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Primeros pasos con Elena y Dani 8

Parte anterior: https://www.poringa.net/posts/relatos/6341982/Primeros-pasos-con-Elena-y-Dani-7.html


Pasaron casi dos semanas de un silencio raro y pesado.
Después de esa charla en el bar con Dani, todo se enfrió. Los chats del grupo se volvieron cortos y funcionales: “¿alguien tiene el apunte de Estadística?”, nada más. 
Yo evité escribirle a Elena, y ella tampoco me escribió. 
Con Dani solo cruzamos un par de mensajes sobre fútbol y nada profundo. Lorena mandó un par de audios jodiendo como siempre, pero se notó que también estaba midiendo el terreno.
En mi cabeza todo era un quilombo. A ratos me sentía culpable, a ratos me calentaba recordando cómo gemía Elena mientras la garchaba. Dormía mal. Me pajeaba pensando en las dos y después me quedaba mirando el techo con bronca conmigo mismo y culpa.

Hasta que el viernes llegó el mensaje:
Dani: Che, el lunes a la tarde tenemos que avanzar con el trabajo de Metodología. ¿Podés venir a casa tipo 17 hs? Vamos a ser solo nosotros tres, Lorena no puede.
Acepté.

La primera hora y media fue rara pero civilizada. Hablamos del trabajo, repartimos tareas, tomamos mate. 
Había una tensión flotando que nadie nombraba. 
Miradas que se cruzaban y se esquivaban. 
Elena estaba más callada de lo normal, cruzaba y descruzaba las piernas.
En un momento Dani se levantó a buscar más agua caliente. Cuando volvió, se sentó, me miró y soltó sin anestesia:
—Che… ¿estamos bien?
Se hizo un silencio denso.
Yo lo miré.
—Supongo que sí… ¿vos cómo te sentís con todo?
Dani respiró hondo y miró a Elena un segundo antes de hablar.
—Al principio me costó. Cuando me contó todo esa noche… me calentó como la mierda, te juro.
Fue tanta la calentura que nos echamos tremendo polvo, creo que el mejor de toda nuestra relacion, pero después me agarró una bajada rara. Celos, supongo. Estuve una semana pensando si había sido un error darte luz verde. Por eso preferí que pasara un tiempo.
Elena estaba colorada, bajaba lo mirada y se quedaba viendo el mate.
—Yo también estuve rara —dijo bajito—. Me sentía culpable… pero también me tocaba pensando en lo que pasó.
Dani apoyó una mano en la pierna de ella y me miró.
—Quiero verlo. Hoy. Acá.
No entendia lo que estaba pasando, Dani me pedia que me cogiera a Elena adelante suyo.
Timidamente me levanté y me acerqué a Elena. Al principio me sentía incómodo, casi torpe. Dani estaba sentado a solo dos metros. Me acerque a ella y le di un beso suave, midiendo cada movimiento.
En mi cabeza: “Esto es raro… me estoy comiendo a la novia de mi amigo delante de él.

Le saqué la remera despacio. Sus tetas quedaron al aire. Me agaché y le besé los pezones con cuidado, chupándolos suavemente. Elena soltó un gemidito bajito.
—Qué linda estás… —murmuré mientras lod pezones se le ponian duros al instante.
Le bajé el short y la tanga. Me arrodillé y empecé a lamerla despacio, saboreándola. Ella me agarró la cabeza con las dos manos.
—Ay, Dios… —suspiró Elena.
En mi mente pensaba “Ya está chorreando. Mucho más rápido que lo normal, seguro estaba deseando esto hace tiempo”.
La lami con mucho deseo, por un momento pense que no volveria a estar con ella y ahora la tenia toda para mi devuelta.
La hice acabar con mi boca, y sus piernas quedaron temblando. 
Cuando me paré, saqué mi verga y Elena se arrodilló y empezó a chupármela con ganas, aunque todavía le costaba.
—Así… despacio —le dije con voz ronca.
Elena estuvo varios minutos chupandomela, se atragantaba, tomaba aire, me babeaba, era un pete tremendo.
Al lado mio, Dani, mirando, no entendia nada de lo que estaba pasando, solo sabia que mi verga estaba durisima y me estaban haciendo un pete de la concha de la madre.
Poco a poco fui soltándome, dejandome llevar por la situacion, y tomando las riendas de a poco.
La levanté, la puse en cuatro sobre la mesa (de costado para que Dani viera bien) y le pregunto a Dani, "¿Estás seguro? Si queres lo dejamos por aca."
Hacelo, me respondio con una seguridad que me sorprendio, al mismo tiempo que veia como ya tenia toda la pija parada de la exitacion de ver a Elena chupandosela a otro.

Empecé a metérsela muy despacio.
—Elena… estás re apretada —gruñí bajito mientras entraba centímetro a centímetro.
En mi cabeza: “La estoy cogiendo adelante de el, que locura todo"
Cuando estuve todo adentro empecé a moverme, primero suave, después con más ritmo. Mis manos grandes le agarraban la cintura con firmeza.
—Te siento toda… —le dije al oído.
Elena gemía cada vez más fuerte.
Al escucharla gemir, y ya estando unos minutos dandole, veo que dani se habia arrancado a pajear, y se prendio un chip raro en mi.
Le doy una nalgada bien fuerte a Elena y le digo.
—Decile a Dani cómo se siente…
—Dani… es… muy grande… me llena toda… —gimió ella.
(Sentí una oleada de placer instintivo: “Eso es. Que sepa cómo la estoy llenando. Cómo la hago sentir”)
La agarré con más fuerza y empecé a cogerla más profundo, pero sin ser brusco. El sonido de nuestros cuerpos chocando llenaba el living.
—Te gusta así, ¿no? —le pregunté, dándole otra nalgada, ahora más suave.
—Sí… me encanta… seguí…
Mi pensamiento era claro y animal: “Soy yo el que la tiene así de entregada. Soy yo el que la hace gemir de esta forma, y a Dani solo le queda pajearse”
La cambié de posición y la senté arriba mío en el sillón, justo al lado de Dani. La sostuve de la cintura y la dejé cabalgar. Sus tetas rebotaban suavemente frente a la cara de su novio.
—Mirá cómo te movés… —le susurré—. Estás hermosa.
Elena estaba perdida en el placer, moviéndose cada vez más rápido. Dani respiraba agitado, tocándose en silencio.
La volví a poner en cuatro, mirándolo a él de reojo. Seguí cogiéndola con ritmo firme, profundo.
—Estoy cerca… —avisé.
—Adentro… por favor… —rogó Elena, con voz entrecortada.
La agarré fuerte de las caderas y le di las últimas embestidas, más intensas. Miré a Dani un segundo mientras terminaba bien profundo dentro de ella, soltando todo con un gruñido bajo. Elena tembló fuerte con su orgasmo al mismo tiempo, apretándome adentro.
Cuando salí, un hilo de semen le corría por el muslo. Dani se acabo en la mano casi al instante, con la respiración entrecortada.
Quedamos los tres en silencio unos segundos, solo se escuchaba la respiración agitada. Elena se dejó caer suavemente sobre la mesa, todavía temblando. Yo me quedé parado, con el corazón a mil.
Elena giró la cabeza y miró a Dani con ojos vidriosos.
—¿Estás bien? —le preguntó bajito.
Dani asintió lentamente, todavía recuperando el aliento.
—Sí… estoy bien.

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