Sino lo saben, tambien soy otaku y me gusta mucho el anime, he comenzado a hacer un poco de cosplay enc asa y hasta a salir a convenciones en cosplay, eso ha provocato que haya tenido una nueva fantasia, la cual les quiero compartir el dia de hoy.
Me imagiino despertandome un dia tranquilo, emocionado por ir a una convencion, andando desnudo por la casa, que es de los mayores placeres de la vida, en algun momento me escribe un dom, con el cual mantengo un rol de hijo sumiso.
Dom: Hey, hagamos video chat, quiero masturbarme el dia de hoy, estare muy ocupado mas tarde, me quiero desestresar, ven a mi departamento.
Yo: Hoy no puedo, voy a salir, pero..., creo que igual te puedo ayudar a liberar estres, eso si te interesa claro?
Dom: Dime mas...
Yo: El dia de hoy voy a salir a una convencion de anime, y no te podre ver, pero que tal si me llevo mi masajeador de prostata puesto?, Tu tienes un masturbador electronico con el que lo puedo sincronizar, que te parece si lo usas mientras yo estoy en la convencion? Me llevare una jaula de castidad puesta para que nadie note mi ereccion.
Dom:... jejeje Esta bien, pero yo ire personalmente a colocarte las cosas antes de salir y al volver te tendre preparada una sorpresa estas de acuerdo?
Yo: Si lo que digas, mientras me ire a lavar.
Dom: No, estare en tu departamento en 30 min, te quiero desnudo yo me encargare de bañarte, asi qye espera.
Yo: oky, siempre estoy desnudo jejeje.
No tardo mucho en llegar mi papi dom, eramos vecinos asi que solo tenia que venir caminando a mi departamento, solo tardaba unos minutos.
Yo me encontraba completamente desnudo, me habia acostumbrado a andar asi por la casa, al punto que me parecia incomodo llevar ropa, solo cuando hacia frio, llebaba un hodie o solo una playera larga, pero el resto del tiempo estaba completamente desnudo.
Papi llego en poco tiempo y entro, el en ocasiones estaba muy ocupado y cuando tenia trabajo le gustaba llamarme para desestresarse, usando mis agujeros como el quisiera.
En cuanto llego, me levante del sillon en el que lo estaba esperando y me acerque a recibirlo, me puse de pie frente a papi, mientras el me observaba, yo tenia una ereccion, el saber que papi vendria me habia puesto cachondo.
Papi: Veo que alguien esta emocionado, pero no tengo mucho tiempo, ya te usare mas tarde, pero quiero asegurarme de preparar personamente a mi hijo.
Sin decir más, me tomó firmemente del pene con su enorme mano y me jaló hacia el baño. Yo lo seguí obediente, caminando de puntillas por la excitación.Una vez dentro, Papi se desnudó con calma, dejando que yo admirara su cuerpo. Luego salió un momento y regresó con unas esposas metálicas. Me giró sin esfuerzo, me puso las manos detrás de la espalda y me las cerró con un clic. Me dejó ahí parado, completamente esposado y expuesto, mientras él salía otra vez a preparar algunas cosas.Cuando volvió, abrió la regadera. El agua empezó a caer tibia. Papi se metió conmigo y comenzó a lavarme con dedicación. Sus manos grandes y fuertes recorrieron cada rincón de mi cuerpo: el pecho, los brazos, la espalda, las piernas… Cuando llegó a mi culo, se enjabonó bien los dedos y los metió despacio dentro de mí, limpiándome por dentro con movimientos profundos y cuidadosos.Papi: Lástima que tengo prisa… Me encantaría follarte aquí mismo, pero eso tendrá que esperar.Después de enjuagarme bien, cerró la llave de agua caliente y abrió solo la fría. El chorro helado me golpeó de golpe, haciendo que jadeara y me encogiera. Mi erección bajó rápidamente con el agua fría.Papi: No quiero problemas cuando te ponga tu jaulita, hijo.Satisfecho con el resultado, cerró la regadera. Me tomó otra vez del pene —ahora mucho más suave y obediente— y me sacó del baño, todavía con las manos esposadas a la espalda. Me llevó directamente a la habitación.Sobre la cama ya estaba todo preparado: la jaula de castidad (de la que solo él tenía las llaves), el masajeador de próstata, el lubricante y un arnes de curo para mantener todo en su lugar.
