Después de estar cogiéndome durante horas, el muy maldito hijo de puta me tenía parada al lado de la cama de mis padres, apoyada con la mitad del cuerpo sobre el colchón y las piernas temblorosas en el suelo. Me metía la verga a pura fuerza bruta, desgarrándome el culo sin un segundo de tregua.
— Decime cómo disfrutás que te rompa el orto, dale, hablá, perra. Me dijo Braian con tono prepotente, dándome un golpe seco de pelvis contra las nalgas.
— ¡No estoy disfrutando nada, hijo de puta, me estás matando por dentro! Le dije entre lágrimas y gemidos de dolor, apretando las sábanas de mis viejos.
— Te me callás y me das las gracias por hacerte mi puta y abrirte el culo como te merecés. Me gritó él enojado, agarrándome del pelo para tirarme hacia atrás.
— ¡Andate al diablo, basura! Cuando vuelva a ser hom... Le dije, intentando hablar en medio del dolor insufrible.
— ¿¡A quién carajo interrumpís vos, pedazo de trola!? Me gritó él lleno de furia, cortándome la frase al instante por mi falta de respeto.
Sin darme tiempo a respirar, me manoteó fuerte de las caderas y me empezó a dar el doble de fuerte y profundo por el culo, hundiéndome sus 23 cm de golpe hasta hacerme ver estrellas.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡POR FAVOR, PARÁ, ME ESTÁS ROMPIENDO TODA! Le aullé deshecha, sintiendo que la carne anal se me abría en vivo.
— Mirá cómo me apretás la verga con ese orto, en cualquier momento te la vuelco toda adentro. Me dijo él con una risa macabra.
— P-por favor... p-pará... no te c-corras... Le dije tartamudeando, exhausta y sin aire.
— ¿Viste cómo te gusta que me corra adentro? Mirá cómo pedís que siga, pedazo de perra. Me humilló el maldito, dándole la vuelta a todo lo que yo decía para usarlo en mi contra mientras me la metía bien profundo.
De golpe, me agarró del cuello con una mano ruda, tirándome la cabeza hacia atrás para mirarme fijamente.
— Elegí rápido, trola: ¿dónde querés que me corra, en tu vagina o en tu culo? Me dijo con una sonrisa sádica.
— Sos un maldito... ¿¡qué pasaría si me dejás embarazada!? ¡Correte en mi cara, en mis tetas o afuera, te lo suplico! Le dije llorando desesperada.
— Ni en pedo me corro afuera, ahora quiero adentro. O elegís vos o elijo yo, perra. Me gritó él, pegándome una estocada brutal.
— No, por favor... elegí vos pero afuera... Le rogué con la voz quebrada.
— Entonces me voy a correr bien adentro de tu vagina virgen y te voy a dejar un bombo. Me dijo él riéndose en mi cara.
— ¡¡NO! ¡En la concha no, por favor! ¡Correte en mi culo, te lo pido por favor! Le dije aterrada, prefiriendo el dolor antes que un embarazo.
— Vas a tener que rogarme bien y pedirme por favor si querés que te la tire en el orto, dale, empezá a suplicar. Me ordenó burlón.
— ¡Te lo ruego, Braian! ¡Por favor, correte en mi culo, te lo suplico! Le dije entre sollozos desgarradores.
— No te escucho nada, perra, pedímelo llorando. Me dijo él, dándome una sacudida que me hizo gritar.
— ¡Por favor te lo pido, échame todo el semen en el culo pero no me dejes embarazada! Le supliqué ahogándome en mis propias lágrimas.
— Rogá más fuerte, trola, decime que querés que te llene la cola de leche. Me exigió mi bully, disfrutando de mi humillación.
— ¡Ruego por tu leche en mi culo! ¡Por favor, Braian, hacé lo que quieras pero en la vagina no! Le dije totalmente quebrada.
— Pedímelo una vez más bien sumisa, perra barata. Me dijo él con tono dominante.
— ¡Por favor, te lo suplico de rodillas, correte en mi culo y no me arruines la vida! Le dije entregando todo mi orgullo.
— Así me gusta, perra, mirá cómo me pedís que te use. Me dijo él con una carcajada macabra.
Se agarró con rabia de mis caderas y, riéndose de mi desesperación, me hundió sus 23 cm de un solo viaje final en el culo.
— ¡¡¡AAAAAHHHHHHH! ¡AIAAAAH... NO TAN ADENTRO, POR FAVOR! Aullé descontrolada, sintiendo su semen hirviente dispararse y llenarme todo el interior mientras su verga palpitaba.
El maldito sacó su carne de golpe y un sonido húmedo de succión resonó fuerte en la habitación. Desplomada sobre la cama de mis padres, llevé una mano hacia atrás y abrí un poco mis nalgas para intentar limpiarme. Al mirar mis dedos, vi que los tenía cubiertos de su semen espeso y oloroso, mientras la marea caliente me chorreaba por las piernas.
— Mirá qué linda quedaste, con el culo todo abierto, deformado y lleno de mi leche. Me dijo Braian riéndose a carcajadas de mi estado.
Quedé tirada en esa posición humillante, con el culo expuesto, sin sentir las piernas, totalmente rota por dentro y con la dignidad hecha pedazos en la pieza de mis viejos.

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Llevaba horas sepultada bajo su cuerpo, apoyada boca arriba en la cama de mis padres, con las piernas abiertas de par en par y completamente expuesta. Braian me cogía de forma dura y salvaje, hundiéndome sus 23 cm en mi vagina virgen sin un solo segundo de piedad, haciendo que el colchón crujiera con cada golpe seco de su pelvis contra mis muslos.
— ¿Qué pasa, trola? ¿Te duele mi verga acá adentro? Me dijo Braian con una sonrisa sádica, burlándose en mi cara mientras me clavaba todo el grosor de nuevo.
— N-no... ni la siento... Le dije con la voz rota y ahogándome en lágrimas, mintiéndole a la cara porque me negaba a darle el gusto de que disfrutara con mi sufrimiento.
— Sí, claro, hacete la guapa... Los dos sabemos bien cómo te estoy expandiendo y partiendo al medio esa concha virgen con mis 23 centímetros. Me respondió él, largando una carcajada cruenta mientras aceleraba las embestidas al límite.
— ¡AIAAAAH! ¡Pará un poco, hijo de puta! Le aullé deshecha, apretando las sábanas de mis viejos con rabia mientras sentía la piel estirárseme en vivo.
Sin aflojar ni un milímetro, el maldito dio un empujón seco y se corrió adentro mío. Sentí su verga gorda palpitar en lo más profundo de mis entrañas y los chorros hirvientes de su semen dispararse directamente contra mi útero. Por puro instinto y por la sobreestimulación brutal de la carne, mi cuerpo traidor colapsó y me hizo llegar a un orgasmo involuntario, haciéndome temblar de cabeza a pies.
— Mirá cómo te chorrea el orgasmo mientras te la lleno toda, perra... Te encantó que te la ponga bien adentro. Me humilló mi bully, riéndose a gritos de mis espasmos.
— ¡No! ¡Es mentira, no me gustó nada! ¡Sos un asqueroso de mierda! Le dije negando desesperada, llorando de pura rabia y vergüenza por la reacción de mi cuerpo.
El chabón apoyó una de sus manos rudas sobre mi panza, haciendo presión hacia abajo mientras se sacaba despacio su verga de mi vagina adolorida. Levanté la cabeza como pude para mirar la escena y vi cómo su carne salía cubierta de semen y de mis propios fluidos. En ese segundo, la cruda realidad me golpeó de lleno: el hijo de puta se había corrido totalmente adentro mío. Dejé caer la cabeza contra la almohada, deshecha por dentro, llorando sin parar mientras un pánico atroz me recorría el pecho.
— ¡Ah, qué rico estuvo esto, por favor! Qué buena concha que tenés ahora, Marcos. Me dijo él con aire sobrador, limpiándose con la sábana de mis padres.
— ¡Que te pudras, basura! ¿¡Qué mierda pasa si me dejás embarazada!? Le dije gritándole entre sollozos, aterrada por lo que se me venía.
