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Mi amigo me rompe el orto porque su novia no entrega

Llevaba un tiempo con Matu como chongo, a veces nos veíamos una vez por mes, otras veces 3 veces en una semana (que involucraba ratearme del colegio para ir a su casa a entregarle la cola o hacerle un pete, o mentirle a mis papás de con quien me juntaba o a donde iba) tratando de que no se me note ninguna actitud sospechosa. Me seguía juntando con mis amigos, Martín y Lautaro, sin que se note ninguna tensión sexual con Martín. Casi que lo nuestro parecía que había sucedido en otra vida: él estaba de novio con una chica, ya llevaban varios meses, Lautaro también estaba de novio, con lo que nos juntábamos menos pero yo aprovechaba a mi manera.
Un día a la salida del colegio, plena primavera, día de mucho calor, mucha humedad, fuimos los 3 a lo de Martín, que era la casa mas cercana del colegio y tenía la casa sola. Ranchamos un toque en su pieza, y quedamos en que mas a la tarde nos juntábamos a jugar a la pelota en el polideportivo de siempre. Lautaro, que vivía lejos, se fue primero, yo me quedaba un rato más porque mi casa solo estaba a un par de cuadras.
Cuando Martín vuelve de abrirle la puerta a Lautaro se sienta en la cama al lado mío, y me dice "Che, te puedo contar algo?". Obvio que le dije que sí y empezó: tenía problemas con la novia, que a veces parecía que le tiraba onda a otros chabones, que a veces discutían, y otras cosas de parejas adolescentes. Yo lo escuchaba atento, partes del drama ya lo sabía (era muy amigo también de una chica que era amiga de su novia) pero otros no. En un momento tiró al pasar "encima no cogemos nunca...", y pensé para mi "que boluda esta chica, con el pijón hermoso que tiene este pibe..."
Con ese pensamiento se me vinieron imágenes de Martín desnudo, de esa pija gorda, venosa y larga, de su carita disfrutando cuando se la chupaba... me mordí el labio y lo empecé a mirar de otra forma, calentándome con los recuerdos. Cuando me quise dar cuenta había perdido el hilo de lo que me contaba. Noté que estaba bastante mal, bastante emocionado. Pensé que se iba a poner a llorar, y lo abracé. Nos quedamos así unos segundos hasta que se alejó un poco pero no mucho, estábamos en una posición similar al de un abrazo: él me pasaba el brazo por la espalda y yo había quedado con mi mano descansando en su muslo, nuestras caras cerca.
- Martín: Así que nada, quedamos en que nos tomamos un tiempo...
- Yo: Uh amigo, que mal... Pero bueno, quizás sirve para que remonten un poco...
- Martín: Si, que se yo, ya no sé si quiero.
- Yo: Vas a quedarte con la manuela y vas a volver con ella - le dije y nos reímos.
- Martín: Pff por lo que cogíamos... Estuvimos como 3 meses para coger por primera vez y la verdad que no estuvo tan bueno, después no garchamos nunca casi...
- Yo: Pobre, muy mal atendido. - le dije mientras le acariciaba el muslo. Mi intención era hacer un chiste pero cuando lo dije en voz alta sonó muy gata.
- Martín: Si, es verdad... jaja - dijo y se quedó mirando a la nada.
Sentía algo extraño, por una parte obvio estaba caliente con Martín en ese momento pero era algo más. Martín estaba mal, triste de verdad. Nunca lo había visto así. Y me nació una sensación de querer consolarlo.
- Yo: Tranqui, amigo...
- Martín: Si, ya sé, ya sé...
- Yo: Necesitás relajarte, pensar en otra cosa... - le dije acariciándole el muslo de nuevo. - ¿Te puedo ayudar en algo? - Martín gira y me sonríe, nos quedamos mirándonos a los ojos.
- Martín: Y... me podrías hacer un favor.
- Yo. Si, obvio, decime. - se acerca lentamente, dudo si me va a besar, pero se acerca a mi oído.
- Martín: Hace mucho que no me chupan la pija... ¿no tenés ganas?
Ya escuchar su voz grave y su aliento caliente en mi oreja me derritió, me mordí el labio enseguida. Que me pidiera casi como un favor, como con la vergüenza de la primera vez, algo que yo tenía muchos deseos de hacer, me pareció muy tierno. Si bien me gustaba lo macho y lo dominante que podía ser, también me gustaba cuando era así. Martín puso su cara al lado de la mía. Le volví a responder bien bajito.
