Soy Carlos, tengo 32 años, trabajo en una constructora y la verdad es que me va bien, gano decente y tengo horarios que a veces me obligan a quedarme hasta tarde en la obra. Mi novia se llama Laura, tiene 28, es una chava bien buena, de esas que cuando camina todos voltean: nalgonas tremendas, piernotas gruesas y firmes de tanto ir al gym, cintura chiquita y unas tetas medianas pero paradas que se le marcan hasta con playera holgada.

Así se ve Laura cuando anda por la casa... nalgonas tremendas que no caben en los shorts.
Llevamos casi 3 años juntos, vivimos en un departamentito en el centro, y aunque la quiero un chingo, la neta es que nuestra vida sexual ya no es como al principio. Yo llego cansado, ella también trabaja en una oficina, y muchas veces solo es un rapidito o nada. Pero nunca me imaginé lo que iba a pasar.
Mi mejor amigo desde la prepa es Marco, el wey es alto, moreno, bien fornido porque entrena pesas y juega futbol los fines. Siempre ha sido el típico cuate que cae bien con las morras, tiene esa sonrisa pendeja que las hace reír y una labia que no falla. Marco es soltero, vive solo a unas cuadras de nosotros y muchas veces viene a la casa a ver partidos o a tomar unas chelas. Laura siempre lo ha tratado bien, le dice "Marquitos" con voz dulce y le sirve cerveza como si fuera de la familia. Yo nunca había sentido celos, al contrario, me gustaba que se llevaran chido.
Todo empezó un jueves que me tocó turno doble en la obra porque se atrasó un camión de material. Le avisé a Laura que llegaría como a las 11 de la noche o más tarde, que no me esperara despierta. Ella me dijo "ay no, amor, qué pesado, pero está bien, yo me duermo temprano". Marco justo ese día había pasado por la tarde a dejarme unos documentos de un trámite que me estaba ayudando (cosas de la chamba), y se quedó un rato platicando con Laura mientras yo aún no llegaba de la obra. Cuando me fui, él seguía ahí, pero no le di importancia, total, es mi carnal.
Llegué a la casa como a las 10:30, más temprano de lo que pensé porque el jefe me soltó antes. Abrí la puerta despacito porque no quería despertarla si ya estaba dormida. La luz de la sala estaba apagada, pero del pasillo salía un brillo tenue de la tele que estaba prendida en mute. Escuché risas bajitas y voces. Me acerqué sigiloso, pensando que tal vez Laura estaba viendo una serie o algo. Pero cuando asomé la cabeza por la esquina del pasillo, casi se me para el corazón.
Ahí estaban los dos en el sillón grande. Laura sentada en el brazo del sillón, con una cerveza en la mano, y Marco recostado cómodo, con las piernas abiertas y una mano en el muslo de ella, como si nada. Ella traía unos shorts cortitos de algodón que se le subían hasta la mitad de las nalgonas, y una playerita ajustada sin brasier porque se le marcaban los pezones clarito. Marco tenía la mano ahí, acariciándole la pierna despacito, subiendo y bajando, y ella no lo quitaba, al contrario, se reía y le decía algo al oído que lo hacía sonreír como pendejo.
Yo me quedé congelado en la sombra del pasillo, con la puerta entreabierta y el corazón latiéndome en la garganta. No sabía si entrar y hacer un escándalo o qué chingados hacer. Pero en vez de enojarme, sentí algo raro... una calentura que me subió desde los huevos hasta la cabeza. Mi verga se empezó a poner dura solo de ver cómo la mano de Marco subía más, rozándole el borde de los shorts, y Laura abría un poquito las piernas, como invitándolo.

Ella le dijo algo como "no seas malo, Marcos, Carlos llega en cualquier rato..." pero lo dijo con voz juguetona, no de enojo, y él le contestó "pues por eso hay que aprovechar, mami, nomás un ratito".
Laura se mordió el labio, miró hacia la puerta (yo me escondí más) y luego se inclinó y le dio un beso en la boca. No fue un piquito, fue uno de esos besos profundos, con lengua, que duran. Marco le metió la mano por debajo de la playera y le agarró una teta, masajeándola fuerte, y ella soltó un gemidito que se me clavó directo en la entrepierna. Yo ahí parado, con la respiración agitada, una mano en la puerta y la otra sin darme cuenta ya tocándome por encima del pantalón.
No entré. No pude. Me dio una mezcla de rabia, celos y una excitación cabrona que nunca había sentido. Me salí despacito de la casa otra vez, cerré la puerta sin ruido y me fui a la esquina de la cuadra a fumar un cigarro para calmarme. Mi cabeza era un desmadre: ¿cuánto tiempo llevaban así? ¿Era la primera vez? ¿O ya lo habían hecho antes cuando yo no estaba?
Después de unos 20 minutos volví a entrar, haciendo ruido esta vez para que me oyeran llegar. Cuando abrí la puerta, Laura salió del pasillo toda sonriente, con el pelo un poco revuelto y las mejillas rojas. "¡Amor! ¿Ya llegaste? Qué temprano". Marco estaba sentado en el sillón como si nada, con la tele prendida en un partido. "Qué onda, carnal, ¿cómo te fue en la obra?".
Les dije que todo bien, me senté con ellos un rato, pero no podía quitarme la imagen de la cabeza. Esa noche, cuando Marco se fue y Laura y yo nos metimos a la cama, ella estaba más cariñosa de lo normal, me besó mucho y hasta me montó encima. Pero yo solo podía pensar en cómo Marco le había agarrado las tetas y cómo ella había gemido para él.
Y ahí empezó todo. Al día siguiente ya estaba pensando en ponerle cámaras o algo para ver qué más pasaba cuando yo no estaba...