— A mí no me reclames nada, trola, yo no voy a criar ni a mantener un hijo de una puta barata como vos. Me respondió él con desprecio total, mirándome desde arriba.
— ¿¡Cómo que no vas a hacerte cargo!? ¡El pibe sería tuyo, pedazo de monstruo! Le dije llorando fuera de sí, sintiendo el líquido tibio acumulado adentro mío.
— Te lo aclaro desde ya: si te queda un bombo ahí adentro, es pura responsabilidad tuya por andar regalada como una perra en la calle. Me dijo él con tono frío y tajante.
— ¡Sos un hijo de re mil puta! ¡Vos me agarraste a la fuerza y te corriste adentro mío sin escucharme! Le dije con el pecho agitado y la voz quebrada por el dolor.
— A la justicia o a quien sea le va a importar un carajo, si todos en el barrio saben la clase de trola que sos. Me gritó él, pegándome una nalgada seca sobre la pierna expuesta.
— ¡No podés ser tan desalmado! Me arruinaste la vida, sos lo peor que me pasó en el mundo. Le dije ahogándome en mis propias lágrimas, sintiendo la humillación quemándome la piel.
— Si te quedás embarazada, te arreglás sola, te lo pagás vos o te lo criás vos, porque yo ni en pedo te voy a dar un solo peso. Me dijo él, remarcando cada palabra con un desprecio absoluto.
— Te odio... te odio con toda mi alma, ojalá te mueras, Braian. Le dije con la voz rota, sin fuerzas ni para intentar moverme de la cama.
— Odiame todo lo que quieras, pero la leche la tenés bien adentro de la concha y no te la saca nadie. Me sentenció mi bully, riéndose en mi cara sin ningún tipo de culpa.
Mientras él se acomodaba la ropa deportiva, me quedé pensando para mis adentros cómo este maldito de mierda, el mismo que me había humillado y torturado toda la vida en la escuela, me había arruinado la existencia por completo. Me convirtió en esto, me usó como quiso, me cogió brutalmente y se corrió adentro mío sin importarle nada de mi futuro. Y encima tenía el descaro de decirme todas esas barbaridades con la mayor frialdad del mundo.
— Qué linda que te ves así, pedazo de puta, bien abierta de piernas boca arriba, con la concha rota y chorreando toda mi leche por el colchón de tus viejos. Me dijo Braian con una carcajada hiriente, disfrutando de mi estado de destrucción total.
— ¡Andate a la mierda, sos un enfermo de mierda, andate de mi casa! Le dije insultándolo con la poca fuerza que me quedaba, mientras cerraba los ojos de la vergüenza.
— De acá me voy cuando quiero, trola, y acordate bien que esta no va a ser la última vez que me sirvas de basurero. Me lanzó él con una última risa burlona, dejándome tirada, rota, con la vagina expuesta y chorreando su semen sobre la cama.

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Llevaba horas en cuatro sobre el colchón mugriento, como una perra sumisa, rota y humillada. Mi culo estaba superabierto, deformado y destrozado por la verga de 23 centímetros de este hijo de puta, que no paraba de embestirme con una furia desalmada.
— Mirá cómo te dejé ese orto, pedazo de trola, me acuerdo de lo virgen, cerrado y apretado que lo tenías antes de que te lo agarrara yo. Me dijo Braian con aire sobrador, dándole un impacto seco a mi pelvis.
— S-sos un h-hijo de p-puta... Le dije t-tartamudeando, apenas pudiendo hablar por el dolor insufrible.
— Dame las gracias por abrirte el culo y por tomarme el trabajo de usarte como mi perra, dale. Me gritó él enojado, agarrándome del pelo con violencia.
— ¡A-andate a la m-mierda, b-basura! Le dije insultándolo con la voz quebrada y la cara pegada a la almohada.
— ¿¡A quién mandás a la mierda vos, pedazo de puta!? Me gritó él lleno de rabia.
Sin dudarlo un segundo, me manoteó firme de la cintura y empezó a cogerme el doble de duro y profundo por el culo para castigarme por mi falta de respeto.
— ¡¡¡AAAAAHHHHH! ¡N-NO, POR FAVOR! Le aullé deshecha, sintiendo la carne desgarrárseme en vivo.
— ¡Gritá bien fuerte, trola, que así me gusta ver cómo te rompo toda! Me dijo él con una risa macabra.
— ¡P-pará... p-por favor, te lo s-suplico! Le rogué llorando sin parar, sintiendo que mi cuerpo colapsaba.
— Si querés que pare de darte, me vas a tener que rogar bien sumisa que me corra adentro tuyo de una vez. Me ordenó burlón.
— ¡N-ni en p-pedo te p-pido eso, sos un m-monstruo! Le dije entre sollozos, tratando de no ceder.
— ¿Ah, no? Entonces te sigo rompiendo el orto hasta que te desmayes. Me respondió él, acelerando el ritmo sin piadosos límites.
— ¡¡AIAAAAH! ¡P-por favor, B-braian! Le supliqué ahogándome en mis propias lágrimas.
— Rogame, perra, o no paro más. Me dijo mi bully, disfrutando de cada uno de mis espasmos.
— ¡N-no aguanto m-más el dolor, me m-matás por d-dentro! Le grité, apretando las sábanas con bronca.
— Seguí llorando que no me importa un carajo tu sufrimiento. Me dijo él con desprecio total.
— ¡P-por piedad, B-braian, t-tené compasión! Le supliqué totalmente quebrada, sintiendo la humillación absoluta.
— La única piedad que te voy a tener es llenarte la cola de leche si me lo pedís bien de rodillas. Me repitió el maldito.
Con la mente destrozada y el dolor quemándome las entrañas, me tragué mi último resto de orgullo y acepté entregarme.
— E-está bien... t-te lo p-pido por f-favor... Le dije t-tartamudeando y t-temblando por completo.
— No te escucho nada, perra, rogá bien fuerte por mi semen. Me dijo él, dándome un tironazo rudo.
— ¡R-ruego por t-tu s-semen! ¡P-por favor c-correte adentro y s-sacámela! Le grité deshecha.
— Decilo de nuevo, no me convenciste, rrogá de verdad, trola. Me exigió con tono autoritario.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, B-braian, t-te lo s-suplico! Le dije llorando sin parar.
— Una vez más, bien fuerte para que me quede claro. Me ordenó riéndose en mi cara.
— ¡P-por f-favor, r-ruego p-por tu s-semen, h-hacé lo que q-quieras m-pero c-correte ya! Le supliqué humillada al máximo.
— Otra vez, dale, que todavía no te creo nada. Me dijo el muy hijo de puta.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, p-por f-favor t-te lo p-pido de c-cabeza! Le dije en un hilo de voz destrozado.
— Repetilo una vez más, perra barata. Me exigió riéndose de mi agonía.
— ¡R-ruego p-por tu s-semen, B-braian, c-correte y s-sacámela p-por f-favor! Le grité entregando toda mi dignidad.
— Una más y capaz te hago el favor. Me dijo él con sadismo.
— ¡P-por f-favor, R-ruego p-por tu l-leche en m-mi c-culo! Le supliqué quebrada por el agotamiento.
— Así me gusta, perra, ver cómo te humillás solita. Me dijo él convencido.
El chabón me sacó la verga despacio hasta dejar solo la cabeza afuera. Pensé por un segundo que al final me iba a tener piedad y a descargarse afuera, pero me equivoqué de lleno.
— Pensaste que zafabas, ¿no, trola? Me dijo con una risa hiriente.
Sin darme tiempo a reaccionar, el maldito me volvió a meter desde la cabeza hasta la base de un solo golpe salvaje, dejándomela enterrada en lo más profundo de mi culo.
— ¡¡¡AAAAAHHHHHHHH! Aullé descontrolada mientras sentía sus caderas chocar contra mis nalgas y su verga palpitar lanzando chorros hirvientes de semen que me llenaban la cola.
