Después de todo lo que pasó, nos seguimos juntando. Pero bueno, yo quería un espacio para mí y decidí alquilar un dpto.; ya no me gustaba nada vivir en lo de mis viejos.
Resulta que unas semanas después me mudé a un depto. cerca de mi casa, de un ambiente, que tenía un separador con puerta para mi habitación. Vos ingresabas y había una mini lavandería y enfrente el baño. Terminaba ese pequeño pasillo y estaba la cocina con un desayunador, y podías poner un living con TV; era espacioso. Así que atrás del living coloqué una mesa y pocas sillas como para tener. Dejé una cama de plaza afuera por las dudas, y mi habitación tenía aire, una tele y un pequeño lugar para guardar ropa. Con eso me conformaba.
Resulta que nos seguíamos juntando con estos pibes, pero no pasaba nada. Un día conocí a Tiziano, un pibe de barrio recién salido de la secundaria y laburador de la construcción. Pegamos onda y lo invitaba al dpto., con otros dos amigos, a tomar algo y a jugar videojuegos; los pibes le llamaban ranchada, jejeje.
Resulta que una noche Tiziano vino solo a tomar algo y a jugar, porque los demás se habían ido y él no tenía plata para la joda. Lo voy a describir: se vestía turro, morocho, buena musculatura, pero no de gym, sino por su trabajo. Siempre vestía pantalón deportivo, campera deportiva y visera. Cuando se ponía corto se le notaba buen bulto. Ya me lo quería comer, pero no se daba el momento, y sabía que esa noche íbamos a estar solos.
El alcohol corría, se iba desinhibiendo, y le preguntaba cuántas pibas se había pinchado. Me contaba que no muchas, porque a veces no tenía lugar o querían ponerse de novias y a él no le pintaba. Me preguntó a mí; le dije que sí, que a veces traía alguna, pero tampoco quería compromiso. Me nombró a una de su barrio que se quería voltear y no tenía lugar, y me preguntó si le prestaba el departamento en estos días. Le dije que sí, pero que tranca, porque son re rompehuevos acá con la gente que entra; pero que sí, se lo podía prestar. Me dice: “Joya, te voy a deber una”, y me dio el pie.
Le digo: “¿Y nunca se te ha tirado un hombre?”. Me dice que sí, un vecino que es gay, que me lo nombró y no lo conozco. Le pregunté: “¿Agarraste?”. Me dice que lo dejó que le chupara la pija, pero nada más. Me reí y me preguntó: “¿Y a vos?”. Le dije que sí, que había estado, pero no era frecuente. Me dice: “¿Que sos gay?”. Le contesto: “Soy bi, me gustan tanto las mujeres como los hombres”. Me miró abriendo los ojos.
Le dije: “Tranca, no te estoy tirando onda… o sí” (risa). Me dice: “Me sorprendés”. Le contesto: “Me encantaría estar con vos, obvio si vos querés”. Me dice: “No sé, me gustan mucho las mujeres. Salió esa vez nada más, pero no sé si lo volvería a hacer… aunque hace días que vengo re caliente”, se ríe.
Le digo: “Obvio que si pasa algo queda acá, como pasó con algunos de tus amigos”. Me río y se ríe. Me dice: “Noooo, mirá vos con quién”. Le respondo: “Quedó ahí, no te puedo decir”, y sonrío.
Automáticamente veo que se acomoda la pija porque se le había parado, y me dice: “¿Qué te pinta hacer? Y te digo si o no”.
Le contesto: “A mí me pinta todo; igual no te cogería, si es tu pregunta”.
“No, obvio”, me contesta.
Le digo: “¿Querés que vayamos al sillón?”.
“Bueno”, me contesta.
Nos sentamos en el sillón y se bajó el pantalón con el bóxer y sacó su pija morocha, media gomosa. Me pongo de costado y se la empiezo a chupar.
