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Micaela y sus sobrinos 3

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Micaela y sus sobrinos 3

Micaela aprisiona con sus labios el glande de su sobrino y con su lengua se lleva todo el líquido preseminal que es abundante.
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Su mano izquierda apoyada en el muslo de Marcos aprieta, y araña como tratando de expulsar la tensión de erotismo y excitación que tiene.

La mano derecha ya jugando con los huevos grandes de Agustín comienza a subir descubriendo sus delicados dedos que el tronco que esconde su sobrino menor es muy ancho y caliente.

Intenta rodearlo con su pequeña y delicada mano y por su mente se disparan los sentidos intentando calcular cuán grueso es que le cuesta rodearlo.

Su mano derecha sigue subiendo lentamente por el falo de Agustín y se sorprende de que aún no llega al final, no solo es ancha sino que parece ser larga.

Todo desde abajo arrodillada, con la mano por debajo del boxer de Agustín, metiendo su delicada mano que roza la entrepierna y se pierde por dentro. Nadie puede ver que hace su mano, solo lo sienten, Micaela y Agustín.

Su movimiento hacia arriba de la mano corre de costado el bóxer liberando por debajo las enormes bolas de Agustín que caen haciendo su presentación a la vista de su tía, su mano sigue tensionando el boxer hacia arriba porque ella quiere llegar hasta la cabeza de ese enorme tronco.

Ese movimiento hacia arriba hace que también inconscientemente o no su boca trague un poco más que el glande de Marcos. La boca bien abierta para poder cubrir la anchura ahora se acomoda para poder meter más centímetros en su interior.
tia y sobrino

Su boca, por ende su cara se elevan y empujan el boxer de Marcos buscando tragar un poco más de carne.

Solo ha cubierto un tercio del miembro de su sobrino mayor y ya parece que no le entra más en la boca.

Pero como Micaela tiene recuerdos de su juventud sabe cómo seguir adelante, sigue subiendo y sigue tragando carne, desde esa posición pone el cuello en forma vertical en línea con el enorme falo de su sobrino.

El enorme y joven glande de Marcos quiere pasar hasta la garganta y Micaela siente con detalle los olores de la pija y las bolas de su joven sobrino.
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Su mano derecha llega al fin a la cabeza de la pija de Agustín y se encuentra con que está llena de liquido preseminal, ese ungüento le da electricidad que llega hasta su himen, haciéndola temblar.

Se da cuenta que los olores que siente de Marcos también activan lubricación en su vagina y su mente comienza a lanzar señales por todo el cuerpo.

Se le eriza la piel, se erizan sus pezones, se intenta acomodar mientras sigue de rodillas y mientras lubrica la cabeza del miembro de Agustín con su propio precum, siente nuevamente la electricidad por todo el cuerpo que se posiciona en su vulva y con la boca llena de la pija de Marcos explota de placer, temblando sus piernas y perdiendo fuerzas mientras se desliza a través de la delicada tanga de encaje los jugos vaginales que muestran que ha tenido un orgasmo.

Pero ese orgasmo sigue y busca sostenerse arañando la pierna de Marcos y apretando la pija de Agustín, mientras con su boca sus dientes muerden un poco el miembro de su sobrino.

No da fruto su esfuerzo, porque se vencen sus piernas y termina dejándose caer al suelo.

Tiene la boca llena de saliva que cae por el costado de su cara, está con ese brillo de transpiración por todo el cuerpo, producto del calor del momento.
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Está acostada en el suelo agitada, su pecho sube y baja, intenta tomar aire y mira a sus sobrinos desde el suelo, pero necesita unos segundos para reponerse.

Sus sobrinos no saben que hacer, la ven ahí tirada y se miran entre ellos como si hubieran cometido un crimen.

Micaela está acostada en el suelo debajo de ellos parados, sus piernas están mojadas, pero su tanga está empapada.

Micaela intenta reincorporarse levantando la cabeza y al alzar su vista tiene las bolas de Agustín bamboleándose y la pija de Marcos saliendo por debajo del boxer intentando escapar de esa tela.

En eso una gota, mezcla de líquido preseminal y saliva de Micaela, cae desde la punta de la gorda y gran cabeza de pija de Marcos.

Cae en los labios de Micaela.

Quiere levantarse pero sus músculos han temblado mucho, se ríe por no tener fuerzas para nada, nunca se había sentido así.

Marcos y Agustín se miran nuevamente y parece haber cambiado algo en sus caras, su tía les ha robado su inocencia.

A la misma vez se sacan sus boxers, y lo dejan caer al suelo.

Allí Micaela que sigue tratando de encontrar oxígeno ve borroso, pero ve esas enorme pijas, puede ver que son mucho más grandes que las de su esposo, y más anchas.

Deben andar por los 20 centímetros y los 6 o 7 de ancho, con razón con solo tocarlas y probarlas tuvo ese orgasmo.

Ella se quiere reincorporar, pero aún no puede.

Marcos le dice:

“tía, no te muevas, te vas a desmayar sino”

Micaela obedece, pero sus considerados sobrinos en realidad la quieren ver así, en el suelo toda mojada, caliente, despeinada.

Y comienzan a masturbarse con furia.

Ambos sobrinos se masturban mirándola, se escucha el chaqueteo por toda la casa, y Micaela solo mira, mira esas enormes pijas siendo estimuladas por las propias manos de sus sobrinos.
Micaela y sus sobrinos 3

Realmente aún no se puede incorporar y pestañea seguido para poder dejar de ver borroso, no sabe cuanto tiempo está pasando, pero cuando logra ver con nitidez ve cómo se contraen las enormes bolas de sus sobrinos.