Después de descargarse por completo, me sacó su verga de golpe. Un grito ahogado de alivio absoluto se me escapó del pecho al sentir que por fin me quitaba esa masa de adentro.
— Dame las gracias por la cogida que te di, pedazo de perra. Me dijo Braian riéndose a carcajadas.
Aún en cuatro sobre la cama, abrí un poco las piernas y me di vuelta para mirarlo de costado, volteándolo a ver con un odio puro y profundo quemándome los ojos.
— P-pudrite... s-sos un m-monstruo de m-mierda... Le dije entre sollozos, viendo cómo mi culo quedaba completamente abierto, deformado y chorreando toda su leche caliente sobre el colchón.
— Mirá cómo te dejé esa cola, pedazo de trola, bien abierta y chorreando mi semen, servís solo para esto. Me sentenció mi bully con desprecio, riéndose en mi cara mientras yo quedaba destruida y humillada en la penumbra.

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Llevaba horas en cuatro sobre el colchón de mis viejos, como una perra destrozada, rota y humillada. Tenía la vagina superabierta y desgarrada por los 23 centímetros de este maldito, que no paraba de embestirme con salvajismo.
— Mirá cómo te dejé la concha, pedazo de trola, acordate de lo virgen, cerrada y apretada que la tenías antes de que te la agarrara yo. Me dijo Braian con aire sobrador, estampando su pelvis contra mis nalgas.
— S-sos un h-hijo de p-puta... Le dije t-tartamudeando, apenas pudiendo hablar por el dolor insufrible que me partía al medio.
— Dame las gracias por abrirte la concha y por tomarme el trabajo de usarla cuando se me cante, dale. Me gritó él enojado, agarrándome del pelo para tirarme la cabeza hacia atrás.
— ¡A-andate al d-diablo, b-basura de m-mierda! Le dije insultándolo con la voz quebrada y ahogada en llanto.
— ¿¡A quién mandás al diablo vos, pedazo de perra!? Me gritó él lleno de furia.
Sin piadosos límites, me agarró firme de la cintura y empezó a cogerme el doble de duro y profundo por la vagina para castigarme por mi falta de respeto.
— ¡¡¡AAAAAHHHHH! ¡N-NO, POR FAVOR! Aullé deshecha, sintiendo la carne quemarme por dentro.
— ¡Gritá bien fuerte, trola, que así me gusta ver cómo te abro toda! Me dijo él con una risa macabra.
— ¡P-pará... p-por favor, te lo s-suplico! Le rogué llorando sin parar, apretando las sábanas con rabia.
— Si querés que pare de darte, me vas a tener que rogar bien sumisa que me corra adentro tuyo de una vez. Me ordenó burlón.
— ¡N-ni en p-pedo te p-pido eso, sos un m-monstruo! Le dije tratando de resistirme, mordiéndome los labios.
— ¿Ah, no? Entonces te sigo rompiendo la concha hasta que no aguantes más. Me respondió él, acelerando las embestidas sin asco.
— ¡¡AIAAAAH! ¡P-por favor, B-braian! Le supliqué ahogándome en mis propias lágrimas.
— Rogame, perra, o te termino de hacer concha la vagina. Me dijo mi bully, disfrutando de cada uno de mis espasmos.
— ¡N-no aguanto m-más el dolor, me m-matás p-por dentro! Le grité deshecha.
— Seguí llorando, total a mí tu sufrimiento me importa un carajo. Me dijo él con desprecio total.
— ¡P-por piedad, B-braian, t-tené compasión! Le supliqué totalmente quebrada por el cansancio.
— La única piedad que te voy a tener es llenarte la concha de leche si me lo pedís de rodillas. Me repitió el maldito.
Con la mente arruinada y el cuerpo en pedazos, no me quedó otra que tragarme el orgullo.
— E-está bien... t-te lo p-pido por f-favor... Le dije t-tartamudeando y t-temblando por completo.
— No te escucho nada, perra, rogá bien fuerte por mi semen. Me dijo él, dándome una estocada brutal.
— ¡R-ruego por t-tu s-semen! ¡P-por favor c-correte adentro y s-sacámela! Le grité ahogada en llanto.
— Decilo de nuevo, no me convenciste, rrogá de verdad, trola. Me exigió autoritario.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, B-braian, t-te lo s-suplico! Le dije llorando sin consuelo.
— Una vez más, bien fuerte para que me quede claro. Me ordenó riéndose en mi cara.
— ¡P-por f-favor, r-ruego p-por tu s-semen, h-hacé lo que q-quieras m-pero c-correte ya! Le supliqué humillada.
— Otra vez, dale, que todavía no te creo nada. Me dijo el muy hijo de puta.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, p-por f-favor t-te lo p-pido! Le dije en un hilo de voz destrozado.
— Repetilo una vez más, perra barata. Me exigió disfrutando de mi agonía.
— ¡R-ruego p-por tu s-semen, B-braian, c-correte y s-sacámela p-por f-favor! Le grité entregando toda mi dignidad.
— Una más y capaz te hago el favor. Me dijo él con sadismo.
— ¡P-por f-favor, R-ruego p-por tu l-leche en m-mi v-vagina! Le supliqué quebrada por completo.
— Así me gusta, perra, ver cómo te humillás solita. Me dijo él convencido.
El chabón me sacó la verga despacio hasta dejar solo la cabeza afuera. Pensé por un segundo que al final me iba a tener piedad, pero me equivoqué de lleno. Me agarró un brazo, me lo puso a la fuerza atrás de la espalda y me volvió a meter los 23 cm de un solo viaje hasta lo más profundo de mi vagina, mientras se corría y me llenaba toda.
Solté un grito de alivio seco cuando por fin me sacó la verga chorreando semen.
— Dame las gracias por la cogida, pedazo de perra. Me dijo Braian riéndose de mi estado.
— G-gracias... Le dije humillada y destrozada desde el colchón.
El maldito me dio una nalgada seca, se rió en mi cara y se fue al pasillo acomodándose el pantalón. Quedé tirada de nuevo boca arriba, con las piernas abiertas, la vagina expuesta y chorreando su leche.
— ¡Ah, qué rico estuvo esto! Dijo él desde la puerta, mirando cómo quedé.
— ¡Que te pudras, basura! ¿¡Qué mierda pasa si me quedo embarazada!? Le grit吩 llorando desesperada.
— A mí no me reclames nada, yo no voy a criar ni mantener un hijo de una puta barata como vos. Me respondió él con desprecio.
— ¿¡Cómo que no vas a hacerte cargo!? ¡El pibe sería tuyo, pedazo de monstruo! Le dije fuera de mí.
— Si te queda un bombo ahí adentro es pura responsabilidad tuya por andar regalada como una perra. Me dijo él con frialdad.
— ¡Sos un hijo de re mil puta, me obligaste a todo! Le dije con el pecho agitado.
— A nadie le importa, si todos saben la clase de trola que sos. Me gritó él con desprecio.
— ¡Me arruinaste la vida, te odio con toda mi alma! Le dije ahogándome en mis lágrimas.
— Te arreglás sola con la panza, porque yo ni un peso te voy a dar. Me dijo él mirándome desde arriba.
— Sos un monstruo... ojalá te mueras, Braian. Le dije con la voz rota.
— Odiame lo que quieras, pero la leche la tenés bien adentro de la concha. Me sentenció el chabón.
Pensé para mis adentros cómo este maldito me arruinó la vida, me usó, me cogió y se corrió adentro mío sin importarle nada.
— Qué linda te ves así de puta, bien abierta de piernas y rota, toda llena de mi semen. Me dijo él con una carcajada hiriente.
— ¡Andate a la mierda, sos un enfermo de mierda! Le dije insultándolo mientras él se reía y me dejaba tirada en la penumbra.

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Quedé tirada en cuatro sobre la cama, temblando de dolor y exhausta. Llevaba puesta la minifalda que el maldito me había obligado a ponerme para cumplir su fantasía, levantada por arriba de las caderas mientras me humillaba recordando cómo me atormentaba en la escuela secundaria. Mi vagina estaba superabierta, inflamada y desgarrada por los 23 centímetros con los que me embestía sin freno.