- Yo: Si, dale.
Acercó su boca a la mía y nos besamos un largo rato. Podía notar que besaba diferente: antes su lengua atropellaba a la mía, se me oponía con fuerza, ahora era mas suave pero más seguro. Su lengua era la dominante pero me llevaba consigo en cada movimiento, sin más fuerza que la necesaria. Me pareció muy seductor.
Nos separamos y me arrodillé en el piso. Sabía que esa era su pose favorita: él sentado, mirándome desde arriba como me trago su poronga. Él se paró y de una dejó caer su pantalón y boxer hasta el piso. Quedó ante mí ese pedazo de carne hermoso que era la chota de mi amigo: esa piel morocha, la cabecita morada que se iba asomando, las venas y su lunar en la base de su poronga. ahora sin ningún pelo, totalmente depilada. Se veía más grande de lo que la recordaba e igual de hermosa. Se ve que mi cara reflejó lo que sentía, porque Martín me habló, en su tono canchero que me gustaba.
- Martín: Epa, ¿la extrañaste? - yo solo asentí, feliz de tenerla al lado de mi cara - Dale, comela.
Su poronga dura apuntaba para la izquierda, así que puse mis manos en su cintura, moví mi cuello, y me mandé a la boca la poronga de mi amigo. Iba lentamente, avanzando de a poco. Quería disfrutar de toda esa piel, de esa carne metiéndose en mi boca abierta al máximo, llegándome hasta la garganta. Martín largó un suspiro ruidoso mientras yo me la sacaba de la boca para volver a metérmela. Sentía los impulsos de su cuerpo moviéndose por el placer, me encantaba sentirlo así. Me la metí lo más al fondo que pude y me quedé unos segundos hasta que salí tosiéndole la pija. Lo empecé a pajear y a chuparle las bolas. Sentía su olor a macho bien pegado en mi nariz y mi mano resbalaba perfecto en su poronga. Aproveché para mirarlo y vi que tenía los ojos cerrados. Lo empujé mínimamente en la cintura para hacer que se siente, y volví a tragarme su pija: iba y venía sobre ese falo hermoso, esa verga larga y gruesa que me hipnotizó desde que la conocí, esa pija de macho que me cambió la vida. Sentía a Martín suspirar pero yo estaba en mi mundo, disfrutando de esa pija, y poniendo todo mi empeño en hacerle el mejor sexo oral de su vida. Quería chupársela como su novia no lo hacía, satisfacerlo de verdad. Cambié el ritmo y empecé a lamerle todo a lo largo de su chota y pajeándolo. Sentía que Martín estaba tenso, pero no llevaba mucho tiempo de pete, por lo que no le presté mucha atención. Volví a empezar a tragar su pija mientras lo pajeaba, y al ratito siento que su pija se pone más gorda y más dura, y en un segundo me empezó a llenar la boca de leche. Me agarró desprevenido y un poco se me salí de los labios, pero seguí pajeándolo y chupándosela hasta que no largó más. Necesitaba respirar y tenía la boca llena de semen, estaba muy agitado por el calor y el pete. Tuve que tragar 3 veces para vaciarme la boca, y todavía tenía unos hilitos que me chorreaban de los labios.
Martín quedó acostado, también respirando un poco agitado, con una sonrisa de satisfacción en la cara. Aproveché su distracción para apreciar el sabor de su semen, me dejaba la garganta rara pero me gustaba mucho sentirlo en mi boca. Después de unos segundos le hablé.
- Yo: ¿Y? ¿Te gustó el favor?
- Martín, riéndose: See, espectacular. Tenés un poco... - dice señalándome los labios.
- Yo: ¿Que tengo? - le digo como si no supiera.
- Martín: Tenés mi leche chorreando de tu boca, bebé.
Yo me pasé un dedo por los labios, juntando los restos de su leche, y me los llevé a la boca.
- Martín: Que putita linda... ¿A mi me cayó, no?
- Yo: Un poco.
Martín se iba a incorporar para agarrar papel pero yo lo detuve, me acerqué a su pija y fui lamiendo los restos de semen que le quedaban. Lo vi con cara de caliente de nuevo y aproveché para ir al baño. Me vi en el espejo y tenía la cara roja y transpirada, con los labios y el mentón un poco plastificados. Me enjuagué la boca varias veces y vi la hora: ya tenía que estar arrancando para mi casa a comer algo si después íbamos a jugar a la pelota.
