El aire de la tarde estaba cargado de aroma a jazmín floreciente mientras Alex detenía su auto en la entrada de la casa suburbana de Mike, y el suave resplandor de las luces de hilo envolvía el porche como una invitación a la indulgencia. Su corazón latía con una mezcla de anticipación y culpa, del tipo que siempre se agitaba cuando visitaba a su mejor amigo —especialmente con Sophia en la foto. A sus 35 años, Alex no era ajeno a la tentación; sus rasgos robustos y su complexión atlética atraían la mirada dondequiera que iba, pero esta noche, lo que ansiaba era su mirada. Salió, alisándose la camisa sobre su ancho pecho, y se dirigió a la puerta, donde Mike la abrió con su sonrisa característica, con su robusta figura llenando la entrada.
-Alex, hombre, ¡llegaste justo a tiempo! "Entra, entra", gritó Mike, aplaudiéndolo en el hombro con un entusiasmo cálido e inconsciente.Sophia estaba parada justo detrás de él en la sala de estar, su voluptuosa figura abrazada por un elegante vestido negro que se aferraba a sus curvas como una segunda piel, la tela brillando bajo las luces tenues. Sus ojos cautivadores, un avellano profundo que parecía atravesar las sombras, se fijaron en los de Alex mientras ofrecía una sonrisa juguetona. -Oh, Alex, llegas justo a tiempo para tomar algo. Sabes, solía bailar profesionalmente en el pasado—ballet, principalmente, pero incursioné en algo un poco más... seductor." Su voz era un ronroneo sensual, mezclado con un toque de travesura que aceleraba el pulso de Alex, la tensión sutil se enroscaba en el aire como humo.
Mike se rió entre dientes y se disculpó para agarrar otra botella de la cocina, dejando a Alex solo con Sophia. Se acercó, sus caderas se balanceaban con un ritmo natural que insinuaba los bailes de los que hablaba,El vestido negro susurraba contra sus muslos mientras se movía. Sus pechos subían y bajaban con cada respiración, el escote bajo revelaba lo suficiente como para despertar la imaginación de Alex, y él sentía un calor familiar acumulándose en su ingle, su polla temblando contra la tela de sus jeans. Los ojos de Sophia se dirigieron hacia abajo por un momento fugaz, una mirada coqueta que decía mucho, sus labios curvándose en una sonrisa cómplice. A medida que la suave música del estéreo llenaba la habitación, ella comenzó a moverse, su cuerpo ondulaba en un ritmo sensual que lo atraía, la forma en que su vestido abrazaba su trasero y acentuaba la hinchazón de sus caderas encendiendo un fuego prohibido dentro de él. La respiración de Alex se apoderó de él, su mente corría con la emoción ilícita, cada centímetro de su baile era una promesa tentadora que hacía que su erección palpitara de necesidad urgente, poniendo a prueba los frágiles límites de su lealtad.
-Alex, hombre, ¡llegaste justo a tiempo! "Entra, entra", gritó Mike, aplaudiéndolo en el hombro con un entusiasmo cálido e inconsciente.Sophia estaba parada justo detrás de él en la sala de estar, su voluptuosa figura abrazada por un elegante vestido negro que se aferraba a sus curvas como una segunda piel, la tela brillando bajo las luces tenues. Sus ojos cautivadores, un avellano profundo que parecía atravesar las sombras, se fijaron en los de Alex mientras ofrecía una sonrisa juguetona. -Oh, Alex, llegas justo a tiempo para tomar algo. Sabes, solía bailar profesionalmente en el pasado—ballet, principalmente, pero incursioné en algo un poco más... seductor." Su voz era un ronroneo sensual, mezclado con un toque de travesura que aceleraba el pulso de Alex, la tensión sutil se enroscaba en el aire como humo.
Mike se rió entre dientes y se disculpó para agarrar otra botella de la cocina, dejando a Alex solo con Sophia. Se acercó, sus caderas se balanceaban con un ritmo natural que insinuaba los bailes de los que hablaba,El vestido negro susurraba contra sus muslos mientras se movía. Sus pechos subían y bajaban con cada respiración, el escote bajo revelaba lo suficiente como para despertar la imaginación de Alex, y él sentía un calor familiar acumulándose en su ingle, su polla temblando contra la tela de sus jeans. Los ojos de Sophia se dirigieron hacia abajo por un momento fugaz, una mirada coqueta que decía mucho, sus labios curvándose en una sonrisa cómplice. A medida que la suave música del estéreo llenaba la habitación, ella comenzó a moverse, su cuerpo ondulaba en un ritmo sensual que lo atraía, la forma en que su vestido abrazaba su trasero y acentuaba la hinchazón de sus caderas encendiendo un fuego prohibido dentro de él. La respiración de Alex se apoderó de él, su mente corría con la emoción ilícita, cada centímetro de su baile era una promesa tentadora que hacía que su erección palpitara de necesidad urgente, poniendo a prueba los frágiles límites de su lealtad.
0 comentarios - La esposa de mi amigo