Satisfecho con el baño de agua fría, Papi cerró la regadera y me sacó del baño todavía con las manos esposadas a la espalda. Tomó una toalla grande y me secó con calma, frotando mi piel con firmeza pero sin prisa. Cuando llegó a mi pene, lo repasó varias veces con la toalla, apretándolo ligeramente, como si quisiera asegurarse de que estuviera completamente suave y dócil antes de enjaularlo.
Me llevó de nuevo a la habitación y me colocó de pie frente a la cama, donde ya tenía todo preparado.Sin decir una palabra, tomó el anillo de la jaula de castidad con una mano. Con la otra sostuvo mi pene y mis huevos juntos, metiéndolos con cuidado a través del anillo. Sus manos eran tan grandes y fuertes que mi pene se veía ridículamente pequeño entre sus dedos. Ese contraste siempre me ponía aún más cachondo: yo, completamente desnudo y vulnerable, y él, tan imponente.
Una vez que el anillo estuvo bien colocado en la base, Papi tomó la jaula propiamente dicha, alineó las piezas y la deslizó sobre mi pene con precisión. Escuché el clic característico cuando encajó en su lugar. Sacó la pequeña llave de su cartera, la introdujo en la cerradura y giró con un movimiento definitivo. Ese sonido metálico me recorrió el cuerpo entero: ahora estaba oficialmente encerrado. Solo él decidiría cuándo saldría.
—Perfecto —murmuró con satisfacción.Luego me dio la vuelta con facilidad, como si no pesara nada. Me cargó sin esfuerzo y me recostó boca abajo sobre la cama, con las manos todavía esposadas detrás de la espalda. Mi cara quedó hundida en las sábanas, el culo ligeramente elevado.Sentí cómo una de sus manos grandes separaba mis nalgas con firmeza, abriéndome por completo. Con la otra tomó el frasco de lubricante y echó un chorro generoso y frío directamente sobre mi ano.
Papi untó el lubricante con dos dedos, masajeando mi entrada con movimientos circulares y profundos, preparándome. Después tomó el masajeador de próstata, lo cubrió generosamente con más lubricante y lo presionó contra mi agujero.Lo introdujo lentamente, centímetro a centímetro, girándolo con cuidado hasta que encontró el ángulo perfecto. Sabía exactamente cómo colocarlo: la curva del juguete presionaba directo contra mi próstata.
En cuanto el masajeador quedó completamente dentro, presionando justo contra mi próstata, mi pene intentó endurecerse al instante. Pero solo logró hincharse inútilmente dentro de la jaula, presionando con fuerza contra los barrotes de plástico. Cada vibración me mantenía en un estado constante de excitación frustrado, sin poder llegar a nada.
Papi se inclinó sobre mí, todavía con las manos esposadas a mi espalda, y me dio una palmada suave pero firme en el culo, como si sellara su trabajo.Luego tomó el arnés de cuero negro que había preparado. Lo pasó alrededor de mi cintura y entre mis piernas con movimientos expertos, ajustándolo con fuerza. Las correas rodearon perfectamente la base de la jaula y el masajeador, asegurando que nada pudiera salirse por más que me moviera. Tiró de las hebillas hasta que todo quedó bien apretado contra mi piel, inmovilizando los juguetes en su lugar.
Por último, sacó un pequeño rastreador y lo colgó en el gancho inferior de la jaula, justo donde se dividían mis testículos. El aparatito quedó colgando recordándome que ahora también sabía exactamente dónde estaba en todo momento.
—Listo, hijo —dijo con voz grave y satisfecha, pasando una mano por mi espalda—. Ahora vas a ir a tu convención con el culo lleno y la polla bien enjaulada. Y no solo eso… yo sabré exactamente dónde estás en cada momento. Voy a estar jugando con tu próstata cuando me dé la gana, mientras tú intentas disimular delante de toda esa gente. ¿Estás preparado para eso, mi putito otaku?
Yo solo pude gemir contra las sábanas, el cuerpo temblando de anticipación y vergüenza. Apenas conseguí responder con un hilo de voz:—Sí, Papi… estoy preparado.
Papi soltó una risa baja y me dio otra palmada más fuerte en el culo. Se levantó, se vistió rápidamente y tomó sus cosas. Antes de irse, me giró boca arriba, me agarró del pelo y acercó su verga dura a mi boca.
