Si alguna vez se sienten miserables, recuerden esta historia..
Me llamo Sergio tengo 40 años he estado casado con Sandra de 36 años desde los 30, la conocí en la empresa de mi padre, su belleza y carisma me hipnotizó desde el primer momento, conquistarla no se me dificultó, en ese tiempo era atlético, apuesto y tambien hijo del jefe.
Nuestro matrimonio fue bastante común, realmente no había mucho drama, lo cual para mí fue perfecto, hasta ese momento..
Cumplí 36 y mi padre me exigía ver un nieto, cosa que estaba por cumplirse ya que Sandra llevaba 3 meses de embarazo, en esos momentos mi padre falleció por Cirrosis Hepática, sumado a eso Sandra perdió al bebé poco despues. Mi vida fue en declive, malas decisiones llevaron casí al cierre del negocio familiar, tuve que vender y asegurar lo maximo posible, despues de eso me refugié en el alcohol. Los años pasaron, supongo que atravesaba problemas de depresión, realmente poco o nada me importaba.

Sandra se dio cuenta antes que yo.
Empezó con amenazas suaves. “No quiero esto para mi vida”, “no voy a hundirme contigo”. Yo lo tomaba como drama.
Nunca se fue, así que di por hecho que nunca lo haría. Y si, no se fue del todo, pero poco a poco dejó de estar para mi.
Al inicio fue algo raro, pero no fuera de lo normal, salía más, repetía que "necesitaba" despejarse, que cenaría con amigas, que no queria estar encerrada. Yo no le ponía peros, siempre que no me molestara con lo mio.
Lo que si me pareció raro fue cuando empezó a arreglarse más, ropa que no veía sentido si solo saldría con amigas.
Un día salió con un vestido corto rojo, pegado, los que usaba cuando recien nos conociamos. La miré y solté:
“¿Y tú a dónde tan producida?”
No fue en broma. Fue con ese tonito… que ya sabía que le pegaba.
Se quedó callada un segundo. Se miró como dudando. Bajó un poco el ánimo, se notó.
“Iba a salir a cenar.”
“Con razón, hay que dar lástima bien presentada.”
Se le borró la sonrisa.
Salió así de todos modos. Regresó temprano esa vez. Tranquila, sin ganas de hablar mucho. Pensé que había funcionado. Que todavía podía bajarla cuando quisiera.

Mis sospechas se confirmaron poco después, apareció "Hugo" ni siquiera lo presentó, simplemente lo mencionó como "Un señor que conocí" "me invito a cenar" me lo tome como un intento desesperado de dar celos. Yo me reí, literal.
Cuando lo vi no tenía sentido. Era mas viejo, gordo, con una cara.. no sé parecía un ogro.
Hasta le dije algo tipo "Pues bájale, no te vayas a enamorar"
Ella no respondió y eso debió decirme algo.
Siguió saliendo. Cada vez más tiempo. A veces regresaba tarde pero seguía preguntando cosas.
“Oye, ¿te molesta si salgo mañana?”
Como si todavía necesitara mi aprobación.
Y yo… me burlaba. Siempre.
“Haz lo que quieras.”
La primera bomba que lanzó y que yo no esquive ..
“¿Te parece bien si Hugo viene a comer?”
La miré un segundo. Ahí estaba, esperando algo. Invita a quien quieras, es tú casa también.
Creo que ya no habia manera de impedirlo, pero haber dicho "no" hubiera significado algo.
El día que vino, yo estaba arriba. Escuchaba movimiento en la cocina.
Bajé un poco, sin hacer ruido. No sé por qué. Curiosidad, supongo.
La vi primero a ella.
Otra vez arreglada. Moviéndose como si estuviera de buen humor.
Luego él, sentado, relajado, hablándole como si nada.
Me quedé en la escalera, medio oculto, escuchando. Murmullos, risas bajas. No distinguía mucho las palabras
Y luego lo vi. Su mano en la cadera de Sandra, acariciándola, esperé a que ella la retirara pero siguió hablando como si nada, la mano bajo un poco. Sentí una mezcla de emociones.
“¿De verdad se va a dejar tocar aquí… así?”
“Vaya… qué fácil.”
Y al mismo tiempo… sin apartar la vista. Acaso era que ya no parecía importarle si yo lo veía o no.

Sandra se inclinó un poco más sobre la barra, dándole espacio sin hacerlo obvio. O tal vez sí era obvio y yo apenas lo estaba entendiendo.
Me quedé viendo.
La mano subió apenas… luego volvió a bajar jugando, se metió por debajo de su vestido y no salió de ahí, ella solo se retorció un poco. Esa comodidad no aparece en una comida improvisada. Ese tipo no estaba “intentando suerte” seguro habia pasado mas que eso antes, por mi mente pasó la pregunta de cuanto tiempo.. no, ¿cuantas veces se la habrá cogido ya?

