Saga de las Gemelas Engañosas: Capítulo 1 - La Llegada de la Gemela (Tarde de Viernes)
Era una tarde de viernes calurosa en el piso urbano de tres habitaciones, en el corazón de la ciudad. David, de 28 años, un tipo musculoso de 1.85m con hombros anchos forjados en el gimnasio, abdomen marcado y una polla de 19cm de gruesa que siempre le daba confianza en la cama, acababa de llegar del trabajo. Sudaba ligeramente bajo la camisa ajustada, oliendo a colonia fresca mezclada con el aroma masculino de un día largo. Llevaba tres meses saliendo con Sofía, su novia perfecta: 25 años, 1.68m de curvas letales – tetas 34D firmes y redondas que rebotaban con cada paso, cintura estrecha de 24 pulgadas, culo perfecto redondo y elevado como una manzana madura, coño depilado rosado y apretado que lo volvía loco cada vez que la penetraba, pelo castaño largo ondulado que caía como cascada hasta media espalda, y ojos azules hipnóticos que lo miraban como si fuera el único hombre en el mundo. Vivían juntos en este piso modesto pero acogedor, compartido con Carmen, la madre divorciada de Sofía, una MILF de 48 años curvilínea y exuberante: tetas masivas 38E que tensaban cualquier blusa, culo ancho y jugoso que se movía con autoridad, coño maduro jugoso que David ignoraba por completo (nunca había visto ni imaginado sus intimidades, respetando el tabú familiar).
David entró en la cocina abierta, donde Sofía preparaba ensalada, vestida con un top corto blanco que dejaba ver el borde inferior de sus tetas perfectas y shorts de jean que abrazaban su culo como una segunda piel. "Amor, ¿qué tal el trabajo?" preguntó ella con esa voz suave y melódica, girándose para darle un beso rápido en los labios. Sus labios carnosos rozaron los de él, y David sintió un leve cosquilleo en la polla al oler su aroma a vainilla dulce, ese perfume natural que lo ponía cachondo al instante. "Bien, pero cansado. ¿La cena esta lista?", respondió él, rodeándola por la cintura y apretando su culo firme con disimulo, sintiendo la carne suave bajo la tela.
Justo entonces, sonó el timbre. Sofía sonrió pícara: "¡Es ella! Mi hermana gemela idéntica, Luna, viene de visita por una semana entera. Prepárate, David, no nos distinguirias ni borracho". David rio, pero sintió un poco de curiosidad. Había visto fotos: eran clones perfectos. Abrió la puerta y allí estaba Luna: idéntica total a Sofía. Mismo pelo castaño largo ondulado suelto, ojos azules hipnóticos perforando el alma, tetas 34D firmes empujando contra una camiseta gris ceñida (pezones sutilmente marcados por el calor), cintura estrecha, culo redondo perfecto en leggings negros que delineaban cada curva, piernas largas y tonificadas. Mismo aroma a vainilla embriagador, misma voz melódica al decir: "¡Hola, David! Soy Luna, el clon travieso de Sofía. ¡Qué guapo eres en persona, hermano postizo!". Extendió los brazos para un abrazo grupal.
David la abrazó primero, sintiendo su cuerpo voluptuoso presionarse contra el suyo: tetas 34D aplastándose contra su pecho musculoso, vientre plano rozando su abdomen, y –accidentalmente– su polla semi-erecta rozando el monte de Venus de ella a través de la tela. "¡Bienvenida!", murmuró él, con el corazón acelerado por la similitud surreal. Era como abrazar a Sofía, pero con un matiz sutil: Luna apretó un segundo más, su aliento cálido en su cuello. Luego abrazó a Sofía, las gemelas riendo como espejos vivientes, y Carmen salió de su cuarto con un vestido floreado que acentuaba sus curvas maduras: "¡Hija bienvenida! dijo carmen Dandole un gran abrazo a Luna.