— Mirá qué linda te queda la minifalda, pedazo de trola, igual de patética que cuando te me escondías en la escuela antes de que te agarrara. Me dijo Braian con aire sobrador, dándole un impacto seco a mis nalgas.
— S-sos un h-hijo de p-puta... Le dije t-tartamudeando, apenas pudiendo hablar por el dolor que me partía al medio.
— Dame las gracias por abrirte la concha y por usar esa minifalda que te puse para gozarme. Me gritó él enojado, tirándome del pelo hacia atrás.
— ¡A-andate al d-diablo, b-basura! Le dije insultándolo con la voz quebrada por el llanto.
— ¿¡A quién mandás al diablo vos!? Me gritó lleno de furia.
Se agarró fuerte de mis caderas y empezó a cogerme el doble de duro y profundo por la vagina para castigarme por mi falta de respeto.
— ¡¡¡AAAAAHHHHH! ¡N-NO, POR FAVOR! Aullé deshecha, sintiendo que me desgarraba por dentro.
— ¡Gritá bien fuerte, trola, que me encanta ver cómo sufrís! Me dijo él con una risa macabra.
— ¡P-pará... p-por favor, te lo s-suplico! Le rogué llorando sin parar.
— Si querés que pare, me vas a tener que rogar bien sumisa que me corra adentro tuyo de una vez. Me ordenó burlón.
— ¡N-ni en p-pedo, sos un m-monstruo! Le dije intentando resistirme.
— ¿Ah, no? Entonces te sigo rompiendo la concha hasta que te desmayes. Me respondió él, acelerando el ritmo.
— ¡¡AIAAAAH! ¡P-por favor, B-braian! Le supliqué ahogándome en lágrimas.
— Rogame, perra, o no te la saco más. Me dijo mi bully, disfrutando de cada sacudida.
— ¡N-no aguanto m-más el dolor, me m-matás! Le grité deshecha.
— Seguí llorando, que a mí tu dolor me importa un carajo. Me dijo con desprecio total.
— ¡P-por piedad, B-braian, t-tené compasión! Le supliqué quebrada.
— La única piedad que te voy a tener es llenarte la concha de leche si me lo pedís de rodillas. Me repitió el maldito.
Tragándome el orgullo, no me quedó otra que ceder.
— E-está bien... t-te lo p-pido por f-favor... Le dije t-tartamudeando.
— No te escucho, perra, rogá bien fuerte por mi semen. Me dijo él, dándome una estocada brutal.
— ¡R-ruego por t-tu s-semen! ¡P-por favor c-correte adentro y s-sacámela! Le grité desesperada.
— Decilo de nuevo, rrogá de verdad, trola. Me exigió autoritario.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, B-braian, t-te lo s-suplico! Le dije llorando.
— Una vez más, bien fuerte. Me ordenó riéndose en mi cara.
— ¡P-por f-favor, r-ruego p-por tu s-semen, h-hacé lo que q-quieras m-pero c-correte ya! Le supliqué.
— Otra vez, dale. Me dijo el muy hijo de puta.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, p-por f-favor t-te lo p-pido! Le dije en un hilo de voz.
— Repetilo una vez más, perra barata. Me exigió.
— ¡R-ruego p-por tu s-semen, B-braian, c-correte y s-sacámela p-por f-favor! Le grité entregando toda mi dignidad.
— Una más y capaz te hago el favor. Me dijo con sadismo.
— ¡P-por f-favor, R-ruego p-por tu l-leche en m-mi v-vagina! Le supliqué quebrada por completo.
— Así me gusta, perra, ver cómo te humillás. Me dijo convencido.
Me sacó la verga despacio hasta dejar solo la cabeza afuera. Pensé que me iba a tener piedad, pero me equivoqué: me agarró firme de las caderas y me hundió los 23 cm hasta la base de un solo viaje, mientras se corría y me llenaba toda la vagina.
Al terminar, me sacó la verga y mi cuerpo vencido se dejó caer de cuatro a boca abajo sobre el colchón, totalmente exhausto y lleno de semen.
— Dame las gracias por la cogida, pedazo de perra. Me dijo Braian riéndose.
— G-gracias... Le dije humillada y destrozada.
El maldito me dio una nalgada seca, se rió de mí y amagó con irse mientras yo quedaba boca arriba con las piernas abiertas, la minifalda levantada y la vagina expuesta chorreando leche.
— ¡Ah, qué rico estuvo esto! Dijo mirando cómo quedé.
— ¡Que te pudras! ¿¡Qué pasa si me quedo embarazada!? Le grité desesperada.
— A mí no me reclames nada, no voy a criar un hijo de una puta barata como vos. Me respondió con desprecio.
— ¿¡Cómo que no vas a hacerte cargo!? ¡El pibe sería tuyo! Le dije fuera de mí.
— Si te queda un bombo ahí adentro es tu responsabilidad por andar regalada. Me dijo con frialdad.
— ¡Sos un hijo de puta, me obligaste a todo! Le dije con el pecho agitado.
— A nadie le importa, todos saben lo que sos. Me gritó con desprecio.
— ¡Me arruinaste la vida, te odio! Le dije ahogándome en lágrimas.
— Te arreglás sola con la panza, no te voy a dar ni un peso. Me dijo mirándome desde arriba.
— Sos un monstruo... ojalá te mueras. Le dije con la voz rota.
— Odiame lo que quieras, la leche la tenés adentro. Me sentenció el chabón.
— Por favor, Braian... te lo suplico, hacete cargo del pibe si llego a estar embarazada. Le rogué llorando, sintiéndome patética.
— Ya te dije que no me voy a hacer cargo de un carajo, dejá de hinchar las bolas. Me dijo dándome la espalda.
— ¡Por favor te lo pido de rodillas, no nos dejes solos si tengo un hijo tuyo! Le supliqué desesperada.
— No me rompas las pelotas, perra, a mí no me sacás un peso gratis. Me gritó enojado.
— ¡Por favor, Braian, hacete cargo, te lo ruego por lo que más quieras! Le repetí una y otra vez, llorando ahogada.
— Por favor te lo pido... asumí la responsabilidad, no me arruines así. Le supliqué deshecha.
— Te dije que no, no voy a poner un mango por un pibe. Me lanzó con desprecio.
— ¡Te lo suplico, por favor, aunque sea ayudame con los gastos si quedo embarazada! Le rogué arrastrándome por la cama.
— Por favor... te lo pido por lo que sea, hacete cargo... Le dije llorando sin consuelo.
— Bueno, escuchame bien, perra: la única forma de que veas un mango es que te pague por cogerte. Un peso por cada cogida que te dé, ¿escuchaste? Me dijo riéndose en mi cara.
— ¿¡Un peso por cogida!? ¡Es una miseria, sos un maldito enfermo! Le dije indignada.
No puedo creer lo que me estaba diciendo mi bully, me iba a pagar un peso, me iba a convertir en su prostituta barata
— Es eso o nada, puta. Aceptá o jodete, porque te voy a coger igual todas las veces que se me cante, así que al menos vas a ganar algo de plata. Me respondió agarrándome del mentón.
— E-está bien... acepto... Le dije humillada, tragándome la bronca para tener algo con qué bancar el futuro.
— Ahora rogame para que venga a usarte y a hacerte mi puta cuando quiera. Me ordenó.
— P-por favor, Braian... vení a usarme todas las veces que quieras para pagar por nuestro futuro hijo. Le rogué entre lágrimas.
— Pedímelo bien, decime que querés ser mi puta paga. Me exigió.
— ¡Te lo suplico, vení a coger p-por plata y haceme tu puta todas las semanas! Le dije llorando de vergüenza.
— Rogame más fuerte, dale. Me ordenó disfrutando de mi caída.
— ¡Por favor, usame cuando quieras y pagame ese peso por cogida, te lo suplico! Le dije humillada.
— Agradeceme que te vaya a pagar por algo que de todas formas te haría gratis, perra barata. Me dijo dándome una última palmada en el muslo.