Cuando vuelvo a la pieza Martín está más desnudo que antes: se había sacado la remera y lo poco que le quedaba puesto, estaba parado con la pija semi dura, colgando ancha y larga, esperándome. Ahora sí lo tenía como había deseado mas temprano. Miro sus pectorales, sus piernas, sus muslos, pero cuando llego a su pija no le puedo sacar los ojos de encima. Me dice que me acerque y voy. Me agarra la remera y me la levanta para sacármela.
- Yo: Pará, tengo que ir a mi casa.
- Martín: ¿Eh? ¿Por qué?
- Yo: Para comer algo antes de ir al poli.
- Martín: No vamos a ir al polideportivo. - dice mientras me pega a su cuerpo. Siento que baja su mano de mi cintura y me empieza a tocar la cola. - Te quiero coger.
- Yo: ¿Estás seguro? Lautaro nos espera... Y tenés novia.
- Martín: Estoy seguro, de acá no te vas hasta que te garche. - me dijo con firmeza mientras me tenía como abrazado con sus dos manos en mi cola.
- Yo: Bueno, dale - le dije sonriendo y nos besamos.
Me mandó a cerrar la puerta de su casa con llave y volví volando para su pieza. Me acerco de nuevo y me pide que me de vuelta: me baja toda la ropa de golpe, quedando con la cola al aire. Martín me apoya desde atrás y me empieza a besar y morder el cuello. Cierro los ojos y me dejo llevar por las caricias y besos de este hombre. Como con sus besos, sigue siendo dominante pero de una manera mas seductora, menos bruta sin dejar de ser fuerte. No sé como pasó pero de repente me encontré con las piernas separadas, suspirando por sus besos y sus caricias, y Martin me pasaba un dedo ensalivado por la cola. Me sentí temblar, como si tuviera las piernas débiles. Martín lo notó y me dio una orden.
- Martín: Ponete en cuatro.
Antes de que pudiera llegar a hacerlo, me agarró del brazo y me besó fuerte de nuevo, con una mano en mi cuello y otra en mi cola, pasando su dedo ensalivado. Sentí su pija caliente por encima de mi ombligo. Me soltó y me dejó caer en la cama. Yo me apoyé en mis rodillas, sacando cola, dejando caer el pecho.
- Martín: Uff pero que orto, putita - dijo y me dio un chirlo. - Mejor de lo que me acordaba.
Me dio otro chirlo y enseguida empecé a sentir su lengua en mi cola. Empecé a gemir como lo había hecho hace tiempo en esa misma pieza. Martín me chupaba el orto y yo no paraba de gemir, disfrutaba a pleno, sentía que mi cuerpo se relajaba, me desobedecía, se movía sin que yo lo pudiese controlar, me agudizaba la voz. Martín se detuvo y ya sentí que había disfrutado una barbaridad. Lo vi pararse para agarrar el lubricante y forros y volver a donde estaba.
Se sentó en la cama, mirándome la cola, acariciándome con una mano y pajeándose con la otra. Me tira lubricante en el ano y con el pulgar me lo esparce; de a poco me lo va metiendo. Entra fácil.
- Martín: Te voy a romper el orto, ¿sabes?
- Yo: Si, ya sé.
- Martín: ¿Querés eso?
- Yo: Ay si, por favor...
Martín me mete el dedo a fondo, no puedo evitar gemir. Lo mete y lo saca unas veces más; después me mete el mayor y unos segundos después el índice. Yo me dejo hacer y disfruto; Martín ya no se pajea, una mano está en mi cintura y la otra con dedos adentro mío. De repente se para, escucho que abre un preservativo y me preparo para lo que viene.
- Yo: Despacito...
- Martín: Si, bebé, yo sé como te gusta. Abrite las nalgas.
Llevo mis manos atrás y separo mis cachetes, ofreciéndome para que por fin me penetre. Siento como la cabeza de su chota se va haciendo espacio adentro mío. Lentamente avanza, metiéndomela más y más; me duele un poco, es difícil resistir a una pija tan gorda, pero me encanta, la siento durísima adentro mío. Gemía gritando casi sin darme cuenta, su chota avanzaba sacándome el aire. No sé cuanto habrá entrado, pero de repente empezó un lento meter y sacar; podía sentir hasta las venas de ese falo enorme estirándome. Mi cola se dejaba hacer, un poco más entrenada que nuestras primeras veces. Sentía a Martín suspirar y respirar pesado, sus manos me atenazaban la cintura, empujaba mi cuerpo hacia él mientras se movía hacia adelante.
