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El Sobrino De Mi Esposo

(Parte 2)

Al día siguiente me bañé y, por primera vez en mi vida, me depilé completamente los labios de mi vulva rosita, dejando solo un pequeño triángulo de vello en la parte de arriba.
El Sobrino De Mi Esposo
Lavé las sábanas y toda la ropa que había quedado manchada. Cuando terminé, le propuse a Luis que viéramos una película.
Me vestí con un short blanco transparente y muy ajustado que marcaba perfectamente mi bello púbico y se pegaba a mis nalgas. Arriba llevaba una blusa de tirantes holgada, sin sostén.
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Me pinté las uñas de manos y pies de color negro. Me senté en el sillón grande de tres plazas, de lado, dejando mis pies descalzos a la vista de Luis.
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Él se acomodó en el otro extremo del sillón. Apenas habían pasado un par de minutos cuando noté que su entrepierna empezaba a crecer. Fingí quedarme dormida, a mí edad nos quedamos dormidas al ver la TV jajaja.
Entreabrí los ojos con disimulo y lo vi: se había sacado la verga y se estaba masturbando mientras miraba mis pies y mis piernotas. Por dentro me estaba volviendo loca; algo en mí pedía a gritos esa verga enorme. Entonces abrí los ojos y le pregunté con voz suave:
—¿Qué haces?
Luis escondió rápido su pene y volvió la cara hacia la televisión, avergonzado.
Me levanté, me arrodillé frente a él, le bajé el short sin decir nada. Él no se atrevía a mirarme, seguía con los ojos clavados en la pantalla. Agarré su verga gorda y caliente y me la metí a la boca.
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Era tan gruesa que apenas me cabía. Gemía de pura excitación mientras lo chupaba como paleta, metía la punta de mi lengua en su orificio urinario, sentía como le salía liquido preseminal.
—Luis… vamos a tu habitación y juguemos un poco —susurré.
—Sí… está bien… tía —respondió con la voz entrecortada. Yo sonreí muy coqueta.
Cuando entramos a su cuarto, me puse en cuatro sobre la cama.
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Él se desnudó en segundos y me bajó el short. Acercó su cara a mi culo, olió profundamente y luego empezó a lamerme. Su lengua recorría la entrada de mi vulva y subía hasta mi ano, mientras sus manos apretaban y acariciaban mis nalgas. Me retorcía de placer, aguantando para no correrme tan pronto.
El Sobrino De Mi Esposo
Después de un buen rato no aguanté más:
—Luis, métela ya… quiero sentirte dentro.
Me terminó de desnudar y, de un solo empujón, me ensartó toda su verga.
—¡Ah! Más despacio… me duele —gemí.
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Sentí cómo mi cosita se abría al máximo para tragarse ese viborón grueso y venoso. Luis empezó a follarme con fuerza, yo me sentía como su puta, gimiendo mientras sus manos abrían mis nalgotas. Me sentía completamente llena. Mordí la almohada cuando un orgasmo brutal me recorrió el cuerpo.
—¡Ahhh… qué rico! ¡Ahhh, papi… me vengo! —grité mientras me corría a chorros.
Luis sacó su verga y eyaculó sobre las plantas de mis pies. Sentí su semen caliente y espeso desbordándose entre mis dedos.
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Nos acostamos un rato juntos, pero yo todavía quería más. Me sentía insatisfecha. Volví a agarrar su verga, la chupé tratando de meterla hasta mi garganta, luego pasé la lengua por sus testículos flácidos y me los metí completos a la boca. Luego volví a mamarlo hasta que se lo puse duro otra vez.
Me monté encima de él y empecé a cabalgarlo despacio. Poco a poco me la fui metiendo hasta que entró toda. Se sentía delicioso tener esa cosota tan gruesa dentro. Luis lamía y mordisqueaba mis pezones mientras apretaba mis tetas con las manos. Yo gemía como una puta en celo, moviéndome cada vez más fuerte, acariciando su pecho y a su vez razgandolo con mis uñas.
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—Tía… Quiero correrme, déjeme llevar yo el control... Hagámoslo en misionero —me pidió con un brillo enamorado en sus ojos marrones.
—Sí mi amor —le respondí sonriendo, mientras mordía mi labio.
Me acosté en su cama. Luis levantó mis piernas y las puso sobre sus hombros, dejando mis pies justo en su cara. Me la metió de nuevo y empezó a follarme como una bestia. Sentía sus huevos golpeando contra mi ano con cada embestida. Me lamía los pies mientras me penetraba cada vez más profundo.
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No aguanté al sentir tanto placer, Luis gemía y me follaba cada vez más rápido... Yo gemí muy fuerte:
—¡Ahhh…!
Ambos nos corrimos al mismo tiempo. Sentí su leche caliente inundando mi vagina, su verga palpitaba dentro de mi.
El Sobrino De Mi Esposo
Me dio un beso en las plantas de los pies y se dejó caer a mi lado, exhausto, hasta quedarse dormido.
Yo me levanté a bañarme y ví como las sábanas quedaron húmedas por mis orgasmos . Mientras me duchaba sentía como su semen salía de mi coño y corría por mis muslos;
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me había dejado bien abierta. Me cambié de ropa. Habían pasado casi dos horas follando y presentía que mi marido podía llegar en cualquier momento.
Esa noche llegó con mi esposo. Cenamos los tres juntos. Él le preguntó a Luis qué le parecía vivir con nosotros.
—Es genial tío, muchas gracias por dejarme estar con ustedes —respondió Luis.
Mientras tanto, yo, por debajo de la mesa, acariciaba su verga dura con mis pies descalzos, FIN.
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Espero que les haya gustado…
Besitos...

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