—Abre.Obedecí al instante. Me folló la boca con urgencia, empujando profundo y rápido, sin darme tiempo a disfrutarlo realmente. Solo fueron unos minutos intensos: saliva corriendo por mi barbilla, arcadas suaves y su mano sujetándome la cabeza. Cuando estuvo satisfecho, se corrió dentro de mi garganta con un gruñido bajo.Tragué todo lo que pude, jadeando cuando finalmente la sacó.
—Buen chico —dijo mientras se subía el pantalón—. Recuerda lo que siempre te digo: la única verga que te debe importar es la de Papi.
-Yo estaré en el trabajo vigilándote todo el tiempo- Me dijo papi, mientras apretaba mis huevos que colgaban de la jaula de castidad. — Diviértete, bebé. Yo voy a estar masturbándome pensando en ti todo el día…
Sin decir más, me quitó las esposas, me dio un último azote en el culo y se fue, cerrando la puerta detrás de él.Me quedé solo en la habitación, desnudo, con la jaula de castidad bien cerrada, el masajeador presionando suavemente contra mi próstata y el arnés de cuero sujetándolo todo en su lugar. El pequeño rastreador colgaba entre mis piernas, recordándome que ya no tenía ningún control.La convención me esperaba… y Papi ya tenía todo listo para torturarme a distancia.
Decidí tomar un Uber para llegar a la convención. Apenas me senté en el asiento trasero del auto, el masajeador de próstata —que ya estaba bien sujeto con el arnés— se incrustó aún más profundo dentro de mí. La presión directa contra mi próstata me arrancó un pequeño jadeo que intenté disimular tosiendo.
Salí vestido con mi cosplay: una falda corta que apenas cubría la mitad del muslo. Debajo llevaba solo un jockstrap negro que ayudaba a ocultar la jaula y el precum que ya empezaba a gotear. No quería que nada se notara, así que crucé las piernas con cuidado y me acomodé la falda lo mejor posible.Apenas habían pasado dos minutos cuando sentí que el masajeador cobró vida. Papi ya había empezado a jugar con con su masturbador desde su casa. La vibración comenzó suave, pero constante, presionando exactamente donde más me volvía loco. Cada bache y tope de la calle hacía que el juguete se moviera un poco más dentro de mí, enviando ondas de placer directo a mi próstata.
Afortunadamente el conductor tenía la música bastante alta, porque el zumbido bajo del masajeador se habría escuchado claramente de no ser asi. Aun así, yo no podía quedarme quieto. Mordía mi labio inferior con fuerza, apretaba los muslos uno contra el otro y clavaba las uñas en el asiento. Mi pene luchaba desesperadamente contra los barrotes de la jaula, hinchándose y presionando inútilmente mientras un hilo constante de precum se escapaba y era absorbido por el jockstrap. Cada vez que Papi subía la intensidad, mi respiración se volvía más agitada. Intentaba mirar por la ventana como si nada, pero mi cuerpo me traicionaba: pequeñas sacudidas, piernas temblando ligeramente y ese calor insoportable concentrado en mi culo y en mi pene enjaulado.
El conductor me miró por el retrovisor un par de veces.—¿Todo bien atrás? —preguntó con tono casual.—S-sí… solo un poco nervioso por la convención —respondí con la voz entrecortada, forzando una sonrisa. Papi debió de tener un sexto sentido, porque justo en ese momento mientras hablaba con el conductor, aumentó la vibración a un nivel más fuerte y pulsante. Tuve que apretar los dientes y clavar los dedos en mis propias piernas para no gemir en voz alta. El trayecto se me hizo eterno. Cada semáforo, cada curva, cada vibración… todo me recordaba que ya no tenía control. Estaba completamente a merced de Papi, sentado en un Uber con una falda corta, el culo lleno y la polla goteando sin poder hacer absolutamente nada al respecto.
En la convencion:
Durante toda la convención Papi jugó sin piedad con la app. En ocasiones, cada posaba para fotos o caminaba entre la gente, Papi activaba vibraciones más fuertes y largas. Tenía que fingir que todo estaba normal mientras mi próstata era estimulada sin descanso, mi pene no paraba de gotear dentro de la jaula y la gente pasando a su alrededor sin imaginar que el chico del cosplay estaba siendo controlado remotamente por mi Amo.