— G-gracias por pagarme... Le dije en un hilo de voz, destruida por completo mientras él se alejaba riéndose a carcajadas.
— Decime cómo disfrutás que te rompa el orto, dale, hablá, perra. Me dijo Braian con tono prepotente, dándome un golpe seco de pelvis contra las nalgas.
— ¡No estoy disfrutando nada, hijo de puta, me estás matando por dentro! Le dije entre lágrimas y gemidos de dolor, apretando las sábanas de mis viejos.
— Te me callás y me das las gracias por hacerte mi puta y abrirte el culo como te merecés. Me gritó él enojado, agarrándome del pelo para tirarme hacia atrás.
— ¡Andate al diablo, basura! Cuando vuelva a ser hom... Le dije, intentando hablar en medio del dolor insufrible.
— ¿¡A quién carajo interrumpís vos, pedazo de trola!? Me gritó él lleno de furia, cortándome la frase al instante por mi falta de respeto.
Sin darme tiempo a respirar, me manoteó fuerte de las caderas y me empezó a dar el doble de fuerte y profundo por el culo, hundiéndome sus 23 cm de golpe hasta hacerme ver estrellas.
— ¡¡¡AAAAAHHHH! ¡POR FAVOR, PARÁ, ME ESTÁS ROMPIENDO TODA! Le aullé deshecha, sintiendo que la carne anal se me abría en vivo.
— Mirá cómo me apretás la verga con ese orto, en cualquier momento te la vuelco toda adentro. Me dijo él con una risa macabra.
— P-por favor... p-pará... no te c-corras... Le dije tartamudeando, exhausta y sin aire.
— ¿Viste cómo te gusta que me corra adentro? Mirá cómo pedís que siga, pedazo de perra. Me humilló el maldito, dándole la vuelta a todo lo que yo decía para usarlo en mi contra mientras me la metía bien profundo.
De golpe, me agarró del cuello con una mano ruda, tirándome la cabeza hacia atrás para mirarme fijamente.
— Elegí rápido, trola: ¿dónde querés que me corra, en tu vagina o en tu culo? Me dijo con una sonrisa sádica.
— Sos un maldito... ¿¡qué pasaría si me dejás embarazada!? ¡Correte en mi cara, en mis tetas o afuera, te lo suplico! Le dije llorando desesperada.
— Ni en pedo me corro afuera, ahora quiero adentro. O elegís vos o elijo yo, perra. Me gritó él, pegándome una estocada brutal.
— No, por favor... elegí vos pero afuera... Le rogué con la voz quebrada.
— Entonces me voy a correr bien adentro de tu vagina virgen y te voy a dejar un bombo. Me dijo él riéndose en mi cara.
— ¡¡NO! ¡En la concha no, por favor! ¡Correte en mi culo, te lo pido por favor! Le dije aterrada, prefiriendo el dolor antes que un embarazo.
— Vas a tener que rogarme bien y pedirme por favor si querés que te la tire en el orto, dale, empezá a suplicar. Me ordenó burlón.
— ¡Te lo ruego, Braian! ¡Por favor, correte en mi culo, te lo suplico! Le dije entre sollozos desgarradores.
— No te escucho nada, perra, pedímelo llorando. Me dijo él, dándome una sacudida que me hizo gritar.
— ¡Por favor te lo pido, échame todo el semen en el culo pero no me dejes embarazada! Le supliqué ahogándome en mis propias lágrimas.
— Rogá más fuerte, trola, decime que querés que te llene la cola de leche. Me exigió mi bully, disfrutando de mi humillación.
— ¡Ruego por tu leche en mi culo! ¡Por favor, Braian, hacé lo que quieras pero en la vagina no! Le dije totalmente quebrada.
— Pedímelo una vez más bien sumisa, perra barata. Me dijo él con tono dominante.
— ¡Por favor, te lo suplico de rodillas, correte en mi culo y no me arruines la vida! Le dije entregando todo mi orgullo.
— Así me gusta, perra, mirá cómo me pedís que te use. Me dijo él con una carcajada macabra.
Se agarró con rabia de mis caderas y, riéndose de mi desesperación, me hundió sus 23 cm de un solo viaje final en el culo.
— ¡¡¡AAAAAHHHHHHH! ¡AIAAAAH... NO TAN ADENTRO, POR FAVOR! Aullé descontrolada, sintiendo su semen hirviente dispararse y llenarme todo el interior mientras su verga palpitaba.
El maldito sacó su carne de golpe y un sonido húmedo de succión resonó fuerte en la habitación. Desplomada sobre la cama de mis padres, llevé una mano hacia atrás y abrí un poco mis nalgas para intentar limpiarme. Al mirar mis dedos, vi que los tenía cubiertos de su semen espeso y oloroso, mientras la marea caliente me chorreaba por las piernas.
— Mirá qué linda quedaste, con el culo todo abierto, deformado y lleno de mi leche. Me dijo Braian riéndose a carcajadas de mi estado.
Quedé tirada en esa posición humillante, con el culo expuesto, sin sentir las piernas, totalmente rota por dentro y con la dignidad hecha pedazos en la pieza de mis viejos.

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Llevaba horas sepultada bajo su cuerpo, apoyada boca arriba en la cama de mis padres, con las piernas abiertas de par en par y completamente expuesta. Braian me cogía de forma dura y salvaje, hundiéndome sus 23 cm en mi vagina virgen sin un solo segundo de piedad, haciendo que el colchón crujiera con cada golpe seco de su pelvis contra mis muslos.
— ¿Qué pasa, trola? ¿Te duele mi verga acá adentro? Me dijo Braian con una sonrisa sádica, burlándose en mi cara mientras me clavaba todo el grosor de nuevo.
— N-no... ni la siento... Le dije con la voz rota y ahogándome en lágrimas, mintiéndole a la cara porque me negaba a darle el gusto de que disfrutara con mi sufrimiento.
— Sí, claro, hacete la guapa... Los dos sabemos bien cómo te estoy expandiendo y partiendo al medio esa concha virgen con mis 23 centímetros. Me respondió él, largando una carcajada cruenta mientras aceleraba las embestidas al límite.
— ¡AIAAAAH! ¡Pará un poco, hijo de puta! Le aullé deshecha, apretando las sábanas de mis viejos con rabia mientras sentía la piel estirárseme en vivo.
Sin aflojar ni un milímetro, el maldito dio un empujón seco y se corrió adentro mío. Sentí su verga gorda palpitar en lo más profundo de mis entrañas y los chorros hirvientes de su semen dispararse directamente contra mi útero. Por puro instinto y por la sobreestimulación brutal de la carne, mi cuerpo traidor colapsó y me hizo llegar a un orgasmo involuntario, haciéndome temblar de cabeza a pies.
— Mirá cómo te chorrea el orgasmo mientras te la lleno toda, perra... Te encantó que te la ponga bien adentro. Me humilló mi bully, riéndose a gritos de mis espasmos.
— ¡No! ¡Es mentira, no me gustó nada! ¡Sos un asqueroso de mierda! Le dije negando desesperada, llorando de pura rabia y vergüenza por la reacción de mi cuerpo.
El chabón apoyó una de sus manos rudas sobre mi panza, haciendo presión hacia abajo mientras se sacaba despacio su verga de mi vagina adolorida. Levanté la cabeza como pude para mirar la escena y vi cómo su carne salía cubierta de semen y de mis propios fluidos. En ese segundo, la cruda realidad me golpeó de lleno: el hijo de puta se había corrido totalmente adentro mío. Dejé caer la cabeza contra la almohada, deshecha por dentro, llorando sin parar mientras un pánico atroz me recorría el pecho.
— ¡Ah, qué rico estuvo esto, por favor! Qué buena concha que tenés ahora, Marcos. Me dijo él con aire sobrador, limpiándose con la sábana de mis padres.
— ¡Que te pudras, basura! ¿¡Qué mierda pasa si me dejás embarazada!? Le dije gritándole entre sollozos, aterrada por lo que se me venía.
— A mí no me reclames nada, trola, yo no voy a criar ni a mantener un hijo de una puta barata como vos. Me respondió él con desprecio total, mirándome desde arriba.
