
El consultorio estaba en calma, envuelto en esa quietud tibia de las tardes largas. La luz entraba suave por la ventana, dibujando sombras sobre las paredes, mientras ella revisaba sus notas con atención.
—Probemos otra vez —dijo, levantando la vista—. Pero esta vez… más lento.
Él obedeció, repitiendo el ejercicio. Su voz salió más grave, más controlada. Ella lo observó con una leve sonrisa, como si ese pequeño progreso tuviera un significado mayor.
—Ahà está… —susurró.
Se levantó y se acercó, sin prisa. HabÃa algo en su forma de moverse, delicado pero seguro, que hacÃa que el aire pareciera más denso. Se detuvo frente a él, lo suficientemente cerca como para percibir su respiración.
—La voz no es solo sonido —murmuró—. También es cuerpo.
Su mano se alzó lentamente hasta su cuello. No fue un gesto brusco ni invasivo, sino preciso… aunque cargado de una suavidad distinta esta vez. Sus dedos se apoyaron apenas, sintiendo la vibración al hablar.
—Decilo de nuevo.
Él lo hizo, pero ahora su voz temblaba apenas. No por el ejercicio, sino por la cercanÃa. Por la forma en que su tacto parecÃa quedarse un segundo más de lo necesario.
—¿Lo sentÃs? —preguntó ella, en voz baja.
Él asintió, aunque su mirada ya no estaba en el punto donde debÃa concentrarse. Estaba en ella. En la distancia que ya casi no existÃa.
El silencio que siguió fue distinto. Más lento. Más cargado.
Ella no retiró la mano de inmediato. Sus dedos se deslizaron apenas, como si dudaran entre lo profesional y algo más difÃcil de nombrar. Sus miradas se encontraron, y por un instante, todo el método, todas las reglas… quedaron lejos.
—Creo que estás mejorando —dijo, aunque su voz ya no tenÃa la misma firmeza.
—No sé si es por la práctica… —respondió él, casi en un susurro.
Ella sonrió, apenas. Esa sonrisa que no estaba en ningún protocolo.
La mano que descansaba en su cuello se quedó ahà un momento más, como si ese contacto fuera ahora un lenguaje propio. Afuera, el mundo seguÃa su curso. Pero dentro, en ese pequeño espacio donde las palabras se enseñaban… el silencio empezaba a decir mucho más.
Y ninguno de los dos parecÃa apurado por romperlo.
Hasta que ella se levanta y se desnuda y se siente otra vez a la par y le dice -vamos desnúdate también- el también se desnuda y en eso ellla se arrodilla y se le empieza a chupar, el le tocó las tetas mientras ella seguÃa chapando, hasta que el acabo y ella se para y se limpie y dice -te gusto lo que hice- y el responde -me encanto-. Se visten y salen del consultorio y quedaron en volverlo a repetir pero está vez con más acción en la próxima seción.
Espero que le haya gustado... Espero hacer la parte 2
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