- Martín: Uff como extrañaba tenerte así, amigo.
- Yo: Ay, ¿en serio? Mmmhh...
- Martín: Si, mal...
Esa confesión me calentó un montón, estando de novio pensé que se le habían ido las ganas de estar conmigo, de coger con un hombre, pero ahora sabía que no era así. Aún estando con una chica seguía con ganas de cogerme. Martín me dio un chirlo que me agarró desprevenido, largué un gritito agudo. Mi amigo me seguía metiendo esa barra gigante de carne por la cola, era interminable. Se movía lento, yo largaba unos suspiros largos que se detenían cuando él lo hacía.
- Martín: ¿Y vos?
- Yo: ¿Yo qué? - dije un poco perdido.
- Martín: ¿Extrañabas esto?
- Yo: ¿Qué cosa? - haciendome el tonto.
- Martín: Entregarme la cola a escondidas - dijo y embistió, lento pero sin parar metiéndomela entera.
Largué un gritito agudo que se fue haciendo más fuerte mientras mas adentro me la metía. Sentí que me llegó a tocar el estómago con esa estocada. Martín la sacó casi entera y volvió a embestirme, rápido pero suave, sin llegar a fondo pero dándome más duro cada vez. De a poquito me estaba taladrando el orto hasta que pude sentir sus bolas rebotando contra mi cola.
- Martín: ¿Y? Decime.
- Yo: Ay, ay, si... siii... - le podía responder solo cuando me daba el aire, lo cual no pasaba seguido. Me estaba dando rápido y mi cuerpo estaba sintiendo demasiado, mucho placer - Si, te extrañaba así.
- Martín: ¿Así como? - bajó un poco el ritmo, tomando aire.
- Yo: Así, todo caliente, dominante... pijudo...
- Martín: Uff, amigo, te voy a acabar de nuevo.
- Yo: Cogeme, amigo, cogeme - le dije como suplicando.
Me volvió a coger lento, tomando aire. Me sentía otra persona estando de nuevo en esa pieza, en esa pose, de nuevo cogido por mi amigo. Por fin se estaba dando de vuelta, no lo podía creer. Si bien me encantaba coger con Matu, sentía que Martín era mi hombre. Que él me cogiera era un extra, no solo porque tenía una pija gorda y larga (quizás más que la de Matu) que me hacía sentir el orto lleno al máximo, sino que era otro morbo, nos conocíamos de muy chicos y mi deseo por él había empezado hace bastante; y que sea este macho dominante (y a la vez cuidadoso y cariñoso) lo hacía perfecto, ideal. Quería entregarle la cola siempre, que nunca se cansara de cogerme. Si la novia no lo satisfacía estaba más que feliz de que se desquitara conmigo.
Martín volvió a darme fuerte, ensartándome hasta el fondo. Me agarré de las sábanas y hundí la cara en el colchón mientras sonaba el plaf plaf plaf de su cuerpo contra mis nalgas. Yo solo podía gemir ahogadamente mientras metía su pija hasta el fondo de mí. Podía sentir su pelvis contra mis nalgas, mi sensación favorita en el mundo, una y otra vez. En un momento se frena y se acomoda con un pie sobre el colchón, me da un toque así y se vuelve a acomodar para darme con los dos pies en el colchón, dándome de arriba hacia abajo. Me empieza a coger profundo, fuerte más que rápido. Ahora podía sentir claramente sus testículos dándome atrás, entre mi cola y mis bolas. El sonido de su cuerpo chocando contra el mío y mis gemidos agudos retumbaban en la pieza, los vecinos debían de oír todo, pero no podía evitarlo. Me hervía la sangre, me derretía del placer. Martín me tenía agarrado para que no me baje pero me era imposible resistir esos pijazos, parte de mí cedía bajo su empuje.
- Yo: Ay, Dios, Martín... Me estas re cogiendo.
- Martín: Si, bebé, no sabes lo que extrañaba esto...
- Yo: Ay dios, yo también.
Martín se tira encima mío, y yo caigo plano en el colchón; siento toda su pija adentro mío y todo su cuerpo sobre el mío. Me aplasta y me llena, siento todo su peso y toda su pija. Me respira en la nuca, agitado, yo respiraba con la boca abierta, sintiéndome en el cielo.