— ¿¡Cómo que no vas a hacerte cargo!? ¡El pibe sería tuyo, pedazo de monstruo! Le dije llorando fuera de sí, sintiendo el líquido tibio acumulado adentro mío.
— Te lo aclaro desde ya: si te queda un bombo ahí adentro, es pura responsabilidad tuya por andar regalada como una perra en la calle. Me dijo él con tono frío y tajante.
— ¡Sos un hijo de re mil puta! ¡Vos me agarraste a la fuerza y te corriste adentro mío sin escucharme! Le dije con el pecho agitado y la voz quebrada por el dolor.
— A la justicia o a quien sea le va a importar un carajo, si todos en el barrio saben la clase de trola que sos. Me gritó él, pegándome una nalgada seca sobre la pierna expuesta.
— ¡No podés ser tan desalmado! Me arruinaste la vida, sos lo peor que me pasó en el mundo. Le dije ahogándome en mis propias lágrimas, sintiendo la humillación quemándome la piel.
— Si te quedás embarazada, te arreglás sola, te lo pagás vos o te lo criás vos, porque yo ni en pedo te voy a dar un solo peso. Me dijo él, remarcando cada palabra con un desprecio absoluto.
— Te odio... te odio con toda mi alma, ojalá te mueras, Braian. Le dije con la voz rota, sin fuerzas ni para intentar moverme de la cama.
— Odiame todo lo que quieras, pero la leche la tenés bien adentro de la concha y no te la saca nadie. Me sentenció mi bully, riéndose en mi cara sin ningún tipo de culpa.
Mientras él se acomodaba la ropa deportiva, me quedé pensando para mis adentros cómo este maldito de mierda, el mismo que me había humillado y torturado toda la vida en la escuela, me había arruinado la existencia por completo. Me convirtió en esto, me usó como quiso, me cogió brutalmente y se corrió adentro mío sin importarle nada de mi futuro. Y encima tenía el descaro de decirme todas esas barbaridades con la mayor frialdad del mundo.
— Qué linda que te ves así, pedazo de puta, bien abierta de piernas boca arriba, con la concha rota y chorreando toda mi leche por el colchón de tus viejos. Me dijo Braian con una carcajada hiriente, disfrutando de mi estado de destrucción total.
— ¡Andate a la mierda, sos un enfermo de mierda, andate de mi casa! Le dije insultándolo con la poca fuerza que me quedaba, mientras cerraba los ojos de la vergüenza.
— De acá me voy cuando quiero, trola, y acordate bien que esta no va a ser la última vez que me sirvas de basurero. Me lanzó él con una última risa burlona, dejándome tirada, rota, con la vagina expuesta y chorreando su semen sobre la cama.

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Llevaba horas en cuatro sobre el colchón mugriento, como una perra sumisa, rota y humillada. Mi culo estaba superabierto, deformado y destrozado por la verga de 23 centímetros de este hijo de puta, que no paraba de embestirme con una furia desalmada.
— Mirá cómo te dejé ese orto, pedazo de trola, me acuerdo de lo virgen, cerrado y apretado que lo tenías antes de que te lo agarrara yo. Me dijo Braian con aire sobrador, dándole un impacto seco a mi pelvis.
— S-sos un h-hijo de p-puta... Le dije t-tartamudeando, apenas pudiendo hablar por el dolor insufrible.
— Dame las gracias por abrirte el culo y por tomarme el trabajo de usarte como mi perra, dale. Me gritó él enojado, agarrándome del pelo con violencia.
— ¡A-andate a la m-mierda, b-basura! Le dije insultándolo con la voz quebrada y la cara pegada a la almohada.
— ¿¡A quién mandás a la mierda vos, pedazo de puta!? Me gritó él lleno de rabia.
Sin dudarlo un segundo, me manoteó firme de la cintura y empezó a cogerme el doble de duro y profundo por el culo para castigarme por mi falta de respeto.
— ¡¡¡AAAAAHHHHH! ¡N-NO, POR FAVOR! Le aullé deshecha, sintiendo la carne desgarrárseme en vivo.
— ¡Gritá bien fuerte, trola, que así me gusta ver cómo te rompo toda! Me dijo él con una risa macabra.
— ¡P-pará... p-por favor, te lo s-suplico! Le rogué llorando sin parar, sintiendo que mi cuerpo colapsaba.
— Si querés que pare de darte, me vas a tener que rogar bien sumisa que me corra adentro tuyo de una vez. Me ordenó burlón.
— ¡N-ni en p-pedo te p-pido eso, sos un m-monstruo! Le dije entre sollozos, tratando de no ceder.
— ¿Ah, no? Entonces te sigo rompiendo el orto hasta que te desmayes. Me respondió él, acelerando el ritmo sin piadosos límites.
— ¡¡AIAAAAH! ¡P-por favor, B-braian! Le supliqué ahogándome en mis propias lágrimas.
— Rogame, perra, o no paro más. Me dijo mi bully, disfrutando de cada uno de mis espasmos.
— ¡N-no aguanto m-más el dolor, me m-matás por d-dentro! Le grité, apretando las sábanas con bronca.
— Seguí llorando que no me importa un carajo tu sufrimiento. Me dijo él con desprecio total.
— ¡P-por piedad, B-braian, t-tené compasión! Le supliqué totalmente quebrada, sintiendo la humillación absoluta.
— La única piedad que te voy a tener es llenarte la cola de leche si me lo pedís bien de rodillas. Me repitió el maldito.
Con la mente destrozada y el dolor quemándome las entrañas, me tragué mi último resto de orgullo y acepté entregarme.
— E-está bien... t-te lo p-pido por f-favor... Le dije t-tartamudeando y t-temblando por completo.
— No te escucho nada, perra, rogá bien fuerte por mi semen. Me dijo él, dándome un tironazo rudo.
— ¡R-ruego por t-tu s-semen! ¡P-por favor c-correte adentro y s-sacámela! Le grité deshecha.
— Decilo de nuevo, no me convenciste, rrogá de verdad, trola. Me exigió con tono autoritario.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, B-braian, t-te lo s-suplico! Le dije llorando sin parar.
— Una vez más, bien fuerte para que me quede claro. Me ordenó riéndose en mi cara.
— ¡P-por f-favor, r-ruego p-por tu s-semen, h-hacé lo que q-quieras m-pero c-correte ya! Le supliqué humillada al máximo.
— Otra vez, dale, que todavía no te creo nada. Me dijo el muy hijo de puta.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, p-por f-favor t-te lo p-pido de c-cabeza! Le dije en un hilo de voz destrozado.
— Repetilo una vez más, perra barata. Me exigió riéndose de mi agonía.
— ¡R-ruego p-por tu s-semen, B-braian, c-correte y s-sacámela p-por f-favor! Le grité entregando toda mi dignidad.
— Una más y capaz te hago el favor. Me dijo él con sadismo.
— ¡P-por f-favor, R-ruego p-por tu l-leche en m-mi c-culo! Le supliqué quebrada por el agotamiento.
— Así me gusta, perra, ver cómo te humillás solita. Me dijo él convencido.
El chabón me sacó la verga despacio hasta dejar solo la cabeza afuera. Pensé por un segundo que al final me iba a tener piedad y a descargarse afuera, pero me equivoqué de lleno.
— Pensaste que zafabas, ¿no, trola? Me dijo con una risa hiriente.
Sin darme tiempo a reaccionar, el maldito me volvió a meter desde la cabeza hasta la base de un solo golpe salvaje, dejándomela enterrada en lo más profundo de mi culo.
— ¡¡¡AAAAAHHHHHHHH! Aullé descontrolada mientras sentía sus caderas chocar contra mis nalgas y su verga palpitar lanzando chorros hirvientes de semen que me llenaban la cola.
Después de descargarse por completo, me sacó su verga de golpe. Un grito ahogado de alivio absoluto se me escapó del pecho al sentir que por fin me quitaba esa masa de adentro.