En un momento, Papi me envió un mensaje: “Siéntelo, bebé. Estoy en casa tocándome pensando en cómo te tiemblan las piernas en público.”
Segundos después el masajeador empezó a vibrar con un patrón intenso y constante, imitando exactamente los movimientos de Papi. Yo tenia que apoyarme contra una pared, mordiéndose el labio con fuerza para no gemir en medio de la convención, mientras sentía cómo mi Amo se corría a kilómetros de distancia… y yo solo podía gotear, frustrado y expuesto.
Constantemente estaba rodeado de gente, vistiendo un cosplay casi revelador, masajeador de próstata vibrando y jaula goteando, solo pude responder algunos mensajes con manos temblorosas:
“Sí, Papi… lo sentí todo… por favor… no pares…follame sin piedad”
Mientras caminaba entre la multitud de cosplayers, Papi ya estaba jugando con la app desde su casa.
El masajeador empezó a vibrar con un patrón lento y constante, presionando directamente contra mi próstata. Aprete los muslos y trage saliva, intentando caminar con normalidad. Cada paso hacía que el masajeador se moviera ligeramente dentro de mi. El calor y la presión constante me obligaban a morderme el interior de la mejilla. Mi pene dentro de la jaula goteaba sin parar, dejando pequeñas manchas húmedas en mi jockstrap.
Mi teléfono vibró. Un mensaje de Papi: “¿Ya estás goteando en medio de toda esa gente? Quiero que camines despacio para que sientas bien cómo te vibro la próstata.”
Obedeci, caminando más lento entre los stands. Otro mensaje llegó:
“Imagínate si alguien se agacha a recoger algo y ve que llevas una jaula y un masajeador atado a tus bolas. Qué vergüenza, ¿verdad? Mi hijito expuesto en público.”
Me detuve frente a un stand de figuras coleccionables, fingiendo que miraba las estatuas. De repente el patrón cambió. Papi había empezado a masturbarse en casa. La vibración se volvió más rítmica, imitando exactamente los movimientos de su mano: lento… rápido… lento… más rápido. Tuve que apoyar una mano en el borde del stand, fingiendo interés en una figura mientras su próstata era estimulada con precisión cruel. Mis piernas temblaban ligeramente.
Un grupo de cosplayers se acercó para pedirme una foto. Tuve que posar sonriendo mientras Papi aceleraba la vibración. El masajeador pulsaba fuerte y constante. Tuvo que apretar los dientes y fingir una sonrisa cuando uno de los chicos le preguntó si se sentía bien, porque estaba “un poco rojo”.
— Sí… estoy bien — respondi con voz temblorosa, mientras el masajeador seguía imitando el ritmo de Carlos masturbándose.
Mi teléfono vibró de nuevo. Esta vez no era un mensaje de texto… era una foto.
Papi me había enviado una imagen tomada desde su escritorio: su mano sujetando el masturbador electrónico sincronizado a mi masajeador de prostata que tenia dentro de mi ano, y al lado un biberón transparente donde estaba recolectando cuidadosamente su propia corrida espesa y blanca.
El mensaje que acompañaba la foto decía:
“Mira, bebé. Estoy corriéndome pensando en ti. Cada gota que sale de mi polla va a este biberón… y esta noche, cuando regreses, vas a beberlo todo mientras te follo. Siente cómo te vibro ahora.”
En ese preciso momento la vibración del masajeador se volvió intensa y prolongada, imitando perfectamente el orgasmo de Papi. Tuve que apoyarme contra una columna cercana, las piernas temblando, mordiéndose el labio con tanta fuerza que casi se hizo sangre. Un pequeño gemido se me escapó antes de que pudiera controlarlo. Varias personas cerca me miraron extrañadas.
La vibración siguió durante casi un minuto completo, obligándome a sentir cada pulsación del orgasmo de mi Amo en medio de la convención llena de gente.
Cuando finalmente bajó la intensidad, llegó otro mensaje:“Buen juguete. Sigue disfrutando la convención. Yo sigo trabajando… y masturbándome. Te veo esta noche. No te corras. No es como si pudieras jajaja”
Tenia la cara roja, el masajeador todavía vibrando suavemente y la jaula goteando sin control, solo pude responder con dedos temblorosos:“Sí, Papi… lo sentí todo… estoy mojado y frustrado… por favor no pares…”
Continuara...
