
Hola Destheros soy una gran seguidora de tus relatos, me llamo Carla y quisiera compartir contigo una experiencia de vida. Éste relato es 100% real. Esperó te guste.
Sucedió cuando yo era pequeña, es decir que se inició en ese momento, y su desarrollo a través de mi vida me marco como una gran devoradora de sexo, de tal forma que actualmente, pasados 40 años, Cuando puedo gozar de una buena sesión me brindo ampliamente al gozo de la carne.

Pero vamos al relato.
Cuando yo era pequeña tuve la tremenda desgracia de quedar huérfana de padres, en un accidente tremendo que en aquel momento fue titular por días en los principales diarios y noticieros del país por sus características. Siendo hija única de padres que poseían una gran fortuna, fui a parar con una tía algo lejana, pero que brindó todo el cariño y amor que puede dispensarse a una persona. Ella era ju una mujer soltera, muy activa y tremendamente emprendedora, tanțo es así que bajo su administración hasta mi mayoría de edad, la inmensa fortuna que había heredado creció tremendamente. Su físico, el de una mujer que creo pasaba por muy poco los cuarenta, era de mediana estatura, bien formada casi tirando a gordita y con unos senos firmes y poderosos; Sus caderas eran amplias pero esbeltas.
Al morir mis padres, nos trasladamos a una de nuestras propiedades en la zona del Gran Buenos Aires. Era una tremenda casona con un amplio parque que la circundaba. También poseía un pequeño chalecito que era habitado en forma permanente por el cuidador, un hombre soltero de unos 44 años llamado Rafael, quien había sido un hombre de mucha confianza de mis padres y hacía muchos años que trabajaba para mi familia. Era un tipo muy callado y hablaba solamente lo necesario, aunque su cariño para conmigo era muy grande y siempre me trataba con mucha dulzura. Cuando no iba al colegio siempre estaba Con él más que con las mucamas de la casa. Yo veia que cuando las chicas que trabajaban en casa durante el día (por las noches se retiraban a las suyas) lo veían a Rafael, cuchicheaban entre ellas y Corrian sonrisas picarescas, pero en mi inocencia no podía adivinar de qué se trataba, lo que recién pude lograr cuando ya tenía más edad.
Una noche que me había desvelado no podía dormir por haber comido mucho de mi postre favorito, sentí pasos qe iban por el pasillo frente a mi habitación; era mi tía Sofía, que sigilosamente se dirigía hacia la planta baja, y como mi curiosidad pudo más, desde mi ventana observé hacia dónde se dirigía, siendo su destino la pequeña casa de Rafael, donde entró rápidamente.
Pensé que tal vez mi tía debía darle algunas órdenes de trabajo, pero algo me dijo que su actitud no era para ese caso. Esperé durante largo rato y mi tía no voivía. Si bien yo a esa edad no había tenido ninguna experiencia sexual, mis compañeras de colegio me habían contado cosas, lo gue hizo que mi imaginación empezara a marchar rápidamente. Ya habían pasado unas tres horas Cuando mi tía Sofía salió de la casa de Rafael, esta vez sin apuro ninguno, casi paseando. Rápidamente me metí en mi cama haciéndome la dormida.
Era muy grande mi intriga y mi curiosidad mayor todavia. Por eso a la noche siguiente, Cuando mi tía habia entrado en la casa de Rafael, corri por las sombras hasta llegar a ella y con mucha precaución traté de ver qué ocurría dentro, y como desde afuera nada podía ver ni oir entré por un pequeño baño de servicio con puerta al exterior que siempre quedaba abierto, pasando desde allí hasta el interior, donde empecé a sentir ruidos de voces. La puerta de la habitación de Rafael estaba entornada, lo que me permitió observar y escuchar sin peligro.
