suplicaba ella, empujando hacia atrás, los ojos fijos en su reflejo degradado y excitante.

Martín se puso adelante y le metió la pija en la boca otra vez. Doble penetración anal y oral mientras Nicolás y Bruno le manoseaban las tetas y le pellizcaban los pezones cubiertos de semen. 

- Cambien otra vez - pidió Tini cuando sacaba la pija de la boca, babeando y tosiendo un poco. - Quiero que todos se corran encima mío ahora.  -

Los cuatro se turnaron durante los siguientes minutos. Nicolás la penetró en la concha mientras Bruno le metía dos dedos en el culo. Le dieron nalgadas y un la apretaban del cuello suave, justo lo suficiente para que gimiera más alto.

- Sos increíble… la mejor concha que probé - decía Nicolás entre embestidas. 

- Sí… soy una puta necesitada… llénenme, por favor… - respondía ella, los ojos vidriosos de placer.

La bajaron y la pusieron de rodillas otra vez frente al espejo. Los cuatro la rodearon, pajeándose frenéticamente. Tini los miraba a todos con esa mezcla de admiración y deseo sucio.

- Vamos, chicos… córnanse en su puta favorita. Pintenme la cara, las tetas, el culo… quiero estar cubierta de ustedes. -

Martín fue el siguiente. Le apuntó a la boca abierta y soltó chorros potentes que le llenaron la lengua y le chorrearon por la barbilla.

- Tomá toda mi corrida, Tini… tragá un poco -

Ella tragó obediente, sonriendo, y abrió más la boca pidiendo más. Bruno le pintó las tetas, esparciéndolo con la cabeza de su pija. Marcos, desde atrás, se corrió en el culo y la espalda baja, los chorros calientes cayendo sobre sus nalgas. Nicolás, el más fanático, se guardó para el final: le agarró la cara con una mano y le descargó directo en la frente y los ojos, cegándola parcialmente de placer.

Tini quedó arrodillada, exhausta pero radiante, el cuerpo entero cubierto de semen: cara, pelo, tetas, abdomen, culo y muslos. Gotas blancas y espesas le chorreaban por todos lados. 

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Se miró en el espejo y soltó una risa satisfecha, pasando las manos por su cuerpo y esparciendo la leche. - La puta madre… qué noche… - murmuró, lamiéndose los labios. - Gracias, boludos… me hicieron sentir como una verdadera diosa y una puta al mismo tiempo. Ahora están exhaustos, ¿no? Miren cómo jadean. -

Los cuatro chicos estaban tirados por el camarín, respirando agitados, las pijas todavía semi-duras y brillantes de fluidos. Sudados, con las piernas temblando.

- Tini… sos una leyenda - dijo Nicolás.

Ella se puso de pie despacio, el semen corriendo por su piel. Les dio un beso a cada uno en la boca, sucio y profundo, compartiendo el sabor de sus propias corridas.

- Gracias por cogerme así, chicos. Fue tremendo. Pero ahora tienen que irse. El guardia está afuera y no quiero que se arme quilombo. Fuera del camarín, dale. -

Les dio un último beso a cada uno, largo y con lengua. Cuando llegaron a la puerta, Tini miró a Nicolás.

- Vos quedate un segundo, Nico. Ya que sos el fanático de verdad… te voy a dar un autógrafo especial. -

Los otros tres salieron, todavía aturdidos y felices, cerrando la puerta detrás de ellos. Tini, completamente desnuda salvo por algunas gotas de semen, se puso la tanga negra diminuta otra vez, metiéndola entre sus nalgas cubiertas de semen. Buscó en un cajón papel y una lapicera, inclinándose sobre la mesa.

Nicolás se acercó por detrás, todavía desnudo, y la manoseó sin vergüenza. Le apretó las tetas desde atrás, esparciendo el semen que tenía encima, le besó la espalda y el cuello.

- Gracias, Tini… no sabés lo que significó cogerte. Sos mi fantasía desde hace años. Me encantó romperte la concha y el culo… sos una puta increíble - susurró mientras le cacheteaba el culo suavemente.

Tini se rio, escribiendo el autógrafo con letra prolija: “Para Nicolás, mi fan más fiel. Gracias por hacerme sentir tan puta esta noche. Con amor, Tini 💋”

- Tomá, boludo - le dijo entregándoselo, girándose y dándole un beso en los labios. - Gracias a vos y a los chicos por esta noche tremenda. Me dejaron destruida pero feliz. -

Nicolás siguió manoseándola: le metió una mano dentro de la tanga, frotándole la concha sensible y llena de semen, le apretó las tetas y le dio varias nalgadas suaves.

- No quiero irme… - murmuró.

- Dale, un último beso y chau - dijo Tini riendo.

El beso fue caliente, sucio y largo. Lenguas enredadas, saliva mezclada con semen, manos tocando todo. Al separarse, Tini se bajó la mini tanga negra, todavía húmeda de sus fluidos y semen, y se la entregó.

- Tomá, te la merecés. Guardala y pajéate pensando en mí. -

Nicolás la guardó con una sonrisa enorme. Se vistió rápido y salió del camarín.

Afuera se reunió con Martín, Bruno y Marcos, que lo esperaban ansiosos.

- ¿Qué pasó, boludo? ¿Te dio algo especial? - preguntó Bruno.

Nicolás mostró el autógrafo con orgullo. - Miren esto. Un autógrafo personalizado. Fue genial charlar un rato más con ella. -

Guardó en secreto todo lo que había pasado cuando se quedaron solos: las manos en sus tetas, los besos en la espalda, la tanga mojada en su bolsillo. Sonrió para sí mismo mientras caminaban por el pasillo, todavía oliendo a sexo y con la imagen de Tini cubierta de semen fresca en la memoria.

Tini, sola en el camarín, se miró una última vez en el espejo. Sonrió satisfecha, el cuerpo marcado, lleno y feliz.

- Qué noche de mierda… la mejor después de un show - murmuró, empezando a limpiarse despacio.

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