¡Hola, compañeros de Poringa! Les debía contarles qué pasócuando el hijo de la amiga de mi mujer nos visitó en Rosario meses después delo que les relaté en "Mi mujer con el hijo de una amiga…".
Unos cinco meses después de que volvimos de Entre Ríos, mimujer un día me dijo que A había vuelto a Rosario, a la casa de su madre, y quele gustaría que nos visitara. Yo le dije que sí, que lo invitara a cenar. M (mimujer) me miró con una sonrisa pícara y aceptó.
El sábado siguiente, mi mujer le mandó un mensaje a A,invitándolo a cenar en nuestra casa esa noche. A le respondió que sí, quepasaría sobre las 21:00 hs.
Mi mujer se preparó para la ocasión. Se puso un vestidonegro ajustado que se adhería perfectamente a su cuerpo. El vestido era tancortito que al caminar se le veía el inicio de los cachetes del culo, conpantys negras y unos zapatos de taco aguja que le levantaban bien el culo.
Llegó A puntual a las 21:00. Mi mujer lo recibió en lapuerta con un abrazo un poco más largo de lo normal. El pibe no podía ocultarsu asombro al ver a mi mujer así vestida. La comida transcurrió sincontratiempos, pero cada vez que mi mujer se levantaba a buscar algo, A nodejaba de mirarle el culo y noté cómo se acomodaba el pantalón evidenciando laerección que tenía.
El vino fue haciendo efecto de a poco y la charla se puso unpoco más relajada y con doble sentido. Después de un rato, mi mujer se levantóy nos dijo: "Ya vuelvo", me mira y sonríe.
Se notaba que el pibe estaba un poco incómodo, y yo paraempeorar la cosa le tiré: "Te vi en tu casa como le hiciste el orto a M,es más, ella me contó cómo la cogieron vos y tu amigo en el río".
A se quedó helado, no sabía por dónde venía la cosa y medioamagó a levantarse e irse, pero yo lo calmé y le dije que estaba todo bien yque lo que más me importaba era que ella disfrute.
En eso escuchamos atrás nuestro: "¿Y? ¿Se van a seguirhablando al pedo o me van a culear?"
Nos damos vuelta y la vemos parada con las manos en lacintura, mirándonos con una sonrisa pícara.
Se había sacado el vestido. Llevaba un corpiño de encajenegro, con tiras finas que se cruzaban por su espalda que levantaban sus tetasy dejaban asomar sus pezones por encima del borde del encaje. Una tanguitadiminuta, apenas un triangulito con una tirita que se perdía entre los cachetesdel culo. Acompañado con medias bucaneras negras de red, que subían por susmuslos hasta el borde de los cachetes del culo y zapatos de tacón aguja negros,que hacían que sus piernas se estilizaran.
Mi mujer me miró con una sonrisa malvada, se giró hacia A yme apoyó el culo mirándolo picaramente. Yo empecé a refregar mi pija contraella mientras le agarraba las tetas con las dos manos. En un momento me dice"¡Estás al palo, mi vida!". La recosté contra la mesa, ella separólas piernas mientras yo me sacaba los pantalones. Le metí un dedo en el culo ynoté que tenía lubricante, "¡Te viniste preparada, hija de puta!" ledije. Sin esperar más, le corrí el hilo de la tanga y se la metí de golpe en elculo, ella solo atinó a lanzar un fuerte gemido.
Yo empecé a bombearla con fuerza; a cada embestida mía ellagemía, sin dejar de mirar a los ojos a A, que a esta altura ya no podíaesconder su erección bajo el pantalón.
A la miraba con una cara de asombro y devoción, estaba comoido con lo que estaba sucediendo.
Yo no aguanté mucho más y le acabé con un fuerte gemido. Meseparé de ella y la besé con mucha pasión y me dice "Ahora le toca aél".
Mi mujer se arrodilló frente a A, le desabrochó el pantalóny le sacó la pija, y mi mujer se la metió en la boca de golpe. Empezó achupársela con unas ganas que me sorprendieron, se la metía toda hasta lasbolas y la sacaba lentamente, mientras le pasaba la lengua por todo el largo. Ala agarró de la cabeza y empezó a moverla hacia adelante y hacia atrás,mientras ella se la mamaba con cada vez más fuerza.