Este es muy extenso, y aunque lo queria publicar todo en un solo post, me di cuenta que no lo iba a terminar, asi que mejor ya lo publico, m gustaria saber que opinan de este.
Me imagiino despertandome un dia tranquilo, emocionado por ir a una convencion, andando desnudo por la casa, que es de los mayores placeres de la vida, en algun momento me escribe un dom, con el cual mantengo un rol de hijo sumiso.
Dom: Hey, hagamos video chat, quiero masturbarme el dia de hoy, estare muy ocupado mas tarde, me quiero desestresar, ven a mi departamento.
Yo: Hoy no puedo, voy a salir, pero..., creo que igual te puedo ayudar a liberar estres, eso si te interesa claro?
Dom: Dime mas...
Yo: El dia de hoy voy a salir a una convencion de anime, y no te podre ver, pero que tal si me llevo mi masajeador de prostata puesto?, Tu tienes un masturbador electronico con el que lo puedo sincronizar, que te parece si lo usas mientras yo estoy en la convencion? Me llevare una jaula de castidad puesta para que nadie note mi ereccion.
Dom:... jejeje Esta bien, pero yo ire personalmente a colocarte las cosas antes de salir y al volver te tendre preparada una sorpresa estas de acuerdo?
Yo: Si lo que digas, mientras me ire a lavar.
Dom: No, estare en tu departamento en 30 min, te quiero desnudo yo me encargare de bañarte, asi qye espera.
Yo: oky, siempre estoy desnudo jejeje.
No tardo mucho en llegar mi papi dom, eramos vecinos asi que solo tenia que venir caminando a mi departamento, solo tardaba unos minutos.
Yo me encontraba completamente desnudo, me habia acostumbrado a andar asi por la casa, al punto que me parecia incomodo llevar ropa, solo cuando hacia frio, llebaba un hodie o solo una playera larga, pero el resto del tiempo estaba completamente desnudo.
Papi llego en poco tiempo y entro, el en ocasiones estaba muy ocupado y cuando tenia trabajo le gustaba llamarme para desestresarse, usando mis agujeros como el quisiera.
En cuanto llego, me levante del sillon en el que lo estaba esperando y me acerque a recibirlo, me puse de pie frente a papi, mientras el me observaba, yo tenia una ereccion, el saber que papi vendria me habia puesto cachondo.
Papi: Veo que alguien esta emocionado, pero no tengo mucho tiempo, ya te usare mas tarde, pero quiero asegurarme de preparar personamente a mi hijo.
Sin decir más, me tomó firmemente del pene con su enorme mano y me jaló hacia el baño. Yo lo seguí obediente, caminando de puntillas por la excitación.Una vez dentro, Papi se desnudó con calma, dejando que yo admirara su cuerpo. Luego salió un momento y regresó con unas esposas metálicas. Me giró sin esfuerzo, me puso las manos detrás de la espalda y me las cerró con un clic. Me dejó ahí parado, completamente esposado y expuesto, mientras él salía otra vez a preparar algunas cosas.Cuando volvió, abrió la regadera. El agua empezó a caer tibia. Papi se metió conmigo y comenzó a lavarme con dedicación. Sus manos grandes y fuertes recorrieron cada rincón de mi cuerpo: el pecho, los brazos, la espalda, las piernas… Cuando llegó a mi culo, se enjabonó bien los dedos y los metió despacio dentro de mí, limpiándome por dentro con movimientos profundos y cuidadosos.Papi: Lástima que tengo prisa… Me encantaría follarte aquí mismo, pero eso tendrá que esperar.Después de enjuagarme bien, cerró la llave de agua caliente y abrió solo la fría. El chorro helado me golpeó de golpe, haciendo que jadeara y me encogiera. Mi erección bajó rápidamente con el agua fría.Papi: No quiero problemas cuando te ponga tu jaulita, hijo.Satisfecho con el resultado, cerró la regadera. Me tomó otra vez del pene —ahora mucho más suave y obediente— y me sacó del baño, todavía con las manos esposadas a la espalda. Me llevó directamente a la habitación.Sobre la cama ya estaba todo preparado: la jaula de castidad (de la que solo él tenía las llaves), el masajeador de próstata, el lubricante y un arnes de curo para mantener todo en su lugar.
