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Ruidos a través de la pared - Capítulo 5

Al díasiguiente me dolía muchísimo. Christopher me había dado una buena sacudida.Bueno, yo era la que lo montaba, así que quizás fui la responsable dedestrozarme, estirarme y, en general, destruirme la vagina. De cualquiermanera, planeaba mantenerme al margen un tiempo después de eso. Mi hijo y yointercambiamos unas cuantas miradas cómplices durante el desayuno, y luego losmandé a él y a su padre al mundo.
 
No iba aacercarme a mi consolador con la vagina todavía palpitando, así que me puse aldía con un montón de tareas que había estado ignorando últimamente. Limpié. Fuide compras. Incluso salí un rato al jardín. Había muchísimas malas hierbas. Miobsesión con Christopher había eclipsado gran parte de mi vida. Mientras estabade pie entre las amapolas, respiré hondo. A pesar del dolor entre mis piernas,o quizás por ello, la vida era buena.
 
Esa noche, novisité a Christopher después de que Carl se acostara. Lo pensé. Ciertamente noiba a tener sexo con él con mi concha hecha jirones, pero podría haberle hechouna buena mamada maternal. Pero no, podíamos tomarnos un pequeño descanso. Eraun buen momento para reflexionar. Mi frustración se había ido y la vida sehabía expandido de nuevo más allá de mi libido descontrolada.
 
Por la mañana,Christopher me miró con curiosidad, pero tuvo la sensatez de no preguntar porqué no lo había visitado la noche anterior. Parecía un poco molesto mientrascargaba su mochila y caminaba hacia la puerta principal. "Adiós, mamá. Voya casa de Gwen esta tarde. Tal vez no esté en casa para la cena". Sedetuvo junto a la puerta para medir mi reacción.



Ruidos a través de la pared - Capítulo 5


"Estábien, cariño. Decile a tu novia que le mando saludos". Le hice un pequeñosaludo con la mano y se fue.
 
“¿De qué setrata todo eso?” Al parecer, Carl no era tan despistado como parecía. Habíacaptado la tensión entre nuestro hijo y yo.
 
“Oh, ya sabéscómo es con Gwen”. Lo que dije no tenía sentido. ¿Cómo era con Gwen? Perosonaba como algo que Carl no querría admitir que desconocía.
 
“Ah, claro”. Mehizo un gesto varonil con la cabeza. Los hombres son tan tontos.
 
“Adiós, cariño”.Lo acompañé hasta la puerta. Que tengas un buen día en el trabajo. Y así, derepente, tuve la casa para mí sola. Pensé en ir a buscar mi consolador; miconcha se había recuperado un poco después de dos días sin sexo. Pero encambio, me ocupé de mis tareas diarias. Había mucho con que ponerme al día.
 
Christopherfaltó a la cena tal como había dicho. Me aseguré de darle un abrazo cuando regresó,y efectivamente, olía a sexo. Había estado con su novia toda la tarde. Estabasegura. Nuestra noche trascendental debió haber disparado sus hormonas dedieciocho años. Pensé en visitarlo esa noche. Pero ahora que estábamos en undescanso, quería volverlo un poco loco. Él me había estado volviendo loca a mí.Parecía justo darle la vuelta a la situación.
 
En lugar devisitar a Christopher en el sótano esa noche, fui una buena esposa y seduje aCarl. La buena noticia es que no lastimó mi concha aún en recuperación enabsoluto. La mala noticia: lo adivinaste. Apenas lo sentí. Es muy posible queel consolador y mi hijo hayan arruinado el sexo con mi esposo para siempre. Ledi a Carl mi orgasmo falso más valiente esa noche, pero me sentí aliviadacuando terminó la sesión de cinco minutos.
 
A la mañanasiguiente, la tensión con Christopher aumentó.
 
"Hoy voy aestar con Gwen en su casa otra vez." Christopher frunció el ceño.
 
Esto era undesafío para mí. Podía sentirlo. Me preguntaba si la madre de Gwen había atrapadoa su hija de con Christopher. No es que fueran muy discretos al respecto. Mepreguntaba en qué parte de la casa de Gwen los adolescentes se acostaban.
 