- Martín: ¿Te acordás de las veces que cogimos? - me dice moviéndose poquito y lento.
- Yo: Si, obvio.
- Martín: ¿Te acordás cuando te vestiste de nena?
- Yo me reí un poco, aplastado, apenas pudiendo respirar: Si.
- Martín: No sabés las pajas que me hice pensando en esa vez.
Para qué... Sentí el cosquilleo cerca de acabar al instante que me dijo eso, no lo podía creer.
- Yo: ¿En serio?
- Martín: Si, posta. Me voló la cabeza, estabas tremenda, y hecha una puta mal.
- Yo: Vos me hacés una puta, Martín. Ay... mirá como me tenes.
Giré la cabeza y como pude lo agarré del pelo y lo traje hacia mi, necesitaba que me bese. Sentía su lengua revolviéndose en mi boca y su poronga entrando y saliendo, lentamente pero de principio a fin, de mi culo bien abierto. Fue un beso largo y profundo, su lengua me invadía la boca, me dominaba como lo hacía con su cuerpo. Después de un rato me separé para decirle:
- Yo: Rompeme el orto, Martín.
- Martín: ¿Si? ¿Querés que te lo rompa?
- Yo: Si, dale. Llename la cola de leche.
Noté como puso una cara como de enojo, lo notaba agitado, la cara casi roja. Me agarró de la cabeza, tirándome del pelo, y empezó a cogerme fuerte, feroz, como un animal. Sentía su pija entera abriéndome el culo, me estaba usando el orto para sacar su leche, y a los pocos minutos sucedió. Dándome unas embestidas fuertes empezó a vibrar encima mío y adentro mío, largando unos bufidos de animal, estirando mi cola al máximo. Después de unos segundos Martín cayó como abatido encima mío. Sentía su respiración acelerada en mi oreja, yo sonreía y también respiraba como podía. Recién después como de casi un minuto se levantó un poco de mi nuca y me empezó a acariciar el pelo, todavía con su pija adentro.
- Martín: ¿Te gustó, bebé?
Yo todavía no podía responder, estaba agitado y con mucho calor, solo asentí sonriendo y mirándolo a los ojos, él me sostenía la mirada.
- Yo: Ay, si, me re gustó...
Recién después de mi respuesta salió de adentro mío y se tiró a un costado. Yo sentía algo raro todavía, estiré la mano y sentí el latex: el forro había quedado parcialmente adentro mío. Martín se rió.
- Martín: Mirá las ganas que te tenía que hasta el forro quedó adentro.
- Yo: Jaja que hdp. ¿Me lo sacás?
Sacó el forro y lo tiró a un tacho cerca de la cama. Nos quedamos respirando y recuperándonos un rato, tomando agua. Yo me cubrí un poco con la sábana para taparme estando sentado mientras él se mantenía desnudo, sentado con las piernas abiertas, con todo su pedazo colgando. Aún flácida era mas grande que la mía parada, era increíble esa poronga, no sabía si daba mas miedo dormida que parada. Martín todavía con cara de satisfecho me volvió a hablar.
- Martín: Que bueno que estuvo, amigo, me encanta cogerte. - yo me volví a reir - ¿Qué pasa, no te gusta que te lo diga? Jaja.
- Yo: Jajaja si, me gusta. Y me doy cuenta, mirá como me dejaste el orto. - nos reímos a carcajadas.
- Martín: Jaja y bueno, con esa cola te lo merecías, bebé.
- Yo: Tu novia no sabe lo que se pierde. - le dije para picantearlo.
- Martín: Apa...
- Yo: Jaja ¿qué? Es verdad.
- Martín: Me parece que te gusta la pija mas que a ella.
Yo me cagué de risa pero no lo negué. Él se acercó y nos empezamos a besar de nuevo, fogosamente. En eso escuchamos un re trueno y que empezó a llover mal. Ahí Martín se levantó rápido, me dijo que había ropa colgada en la terraza, que lo ayude a descolgarla. Me pasó unos pantalones cortos suyos y fuimos a la terraza; nos cagamos de risa, nos estábamos empapando, casi nos resbalamos varias veces. Dejamos la ropa en el quincho de su terraza y nos quedamos ahí, usando unas toallas para secarnos que recién estaban en la soga. Nos quedamos bajo el techito un rato, esperando que afloje para bajar.
- Martín: Terrible como se largó.