Una pija normal, 17x4. Se la chupé por un buen rato y él disfrutaba; se había puesto porno en la TV. En un momento siento que me agarra una nalga y me la aprieta y me dice: “Qué rico”. Yo seguía chupando, le chupé los huevos y más abajo. Me dice: “Te haría el culo si te dejás”.
Lo miro y dije: “Menos mal que iba a ser una mamada… pero te lo presto”. Me dice: “No tengo forro, te lo hago igual”. “Sí, hacémelo igual y terminame adentro”.
Se salió y me dijo: “¿Vamos a la cama o lo hacemos acá?”. Le dije: “Vamos a la cama mejor”, y fuimos a la habitación.
Yo ya había ido preparado; me puse una tanga violeta. Así que cuando me subo a la cama me bajo los pantalones. Me dice: “Qué rico orto”, y me metió un cachetón. Se sacó la campera y la remera y se quedó desnudo por completo; yo hice lo mismo. Me puse en cuatro, me puse lubricante y me corrió la tanga.
Me la intentó clavar de una y yo le dije: “No, pará, despacio”. Me da un cachetón y me dice: “Te quiero poner ya”. La sacó y volvió a meter; ahí sí entró toda, con el dolor y placer que me causó.
Me bombeó un rato; lo hacía rápido y lento. Habrán pasado unos diez minutos cuando me tiró toda la leche adentro. Sentía vibrar su pija dentro y lo caliente y espeso del semen. Se quedó un rato ahí y la sacó.
Me dice: “Uh, salió limpia, qué bueno”. Yo le contesto: “¿Te la puedo limpiar?”. Me dice que sí, así que se la limpié con la boca. Después se fue a limpiar mientras yo me hice un video donde me escupía su leche calentita.
Me quedé en la pieza y volvió. Se acostó al lado mío y se prendió un cigarro, divertido. Me dice: “Esto, nada a nadie, ¿me entendés?”.
“Sí”, le dije, “me encantó”.
Me dice: “Volvería a repetir, pero muere acá”.
“Sí, obvio”.
Se vistió y se fue.
Continuará…
Resulta que unas semanas después me mudé a un depto. cerca de mi casa, de un ambiente, que tenía un separador con puerta para mi habitación. Vos ingresabas y había una mini lavandería y enfrente el baño. Terminaba ese pequeño pasillo y estaba la cocina con un desayunador, y podías poner un living con TV; era espacioso. Así que atrás del living coloqué una mesa y pocas sillas como para tener. Dejé una cama de plaza afuera por las dudas, y mi habitación tenía aire, una tele y un pequeño lugar para guardar ropa. Con eso me conformaba.
Resulta que nos seguíamos juntando con estos pibes, pero no pasaba nada. Un día conocí a Tiziano, un pibe de barrio recién salido de la secundaria y laburador de la construcción. Pegamos onda y lo invitaba al dpto., con otros dos amigos, a tomar algo y a jugar videojuegos; los pibes le llamaban ranchada, jejeje.
Resulta que una noche Tiziano vino solo a tomar algo y a jugar, porque los demás se habían ido y él no tenía plata para la joda. Lo voy a describir: se vestía turro, morocho, buena musculatura, pero no de gym, sino por su trabajo. Siempre vestía pantalón deportivo, campera deportiva y visera. Cuando se ponía corto se le notaba buen bulto. Ya me lo quería comer, pero no se daba el momento, y sabía que esa noche íbamos a estar solos.
El alcohol corría, se iba desinhibiendo, y le preguntaba cuántas pibas se había pinchado. Me contaba que no muchas, porque a veces no tenía lugar o querían ponerse de novias y a él no le pintaba. Me preguntó a mí; le dije que sí, que a veces traía alguna, pero tampoco quería compromiso. Me nombró a una de su barrio que se quería voltear y no tenía lugar, y me preguntó si le prestaba el departamento en estos días. Le dije que sí, pero que tranca, porque son re rompehuevos acá con la gente que entra; pero que sí, se lo podía prestar. Me dice: “Joya, te voy a deber una”, y me dio el pie.
