You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Una doctora bien perra

Una doctora bien perra


¡Hola cabrones!

Cuando me ven, la chaparrita de 1.49 cm con voz suave y cara de no haber roto un plato en su vida. La que llega impecable al consultorio, atiende pacientes con paciencia infinita y parece la típica muchacha decente y aplicada. “Qué linda y qué profesional”, me dicen. Si supieran...

Me mojo con solo pensar que alguien me descubra, que me reconozca y que me use como la puta barata que soy en realidad. Por eso vengo aquí a contarles mis puterías sin filtro, para que se la jalen imaginándome en acción.

Este relato me pasó hace unas semanas, tal como lo viví. Salí a correr por la tarde para soltar la tensión del día. Llevaba mi crop top floral pegado al cuerpo por el sudor, el short negro super cortito que se me subía dejando el culo casi al aire, y mis piernotas brillando. Corría sintiendo cómo todo rebotaba rico con cada paso.

De pronto escuché una voz detrás de mí:

— ¡Shecid! ¿Eres tú? ¡La doctora Shecid del foro de Poringa!

Me frené en seco, jadeando fuerte, el pecho subiendo y bajando rápido. Me giré y ahí estaba él: un tipo más o menos de mi edad.
Me miraba con cara de sorpresa total, como si estuviera viendo a su fantasía hecha carne.
Se le notaba nervioso de la chingada: las manos le temblaban un poco, tragaba saliva cada dos segundos, los ojos se le iban de mis tetitas sudadas a mis piernotas y de vuelta a mi cara, como si no supiera si era real o si estaba soñando. Hasta se puso rojo y tartamudeó un poco cuando me habló.

— ¿De-de verdad eres tú? —balbuceó— No puedo creerlo… he leído todos tus relatos…

Me acomodé y le sonreí con mi carita inocente, aunque por dentro ya sentía calor entre las piernas.

— Sí, soy yo… ¿me reconociste por las fotos o por las cochinadas que escribo? —le contesté bajito, todavía respirando agitada.

Platicamos un rato ahí parados. Él estaba tan nervioso que casi no podía formar las frases completas, pero se le marcaba la verga dura en el short. Le dije que todo lo que publico es real y que me calienta un montón que me descubran así en la calle. Entonces lo miré directo y le solté:

— Ya que me encontraste corriendo… ¿quieres comprobar si la doctora bajita es tan puta como cuenta en el foro?

— S-sí… claro que sí —respondió casi sin voz.

Le propuse ir a un lugar más discreto. A unas cuadras había un parque grande con baños públicos. Caminamos rápido hasta allá, yo todavía sudada, el short pegado a la vagina y el culito moviéndose con cada paso. Entramos al baño de hombres (estaba vacío), cerré el seguro.

Apenas nos quedamos solos, le bajé el short sin pedir permiso y su verga saltó dura y gruesa. El tipo estaba temblando de nervios, respirando agitado, sin saber qué hacer con las manos.

— Relájate, cabrón… esto va a ser tu primera garganta profunda, ¿verdad? —le dije mirándolo por arriba de las gafitas.

Y sin esperar respuesta me la metí toda. Despacio al principio, dejando que sintiera cómo la cabeza de su pene le entraba en mi garganta, luego más rápido, babosa, escupiendo, tragándomela hasta el fondo mientras mis ojos se le humedecían. Él soltó un gemido ahogado, las piernas le temblaban y me agarró la cabeza con las dos manos.

— ¡uffff…! —gimió— Nadie me había hecho esto… ¡qué rico!

Cuando ya lo tenía bien baboso y desesperado, me levanté, me di la vuelta y apoyé las manos en la pared sucia del baño. Me desnude, solo me quede con mis tenis puestos, saqué el culito y separé mis piernotas.

— Ahora escúchame bien —le dije —. Me vas a poner en full Nelson. Agárrame las piernas por atrás, y mete tus manos por debajo de mis rodillas y levántame. Quiero que me cojas el culo así, bien profundo.

Él estaba tan nervioso que le temblaban las manos, pero obedeció. Me levantó como si fuera una muñequita. Me quedé suspendida en el aire, con las piernotas abiertas y el culito expuesto. Sentí en mi ano como empujaba la cabeza de su verga.

— Despacio al principio… así… ahora métemela toda —le ordené entre gemidos.

Cuando entró completa en mi culo solté un gemidito agudo.

— ¡Puta madre qué rico! —gemí.

Empezó a cogerme el culo con fuerza, subiéndome y bajándome con sus brazos mientras yo rebotaba en el aire. Mis piernotas temblaban, el culo chocaba contra él: clap, clap, clap.

Y ahí empezó a repetírmelo una y otra vez, como si se hubiera desatado:

— Shecid, eres una perra puta…
— Shecid, eres una perra puta…
— ¡Shecid, eres una perra puta!

Lo decía entre dientes, cada vez más fuerte, mientras me embestía el ano sin parar. Yo gemía como loca con cada golpe.

— ¡Sí! ¡Dímelo otra vez! —le pedí jadeando— ¡Dime lo que soy mientras me partes el culo!

— Shecid, eres una perra puta… ¡una perra puta! —repetía sin parar, acelerando el ritmo— ¡Mírate, doctora de mierda, dejándote coger el culo en un baño público como una zorra!

— ¡Más fuerte! ¡Dilo más fuerte! —le dije, sintiendo que me venía.

— ¡SHECID, ERES UNA PERRA PUTA! —gritó casi, mientras me cogía como un animal.

Me corrí apretándole la verga con el culo, soltando un chorro por la vagina que le mojó todo. Él no aguantó más y me llenó el ano de leche caliente, bien adentro, todavía repitiendo entre gemidos:

— Shecid… eres una perra puta… ¡una perra puta!

Cuando me bajó, todavía con las piernas temblando y su semen escurriéndome por las piernas, le di un beso y le dije sonriendo:

— Si me vuelves a ver corriendo, avísame… a
ver dónde terminamos la próxima vez.

Me vesti y salíamos de esos baños.


puta

2 comentarios - Una doctora bien perra