La cena fue en la mesa de la cocina iluminada por una lámpara cálida. Platos humeantes: pollo asado, ensalada fresca, vino tinto. Charlas familiares fluyendo lentas: Carmen contando anécdotas del divorcio ("Ese inútil no valía ni coño alguno", bromeó, haciendo reír a todos), Sofía hablando de su trabajo en marketing, David de su gimnasio. Luna, sentada frente a David, coqueteaba sutilmente pero innegable: "David, Sofía dice que eres un semental en la cama. ¿Verdad?", guiñando con ojos azules idénticos. Bajo la mesa, su pie descalzo rozó accidentalmente la pantorrilla de él, subiendo lento hasta el muslo interior. David sintió un tirón en la polla, endureciéndose bajo los pantalones. "¿En serio dice eso?", respondió él, rojo, mientras Sofía reía ajena: "¡Exagero, amor!". Luna sonrió maliciosa, retirando el pie pero dejando el roce quemando. El vino fluía, risas llenaban el aire cargado de tensión sexual latente. David notaba cada vez mas detalles: las gemelas comiendo igual, el come se lamen los labios de la misma forma, las tetas rebotando al gesticular.
Despues de la cena, todos en el salón viendo una película ligera en TV. Las gemelas acurrucadas en el sofa en pijamas cortos (tops sin bra, shorts reveladores mostrando surcos de coños depilados). Carmen se retiró temprano: "Buenas noches, tortolitos. No hagan ruido". David en medio de Sofía y Luna: polla dura por roces inocentes. Luna susurró: "Somos clones perfectos, ¿eh? Mañana a la piscina". Luego fueron los besos de buenas noches: entre las gemelas y David a Luna antes de retirarse a su habitacion con Sofía.
Asignación de cuartos: Carmen en el master con baño privado. David/Sofía en la segunda habitación cama mullida. Luna en el sofá-cama del salón, a 5 metros del pasillo. Luces apagadas, piso silencioso. David en cama con Sofía desnuda acurrucada: "Son idénticas, joder. Tendre que tener cuidado para no confundirlas". Ella rio: "Duerme, semental". Él olió a vainilla, la polla latiendo, pero el sueño ganó. La noche era tranquila y aqui inicia el fin de semana prohibido.
Era una tarde de viernes calurosa en el piso urbano de tres habitaciones, en el corazón de la ciudad. David, de 28 años, un tipo musculoso de 1.85m con hombros anchos forjados en el gimnasio, abdomen marcado y una polla de 19cm de gruesa que siempre le daba confianza en la cama, acababa de llegar del trabajo. Sudaba ligeramente bajo la camisa ajustada, oliendo a colonia fresca mezclada con el aroma masculino de un día largo. Llevaba tres meses saliendo con Sofía, su novia perfecta: 25 años, 1.68m de curvas letales – tetas 34D firmes y redondas que rebotaban con cada paso, cintura estrecha de 24 pulgadas, culo perfecto redondo y elevado como una manzana madura, coño depilado rosado y apretado que lo volvía loco cada vez que la penetraba, pelo castaño largo ondulado que caía como cascada hasta media espalda, y ojos azules hipnóticos que lo miraban como si fuera el único hombre en el mundo. Vivían juntos en este piso modesto pero acogedor, compartido con Carmen, la madre divorciada de Sofía, una MILF de 48 años curvilínea y exuberante: tetas masivas 38E que tensaban cualquier blusa, culo ancho y jugoso que se movía con autoridad, coño maduro jugoso que David ignoraba por completo (nunca había visto ni imaginado sus intimidades, respetando el tabú familiar).
David entró en la cocina abierta, donde Sofía preparaba ensalada, vestida con un top corto blanco que dejaba ver el borde inferior de sus tetas perfectas y shorts de jean que abrazaban su culo como una segunda piel. "Amor, ¿qué tal el trabajo?" preguntó ella con esa voz suave y melódica, girándose para darle un beso rápido en los labios. Sus labios carnosos rozaron los de él, y David sintió un leve cosquilleo en la polla al oler su aroma a vainilla dulce, ese perfume natural que lo ponía cachondo al instante. "Bien, pero cansado. ¿La cena esta lista?", respondió él, rodeándola por la cintura y apretando su culo firme con disimulo, sintiendo la carne suave bajo la tela.