— Dame las gracias por la cogida que te di, pedazo de perra. Me dijo Braian riéndose a carcajadas.
Aún en cuatro sobre la cama, abrí un poco las piernas y me di vuelta para mirarlo de costado, volteándolo a ver con un odio puro y profundo quemándome los ojos.
— P-pudrite... s-sos un m-monstruo de m-mierda... Le dije entre sollozos, viendo cómo mi culo quedaba completamente abierto, deformado y chorreando toda su leche caliente sobre el colchón.
— Mirá cómo te dejé esa cola, pedazo de trola, bien abierta y chorreando mi semen, servís solo para esto. Me sentenció mi bully con desprecio, riéndose en mi cara mientras yo quedaba destruida y humillada en la penumbra.

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Llevaba horas en cuatro sobre el colchón de mis viejos, como una perra destrozada, rota y humillada. Tenía la vagina superabierta y desgarrada por los 23 centímetros de este maldito, que no paraba de embestirme con salvajismo.
— Mirá cómo te dejé la concha, pedazo de trola, acordate de lo virgen, cerrada y apretada que la tenías antes de que te la agarrara yo. Me dijo Braian con aire sobrador, estampando su pelvis contra mis nalgas.
— S-sos un h-hijo de p-puta... Le dije t-tartamudeando, apenas pudiendo hablar por el dolor insufrible que me partía al medio.
— Dame las gracias por abrirte la concha y por tomarme el trabajo de usarla cuando se me cante, dale. Me gritó él enojado, agarrándome del pelo para tirarme la cabeza hacia atrás.
— ¡A-andate al d-diablo, b-basura de m-mierda! Le dije insultándolo con la voz quebrada y ahogada en llanto.
— ¿¡A quién mandás al diablo vos, pedazo de perra!? Me gritó él lleno de furia.
Sin piadosos límites, me agarró firme de la cintura y empezó a cogerme el doble de duro y profundo por la vagina para castigarme por mi falta de respeto.
— ¡¡¡AAAAAHHHHH! ¡N-NO, POR FAVOR! Aullé deshecha, sintiendo la carne quemarme por dentro.
— ¡Gritá bien fuerte, trola, que así me gusta ver cómo te abro toda! Me dijo él con una risa macabra.
— ¡P-pará... p-por favor, te lo s-suplico! Le rogué llorando sin parar, apretando las sábanas con rabia.
— Si querés que pare de darte, me vas a tener que rogar bien sumisa que me corra adentro tuyo de una vez. Me ordenó burlón.
— ¡N-ni en p-pedo te p-pido eso, sos un m-monstruo! Le dije tratando de resistirme, mordiéndome los labios.
— ¿Ah, no? Entonces te sigo rompiendo la concha hasta que no aguantes más. Me respondió él, acelerando las embestidas sin asco.
— ¡¡AIAAAAH! ¡P-por favor, B-braian! Le supliqué ahogándome en mis propias lágrimas.
— Rogame, perra, o te termino de hacer concha la vagina. Me dijo mi bully, disfrutando de cada uno de mis espasmos.
— ¡N-no aguanto m-más el dolor, me m-matás p-por dentro! Le grité deshecha.
— Seguí llorando, total a mí tu sufrimiento me importa un carajo. Me dijo él con desprecio total.
— ¡P-por piedad, B-braian, t-tené compasión! Le supliqué totalmente quebrada por el cansancio.
— La única piedad que te voy a tener es llenarte la concha de leche si me lo pedís de rodillas. Me repitió el maldito.
Con la mente arruinada y el cuerpo en pedazos, no me quedó otra que tragarme el orgullo.
— E-está bien... t-te lo p-pido por f-favor... Le dije t-tartamudeando y t-temblando por completo.
— No te escucho nada, perra, rogá bien fuerte por mi semen. Me dijo él, dándome una estocada brutal.
— ¡R-ruego por t-tu s-semen! ¡P-por favor c-correte adentro y s-sacámela! Le grité ahogada en llanto.
— Decilo de nuevo, no me convenciste, rrogá de verdad, trola. Me exigió autoritario.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, B-braian, t-te lo s-suplico! Le dije llorando sin consuelo.
— Una vez más, bien fuerte para que me quede claro. Me ordenó riéndose en mi cara.
— ¡P-por f-favor, r-ruego p-por tu s-semen, h-hacé lo que q-quieras m-pero c-correte ya! Le supliqué humillada.
— Otra vez, dale, que todavía no te creo nada. Me dijo el muy hijo de puta.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, p-por f-favor t-te lo p-pido! Le dije en un hilo de voz destrozado.
— Repetilo una vez más, perra barata. Me exigió disfrutando de mi agonía.
— ¡R-ruego p-por tu s-semen, B-braian, c-correte y s-sacámela p-por f-favor! Le grité entregando toda mi dignidad.
— Una más y capaz te hago el favor. Me dijo él con sadismo.
— ¡P-por f-favor, R-ruego p-por tu l-leche en m-mi v-vagina! Le supliqué quebrada por completo.
— Así me gusta, perra, ver cómo te humillás solita. Me dijo él convencido.
El chabón me sacó la verga despacio hasta dejar solo la cabeza afuera. Pensé por un segundo que al final me iba a tener piedad, pero me equivoqué de lleno. Me agarró un brazo, me lo puso a la fuerza atrás de la espalda y me volvió a meter los 23 cm de un solo viaje hasta lo más profundo de mi vagina, mientras se corría y me llenaba toda.
Solté un grito de alivio seco cuando por fin me sacó la verga chorreando semen.
— Dame las gracias por la cogida, pedazo de perra. Me dijo Braian riéndose de mi estado.
— G-gracias... Le dije humillada y destrozada desde el colchón.
El maldito me dio una nalgada seca, se rió en mi cara y se fue al pasillo acomodándose el pantalón. Quedé tirada de nuevo boca arriba, con las piernas abiertas, la vagina expuesta y chorreando su leche.
— ¡Ah, qué rico estuvo esto! Dijo él desde la puerta, mirando cómo quedé.
— ¡Que te pudras, basura! ¿¡Qué mierda pasa si me quedo embarazada!? Le grit吩 llorando desesperada.
— A mí no me reclames nada, yo no voy a criar ni mantener un hijo de una puta barata como vos. Me respondió él con desprecio.
— ¿¡Cómo que no vas a hacerte cargo!? ¡El pibe sería tuyo, pedazo de monstruo! Le dije fuera de mí.
— Si te queda un bombo ahí adentro es pura responsabilidad tuya por andar regalada como una perra. Me dijo él con frialdad.
— ¡Sos un hijo de re mil puta, me obligaste a todo! Le dije con el pecho agitado.
— A nadie le importa, si todos saben la clase de trola que sos. Me gritó él con desprecio.
— ¡Me arruinaste la vida, te odio con toda mi alma! Le dije ahogándome en mis lágrimas.
— Te arreglás sola con la panza, porque yo ni un peso te voy a dar. Me dijo él mirándome desde arriba.
— Sos un monstruo... ojalá te mueras, Braian. Le dije con la voz rota.
— Odiame lo que quieras, pero la leche la tenés bien adentro de la concha. Me sentenció el chabón.
Pensé para mis adentros cómo este maldito me arruinó la vida, me usó, me cogió y se corrió adentro mío sin importarle nada.
— Qué linda te ves así de puta, bien abierta de piernas y rota, toda llena de mi semen. Me dijo él con una carcajada hiriente.
— ¡Andate a la mierda, sos un enfermo de mierda! Le dije insultándolo mientras él se reía y me dejaba tirada en la penumbra.

●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●•●
Quedé tirada en cuatro sobre la cama, temblando de dolor y exhausta. Llevaba puesta la minifalda que el maldito me había obligado a ponerme para cumplir su fantasía, levantada por arriba de las caderas mientras me humillaba recordando cómo me atormentaba en la escuela secundaria. Mi vagina estaba superabierta, inflamada y desgarrada por los 23 centímetros con los que me embestía sin freno.
