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📑Juego de Primos(R.C.)

📑Juego de Primos(R.C.)
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Lucas y Sofía eran primos inseparables. Desde pequeños, habían compartido todo, desde secretos hasta aventuras. Con el pasar del tiempo, su vínculo se había vuelto más profundo, y a medida que crecían, comenzaron a pasar los límites de su relación.

Un día, mientras jugaban a la botella, Sofía, con una sonrisa pícara, le hizo a Lucas un reto que lo dejó sin palabras. "Lucas, el reto es que me muestres tu pene en erección," dijo, su voz un susurro tentador.

Lucas, sorprendido pero excitado por la propuesta, respondió: "Lo haré, pero solo si hay motivación para que se me pare. Muéstrate desnuda."

Sofía, sin dudarlo, se levantó y, con confianza, comenzó a desvestirse lentamente, revelando su cuerpo poco a poco, quedando completamente desnuda frente a el.

Lucas, con los ojos fijos en sus pequeñas tetas y su vagina depilada, sintió cómo su pija comenzaba a endurecerse, sin perder tiempo, se bajó la cremallera de sus pantalones, liberando su erección, ya dura y palpitante.


Sofía, con los labios húmedos y una mirada llena de deseo, se acerco a Lucas y le preguntó: "Lucas, ¿puedo tocarte?"

Lucas, sin dudar, asintió. "Sí, por supuesto."

Sofía, con una sonrisa pícara, se acercó más, su cuerpo rozando el de él. Comenzó a acariciarle su pecho, bajando lentamente hasta su abdomen, hasta llegar a su pija, sintiendo su firmeza y dureza. Comenzó a lamerlo, su lengua trazando círculos alrededor de la punta, provocándolo, haciendo que Lucas se retorciera de placer.


Sofía, sin detenerse, metió su pija en su boca y comenzó a chupar, sus labios y su lengua trabajando en armonía, llevándolo más profundo. Lucas se movía, sus caderas meciéndose, mientras ella lo chupaba con una intensidad que lo volvía loco.

Después unos minutos, Lucas, con una voz llena deseo, preguntó: "Sofía, ¿puedo penetrarte?"

Sofía, sin dejar de chupar, asintió, con un gemido escapando de su garganta. Pero justo en ese momento, una voz desde el otro lado de la puerta los interrumpió.

"¡Sofía! ¿Dónde estás? Te están llamando," gritó su madre, su voz clara y firme.

Sofía, miró a Lucas, sus ojos llenos de deseo y frustración. "Lo siento, Lucas. Parece que tendremos que dejarlo para después," dijo, su voz un susurro tentador.

Lucas asintió, una sonrisa en su rostro. "No te preocupes, será la próxima," respondió.

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Sofía se levantó rápidamente, recogiendo su ropa y vistiendose en un tiempo récord. Con una última mirada a Lucas, salió de la habitación, dejando la puerta entreabierta.

Dos semanas habían pasado desde aquel encuentro y las ganas entre Lucas y Sofía solo había crecido. Un domingo, luego del almuerzo familiar, Sofía se acercó a Lucas con una sonrisa pícara y un brillo en sus ojos.

"Lucas, acompáñame a mi habitación. Tengo algo para mostrarte."

Lucas, con el corazón latiendo con fuerza, asintió y la siguió escaleras arriba, su mente llena expectativas. Al llegar a la habitación, Sofía cerró la puerta detrás de ellos y, con una mirada intensa, dijo: "No olvidé mi promesa, Lucas. ¿Aún quieres metérmela?"

Lucas, euforico y excitado, respondió sin dudar: Sí, por supuesto."

Sofía sonrió, una sonrisa que prometía mucho más que simplemente cumplir una promesa. "Ok, aquí va tu motivación," dijo, comenzando a desvestirse lentamente, revelando su cuerpo desnudo.

Lucas, sin perder tiempo, se bajó los pantalones, liberando su pija. Sofía, con una mirada seductora, se arrodilló frente a él y agarró su pija, comenzando a acariciarlo suavemente, su lengua rozando la punta, lamiendolo.

Después de unos minutos de chupar y lamer, Sofía se levantó y se subió a la cama, abriendo sus piernas, y mostrando le su concha, ofreciéndose a él. "Sube," dijo, su voz un susurro tentador.

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Lucas, sin dudarlo, se colocó entre sus piernas y, la penetró lento pero firme, haciendo que ambos gimieran de placer. Comenzó a moverse, meciéndose, mientras Sofía se movía sus caderas contra él, sus uñas clavándose en su espalda, marcándolo cada movimiento.

"Lucas, más fuerte murmuró Sofía, su voz llena de deseo.

Lucas, obedeciendo, aumentó el ritmo, sus embestidas volviéndose más rápidas y desesperadas, su pija golpeando su concha, las tetas de ella rebotando, sus cuerpos chocando con un sonido húmedo y satisfactorio. Sofía con las piernas envolviendo su cintura, se movía contra él, buscando su propio placer, sus gemidos llenando la habitación.

"Sofía, estás... Muy rica," jadeó Lucas, su respiración entrecortada.

Sofía, con una sonrisa pícara, le apuró: "Lucas, hay que regresar antes que sospechen."

Con eso, Sofía se levantó y, sin perder tiempo, se puso en cuatro patas sobre la cama, ofreciéndole una vista tentadora de su trasero y su concha húmeda y lista. Lucas, excitado más de lo imaginable, se colocó detrás de ella y, con una embestida firme, le metió la pija en la concha desde atrás, sus caderas chocando contra las de ella en un ritmo frenético, su pija deslizándose dentro y fuera de su concha.

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Sofía se movía contra él, empujando hacia atrás para recibirlo más profundo. Lucas, con una mano, acariciaba su espalda, sus caderas, sus nalgas, mientras con la otra le tocaba las tetas, aumentando la intensidad del acto.

"Sofía, me voy a venir," dijo Lucas, su voz entrecada.

Sofía, entendiendo, se retiró lentamente y se giró, arrodillándose frente a él. Lucas, se pajeo y se vino, derramándose sobre su rostro, sus tetas, marcándola con su leche. Sofía, sin dejar de mirarlo, se relamía golosamente, saboreando cada gota, una sonrisa satisfecha en su rostro.

Lucas, aún jadeando, la miró con una mezcla de gratitud y admiración. "Sofía, eres increíble. Gracias por este momento. Lo repetiremos cuando tengamos más oportunidad," dijo, su voz llena de determinación.

Sofía sonrió, una sonrisa cálida y agradecida. "Lo espero con ansias, Lucas. Y recuerda, siempre aquí estaré, lista para ti,", su voz llena de promesas.

Con eso, ambos se vistieron rápidamente, sus cuerpos aún temblando por la intensidad del encuentro, y bajaron las escaleras, tratando de mantener la compostura, aunque sus mentes y cuerpos aún resonaban con la pasión de lo que acababan de compartir. Al unirse al resto de la familia, ambos intercambiaron miradas cómplices, sabiendo que su secreto estaba a salvo al menos por ahora.

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