Así se ve Laura cuando anda por la casa... nalgonas tremendas que no caben en los shorts.
Llevamos casi 3 años juntos, vivimos en un departamentito en el centro, y aunque la quiero un chingo, la neta es que nuestra vida sexual ya no es como al principio. Yo llego cansado, ella también trabaja en una oficina, y muchas veces solo es un rapidito o nada. Pero nunca me imaginé lo que iba a pasar.
Mi mejor amigo desde la prepa es Marco, el wey es alto, moreno, bien fornido porque entrena pesas y juega futbol los fines. Siempre ha sido el típico cuate que cae bien con las morras, tiene esa sonrisa pendeja que las hace reír y una labia que no falla. Marco es soltero, vive solo a unas cuadras de nosotros y muchas veces viene a la casa a ver partidos o a tomar unas chelas. Laura siempre lo ha tratado bien, le dice "Marquitos" con voz dulce y le sirve cerveza como si fuera de la familia. Yo nunca había sentido celos, al contrario, me gustaba que se llevaran chido.
Todo empezó un jueves que me tocó turno doble en la obra porque se atrasó un camión de material. Le avisé a Laura que llegaría como a las 11 de la noche o más tarde, que no me esperara despierta. Ella me dijo "ay no, amor, qué pesado, pero está bien, yo me duermo temprano". Marco justo ese día había pasado por la tarde a dejarme unos documentos de un trámite que me estaba ayudando (cosas de la chamba), y se quedó un rato platicando con Laura mientras yo aún no llegaba de la obra. Cuando me fui, él seguía ahí, pero no le di importancia, total, es mi carnal.
Llegué a la casa como a las 10:30, más temprano de lo que pensé porque el jefe me soltó antes. Abrí la puerta despacito porque no quería despertarla si ya estaba dormida. La luz de la sala estaba apagada, pero del pasillo salía un brillo tenue de la tele que estaba prendida en mute. Escuché risas bajitas y voces. Me acerqué sigiloso, pensando que tal vez Laura estaba viendo una serie o algo. Pero cuando asomé la cabeza por la esquina del pasillo, casi se me para el corazón.
Ahí estaban los dos en el sillón grande. Laura sentada en el brazo del sillón, con una cerveza en la mano, y Marco recostado cómodo, con las piernas abiertas y una mano en el muslo de ella, como si nada. Ella traía unos shorts cortitos de algodón que se le subían hasta la mitad de las nalgonas, y una playerita ajustada sin brasier porque se le marcaban los pezones clarito. Marco tenía la mano ahí, acariciándole la pierna despacito, subiendo y bajando, y ella no lo quitaba, al contrario, se reía y le decía algo al oído que lo hacía sonreír como pendejo.
Yo me quedé congelado en la sombra del pasillo, con la puerta entreabierta y el corazón latiéndome en la garganta. No sabía si entrar y hacer un escándalo o qué chingados hacer. Pero en vez de enojarme, sentí algo raro... una calentura que me subió desde los huevos hasta la cabeza. Mi verga se empezó a poner dura solo de ver cómo la mano de Marco subía más, rozándole el borde de los shorts, y Laura abría un poquito las piernas, como invitándolo.

Ella le dijo algo como "no seas malo, Marcos, Carlos llega en cualquier rato..." pero lo dijo con voz juguetona, no de enojo, y él le contestó "pues por eso hay que aprovechar, mami, nomás un ratito".
Laura se mordió el labio, miró hacia la puerta (yo me escondí más) y luego se inclinó y le dio un beso en la boca. No fue un piquito, fue uno de esos besos profundos, con lengua, que duran. Marco le metió la mano por debajo de la playera y le agarró una teta, masajeándola fuerte, y ella soltó un gemidito que se me clavó directo en la entrepierna. Yo ahí parado, con la respiración agitada, una mano en la puerta y la otra sin darme cuenta ya tocándome por encima del pantalón.
No entré. No pude. Me dio una mezcla de rabia, celos y una excitación cabrona que nunca había sentido. Me salí despacito de la casa otra vez, cerré la puerta sin ruido y me fui a la esquina de la cuadra a fumar un cigarro para calmarme. Mi cabeza era un desmadre: ¿cuánto tiempo llevaban así? ¿Era la primera vez? ¿O ya lo habían hecho antes cuando yo no estaba?
Después de unos 20 minutos volví a entrar, haciendo ruido esta vez para que me oyeran llegar. Cuando abrí la puerta, Laura salió del pasillo toda sonriente, con el pelo un poco revuelto y las mejillas rojas. "¡Amor! ¿Ya llegaste? Qué temprano". Marco estaba sentado en el sillón como si nada, con la tele prendida en un partido. "Qué onda, carnal, ¿cómo te fue en la obra?".
Les dije que todo bien, me senté con ellos un rato, pero no podía quitarme la imagen de la cabeza. Esa noche, cuando Marco se fue y Laura y yo nos metimos a la cama, ella estaba más cariñosa de lo normal, me besó mucho y hasta me montó encima. Pero yo solo podía pensar en cómo Marco le había agarrado las tetas y cómo ella había gemido para él.
Y ahí empezó todo. Al día siguiente ya estaba pensando en ponerle cámaras o algo para ver qué más pasaba cuando yo no estaba...
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