Ahí fue el impacto que luego motivó mi desenfrenada pasión por lo sexual. El espectáculo era de alto voltaje, mejor dicho, de gran voltaje, por el tremebundo pene que tenía Rafael entre sus piernas. Yo había visto a algunos chicos de mi edad desenfundar sus penes en erección, pero jamás había visto el de un adulto.
Mi tía Sofía la tenía embelesada entre sus manos, y arrodillada frente a Rafael que permanecía parado muy tranquilo, una gran pija que hoy sé (y lo supe algún tiempo después) no todos los hombres la tenían así. Ella lo besaba y con sus ojos cerrados lo arrullaba como a un bebé, le daba besos y chuponcitos y lo refregaba contra su cara. Hoy puedo decir que esa enorme pija tenia más de 25 cm de largo y una circunferencia de 12 cm en su parte más gorda; su glande era un hermoso melocotón que se balanceaba como el badajo de una campana.
Mi tía Soffa luchaba para meterlo dentro de su boca. Cosa que prácticamente era imposible por lo grande que era. Luego de unos diez minutos en los cuales ella utilizó todas sus artes bucales, el monstruo adquirió toda su grandeza y fue el momento en que Rafael tomó una toalla de la cabecera de la cama y en volviéndose la base de su chota, hizo que mi tia se pusiera en cuatro patas a la orilla de su cama. Desde el lugar que estaba podía observar con claridad lo mojada que estaba mi tía, cuyos jugos vaginales ya se deslizaban por la entrepierna.
Con las piernas muy abiertas y su cabeza apoyada en la almohada esperó el ataque de esa pija infernal. Rafael apoyó la cabeza de su pija en la concha de mi tía y con una habilidad fuera de lo común (hoy lo sé), sin tener que utilizar sus manos, lo deslizaba por toda la raja desde el ano y por toda la extensión de los labios vaginales.
Mi tía bramaba de ansiedad y movía sus caderas en círculo con desesperación pidiendo que se lo metiera. Sus tetas, hermosas y duras, se balanceaban en cada movimiento. Rafael siguió por un momento con su juego que, bien preparado el camino, hizo penetrar algo de esa cabezota. Mi tía pegó un respingo y vi cómo su concha se abría tratando de aceptar ese visitante morrudo. Para eso Rafael había estirado sus brazos y había tomado en sus manos las tetas de mi tia, la que, por lo que yo veia, estaba traspasando los linmites de todos los paraísos juntos. Poco a poco Rafael fue metiendo su pija y en cada pequeño empujón muy suave que él daba, mi tía bramaba igual que si estuviera pariendo.
Rafael no hablaba pero sí empujaba, por lo que mi tía lo insultaba y le decía que la iba matar con semejante pija, pero también le pedía que no se lo sacara, que si el sufrimiento era grande más grande era el gusto que le estaba dando.
Yo en ese momento no comprendía mucho el asunto, eso de que le dolía pero más le gustaba; luego, algún tiempo más adelante, lo supe. Vi cómo esa chota entraba y salía. Los vaivenes de Rafael arrancaban gritos de placer, dolor y lágrimas a mi tía. Cada vez que Rafael la sacaba, al volverla a meter lo hacía un poco más adentro y antes que llegara hasta la toalla que se había colocado antes de comenzar, mi tía llorando le pedia por tavor que no metiera más, que hasta ahi, que ya no aguantaba un solo milímetro más de esa poronga dentro suyo. Obediente, Rafael se mantuvo a esa altura de la penetración y poniendo una mano entre el culo de mi tía y la toalla empezó con lentos y pequenos movimientos a coger a mi tla, Hubo un momento que me asusté de verla, pues una vez había visto un señor con un ataque cardíaco y crei que mi tía estaba sufriendo uno. Nunca había oido de boca de mi tía palabras obscenas, pero ahí decía cosas que podrían hacer sonrojar hasta los más desvergonzados. «Hijo de puta, cogeme con esa pija de padrillo que tenés, hacé de cuenta que soy una yegua y llename hasta el estómago!...» Que sé yo, cosas así por el estilo, que demostraban que el estado de desenfreno de esa mujer de negocios que era bella, le hacía olvidar de todo tipo de moral y se prestaba a las tremendas locuras del sexo.