¡Así, así! - decía A, mientras mi mujer se la mamaba -¡Chupala toda!
Mi mujer no paraba de mamarla, y después de un buen ratodejándolo a punto de explotar, se paró de golpe. Se recostó sobre la mesaarqueando la espalda, se corrió la tanguita y con las dos manos se separó loscachetes del culo, dejando ver su culo húmedo y abierto.
¡No aguanto más, A! - gimió, con la voz rota - ¡Metémela ya!¡Culeame delante de mi marido!
A no lo dudó un segundo. Se acercó por detrás, le escupió enel culo y le metió toda la pija de un solo embiste. Mi mujer lanzó un grito quemezclaba el dolor y el placer más puro, y se agarró con más fuerza a la mesapara no caerse.
¡AAAAHHHH, HIJO DE PUTA! ¡SÍ, ASÍ! - gritaba, mientras Aempezaba a bombearla sin piedad.
Yo me quedé mirando. La escena era increíble: mi mujer,recostada en nuestra mesa, siendo cogida por el culo por ese pendejo mientrasle pedía más a gritos.
¡Más fuerte, hijo de puta, más fuerte! - le gritaba a A -¡Rompeme el orto! ¡Mostrale a mi marido cómo me haces acabar por el culo!
A la cogía como un animal, le sacaba la pija despacio hastala cabeza y se la clavaba de golpe hasta el fondo. Mi mujer pegaba un gritoahogado cada vez que le llegaba al fondo. Después de unos minutos, A aceleró elritmo, la agarró fuerte por la cintura y, con un rugido, se corrió bien adentrode su culo. Mi mujer me contó después que sintió la leche caliente llenándola ytuvo una acabada que la hizo temblar sobre la mesa.
A se apartó, y el culo de mi mujer quedó abierto, chorreandosemen. Yo estaba al palo de nuevo, me acerqué, y sin decir nada, le metí mipija en ese orto recién usado y lleno de leche. ¡Sí, mi vida, metémela! - mesuplicó - ¡Culeame como la puta que soy!
La agarré de los hombros y empecé a clavarle mi pija con lamisma brutalidad que lo había hecho A. La mesa empezó a crujir. Yo la cogía contoda mi fuerza, mientras ella me pedía más y más.
¡Más, así, más! - gritaba, mientras se agarraba a la mesa -¡Rompéme bien el culo, hijo de puta!
La empecé a dar cada vez más fuerza, hasta que le acabé denuevo en el culo. Me quedé un momento con la pija dentro de ella, sintiendocómo los músculos de su culo se contraían alrededor de mi pija con susorgasmos; yo no quería separarme y ella no podía moverse del orgasmo fuerte quetuvo.
Nos separamos y cuando pudo pararse, fue a lavarse al bañoya que le chorreaba leche por los muslos.
Nos quedamos un rato solos con A, en un silencio que notéque lo incomodaba. Para romper el hielo le pregunté si había disfrutado lo quesucedió, me dijo que mucho y empezamos a hablar de ella y lo que disfruta delsexo anal.
En eso sale mi mujer del baño y nos dice sonriente:"¡Segunda vuelta!"
Ella se arrodilló delante nuestro y empezó a chuparnos laspijas, se iba alternando. La verdad es que A se puso al palo enseguida y mimujer se dedicó a chupársela solo a él con dedicación. Después de un rato lepregunta: "
"¿Me querés culear de nuevo?", a lo que A asintiócon la cabeza.
A y yo nos miramos y sonreímos. Mi mujer nos miró y searrodilló en el piso, luego se inclinó hasta quedar a cuatro patas con el culoen el aire y los tacones negros apuntando hacia el techo.
"¡Veni, bebé, no me hagas esperar!", moviendo elculo de forma provocativa.
A se acercó por detrás, y sin más, le metió la pija en elculo que para este punto ya tenía re abierto. Mi mujer gimió de placer, yo mearrodillé frente a ella, le agarré la cabeza y le metí la pija en la boca.
"¡Así, hijos de puta, así!" - gritaba, con la vozrota por la excitación – "¡Demen pija! ¡Demen pija!"
A la cogía por el culo con fuerza, mientras yo le clavaba lapija en la garganta. Mi mujer solo atinaba a gemir.
