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Amazonia

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Llegué a San Cristobal, previa escala en Caracas, con la sensación de haberme transportado a otro mundo. La vegetación como una hembra sigilosa y fuerte rodeaba cada tramo del aire también verde. Nadie llegó a recibirme al pequeño aeropuerto. Mi mente estaba repasando las actividades. Jornadas de Historia (a las que había sido invitado gracias al azar, que puso en el buscador de uno de los rectores organizadores de esas ponencias), “Lucía Miranda. Una historia irreal” título un tanto desacertado, más apto para una charla de café literario. Pero había otro plan. 
Hasta hacía unos meses había mantenido contacto con una pareja de esa verde ciudad, Augusto y Zora. Él, más que interesante, tenía la fantasía de hacer pasar un grato momento a su mujer, una amazona de pechos firmes, pezones sugerentes y una cola que seguramente provocaba más de un caso de tortícolis. Poco a poco habíamos establecido una muy buena vibración, creando un grupo Enel que conversábamos sobre nuestra compartida fantasía. Primero charlas muy calientes, que se combinaban con conversaciones sobre arte, política, filosofía y temas también muy interesantes. Yo fantaseaba con ellos y en mis paseos enviaba fotos de paisajes y lugares. Ellos hacían lo mismo. Cierte vez em enviaron una foto de Zori en plano casi cenit, sus pezones en punta y su sonrisa de diosa puta me llevaron a autosatisfacerme. El tono de las imágenes fue subiendo. De lo mejor: un vídeo de Zori bailando desnuda con su perfecto culo balanceándose (de sólo pensarlo empiezo a sentir mi verga crecer). Más adelante uno donde ella estaba con su cara en primer plano y en perspectiva Augusto chupando su culo y jugando con un plug mientras ella gemía y sacaba su lengua, el se acercaba a la cámara y me dedicaba el vídeo. Uffff…
Pero las conversaciones se hicieron más espaciadas, teníamos una vida cargada de trabajos y el tiempo es tirano…
La invitación al congreso fue un tanto sorpresiva. Pensé en avisarles, pero a veces uno es mucho menos osado en la realidad que en las redes y, también, siente temor de entorpecer la relación de una bella pareja. Opté por dejar eso en el plano de la fantasía.
Abrí el celular y pedí un Uber. Pensé que había pocas probabilidades de que justo me tocara un chofer llamado Augusto. Pero el destino nos suele jugar deliciosas pasadas. Desde lejos vi el conocido perfil de Augusto. Mi cuerpo tembló y mi mente quedó como en cortocircuito. Subí rápido al auto y me coloqué de manera que el espejo no reflejara mi rostro. Traté de ocultar mi acento argento, pero no dio resultado.
-        ¿Argentino?- preguntó Augusto.
-        Sí, de Patagonia.
-        Oh, qué coincidencia, tengo un amigo que es de allí.
-        ¡Qué loco! ¿Vive aquí?
-        No. Pero nos contactamos cada tanto por Telegram…- aquí se detuvo, somo si la mención de la empresa de mensajería delatase algo.
-        ¿Y a qué se dedica?- pregunté ocultando mi sonrisa picaresca
-        Es historiador. Siempre pensamos en la posibilidad de que venga, pero es tan lejos.
-        Lo que uno desea, llega, Augusto- dije con tono seguro- ¿y cómo está Zori?
Clavó los frenos. Volteó sorprendido. Estacionó.
-        ¿Darío? ¿Qué hacés aquí? ¡Qué sorpresa, hermano! ¿Por qué no me avisaste? Hubiera preparado algo.
-        No quise molestar, Augusto. - Bajamos del auto y estrechamos nuestras manos. Por costumbre argentina, besé su mejilla, sosa que pareció perturbarle un poco, pero me disculpé y expliqué que en Argentina es lo más común. Conversamos, ya en el trayecto hacia el departamento que había alquilado, sobre las características del congreso, la situación de Venezuela, la de Argentina. Cuando llegamos a destino le consulté si le parecía bien que cenásemos al día siguiente. Propuso en su casa, pero yo sabía que estarían los niños. Sinceramente, no pensaba más que en poder conversar, ya que siempre me pareció una persona muy interesante, con una formación académica sólida (además de Uber, trabajaba en el nivel educativo superior). Le dije que sería mejor en un restaurante que estuviera cerca del edificio donde era el congreso.
-        Listo, Darío. Quedamos mañana a la noche. Seguramente Zori estará muy contenta de conocerte en persona.
A la hora, Augusto ya estaba conectado. Simplemente escribió “La vida te da sorpresas”, despertando la curiosidad de Zora. Con tono jocoso el evadía la respuesta, hasta que pregunto:
-        ¿Te gustaría montar a Darío?
-        Claro, amor, sabes que me encanta su verga dura y venosa. Además estoy en mis días calientes ¿Cómo estás Darío?- y envió una foto de su cola con una pollerita corta en la que se veía su ropita interior casi devorada por su apetecible cuerpo. Me excusé diciendo que estaba por salir y que enviaba mucho cariño sureño. Luché toda la noche para no conectarme.
Al otro día, el congreso fue fenomenal. Me zambullí en presentaciones, charlas y debates. Casi no pensaba en la pareja.
A la hora de finalizar salí y fui directamente al restaurante. Envié el mensaje convenido a Augusto. La mesa para tres estaba reservada. Pasaron unos treinta minutos y pude ver cuando ingresaban. Ella lucía espléndida. Un vestido que llegaba cerca de sus rodillas, ajustado a sus caderas con un escote que dejaba ver la redondez de sus pechos. Augusto la acercó hasta la mesa con los ojos cubiertos. Su cara de sorpresa fue inolvidable. Exclamó mi nombre. Me incorporé y nos dimos un abrazo tierno. Pude notar la cara de satisfacción de su esposo. Nos sentamos, conversamos animadamente sobre mil cosas, pasaron dos horas en las que no tocamos temas sexuales, pero el ambiente estaba cargado. En un momento ella pidió disculpas y fue al toilette.
-        ¿Cómo seguimos? Preguntó Augusto.
-        Estoy disponible. En el departamento tengo café y un buen vino.- Sonó mi teléfono, era un mensaje de Zora. La luz del toilette hacía que su cola fuese aún más deslumbrante.
-        ¿Nos portamos mal?- decía….
(continuará)
 

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