Cuando tuve cierta experiencia sexual supe que los orgasmos de mi tía se sucedían unos tras otros. Su cuerpo se crispaba y retorcía en cada uno de ellos acompañando los espasmos con tremendos gemidos llorosos. El polvo que le echó Rafael debe haber durado unos veinte minutos, en todo ese tiempo desde mi lugar de observacion no me perdí detalle de lo que alli sucedía. Sentí que dentro mio había algo que me oprimía el pecho, temblaba de emoción de verlos gozar e instintivamente mi mano bajó a mi entrepierna. Algunas veces me había tocado y notado que ello humedecía mis partes, pero esta vez creí que se habían aflojado nis esfínteres orinándome. Pero no era asi, sino que me había mojado de tal forma que cuando mis dedos se encontraron Con mis labios vaginales, la naturaleza (y algunos consejos de mis amiguitas) hizo que mis deditos penetraran en mi conchita, y fue la primera acabada de mi vida. Un orgasmo sacudió mi humanidad y goce tanto que me asusté.
Mi cuerpo temblaba y no sabía lo que me pasaba, pero había sido divino. A todo esto, cuando reaccioné de mi acabada, vi cómo Rafael se ponía en tensión y siempre manteniendo su mano en su pija para no penetrar de más la concha de mi tía, habló por primera vez diciendo: «Ahí te mando mi lechada, aguantá un poquito... Se vio que al terminar, Rafael se excedió y en sus espasmos se la mandó a guardar más que lo que le permitia mi tia, pues ésta lanzó un tremendo alarido de dolor, pero Rafael no aflojó y su acabada fue un poema de lujuria, La leche de Rafael, al retirar éste su pija, se desbordó de la concha de mi tia Sofia y, quejándose aún y con los ojos llenos de lágrimas, le recriminaba el doloroso empujón se dio vuelta y tomando su pija en su boca degustó las gotas de esperma y lo lamió hasta dejarlo limpio y brillante.
Luego mi tía se acostó boca arriba y Rafael se sentó sobre su vientre poniendo su pija entre las tetas de ella. El largo era tal que le permitia «cogerle» las tetas a la vez gue ella le chupaba la cabeza. Estuvieron así un rato y luego Rafael, con
una tremenda delicadeza, fue besando los labios de mi tía. Sus lenguas se enredaban entre sí, después empezó a bajar por el Cuerpo de ella besando y chupeteando todo ese delicioso cuerpo, prestando especial atención a esas tetas que con sus pezones, del tamaño de una primera falange de mi dedo gordo de la mano, eran un monumento de belleza. Mi tía debía acabar como una loca porque estaba como enloquecida, pero cuando él llegó a su concha y empezó a lamerla, eso fue ya el acabóse. Mi tía lloraba, imploraba y se sacudia. Cuando Rafael se tiró, ella, completamente exhausta permaneció bca arriba con sus ojos cerrados como dormida, pero Rafael en cuatro patas sobre la cama, puso su chota en la boca de ella que como si hubiera recibido una descarga eléctrica, reaccionó y comenzó a chupar esa cabeza que no podía meter en su boca. En pocos minutos Rafael acabó, llenando de esperma la boca de mi tía, que hizo tremendos esfuerzos por tragarla, pero la cantidad era tal que cavidad bucal quedó chica para tal volumen de leche.
Mientras tanto, yo seguí masturbándome y logré otros dos goces. Esa noche terminó con la mamada de mi tía y cuando vi que ella tomaba sus ropas me fui rápidamente a mi cama donde por largo rato no pude dormirme pensando en todo lo que había visto.
mas tarde te mando las otras partes 😘

1 comentarios - 226📑Relato de Carla 🖋Parte 1