"¡Más! ¡Más! ¡Más!" - gritaba – "¡No paren,no paren!"
A la agarró de las tetas y se las empezó a apretar confuerza.
"¡Voy a acabar!" - gritó A. "¡SIII, llenámede leche, hijo de puta!" - pedía mi mujer, con un hilo de voz.
Pude ver cómo A tembló de la acabada que tuvo, mi mujer tuvoun orgasmo que la dejó temblando y cayó sobre el piso completamente agotada.Como no me podía seguir chupando la pija, me hice una paja y le acabé en lacara.
Después de unos minutos se levantó y nos quedamos hablandoun rato, yo sentado en una silla y mi mujer sentada en la falda de A, queaprovechaba y le acariciaba el culo y los muslos.
Mi mujer, después de un rato, se fue a bañar ya que estabatoda sudada y pegajosa. De donde estábamos podíamos verla en la ducha, mediaoculta por el vapor del agua.
Como noté que A todavía no amagaba a vestirse y que eranotorio que tenía la tenía dura de nuevo, le dije que si quería podía darse unaducha, guiñándole un ojo. Sonriendo, fue al baño y se metió en la ducha con mimujer. Yo los miraba desde donde estaba, veía y escuchaba cómo se frotaban yreían. Me fui a la cocina a tomar un vaso de agua y cuando regresaba escucho:"¡No! ¡Otra vez por el culo no! ¡AAHHHH!". Me asomo y la veo a mimujer apoyada contra la pared del baño y a A bombeándola desde atrás. Los dejésolos para no molestarlos y me senté para mirarlos más cómodamente.
El pibe, como había eyaculado varias veces, yo acababanunca. Solo escuchaba el ruido del agua de la ducha y a mi mujer rogando queacabara: "¡Basta, basta! ¡Acabá de una vez, me estás matando, hijo deputa! ¡Basta!"
Después de unos 10 minutos escucho a A pegar un gemido y ami mujer decirle: "¡Me mataste, bebé! ¡Me encantó, pero me dejaste el culoa la miseria!" y le dio un largo beso en la boca.
Después nos quedamos tomando un champú y charlando hasta las2 de la mañana.
Espero que les haya gustado esta experiencia que les debíade ya hace tiempo.
Unos cinco meses después de que volvimos de Entre Ríos, mimujer un día me dijo que A había vuelto a Rosario, a la casa de su madre, y quele gustaría que nos visitara. Yo le dije que sí, que lo invitara a cenar. M (mimujer) me miró con una sonrisa pícara y aceptó.
El sábado siguiente, mi mujer le mandó un mensaje a A,invitándolo a cenar en nuestra casa esa noche. A le respondió que sí, quepasaría sobre las 21:00 hs.
Mi mujer se preparó para la ocasión. Se puso un vestidonegro ajustado que se adhería perfectamente a su cuerpo. El vestido era tancortito que al caminar se le veía el inicio de los cachetes del culo, conpantys negras y unos zapatos de taco aguja que le levantaban bien el culo.
Llegó A puntual a las 21:00. Mi mujer lo recibió en lapuerta con un abrazo un poco más largo de lo normal. El pibe no podía ocultarsu asombro al ver a mi mujer así vestida. La comida transcurrió sincontratiempos, pero cada vez que mi mujer se levantaba a buscar algo, A nodejaba de mirarle el culo y noté cómo se acomodaba el pantalón evidenciando laerección que tenía.
El vino fue haciendo efecto de a poco y la charla se puso unpoco más relajada y con doble sentido. Después de un rato, mi mujer se levantóy nos dijo: "Ya vuelvo", me mira y sonríe.
Se notaba que el pibe estaba un poco incómodo, y yo paraempeorar la cosa le tiré: "Te vi en tu casa como le hiciste el orto a M,es más, ella me contó cómo la cogieron vos y tu amigo en el río".
A se quedó helado, no sabía por dónde venía la cosa y medioamagó a levantarse e irse, pero yo lo calmé y le dije que estaba todo bien yque lo que más me importaba era que ella disfrute.
En eso escuchamos atrás nuestro: "¿Y? ¿Se van a seguirhablando al pedo o me van a culear?"
Nos damos vuelta y la vemos parada con las manos en lacintura, mirándonos con una sonrisa pícara.