- Yo: Jaja si, mal. Ahora sí que Lautaro no nos espera.
Lo miré y se había mojado el pantalón corto que traía, se le notaba mucho el bulto. Martín me pescó mirándolo, me tiró una mirada de las suyas, bien cancherito.
- Yo: Y bue, boludo, mirá como se te marca - me excusé riéndome.
- Martín: ¿Preferís que no tenga nada? Mirá que me lo saco, eh.
- Yo: Jaja no seas boludo que tenés vecinos, se ve todo.
- Martín: ¿Qué me importa? No ve nadie.
Como si no fuese ningún problema, Martín se saca el short y queda en pija, ya bastante gomosa de nuevo. Yo me reí. ¿Cómo no iba a querer mostrarla? Es un orgullo tener una pija así.
- Yo: Jaja guardala, dale, no seas boludo.
- Martín: ¿Qué? No pasa nada, mirá. - y empieza a sacudir la pija en dirección a la casa mas cercana. Yo me seguía riendo, sin parar de mirarle la poronga.
- Yo: Jaja dale, guardala!
- Martín: No pasa nada, vení, acercate.
Al principio me hice el que no, pero me agarró de la mano y me atrajo hacia él, quedando casi pegados. Sentía su pija morcillona rozándose con la mía, húmeda y dura en mi pantalón; yo miraba para todos lados, asegurándome de que nadie nos viera.
- Yo: ¿Qué hacés? - le dije fingiendo safarme, pero él me agarra fuerte de la cintura.
- Martín: ¿Qué pasa? ¿Querés chuparme la pija?
- Yo: Jaja ¡¿Qué?! ¿Acá?
- Martín: Si - me responde asintiendo - Acá.
Lo miro mordiéndome los labios. No podía decirle que no a ese hombre. Simplemente miré al rededor, no vi a nadie, y bajé hasta quedar en cuclillas. De nuevo tenía esa poronga gigante frente a mi cara. Empecé dándole besos alrededor, en el interior de los muslos, en la pelvis, en sus huevos, aprovechando que estaba sin pelos, haciendo que mi cara se roce contra ese pedazo de carne que se ponía cada vez más duro. Me encanta sentir pijas en la cara, no sé por qué, me hace sentir muy sumiso, y con Martín no era distinto. Me llevé sus bolas a la boca y lo miré desde abajo; yo me agarraba de sus piernas y él me estaba mirando, observando con una mirada dominante. Tenía los brazos a la cintura, como un campeón, me miraba como con un aire de superioridad que me calentaba un montón; me encantaba que sea así, él era el macho y yo su hembra. Sin usar las manos me metí su pija a la boca y empecé a cabecear. No sabía si alguien estaba mirando, pero ya no me importaba, amaba la pija de Martín, amaba chupársela, amaba darle placer con todo mi cuerpo. Se la chupé un rato mientras la lluvia no dejaba de caer; en un momento se escuchó el ruido de una persiana y nos miramos sin que yo me la saque de la boca, pero escuchamos que venía del lado donde no nos podían ver y seguí. No tuvo que decirme nada, seguí mamándole la pija como si la vida se me fuera en eso. Me ahorqué con su pija un par de veces y después de la última me dijo que fuéramos abajo. Me dejó pasar a mi primero y bajamos las escaleras yo llevándolo de la pija y él con su short en la mano. Entramos a la pieza y fue directo a buscar el lubricante.
- Yo: ¿De nuevo?
- Martín: Si, de nuevo.
Se ve que era verdad que venía cargado, sin ponerla, porque estaba hecho una fiera. Se acerca hacia mi y bruscamente me da vuelta y me hace abrir las piernas; yo arqueo mi espalda sin que me lo pida, sacando cola. Enseguida siento un dedo lubricado entrando adentro mío, al toque siento dos.
- Martín: Uy dios, como come este culo, amigo.
- Yo: Disfrutalo.
Siento que Martín larga un suspiro largo, caliente. Me mete los dedos más rápido; suma un tercero. No puedo evitar suspirar rápido, al ritmo que marca él.
- Martín: Que putita que sos, me encanta.
Sale de adentro mío, se pone un forro, me la apoya en el ano y empieza a hacer fuerza. No costó que entrara pero me entró de golpe; yo largué un grito, esta vez me dolió, pero fue un instante. Cuando sentí que ya tenía de golpe un tercio de pija adentro mi cola se acomodó. Le dije que fuera despacito, y me empezó a coger lento, metiéndome cada vez más. Ahí estaba de nuevo, siendo cogido de parado, entregándole la cola a mi mejor amigo,
- Martín: Uf, dios, como me gusta verte así, mirá lo que es este orto.