“¿Mamá?”. Christopherse detuvo junto a la puerta de nuevo, con la mochila puesta. "Dije que voya casa de Gwen después de clase."
 
"Estábien, cariño." Tomé un sorbo de café.
 
"Solo telo digo porque...". Volvió trotando hacia mí. "No tengo que ir a casade Gwen", susurró. Christopher buscó a su padre con la mirada, pero Carlseguía arriba. "Podríamos pasar un rato esta tarde."
 
Quería hacer unbaile de celebración, pero en cambio sonreí dulcemente. ¡Tomá, señorita novia perfecta!Le estaba ganando a Gwen. Esa joven, con su cuerpo perfecto y alegre, no podíacompetir. "Hay una cosa, Christopher. Tengo una reunión de voluntarios conla comisión de parques esta tarde. Te paso a buscar después de laescuela."
 
“¿No está unpoco grande para que lo pases a buscar?”. Carl entró en la cocina y se dirigióa la panera.
 
“Solo pasaré unrato con mi hijo, cariño. ¿Te parece bien?”. Tomé otro sorbo de café y vi aChristopher ponerse rojo como un tomate.
 
“Sí, supongo”.Carl estaba demasiado ocupado con otra cosa como para notar la incomodidad deChristopher. “Cuando yo tenía su edad, no creo que perdiera ninguna oportunidadde pasar tiempo con una chica. Pero si quiere dejar a Gwen por su madre...”. Miesposo se encogió de hombros
 
Mi sonrisa eratan amplia que pensé que mis mejillas iban a estallar. Incluso Carl, a sumanera, estaba dejando claro que yo había vencido a Gwen.
 
"Nos vemosdespués de la escuela". Vi a Christopher salir corriendo por la puerta,moviéndose torpemente con lo que supuse que era una dolorosa erección.
 
Luego envié aCarl al trabajo y me dediqué a un día lleno de tareas. Yo era la primera en lafila para recoger a los jóvenes cuando sonó el timbre. Vi a Christopher y losaludé con la mano. Tenía una estúpida sonrisa en la cara. Besó a Gwen paradespedirse y corrió hacia mi coche.
 

“¡Hola, mamá!”Su gran y tonta sonrisa no había desaparecido de su rostro. Si no teníacuidado, Gwen podría empezar a sospechar. Podía verla de pie, observándonos conlos brazos cruzados. No parecía contenta. Le hice un pequeño saludo amistoso.Solo te estoy robando a tu novio por la tarde, pensé.



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Christopher yyo nos subimos al coche y lo arranqué.
 
"Hola,cariño. ¿Qué tal tu día?" Saqué el coche al tráfico.
 
"Pensé...eh... quiero decir... después de que lo hicimos, no viniste a mi habitación lasdos últimas noches. Pensé... que había hecho algo mal. ¿Estás enojada?"Las palabras salieron de Christopher.
 
"Lamentohaberte hecho pasar por eso." Lo miré con el ceño fruncido y quité la manodel volante para darle una palmadita en la rodilla. No lo lamentaba. Esta tardelo recompensaría. "Solo me dolía mucho y necesitaba un descanso de todoesto."
 
Su rostro seentristeció. "¿Entonces, nos estamos tomando un descanso nada más?"
 
"Loestábamos tomando." Le apreté la rodilla. "Pero ya no me duele tanto,así que..." Dejé que mis dedos recorrieran su muslo. Echando un vistazorápido, pude ver que ya su verga estaba dura bajo sus pantalones.
 
“¿Hasta elfinal?”. Christopher parecía tan esperanzado. "Con protección, quierodecir", añadió cuando no respondí de inmediato.
 
“Ya veremoscómo resulta”. Giré mi coche hacia el camino de tierra y luego hice un girorápido hacia un viejo y apartado estacionamiento.
 

“¿Qué es esto?”.Miró a su alrededor sorprendido.