Le digo: “¿Y nunca se te ha tirado un hombre?”. Me dice que sí, un vecino que es gay, que me lo nombró y no lo conozco. Le pregunté: “¿Agarraste?”. Me dice que lo dejó que le chupara la pija, pero nada más. Me reí y me preguntó: “¿Y a vos?”. Le dije que sí, que había estado, pero no era frecuente. Me dice: “¿Que sos gay?”. Le contesto: “Soy bi, me gustan tanto las mujeres como los hombres”. Me miró abriendo los ojos.
Le dije: “Tranca, no te estoy tirando onda… o sí” (risa). Me dice: “Me sorprendés”. Le contesto: “Me encantaría estar con vos, obvio si vos querés”. Me dice: “No sé, me gustan mucho las mujeres. Salió esa vez nada más, pero no sé si lo volvería a hacer… aunque hace días que vengo re caliente”, se ríe.
Le digo: “Obvio que si pasa algo queda acá, como pasó con algunos de tus amigos”. Me río y se ríe. Me dice: “Noooo, mirá vos con quién”. Le respondo: “Quedó ahí, no te puedo decir”, y sonrío.
Automáticamente veo que se acomoda la pija porque se le había parado, y me dice: “¿Qué te pinta hacer? Y te digo si o no”.
Le contesto: “A mí me pinta todo; igual no te cogería, si es tu pregunta”.
“No, obvio”, me contesta.
Le digo: “¿Querés que vayamos al sillón?”.
“Bueno”, me contesta.
Nos sentamos en el sillón y se bajó el pantalón con el bóxer y sacó su pija morocha, media gomosa. Me pongo de costado y se la empiezo a chupar.
Una pija normal, 17x4. Se la chupé por un buen rato y él disfrutaba; se había puesto porno en la TV. En un momento siento que me agarra una nalga y me la aprieta y me dice: “Qué rico”. Yo seguía chupando, le chupé los huevos y más abajo. Me dice: “Te haría el culo si te dejás”.
Lo miro y dije: “Menos mal que iba a ser una mamada… pero te lo presto”. Me dice: “No tengo forro, te lo hago igual”. “Sí, hacémelo igual y terminame adentro”.
Se salió y me dijo: “¿Vamos a la cama o lo hacemos acá?”. Le dije: “Vamos a la cama mejor”, y fuimos a la habitación.
Yo ya había ido preparado; me puse una tanga violeta. Así que cuando me subo a la cama me bajo los pantalones. Me dice: “Qué rico orto”, y me metió un cachetón. Se sacó la campera y la remera y se quedó desnudo por completo; yo hice lo mismo. Me puse en cuatro, me puse lubricante y me corrió la tanga.
Me la intentó clavar de una y yo le dije: “No, pará, despacio”. Me da un cachetón y me dice: “Te quiero poner ya”. La sacó y volvió a meter; ahí sí entró toda, con el dolor y placer que me causó.
Me bombeó un rato; lo hacía rápido y lento. Habrán pasado unos diez minutos cuando me tiró toda la leche adentro. Sentía vibrar su pija dentro y lo caliente y espeso del semen. Se quedó un rato ahí y la sacó.
Me dice: “Uh, salió limpia, qué bueno”. Yo le contesto: “¿Te la puedo limpiar?”. Me dice que sí, así que se la limpié con la boca. Después se fue a limpiar mientras yo me hice un video donde me escupía su leche calentita.
Me quedé en la pieza y volvió. Se acostó al lado mío y se prendió un cigarro, divertido. Me dice: “Esto, nada a nadie, ¿me entendés?”.
“Sí”, le dije, “me encantó”.
Me dice: “Volvería a repetir, pero muere acá”.
“Sí, obvio”.
Se vistió y se fue.
Continuará…
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