Satisfecho con el baño de agua fría, Papi cerró la regadera y me sacó del baño todavía con las manos esposadas a la espalda. Tomó una toalla grande y me secó con calma, frotando mi piel con firmeza pero sin prisa. Cuando llegó a mi pene, lo repasó varias veces con la toalla, apretándolo ligeramente, como si quisiera asegurarse de que estuviera completamente suave y dócil antes de enjaularlo.
Me llevó de nuevo a la habitación y me colocó de pie frente a la cama, donde ya tenía todo preparado.Sin decir una palabra, tomó el anillo de la jaula de castidad con una mano. Con la otra sostuvo mi pene y mis huevos juntos, metiéndolos con cuidado a través del anillo. Sus manos eran tan grandes y fuertes que mi pene se veía ridículamente pequeño entre sus dedos. Ese contraste siempre me ponía aún más cachondo: yo, completamente desnudo y vulnerable, y él, tan imponente.
Una vez que el anillo estuvo bien colocado en la base, Papi tomó la jaula propiamente dicha, alineó las piezas y la deslizó sobre mi pene con precisión. Escuché el clic característico cuando encajó en su lugar. Sacó la pequeña llave de su cartera, la introdujo en la cerradura y giró con un movimiento definitivo. Ese sonido metálico me recorrió el cuerpo entero: ahora estaba oficialmente encerrado. Solo él decidiría cuándo saldría.
—Perfecto —murmuró con satisfacción.Luego me dio la vuelta con facilidad, como si no pesara nada. Me cargó sin esfuerzo y me recostó boca abajo sobre la cama, con las manos todavía esposadas detrás de la espalda. Mi cara quedó hundida en las sábanas, el culo ligeramente elevado.Sentí cómo una de sus manos grandes separaba mis nalgas con firmeza, abriéndome por completo. Con la otra tomó el frasco de lubricante y echó un chorro generoso y frío directamente sobre mi ano.
Papi untó el lubricante con dos dedos, masajeando mi entrada con movimientos circulares y profundos, preparándome. Después tomó el masajeador de próstata, lo cubrió generosamente con más lubricante y lo presionó contra mi agujero.Lo introdujo lentamente, centímetro a centímetro, girándolo con cuidado hasta que encontró el ángulo perfecto. Sabía exactamente cómo colocarlo: la curva del juguete presionaba directo contra mi próstata.
En cuanto el masajeador quedó completamente dentro, presionando justo contra mi próstata, mi pene intentó endurecerse al instante. Pero solo logró hincharse inútilmente dentro de la jaula, presionando con fuerza contra los barrotes de plástico. Cada vibración me mantenía en un estado constante de excitación frustrado, sin poder llegar a nada.
Papi se inclinó sobre mí, todavía con las manos esposadas a mi espalda, y me dio una palmada suave pero firme en el culo, como si sellara su trabajo.Luego tomó el arnés de cuero negro que había preparado. Lo pasó alrededor de mi cintura y entre mis piernas con movimientos expertos, ajustándolo con fuerza. Las correas rodearon perfectamente la base de la jaula y el masajeador, asegurando que nada pudiera salirse por más que me moviera. Tiró de las hebillas hasta que todo quedó bien apretado contra mi piel, inmovilizando los juguetes en su lugar.
Por último, sacó un pequeño rastreador y lo colgó en el gancho inferior de la jaula, justo donde se dividían mis testículos. El aparatito quedó colgando recordándome que ahora también sabía exactamente dónde estaba en todo momento.
—Listo, hijo —dijo con voz grave y satisfecha, pasando una mano por mi espalda—. Ahora vas a ir a tu convención con el culo lleno y la polla bien enjaulada. Y no solo eso… yo sabré exactamente dónde estás en cada momento. Voy a estar jugando con tu próstata cuando me dé la gana, mientras tú intentas disimular delante de toda esa gente. ¿Estás preparado para eso, mi putito otaku?
Yo solo pude gemir contra las sábanas, el cuerpo temblando de anticipación y vergüenza. Apenas conseguí responder con un hilo de voz:—Sí, Papi… estoy preparado.
Papi soltó una risa baja y me dio otra palmada más fuerte en el culo. Se levantó, se vistió rápidamente y tomó sus cosas. Antes de irse, me giró boca arriba, me agarró del pelo y acercó su verga dura a mi boca.