Se había sacado el vestido. Llevaba un corpiño de encajenegro, con tiras finas que se cruzaban por su espalda que levantaban sus tetasy dejaban asomar sus pezones por encima del borde del encaje. Una tanguitadiminuta, apenas un triangulito con una tirita que se perdía entre los cachetesdel culo. Acompañado con medias bucaneras negras de red, que subían por susmuslos hasta el borde de los cachetes del culo y zapatos de tacón aguja negros,que hacían que sus piernas se estilizaran.
Mi mujer me miró con una sonrisa malvada, se giró hacia A yme apoyó el culo mirándolo picaramente. Yo empecé a refregar mi pija contraella mientras le agarraba las tetas con las dos manos. En un momento me dice"¡Estás al palo, mi vida!". La recosté contra la mesa, ella separólas piernas mientras yo me sacaba los pantalones. Le metí un dedo en el culo ynoté que tenía lubricante, "¡Te viniste preparada, hija de puta!" ledije. Sin esperar más, le corrí el hilo de la tanga y se la metí de golpe en elculo, ella solo atinó a lanzar un fuerte gemido.
Yo empecé a bombearla con fuerza; a cada embestida mía ellagemía, sin dejar de mirar a los ojos a A, que a esta altura ya no podíaesconder su erección bajo el pantalón.
A la miraba con una cara de asombro y devoción, estaba comoido con lo que estaba sucediendo.
Yo no aguanté mucho más y le acabé con un fuerte gemido. Meseparé de ella y la besé con mucha pasión y me dice "Ahora le toca aél".
Mi mujer se arrodilló frente a A, le desabrochó el pantalóny le sacó la pija, y mi mujer se la metió en la boca de golpe. Empezó achupársela con unas ganas que me sorprendieron, se la metía toda hasta lasbolas y la sacaba lentamente, mientras le pasaba la lengua por todo el largo. Ala agarró de la cabeza y empezó a moverla hacia adelante y hacia atrás,mientras ella se la mamaba con cada vez más fuerza.
¡Así, así! - decía A, mientras mi mujer se la mamaba -¡Chupala toda!
Mi mujer no paraba de mamarla, y después de un buen ratodejándolo a punto de explotar, se paró de golpe. Se recostó sobre la mesaarqueando la espalda, se corrió la tanguita y con las dos manos se separó loscachetes del culo, dejando ver su culo húmedo y abierto.
¡No aguanto más, A! - gimió, con la voz rota - ¡Metémela ya!¡Culeame delante de mi marido!
A no lo dudó un segundo. Se acercó por detrás, le escupió enel culo y le metió toda la pija de un solo embiste. Mi mujer lanzó un grito quemezclaba el dolor y el placer más puro, y se agarró con más fuerza a la mesapara no caerse.
¡AAAAHHHH, HIJO DE PUTA! ¡SÍ, ASÍ! - gritaba, mientras Aempezaba a bombearla sin piedad.
Yo me quedé mirando. La escena era increíble: mi mujer,recostada en nuestra mesa, siendo cogida por el culo por ese pendejo mientrasle pedía más a gritos.
¡Más fuerte, hijo de puta, más fuerte! - le gritaba a A -¡Rompeme el orto! ¡Mostrale a mi marido cómo me haces acabar por el culo!
A la cogía como un animal, le sacaba la pija despacio hastala cabeza y se la clavaba de golpe hasta el fondo. Mi mujer pegaba un gritoahogado cada vez que le llegaba al fondo. Después de unos minutos, A aceleró elritmo, la agarró fuerte por la cintura y, con un rugido, se corrió bien adentrode su culo. Mi mujer me contó después que sintió la leche caliente llenándola ytuvo una acabada que la hizo temblar sobre la mesa.
A se apartó, y el culo de mi mujer quedó abierto, chorreandosemen. Yo estaba al palo de nuevo, me acerqué, y sin decir nada, le metí mipija en ese orto recién usado y lleno de leche. ¡Sí, mi vida, metémela! - mesuplicó - ¡Culeame como la puta que soy!
La agarré de los hombros y empecé a clavarle mi pija con lamisma brutalidad que lo había hecho A. La mesa empezó a crujir. Yo la cogía contoda mi fuerza, mientras ella me pedía más y más.