— Mirá qué linda te queda la minifalda, pedazo de trola, igual de patética que cuando te me escondías en la escuela antes de que te agarrara. Me dijo Braian con aire sobrador, dándole un impacto seco a mis nalgas.
— S-sos un h-hijo de p-puta... Le dije t-tartamudeando, apenas pudiendo hablar por el dolor que me partía al medio.
— Dame las gracias por abrirte la concha y por usar esa minifalda que te puse para gozarme. Me gritó él enojado, tirándome del pelo hacia atrás.
— ¡A-andate al d-diablo, b-basura! Le dije insultándolo con la voz quebrada por el llanto.
— ¿¡A quién mandás al diablo vos!? Me gritó lleno de furia.
Se agarró fuerte de mis caderas y empezó a cogerme el doble de duro y profundo por la vagina para castigarme por mi falta de respeto.
— ¡¡¡AAAAAHHHHH! ¡N-NO, POR FAVOR! Aullé deshecha, sintiendo que me desgarraba por dentro.
— ¡Gritá bien fuerte, trola, que me encanta ver cómo sufrís! Me dijo él con una risa macabra.
— ¡P-pará... p-por favor, te lo s-suplico! Le rogué llorando sin parar.
— Si querés que pare, me vas a tener que rogar bien sumisa que me corra adentro tuyo de una vez. Me ordenó burlón.
— ¡N-ni en p-pedo, sos un m-monstruo! Le dije intentando resistirme.
— ¿Ah, no? Entonces te sigo rompiendo la concha hasta que te desmayes. Me respondió él, acelerando el ritmo.
— ¡¡AIAAAAH! ¡P-por favor, B-braian! Le supliqué ahogándome en lágrimas.
— Rogame, perra, o no te la saco más. Me dijo mi bully, disfrutando de cada sacudida.
— ¡N-no aguanto m-más el dolor, me m-matás! Le grité deshecha.
— Seguí llorando, que a mí tu dolor me importa un carajo. Me dijo con desprecio total.
— ¡P-por piedad, B-braian, t-tené compasión! Le supliqué quebrada.
— La única piedad que te voy a tener es llenarte la concha de leche si me lo pedís de rodillas. Me repitió el maldito.
Tragándome el orgullo, no me quedó otra que ceder.
— E-está bien... t-te lo p-pido por f-favor... Le dije t-tartamudeando.
— No te escucho, perra, rogá bien fuerte por mi semen. Me dijo él, dándome una estocada brutal.
— ¡R-ruego por t-tu s-semen! ¡P-por favor c-correte adentro y s-sacámela! Le grité desesperada.
— Decilo de nuevo, rrogá de verdad, trola. Me exigió autoritario.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, B-braian, t-te lo s-suplico! Le dije llorando.
— Una vez más, bien fuerte. Me ordenó riéndose en mi cara.
— ¡P-por f-favor, r-ruego p-por tu s-semen, h-hacé lo que q-quieras m-pero c-correte ya! Le supliqué.
— Otra vez, dale. Me dijo el muy hijo de puta.
— ¡R-ruego p-por tu l-leche, p-por f-favor t-te lo p-pido! Le dije en un hilo de voz.
— Repetilo una vez más, perra barata. Me exigió.
— ¡R-ruego p-por tu s-semen, B-braian, c-correte y s-sacámela p-por f-favor! Le grité entregando toda mi dignidad.
— Una más y capaz te hago el favor. Me dijo con sadismo.
— ¡P-por f-favor, R-ruego p-por tu l-leche en m-mi v-vagina! Le supliqué quebrada por completo.
— Así me gusta, perra, ver cómo te humillás. Me dijo convencido.
Me sacó la verga despacio hasta dejar solo la cabeza afuera. Pensé que me iba a tener piedad, pero me equivoqué: me agarró firme de las caderas y me hundió los 23 cm hasta la base de un solo viaje, mientras se corría y me llenaba toda la vagina.
Al terminar, me sacó la verga y mi cuerpo vencido se dejó caer de cuatro a boca abajo sobre el colchón, totalmente exhausto y lleno de semen.
— Dame las gracias por la cogida, pedazo de perra. Me dijo Braian riéndose.
— G-gracias... Le dije humillada y destrozada.
El maldito me dio una nalgada seca, se rió de mí y amagó con irse mientras yo quedaba boca arriba con las piernas abiertas, la minifalda levantada y la vagina expuesta chorreando leche.
— ¡Ah, qué rico estuvo esto! Dijo mirando cómo quedé.
— ¡Que te pudras! ¿¡Qué pasa si me quedo embarazada!? Le grité desesperada.
— A mí no me reclames nada, no voy a criar un hijo de una puta barata como vos. Me respondió con desprecio.
— ¿¡Cómo que no vas a hacerte cargo!? ¡El pibe sería tuyo! Le dije fuera de mí.
— Si te queda un bombo ahí adentro es tu responsabilidad por andar regalada. Me dijo con frialdad.
— ¡Sos un hijo de puta, me obligaste a todo! Le dije con el pecho agitado.
— A nadie le importa, todos saben lo que sos. Me gritó con desprecio.
— ¡Me arruinaste la vida, te odio! Le dije ahogándome en lágrimas.
— Te arreglás sola con la panza, no te voy a dar ni un peso. Me dijo mirándome desde arriba.
— Sos un monstruo... ojalá te mueras. Le dije con la voz rota.
— Odiame lo que quieras, la leche la tenés adentro. Me sentenció el chabón.
— Por favor, Braian... te lo suplico, hacete cargo del pibe si llego a estar embarazada. Le rogué llorando, sintiéndome patética.
— Ya te dije que no me voy a hacer cargo de un carajo, dejá de hinchar las bolas. Me dijo dándome la espalda.
— ¡Por favor te lo pido de rodillas, no nos dejes solos si tengo un hijo tuyo! Le supliqué desesperada.
— No me rompas las pelotas, perra, a mí no me sacás un peso gratis. Me gritó enojado.
— ¡Por favor, Braian, hacete cargo, te lo ruego por lo que más quieras! Le repetí una y otra vez, llorando ahogada.
— Por favor te lo pido... asumí la responsabilidad, no me arruines así. Le supliqué deshecha.
— Te dije que no, no voy a poner un mango por un pibe. Me lanzó con desprecio.
— ¡Te lo suplico, por favor, aunque sea ayudame con los gastos si quedo embarazada! Le rogué arrastrándome por la cama.
— Por favor... te lo pido por lo que sea, hacete cargo... Le dije llorando sin consuelo.
— Bueno, escuchame bien, perra: la única forma de que veas un mango es que te pague por cogerte. Un peso por cada cogida que te dé, ¿escuchaste? Me dijo riéndose en mi cara.
— ¿¡Un peso por cogida!? ¡Es una miseria, sos un maldito enfermo! Le dije indignada.
No puedo creer lo que me estaba diciendo mi bully, me iba a pagar un peso, me iba a convertir en su prostituta barata
— Es eso o nada, puta. Aceptá o jodete, porque te voy a coger igual todas las veces que se me cante, así que al menos vas a ganar algo de plata. Me respondió agarrándome del mentón.
— E-está bien... acepto... Le dije humillada, tragándome la bronca para tener algo con qué bancar el futuro.
— Ahora rogame para que venga a usarte y a hacerte mi puta cuando quiera. Me ordenó.
— P-por favor, Braian... vení a usarme todas las veces que quieras para pagar por nuestro futuro hijo. Le rogué entre lágrimas.
— Pedímelo bien, decime que querés ser mi puta paga. Me exigió.
— ¡Te lo suplico, vení a coger p-por plata y haceme tu puta todas las semanas! Le dije llorando de vergüenza.
— Rogame más fuerte, dale. Me ordenó disfrutando de mi caída.
— ¡Por favor, usame cuando quieras y pagame ese peso por cogida, te lo suplico! Le dije humillada.
— Agradeceme que te vaya a pagar por algo que de todas formas te haría gratis, perra barata. Me dijo dándome una última palmada en el muslo.
— G-gracias por pagarme... Le dije en un hilo de voz, destruida por completo mientras él se alejaba riéndose a carcajadas.
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