—Abre.Obedecí al instante. Me folló la boca con urgencia, empujando profundo y rápido, sin darme tiempo a disfrutarlo realmente. Solo fueron unos minutos intensos: saliva corriendo por mi barbilla, arcadas suaves y su mano sujetándome la cabeza. Cuando estuvo satisfecho, se corrió dentro de mi garganta con un gruñido bajo.Tragué todo lo que pude, jadeando cuando finalmente la sacó.
—Buen chico —dijo mientras se subía el pantalón—. Recuerda lo que siempre te digo: la única verga que te debe importar es la de Papi.
-Yo estaré en el trabajo vigilándote todo el tiempo- Me dijo papi, mientras apretaba mis huevos que colgaban de la jaula de castidad. — Diviértete, bebé. Yo voy a estar masturbándome pensando en ti todo el día…
Sin decir más, me quitó las esposas, me dio un último azote en el culo y se fue, cerrando la puerta detrás de él.Me quedé solo en la habitación, desnudo, con la jaula de castidad bien cerrada, el masajeador presionando suavemente contra mi próstata y el arnés de cuero sujetándolo todo en su lugar. El pequeño rastreador colgaba entre mis piernas, recordándome que ya no tenía ningún control.La convención me esperaba… y Papi ya tenía todo listo para torturarme a distancia.
Decidí tomar un Uber para llegar a la convención. Apenas me senté en el asiento trasero del auto, el masajeador de próstata —que ya estaba bien sujeto con el arnés— se incrustó aún más profundo dentro de mí. La presión directa contra mi próstata me arrancó un pequeño jadeo que intenté disimular tosiendo.
Salí vestido con mi cosplay: una falda corta que apenas cubría la mitad del muslo. Debajo llevaba solo un jockstrap negro que ayudaba a ocultar la jaula y el precum que ya empezaba a gotear. No quería que nada se notara, así que crucé las piernas con cuidado y me acomodé la falda lo mejor posible.Apenas habían pasado dos minutos cuando sentí que el masajeador cobró vida. Papi ya había empezado a jugar con con su masturbador desde su casa. La vibración comenzó suave, pero constante, presionando exactamente donde más me volvía loco. Cada bache y tope de la calle hacía que el juguete se moviera un poco más dentro de mí, enviando ondas de placer directo a mi próstata.
Afortunadamente el conductor tenía la música bastante alta, porque el zumbido bajo del masajeador se habría escuchado claramente de no ser asi. Aun así, yo no podía quedarme quieto. Mordía mi labio inferior con fuerza, apretaba los muslos uno contra el otro y clavaba las uñas en el asiento. Mi pene luchaba desesperadamente contra los barrotes de la jaula, hinchándose y presionando inútilmente mientras un hilo constante de precum se escapaba y era absorbido por el jockstrap. Cada vez que Papi subía la intensidad, mi respiración se volvía más agitada. Intentaba mirar por la ventana como si nada, pero mi cuerpo me traicionaba: pequeñas sacudidas, piernas temblando ligeramente y ese calor insoportable concentrado en mi culo y en mi pene enjaulado.
El conductor me miró por el retrovisor un par de veces.—¿Todo bien atrás? —preguntó con tono casual.—S-sí… solo un poco nervioso por la convención —respondí con la voz entrecortada, forzando una sonrisa. Papi debió de tener un sexto sentido, porque justo en ese momento mientras hablaba con el conductor, aumentó la vibración a un nivel más fuerte y pulsante. Tuve que apretar los dientes y clavar los dedos en mis propias piernas para no gemir en voz alta. El trayecto se me hizo eterno. Cada semáforo, cada curva, cada vibración… todo me recordaba que ya no tenía control. Estaba completamente a merced de Papi, sentado en un Uber con una falda corta, el culo lleno y la polla goteando sin poder hacer absolutamente nada al respecto.
En la convencion:
Durante toda la convención Papi jugó sin piedad con la app. En ocasiones, cada posaba para fotos o caminaba entre la gente, Papi activaba vibraciones más fuertes y largas. Tenía que fingir que todo estaba normal mientras mi próstata era estimulada sin descanso, mi pene no paraba de gotear dentro de la jaula y la gente pasando a su alrededor sin imaginar que el chico del cosplay estaba siendo controlado remotamente por mi Amo.
En un momento, Papi me envió un mensaje: “Siéntelo, bebé. Estoy en casa tocándome pensando en cómo te tiemblan las piernas en público.”