- Yo: Ay, ay...¿Te gusta mi colita? - le dije con voz de trola
- Martín: Me encanta. Tenés mejor orto que mi novia, puta.
Amaba esos comentarios, me calentaban muchísimo y me hacían mas dócil, me daban mas ganas de complacerlo. Martín me empezó a dar fuerte, no tenía chance de responder nada, me estaba serruchando con esa poronga gigante. Mi cuerpo abrazaba con amor a esa pija gorda y larga que me cogía tan duro, sin piedad. Mi pija en ese momento era un maní, no debía de ser el 5% de la de mi amigo, pero me sentía increíblemente caliente, podía sentir mi líquido preseminal saliendo de todas formas, humedeciendo mi pito chico, mientras un verdadero hombre pijudo me estaba detonando el orto. Estaba gimiendo muy agudo, no podía evitarlo, y eso parecía envalentonarlo más. Hasta que paró cuando me la mandó toda adentro. Otra vez largué un grito, sin poder creer el placer que sentía. Martín se empezó a mover pero sin sacarmela, moviéndome a mi junto con él.
- Martín: Como me gusta metertela toda, no sabés la vista que tengo.
- Yo: Me encanta sentirla toda adentro, me encanta, Martín...- fue lo que le pude responder.
Martín se inclinó sobre mí y apoyó su pecho en mi espalda, lamiéndome la oreja. Me hacía temblar con su fierro caliente metido en la cola. Lo metía y lo sacaba lento. Podía sentir el borde de la cabeza de su poronga cuando salía casi entera para después metermela toda hasta las bolas. Mis gemidos eran casi sollozos, respiraba forzadamente siendo atravesado por semejante chota. Y entonces hizo algo que no me esperaba: llevó una mano hasta mis bolas y mi pitito, y me empezó a acariciar. Abrí los ojos como platos, nunca había hecho algo así. Mi pito estaba flácido y chiquitito pero goteando líquido preseminal.
- Martín: Que mojadita que estás, puta. Como te gusta la verga.
- Yo: Aia, Martín, Ay, Martín - decía como podía, temblando totalmente - Me vas a hacer acabar.
Pensé que iba a detener su mano, pero siguió exactamente igual, acariciando con su mano mi pito y mis bolitas mientras me penetraba lento.
- Yo: Ay, si... Dame más rápido, un poquitito más. - le dije suplicando.
Siguió con su mano mientras me cogía más fuerte, y a los segundos, con un grito empecé a chorrear semen por su piso, gritando y acabando a la vez, con el orgasmo mas fuerte que había sentido en mi vida. Martín siguió cogiéndome hasta que le dije que parara y salió de adentro mío, limpiando su mano en mi cintura. Yo me arrodillé en el piso primero, y después me desplomé, acostándome y respirando profundo.
Cuando retomé un poco la conciencia, Martín me miraba con su sonrisa desafiante, canchera, y un poco sorprendido, era la primera vez que acababa en su presencia.
- Martín: Wow... sí que te gusta la pija. - me dijo burlándose.
- Yo: Jaja sos un guacho - le decía apenas pudiendo hablar - mirá como me dejaste.
Agarró papel y me lo pasó a mi, gasté un montón para limpiar mi enchastre. Cuando terminé Martín me ofreció su mano para levantarme, pero no me daban las piernas y nos reímos de nuevo. Me dijo que levantara un poco las rodillas, le hice caso, y me alzó del piso con sus brazos. Nos reímos de nuevo de lo desvalido que estaba yo, me dejó en la cama y se fue a buscar un trapo húmedo para el piso. Cuando terminó volvió a la cama y se tiró al lado mío, los dos desnudos todavía. Martín se acostó boca arriba, yo estaba de costado, mirándolo y acariciándole el pecho. Estuvimos en silencio un rato, recuperándonos del garche, hasta que se puso de costado, de frente a mi, y me empezó a acariciar la cintura.
- Martín: Que bueno que te gusta la pija - me dijo y me reí. - No, en serio. Me gusta mucho cogerte.
- Yo: Jaja que bueno - decía con algo de vergüenza - a mi me gusta mucho que me cojas.