Justo entonces, sonó el timbre. Sofía sonrió pícara: "¡Es ella! Mi hermana gemela idéntica, Luna, viene de visita por una semana entera. Prepárate, David, no nos distinguirias ni borracho". David rio, pero sintió un poco de curiosidad. Había visto fotos: eran clones perfectos. Abrió la puerta y allí estaba Luna: idéntica total a Sofía. Mismo pelo castaño largo ondulado suelto, ojos azules hipnóticos perforando el alma, tetas 34D firmes empujando contra una camiseta gris ceñida (pezones sutilmente marcados por el calor), cintura estrecha, culo redondo perfecto en leggings negros que delineaban cada curva, piernas largas y tonificadas. Mismo aroma a vainilla embriagador, misma voz melódica al decir: "¡Hola, David! Soy Luna, el clon travieso de Sofía. ¡Qué guapo eres en persona, hermano postizo!". Extendió los brazos para un abrazo grupal.
David la abrazó primero, sintiendo su cuerpo voluptuoso presionarse contra el suyo: tetas 34D aplastándose contra su pecho musculoso, vientre plano rozando su abdomen, y –accidentalmente– su polla semi-erecta rozando el monte de Venus de ella a través de la tela. "¡Bienvenida!", murmuró él, con el corazón acelerado por la similitud surreal. Era como abrazar a Sofía, pero con un matiz sutil: Luna apretó un segundo más, su aliento cálido en su cuello. Luego abrazó a Sofía, las gemelas riendo como espejos vivientes, y Carmen salió de su cuarto con un vestido floreado que acentuaba sus curvas maduras: "¡Hija bienvenida! dijo carmen Dandole un gran abrazo a Luna.
La cena fue en la mesa de la cocina iluminada por una lámpara cálida. Platos humeantes: pollo asado, ensalada fresca, vino tinto. Charlas familiares fluyendo lentas: Carmen contando anécdotas del divorcio ("Ese inútil no valía ni coño alguno", bromeó, haciendo reír a todos), Sofía hablando de su trabajo en marketing, David de su gimnasio. Luna, sentada frente a David, coqueteaba sutilmente pero innegable: "David, Sofía dice que eres un semental en la cama. ¿Verdad?", guiñando con ojos azules idénticos. Bajo la mesa, su pie descalzo rozó accidentalmente la pantorrilla de él, subiendo lento hasta el muslo interior. David sintió un tirón en la polla, endureciéndose bajo los pantalones. "¿En serio dice eso?", respondió él, rojo, mientras Sofía reía ajena: "¡Exagero, amor!". Luna sonrió maliciosa, retirando el pie pero dejando el roce quemando. El vino fluía, risas llenaban el aire cargado de tensión sexual latente. David notaba cada vez mas detalles: las gemelas comiendo igual, el come se lamen los labios de la misma forma, las tetas rebotando al gesticular.
Despues de la cena, todos en el salón viendo una película ligera en TV. Las gemelas acurrucadas en el sofa en pijamas cortos (tops sin bra, shorts reveladores mostrando surcos de coños depilados). Carmen se retiró temprano: "Buenas noches, tortolitos. No hagan ruido". David en medio de Sofía y Luna: polla dura por roces inocentes. Luna susurró: "Somos clones perfectos, ¿eh? Mañana a la piscina". Luego fueron los besos de buenas noches: entre las gemelas y David a Luna antes de retirarse a su habitacion con Sofía.
Asignación de cuartos: Carmen en el master con baño privado. David/Sofía en la segunda habitación cama mullida. Luna en el sofá-cama del salón, a 5 metros del pasillo. Luces apagadas, piso silencioso. David en cama con Sofía desnuda acurrucada: "Son idénticas, joder. Tendre que tener cuidado para no confundirlas". Ella rio: "Duerme, semental". Él olió a vainilla, la polla latiendo, pero el sueño ganó. La noche era tranquila y aqui inicia el fin de semana prohibido.
0 comentarios - Capítulo 1 - La Llegada de la Gemela