Segundos después el masajeador empezó a vibrar con un patrón intenso y constante, imitando exactamente los movimientos de Papi. Yo tenia que apoyarme contra una pared, mordiéndose el labio con fuerza para no gemir en medio de la convención, mientras sentía cómo mi Amo se corría a kilómetros de distancia… y yo solo podía gotear, frustrado y expuesto.
Constantemente estaba rodeado de gente, vistiendo un cosplay casi revelador, masajeador de próstata vibrando y jaula goteando, solo pude responder algunos mensajes con manos temblorosas:
“Sí, Papi… lo sentí todo… por favor… no pares…follame sin piedad”
Mientras caminaba entre la multitud de cosplayers, Papi ya estaba jugando con la app desde su casa.
El masajeador empezó a vibrar con un patrón lento y constante, presionando directamente contra mi próstata. Aprete los muslos y trage saliva, intentando caminar con normalidad. Cada paso hacía que el masajeador se moviera ligeramente dentro de mi. El calor y la presión constante me obligaban a morderme el interior de la mejilla. Mi pene dentro de la jaula goteaba sin parar, dejando pequeñas manchas húmedas en mi jockstrap.
Mi teléfono vibró. Un mensaje de Papi: “¿Ya estás goteando en medio de toda esa gente? Quiero que camines despacio para que sientas bien cómo te vibro la próstata.”
Obedeci, caminando más lento entre los stands. Otro mensaje llegó:
“Imagínate si alguien se agacha a recoger algo y ve que llevas una jaula y un masajeador atado a tus bolas. Qué vergüenza, ¿verdad? Mi hijito expuesto en público.”
Me detuve frente a un stand de figuras coleccionables, fingiendo que miraba las estatuas. De repente el patrón cambió. Papi había empezado a masturbarse en casa. La vibración se volvió más rítmica, imitando exactamente los movimientos de su mano: lento… rápido… lento… más rápido. Tuve que apoyar una mano en el borde del stand, fingiendo interés en una figura mientras su próstata era estimulada con precisión cruel. Mis piernas temblaban ligeramente.
Un grupo de cosplayers se acercó para pedirme una foto. Tuve que posar sonriendo mientras Papi aceleraba la vibración. El masajeador pulsaba fuerte y constante. Tuvo que apretar los dientes y fingir una sonrisa cuando uno de los chicos le preguntó si se sentía bien, porque estaba “un poco rojo”.
— Sí… estoy bien — respondi con voz temblorosa, mientras el masajeador seguía imitando el ritmo de Carlos masturbándose.
Mi teléfono vibró de nuevo. Esta vez no era un mensaje de texto… era una foto.
Papi me había enviado una imagen tomada desde su escritorio: su mano sujetando el masturbador electrónico sincronizado a mi masajeador de prostata que tenia dentro de mi ano, y al lado un biberón transparente donde estaba recolectando cuidadosamente su propia corrida espesa y blanca.
El mensaje que acompañaba la foto decía:
“Mira, bebé. Estoy corriéndome pensando en ti. Cada gota que sale de mi polla va a este biberón… y esta noche, cuando regreses, vas a beberlo todo mientras te follo. Siente cómo te vibro ahora.”
En ese preciso momento la vibración del masajeador se volvió intensa y prolongada, imitando perfectamente el orgasmo de Papi. Tuve que apoyarme contra una columna cercana, las piernas temblando, mordiéndose el labio con tanta fuerza que casi se hizo sangre. Un pequeño gemido se me escapó antes de que pudiera controlarlo. Varias personas cerca me miraron extrañadas.
La vibración siguió durante casi un minuto completo, obligándome a sentir cada pulsación del orgasmo de mi Amo en medio de la convención llena de gente.
Cuando finalmente bajó la intensidad, llegó otro mensaje:“Buen juguete. Sigue disfrutando la convención. Yo sigo trabajando… y masturbándome. Te veo esta noche. No te corras. No es como si pudieras jajaja”
Tenia la cara roja, el masajeador todavía vibrando suavemente y la jaula goteando sin control, solo pude responder con dedos temblorosos:“Sí, Papi… lo sentí todo… estoy mojado y frustrado… por favor no pares…”
Continuara...
Este es muy extenso, y aunque lo queria publicar todo en un solo post, me di cuenta que no lo iba a terminar, asi que mejor ya lo publico, m gustaria saber que opinan de este.
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