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“Pensé quesería divertido hacer una parada de camino a casa. Este parque está cerrado hacetiempo. Ya nadie viene por acá”. Mi mano subió hasta su verga y la apretó através de sus pantalones. Realmente estaba reviviendo mi adolescencia.Recordaba vívidamente besarnos en estacionamientos abandonados hace tantosaños. “Nunca nos besamos, cariño. Quiero decir, como lo haríamos si yo fuera tunovia. ¿Alguna vez pensaste en eso?”
 
“Eh... sí”.Asintió, sonrojándose de nuevo.
 
“¿Soy losuficientemente linda como para robarte un beso? ¿Más linda que Gwen?”. Inclinémi cara hacia él, masajeando su verga a través de sus pantalones.
 

"Sos más lindaque Gwen, mamá."  Él también seinclinó.



mom


Al principio fuimoscautelosos. Nuestros labios se tocaron. Nos dimos unos cuantos besos. Peropronto, mi lengua estaba en su boca y él me manoseaba las tetas a través de misuéter. Nos estábamos besando como adolescentes.
 
“¿Te molesta...sí…?”. Me incliné y le saqué la verga. "Juguemos un jueguito. Voy a chupártelaun rato. Si podés aguantar quince minutos, podrás volver a metérmela."Sabía que esto sería fácil para él, pero, por supuesto, quería que ganara."Si eyaculás en mi boca, no hay sexo hoy. ¿Trato hecho?"
 

"Eh,claro..." Se agarró al asiento del coche mientras yo iba a darle unamamada lenta y descuidada.



mom and son


Después de unosminutos, sentí que su cuerpo se ponía rígido.
 
"Mamá, hayuna señora paseando a su perro." Puso su mano en mi pelo y me apartó de suverga.
 
“¿Nos ve?”. Lomiré, mientras seguía masturbándolo con las manos. Me tenía tan excitada que micerebro no había procesado el peligro en el que estábamos. En lugar de entraren pánico, me pareció deliciosamente perverso que alguna mujer pudiera llevarsela sorpresa del año si se ponía demasiado curiosa. La saliva me goteaba por elmentón, pero no me importaba.
 

“No... no creo”.Christopher parecía un poco asustado, pobrecito. Probablemente él y Gwen nohacían cosas traviesas en público. Recordé que Carl y yo habíamos estadojugando detrás de un restaurante una vez hace mucho tiempo. No fue tanemocionante como esto. Ni de lejos.



Ruidos a través de la pared - Capítulo 5


“¿Qué crees queharía si nos viera?”. Lo acaricié perezosamente y busqué el mejor lugar paratener sexo. Aún no habían pasado quince minutos, pero mi hijo merecía supremio.
 
“Llamaría a lapolicía”. Christopher me miró con asombro.
 
“¿Viene hacianosotros?”. Saqué el preservativo que había traído de mi bolso. “No queremosque vea lo que pase después”. Me desvestí, dejando caer mi ropa al suelo. Estosjuegos que Christopher y yo jugábamos realmente me volvían imprudente.
 
“Se estáalejando. No nos vio”
 
"Vamos ala parte de atrás." Le quité los pantalones y la ropa interior y le di unapalmada en el culo desnudo a Christopher mientras se metía en el asientotrasero. Lo seguí y me senté a su lado. "No es espacioso, peroservirá." Saqué el preservativo de su envoltorio y se lo puse en la verga."¿Listo?" Me subí a su regazo. Todavía llevaba puesta la camisa, asíque se la quité por encima de la cabeza y la tiré al suelo con mi ropa.
 
"Estoy...listo." Christopher tragó saliva como si tuviera la garganta muy seca. Eratan lindo.
 

"Todavíame duele un poco después de la última vez, así que voy a empezar despacio."Metí la mano entre mis piernas y lo guié hacia adentro. No cumplí mi palabra.En un minuto, lo monté con fuerza. Me golpeé la cabeza contra el techo delcoche varias veces y finalmente tuve que abrazar los hombros de mi hijo y ponermi cabeza junto a la suya para evitar una conmoción cerebral. Aparte de lacabeza, esta vez no me dolió nada. Mi concha se había adaptado a él



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Si esapaseadora de perros hubiera llegado un poco más tarde a su paseo, seguramentehabría notado que el coche se balanceaba de un lado a otro. Me pregunté sitomaría otra ruta para volver a casa. No lo hizo.
 