Se acercó y nos empezamos a besar lento, con calma, a diferencia de la costumbre fogosa que teníamos. Nos acariciábamos mutuamente hasta que noté que la pija se le volvió a parar, ésta última vez él no había acabado. Se la empecé a acariciar suavemente, como mimando a esa chota gigante. Separamos nuestras bocas y quedé con la cabeza apoyada en su brazo mientras lo masturbaba. Martín cerró los ojos y se dejaba hacer, yo lo miraba, observaba todo su cuerpo. Me parecía el hombre ideal, fuerte, macho, lindo, pijudo, y encima tierno.
- Yo: ¿Te la puedo chupar? - le dije admirando su cuerpo.
- Martín: Si, bebé, podés. - me dijo acariciándome el pelo.
Me acerqué a su pija y empecé a besársela con amor. Acariciaba también sus abdominales, sus muslos, sus tetillas, todo lo que podía. Pasé la lengua por todo el tronco y me la mandé a la boca. Ya sentía la mandíbula cansada de tanto chupársela, pero no me importaba, me había hecho acabar como loca, se merecía todo lo que podía darle. Estuve unos minutos mamándole la poronga, la dejé bien ensalivada y sumé mi mano para pajearlo. Sentí que estaba cerca.
- Yo: ¿Me vas a dar la lechita?
- Martín: Uf, ¿la putita quiere la leche?
- Yo: Siii - le dije con la voz mas de trola que podía hacer - Tu putita quiere la leche.
- Martín: Uff... si, ya se viene, bebé, vos seguí.
Seguí chupándosela y pajeandolo a la vez. Mi mano apenas lograba cerrarse en esa pija gorda de venas anchas. Cuando estaba por acabar me agarró de la nuca y forzó su poronga en mi garganta (creo que me llegó hasta la nuez y todavía no me entraba toda). Su chota empezó a brotar semen en mi boquita. No podía hacer el esfuerzo de tragar su leche por miedo a toser, pero por la fuerza de sus chorros me bajaba directamente por la garganta. Para el tercer y cuarto chorro ya pude alejarme un poquito y saborear su leche antes de tragarla. Martín dejó de vibrar y aproveché para dejarle la pija limpia.
Me volví a acostar a su lado. Nos quedamos así hasta que sonó el timbre. Nos vestimos a las apuradas. Él bajó a abrir, yo saludé a su mamá desde el primer piso (no podía acercarme sin que se me notara una baranda a leche terrible). Cuando pude fui al baño a enjuagarme la boca. Me quedé en su casa un ratito más hasta que dejara de llover. Charlamos de cosas lindas, de qué nos gustaba a cada uno de esto que nos pasaba. Me dijo que él pensaba que el sexo era siempre así, como lo hacíamos nosotros, hasta que estuvo con otras personas y no era tan bueno, que lo nuestro estaba mejor. Yo le dije que me gustaba mucho satisfacerlo, que me gustaba como me ponía en mi lugar, sumisa y obediente, a la vez que también era tierno cuando contaba. No le pregunté que iba a hacer con su novia, no era el momento, y tampoco me importaba tanto.
Nos besamos un rato más y me fui a mi casa, sonriente, bien cogido y feliz. Ilusionado con que me vuelva a garchar. Si su novia no quería coger, mi cola iba a estar disponible.

2 comentarios - Mi amigo me rompe el orto porque su novia no entrega

nave_del_olvido +1
increible que hoy por hoy, existan mujeres que no le entragan la cola, sobretodo a parejas estables, seamos realistas, quizas entregar el culo a alguien que casi no conoces o que se yo, se puede llegar a entender.. .para mi son minas que no aprendieron a disfrutar realmente del sexo sin boludeces o prejuicios, osea se entiende el dolor, el dolor mientras y el post, el quedar abierta y un tanto incomoda, pero nada mas lindo que tu hombre disfrute del sexo con vos y de hacerte lo que tenga ganas.... en mi caso recien se la entregue a mi esposo (la tenia virgen hasta el) y no me arrepiente en lo mas minimo... sobretodo hoy por hoy que me hace anal en forma regular... bien por vos que estas para ese hombre y que difrute y obvio vos tambien disfrutas... seas gay, putito, sumiso o mujer... la cola rota ves en cuando en los tiempos que corren... es como obligación, placer, morbo, sexo, pertenencia, sexo sin prejuicios y disfrute... me alegro por tu cola y su reencuentro con su macho..