Se giró hacia el, su pelvis chocaron, sin embargo su mano no abandonaba su vagina, Sandra le susurró algo antes de mirar hacia las escaleras.
Sentí el golpe en el pecho y me agaché de golpe, escondiéndome. Murmullos otra vez.. Un pequeño golpe contra la barra. Algo moviéndose. Una risa más contenida. Queria mirar mas pero no podría si Sandra me descubría..
Me llamo Sergio tengo 40 años he estado casado con Sandra de 36 años desde los 30, la conocí en la empresa de mi padre, su belleza y carisma me hipnotizó desde el primer momento, conquistarla no se me dificultó, en ese tiempo era atlético, apuesto y tambien hijo del jefe.
Nuestro matrimonio fue bastante común, realmente no había mucho drama, lo cual para mí fue perfecto, hasta ese momento..
Cumplí 36 y mi padre me exigía ver un nieto, cosa que estaba por cumplirse ya que Sandra llevaba 3 meses de embarazo, en esos momentos mi padre falleció por Cirrosis Hepática, sumado a eso Sandra perdió al bebé poco despues. Mi vida fue en declive, malas decisiones llevaron casí al cierre del negocio familiar, tuve que vender y asegurar lo maximo posible, despues de eso me refugié en el alcohol. Los años pasaron, supongo que atravesaba problemas de depresión, realmente poco o nada me importaba.

Sandra se dio cuenta antes que yo.
Empezó con amenazas suaves. “No quiero esto para mi vida”, “no voy a hundirme contigo”. Yo lo tomaba como drama.
Nunca se fue, así que di por hecho que nunca lo haría. Y si, no se fue del todo, pero poco a poco dejó de estar para mi.
Al inicio fue algo raro, pero no fuera de lo normal, salía más, repetía que "necesitaba" despejarse, que cenaría con amigas, que no queria estar encerrada. Yo no le ponía peros, siempre que no me molestara con lo mio.
Lo que si me pareció raro fue cuando empezó a arreglarse más, ropa que no veía sentido si solo saldría con amigas.
Un día salió con un vestido corto rojo, pegado, los que usaba cuando recien nos conociamos. La miré y solté:
“¿Y tú a dónde tan producida?”
No fue en broma. Fue con ese tonito… que ya sabía que le pegaba.
Se quedó callada un segundo. Se miró como dudando. Bajó un poco el ánimo, se notó.
“Iba a salir a cenar.”
“Con razón, hay que dar lástima bien presentada.”
Se le borró la sonrisa.
Salió así de todos modos. Regresó temprano esa vez. Tranquila, sin ganas de hablar mucho. Pensé que había funcionado. Que todavía podía bajarla cuando quisiera.

Mis sospechas se confirmaron poco después, apareció "Hugo" ni siquiera lo presentó, simplemente lo mencionó como "Un señor que conocí" "me invito a cenar" me lo tome como un intento desesperado de dar celos. Yo me reí, literal.
Cuando lo vi no tenía sentido. Era mas viejo, gordo, con una cara.. no sé parecía un ogro.
Hasta le dije algo tipo "Pues bájale, no te vayas a enamorar"
Ella no respondió y eso debió decirme algo.
Siguió saliendo. Cada vez más tiempo. A veces regresaba tarde pero seguía preguntando cosas.
“Oye, ¿te molesta si salgo mañana?”
Como si todavía necesitara mi aprobación.
Y yo… me burlaba. Siempre.
“Haz lo que quieras.”
La primera bomba que lanzó y que yo no esquive ..
“¿Te parece bien si Hugo viene a comer?”
La miré un segundo. Ahí estaba, esperando algo. Invita a quien quieras, es tú casa también.
Creo que ya no habia manera de impedirlo, pero haber dicho "no" hubiera significado algo.
El día que vino, yo estaba arriba. Escuchaba movimiento en la cocina.
Bajé un poco, sin hacer ruido. No sé por qué. Curiosidad, supongo.
La vi primero a ella.
Otra vez arreglada. Moviéndose como si estuviera de buen humor.
Luego él, sentado, relajado, hablándole como si nada.
Me quedé en la escalera, medio oculto, escuchando. Murmullos, risas bajas. No distinguía mucho las palabras
Y luego lo vi. Su mano en la cadera de Sandra, acariciándola, esperé a que ella la retirara pero siguió hablando como si nada, la mano bajo un poco. Sentí una mezcla de emociones.
“¿De verdad se va a dejar tocar aquí… así?”
“Vaya… qué fácil.”
Y al mismo tiempo… sin apartar la vista. Acaso era que ya no parecía importarle si yo lo veía o no.

Sandra se inclinó un poco más sobre la barra, dándole espacio sin hacerlo obvio. O tal vez sí era obvio y yo apenas lo estaba entendiendo.
Me quedé viendo.
La mano subió apenas… luego volvió a bajar jugando, se metió por debajo de su vestido y no salió de ahí, ella solo se retorció un poco. Esa comodidad no aparece en una comida improvisada. Ese tipo no estaba “intentando suerte” seguro habia pasado mas que eso antes, por mi mente pasó la pregunta de cuanto tiempo.. no, ¿cuantas veces se la habrá cogido ya?

Se giró hacia el, su pelvis chocaron, sin embargo su mano no abandonaba su vagina, Sandra le susurró algo antes de mirar hacia las escaleras.
Sentí el golpe en el pecho y me agaché de golpe, escondiéndome. Murmullos otra vez.. Un pequeño golpe contra la barra. Algo moviéndose. Una risa más contenida. Queria mirar mas pero no podría si Sandra me descubría..
0 comentarios - Sandra, mi esposa infiel