Justo cuandoestaba bajando de mi segundo orgasmo, miré por la ventana lateral y crucé lamirada con una mujer rubia que paseaba a su perro. Su boca era una mueca desorpresa mientras me miraba. No la reconocí, gracias a Dios. Mis caderas nunca sedetuvieron. Ella no lo sabía, pero esta mujer estaba presenciando cómo unamadre superaba lentamente a la novia de su hijo. Una oleada de orgullo yéxtasis me invadió. Su perro tiró de la correa y la mujer se alejó rápidamente.No te sorprenderá saber que tuve el orgasmo más intenso de mi vida momentosdespués.



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Monté aChristopher con tanta fuerza que pensé que podría romper el asiento trasero. Elsol se estaba poniendo cuando su revelador gruñido llenó el coche. "Vamos,cariño", le susurré al oído.
 
"Oh...ughhhh... Mamá." Sus manos agarraron mi culo con fuerza. Me inmovilizósobre él, deteniendo el progreso de mis caderas, y se desahogó. Fue puraalegría.
 
Después de unrato, me separé de él y me senté con cuidado a su lado. Esperaba no estargoteando demasiado. Al menos no había tenido otra inundación. "Eso fuemágico, Christopher". Le quité el preservativo y lo puse en una bolsitaque había traído dentro de mi bolso.
 
"Sí".Todavía respiraba con demasiada dificultad como para decir mucho. La sonrisa ensu rostro lo decía todo. Me acurruqué junto a él y apoyé mi cabeza en suhombro, acariciando suavemente su pecho. Ese momento casi igualó la perfeccióndel sexo. No dijimos nada. No teníamos que hacerlo. Nunca quise que esa tardeterminara. Pero estaba oscureciendo afuera.
 

"Vamos acasa. Tu papá no debería volver a una casa vacía". Me incorporé y meagaché para recoger mi ropa, pero sus manos rápidamente se posaron en miscaderas.



mom


Sin decirpalabra, me puso a cuatro patas en el asiento trasero. Se puso detrás de mí.
 

"Esperá.No traje dos preservativos. Y tenemos que... uuuugggghhhhhhh... volver a...ooooohhhhhhh." En esa posición, golpeó mi cuello uterino de nuevo, másfuerte que cuando yo estaba encima. El dolor regresó a mi vagina. "Esperá...uh... uh... deberíamos... ugh... ughhhhh." El dolor se transformó en unplacer completamente nuevo. Ya no tenía palabras de protesta.



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Mi hijo me cogiócomo a una perra en el asiento trasero de mi coche durante un buen rato.Incluso me agarró del pelo en un momento dado, un truco que seguro aprendió conGwen. Perdí la noción del espacio y del tiempo. Pasé de un orgasmo aullante aotro mientras la noche se cernía sobre nosotros. Finalmente, se retiró y meroció la espalda y el culo con su semen. Me desplomé en el asiento, era undesastre tembloroso y pringoso.



Ruidos a través de la pared - Capítulo 5


Cuando recuperéla compostura, pude oírlo vestirse a mi lado. Me incorporé y me entregó miropa. Nos vestimos en silencio. Cuando me sentí lo suficientemente bien comopara conducir, volví a meterme en el asiento delantero y arranqué el coche.
 
"Lo sientopor la segunda vez sin protección, mamá. Estabas demasiado buena."Christopher se subió al asiento del acompañante. Seguía sonriendo de oreja aoreja. No detecté mucha disculpa en su tono. Estaba bien. Mientras se retiraraa tiempo, no había ningún problema. Y, no podía negarlo, me había encantadosaber que su verga desnuda había  estadoadentro mío.
 
"No tepreocupes." Saqué el coche del estacionamiento abandonado. Mi espalda y miculo estaban pegajosos de semen debajo de la ropa. "¿Qué vamos a decirle atu padre?"
 
"Sabe queme buscaste hoy. Le diremos que... estábamos pasando el rato." Christopherse encogió de hombros y se abrochó el cinturón.
 
Pasando elrato, en efecto.

 

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