Después de separarnos volví a la casa de Bernal. Tomamos unas cervezas y terminamos con Carla arriba mío en el sofá, moviéndose despacio con mi verga adentro. Estaba suelta por el alcohol y le empecé a hacer las preguntas que me quemaban:
—¿Cuántos te cogieron?
—Tres…
—¿Te la metieron sin forro?
—Todos… me encanta sentir cuando se corren adentro.
Y ahí solté la que más me daba vueltas:
—¿Y por el orto? ¿Te dieron por el culo?
Carla dudó un segundo, pero el alcohol y lo caliente que estaba la aflojaron:
—Sí… el del trabajo me lo hizo.
Se me paró todo el cuerpo. Porque Carla nunca me dejó hacérselo a mí. Durante años se lo pedí, le rogué, le dije que era mi fantasía más grande… y siempre me decía que “no”, que “le daba cosa”, que “no le gustaba”. Y ahora resulta que a otro hijo de puta sí le abrió el culo.
Me dio una bronca enorme, una mezcla de celos y calentura que me explotaba la cabeza. La agarré más fuerte de las caderas y se la metí profundo mientras le seguía preguntando:
—¿Cómo fue? Contame todo, hija de puta.
—Me preparó con los dedos en la oficina después de hora… me escupió, me abrió despacio y después me la metió entera. Al principio ardía, pero después empecé a empujar para atrás. Me encantó sentirme tan puta.
En ese momento me levanté, agarré su celular y abrí el chat. Ahí estaba el mensaje que me remató:
“Qué morboso soy, me encantó hacerte la cola, dejarte la llena de leche y ver cómo latís el ano”
Y la foto: su culo rojo, bien abierto, con semen escurriendo del ano todavía contraído.
Cuando Carla vio que estaba mirando el celular se puso loca:
—¡Dame eso! ¿Qué carajo hacés revisando mis mensajes? ¡Andate a la mierda!
Se enojó de verdad, me gritó, me empujó… pero cuando vio la cara que tenía y lo dura que se me había puesto la pija después de leer eso, se calló. Me miró unos segundos con bronca y calentura mezcladas y murmuró:
—Está bien… si tanto te jode que otro me haya cogido el orto que vos nunca pudiste, vení. Hoy te lo regalo de premio consuelo.
Se fue a la cama, se puso en cuatro bien abierta, escupió en su propio ano y me miró por encima del hombro:
—Metémela. Usame el culo como él lo hizo.
Se la metí despacio, sintiendo cómo me apretaba. Mientras la cogía por el orto no paraba de pensar que ese tipo había estado ahí antes, que ella le había dicho que sí a él y a mí no. Eso me ponía aún más loco. Le tiré del pelo, le di unas nalgadas fuertes y le pregunté más detalles mientras la embestía:
—¿Te corriste cuando te la metió por el culo?
—Sí… me corrí tocándome el clítoris mientras me la daba fuerte.
Me acabé adentro de ella gruñendo, descargando toda la bronca y la excitación. Cuando salí, su ano quedó abierto un rato, latiendo, con mi leche saliendo igual que en la foto.
Desde esa noche la fantasía que no me baja es verla en vivo: que traiga a un tipo y me deje mirar cómo le abre el culo a otro mientras me mira a los ojos.
—¿Cuántos te cogieron?
—Tres…
—¿Te la metieron sin forro?
—Todos… me encanta sentir cuando se corren adentro.
Y ahí solté la que más me daba vueltas:
—¿Y por el orto? ¿Te dieron por el culo?
Carla dudó un segundo, pero el alcohol y lo caliente que estaba la aflojaron:
—Sí… el del trabajo me lo hizo.
Se me paró todo el cuerpo. Porque Carla nunca me dejó hacérselo a mí. Durante años se lo pedí, le rogué, le dije que era mi fantasía más grande… y siempre me decía que “no”, que “le daba cosa”, que “no le gustaba”. Y ahora resulta que a otro hijo de puta sí le abrió el culo.
Me dio una bronca enorme, una mezcla de celos y calentura que me explotaba la cabeza. La agarré más fuerte de las caderas y se la metí profundo mientras le seguía preguntando:
—¿Cómo fue? Contame todo, hija de puta.
—Me preparó con los dedos en la oficina después de hora… me escupió, me abrió despacio y después me la metió entera. Al principio ardía, pero después empecé a empujar para atrás. Me encantó sentirme tan puta.
En ese momento me levanté, agarré su celular y abrí el chat. Ahí estaba el mensaje que me remató:
“Qué morboso soy, me encantó hacerte la cola, dejarte la llena de leche y ver cómo latís el ano”
Y la foto: su culo rojo, bien abierto, con semen escurriendo del ano todavía contraído.
Cuando Carla vio que estaba mirando el celular se puso loca:
—¡Dame eso! ¿Qué carajo hacés revisando mis mensajes? ¡Andate a la mierda!
Se enojó de verdad, me gritó, me empujó… pero cuando vio la cara que tenía y lo dura que se me había puesto la pija después de leer eso, se calló. Me miró unos segundos con bronca y calentura mezcladas y murmuró:
—Está bien… si tanto te jode que otro me haya cogido el orto que vos nunca pudiste, vení. Hoy te lo regalo de premio consuelo.
Se fue a la cama, se puso en cuatro bien abierta, escupió en su propio ano y me miró por encima del hombro:
—Metémela. Usame el culo como él lo hizo.
Se la metí despacio, sintiendo cómo me apretaba. Mientras la cogía por el orto no paraba de pensar que ese tipo había estado ahí antes, que ella le había dicho que sí a él y a mí no. Eso me ponía aún más loco. Le tiré del pelo, le di unas nalgadas fuertes y le pregunté más detalles mientras la embestía:
—¿Te corriste cuando te la metió por el culo?
—Sí… me corrí tocándome el clítoris mientras me la daba fuerte.
Me acabé adentro de ella gruñendo, descargando toda la bronca y la excitación. Cuando salí, su ano quedó abierto un rato, latiendo, con mi leche saliendo igual que en la foto.
Desde esa noche la fantasía que no me baja es verla en vivo: que traiga a un tipo y me deje mirar cómo le abre el culo a otro mientras me mira a los ojos.
0 comentarios - Me enteré que le hicieron el orto en Bernal.