¡Más, así, más! - gritaba, mientras se agarraba a la mesa -¡Rompéme bien el culo, hijo de puta!
La empecé a dar cada vez más fuerza, hasta que le acabé denuevo en el culo. Me quedé un momento con la pija dentro de ella, sintiendocómo los músculos de su culo se contraían alrededor de mi pija con susorgasmos; yo no quería separarme y ella no podía moverse del orgasmo fuerte quetuvo.
Nos separamos y cuando pudo pararse, fue a lavarse al bañoya que le chorreaba leche por los muslos.
Nos quedamos un rato solos con A, en un silencio que notéque lo incomodaba. Para romper el hielo le pregunté si había disfrutado lo quesucedió, me dijo que mucho y empezamos a hablar de ella y lo que disfruta delsexo anal.
En eso sale mi mujer del baño y nos dice sonriente:"¡Segunda vuelta!"
Ella se arrodilló delante nuestro y empezó a chuparnos laspijas, se iba alternando. La verdad es que A se puso al palo enseguida y mimujer se dedicó a chupársela solo a él con dedicación. Después de un rato lepregunta: "
"¿Me querés culear de nuevo?", a lo que A asintiócon la cabeza.
A y yo nos miramos y sonreímos. Mi mujer nos miró y searrodilló en el piso, luego se inclinó hasta quedar a cuatro patas con el culoen el aire y los tacones negros apuntando hacia el techo.
"¡Veni, bebé, no me hagas esperar!", moviendo elculo de forma provocativa.
A se acercó por detrás, y sin más, le metió la pija en elculo que para este punto ya tenía re abierto. Mi mujer gimió de placer, yo mearrodillé frente a ella, le agarré la cabeza y le metí la pija en la boca.
"¡Así, hijos de puta, así!" - gritaba, con la vozrota por la excitación – "¡Demen pija! ¡Demen pija!"
A la cogía por el culo con fuerza, mientras yo le clavaba lapija en la garganta. Mi mujer solo atinaba a gemir.
"¡Más! ¡Más! ¡Más!" - gritaba – "¡No paren,no paren!"
A la agarró de las tetas y se las empezó a apretar confuerza.
"¡Voy a acabar!" - gritó A. "¡SIII, llenámede leche, hijo de puta!" - pedía mi mujer, con un hilo de voz.
Pude ver cómo A tembló de la acabada que tuvo, mi mujer tuvoun orgasmo que la dejó temblando y cayó sobre el piso completamente agotada.Como no me podía seguir chupando la pija, me hice una paja y le acabé en lacara.
Después de unos minutos se levantó y nos quedamos hablandoun rato, yo sentado en una silla y mi mujer sentada en la falda de A, queaprovechaba y le acariciaba el culo y los muslos.
Mi mujer, después de un rato, se fue a bañar ya que estabatoda sudada y pegajosa. De donde estábamos podíamos verla en la ducha, mediaoculta por el vapor del agua.
Como noté que A todavía no amagaba a vestirse y que eranotorio que tenía la tenía dura de nuevo, le dije que si quería podía darse unaducha, guiñándole un ojo. Sonriendo, fue al baño y se metió en la ducha con mimujer. Yo los miraba desde donde estaba, veía y escuchaba cómo se frotaban yreían. Me fui a la cocina a tomar un vaso de agua y cuando regresaba escucho:"¡No! ¡Otra vez por el culo no! ¡AAHHHH!". Me asomo y la veo a mimujer apoyada contra la pared del baño y a A bombeándola desde atrás. Los dejésolos para no molestarlos y me senté para mirarlos más cómodamente.
El pibe, como había eyaculado varias veces, yo acababanunca. Solo escuchaba el ruido del agua de la ducha y a mi mujer rogando queacabara: "¡Basta, basta! ¡Acabá de una vez, me estás matando, hijo deputa! ¡Basta!"
Después de unos 10 minutos escucho a A pegar un gemido y ami mujer decirle: "¡Me mataste, bebé! ¡Me encantó, pero me dejaste el culoa la miseria!" y le dio un largo beso en la boca.
Después nos quedamos tomando un champú y charlando hasta las2 de la mañana.
Espero que les haya gustado esta experiencia que les debíade ya hace tiempo.
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