Y como comienza a temblar cada uno de sus enormes falos, a la vez.

Habían hecho un trabajo de coordinación tal que acaban al mismo tiempo.

Explotan como una planta petrolera, y escupen chorros de leche que caen hacia todo el cuerpo y la cara de su tía.
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Micaela siente todos los impactos a lo largo de su cuerpo, es mucha leche joven. Cae en su panza, en su cara, en su pecho, hasta en su tanga, en sus piernas, rodillas, brazos y pies. Se encargan de regar a toda su tía.

Ella se siente homenajeada y cuando está por decirles gracias una última gran gota de Marcos sale expulsada y cae directo en la boca de Micaela.

Su cerebro vuelve a enviar señales eléctricas al cuerpo regado de leche, y al sentir la tibieza y mirarse a sí misma toda enlechada, vuelve a erizarse y espasmos más fuertes se producen dentro de su cuerpo, de su vulva.

Tiembla con más fuerza, y grita de placer. Ha tenido un segundo orgasmo y aún nada ha pasado.

Suena el celular insistentemente. Micaela mira hacia el costado y ve borroso, se pasa las manos en los ojos tratando de limpiar el exceso de lágrimas o lo que sea para poder enfocar bien.

Está en su cama, tapada con su sábana blanca. No entiende qué está pasando.
tia y sobrino

El teléfono sigue sonando, es su esposo. Lo atiende tratando de entender qué es lo que pasó o qué está pasando.

Hablan un poco de trivialidades, ella le dice que recién se despierta y parece sorprenderle a su pareja.

“te dejaron de cama los sobris, ya es mediodía” le dice

Abre las cortinas y el sol de verano entra a su cuarto haciéndole cerrar los ojos.

Se mira al espejo y ve que está con su misma ropa interior. Está muy despeinada. Se acerca un poco más y ve en detalle que tiene manchas brillosas en la piel, en todo su cuerpo, en su cara y se toca las pestañas, están todas juntas pegadas.
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En cada lugar que hay brillo pasa su dedo y caen como escamas.

Evidentemente no lo soñó, lo que ocurrió, ocurrió. ¿Ahora habrá pasado algo más que no recuerda?

Termina de hablar con su esposo nuevamente sin haber escuchado ni una palabra de lo que dijo.

Esta vez se pone una bata más decente y sale hacia el living.
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No hay nadie, tampoco en la cocina, se asoma hacia el jardín y la pileta, tampoco hay nadie.

Revisa su celular y no hay mensajes de sus sobrinos, simplemente se fueron.

Decepcionada camina por toda la casa y va a darse un baño. Tiene hasta ganas de llorar, se siente despreciada.

Sale con el pelo húmedo mientras se seca el cuerpo camino a su cuarto, abre el cajón de su ropa interior y esta vez no elige nada sexy, sino una bombacha más ancha color crema y un corpiño que cubre todas sus tetas.

Se pone un vestido floreado y se va a desayunar, sola.
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Mientras toma su café con sus tostadas con queso crema mira hacia la pileta que dio origen a todo lo ocurrido el día y noche anterior.

Sus ojos se llenan de lágrimas, pero no sabe bien por qué.

Un poco se siente culpable porque ha hecho algo prohibido, ha tenido situaciones sexuales extramatrimoniales, y no solo con uno sino con dos hombres a la vez.

Pero la culpa se expande al considerar que no son hombres cualquiera, sino sus sobrinos, sus jóvenes sobrinos hijos de su odiosa cuñada que habían solo a librarse del calor del verano de Buenos Aires en su pileta.

Estarían haciendo sus primeras experiencias con sus novias o parejas pasajeras y Micaela se aprovechó de ello para satisfacer una calentura momentánea.

Unas lágrimas más gruesas caen por sus mejillas y lanza el primer llanto, pero esta vez ya no es por culpa, sino por bronca. Se siente rechazada. Ella no tuvo su noche de sexo desenfrenado como deseaba, sino que luego de recibir el semen de sus sobrinos se desmayó de placer y ellos solo la levantaron y acostaron en su cama.

Testigo de esto son sus prendas que quedaron puestas, sabe bien que no hubo nada más, no hubo borrachera, ni amnesia. Simplemente sirvió como objeto de masturbación de sus sobrinos y al acabar la desecharon.

Se repone, se limpia la cara y camina hacia la puerta de vidrio corrediza que da hacia la pileta y el jardín.

La abre y sale, el piso está caliente, así que camina por la sombra, el sol del mediodía está ardiendo e inmediatamente siente el calor en su piel.

Chequea el pronóstico y verifica que ya está en 36 grados y recién es mediodía. Su App le advierte que pasará los 40 grados esa jornada.

Vuelve al interior de su casa, a la protección del aire acondicionado, se dirige a su cuarto, abre sus cajones y elige la bikini más chica que tiene.

Un juego no tan diminuto pero que al menos es de dos piezas.
Micaela y sus sobrinos 3

Al mirarse al espejo quisiera que fuera más chico de lo que es, en su mente ya planea comprar ropa más reveladora.

Va hacia la pileta y tras un chapuzón sale para ponerse crema solar.

En la reposera siente como el sol la abraza y dedica unos minutos a poner su mente en blanco.

Con sus ojos cerrados logra abstraerse de todo y hasta sonríe por ese momento de paz.

Abre los ojos de repente, un flash vino a su mente, el recuerdo de la última gota de semen de Marcos cayendo hacia su boca cuando estaba aún temblando por los espasmos de su orgasmo.

Trata de eliminar ese pensamiento y quiere volver a poner su mente en blanco pero ya es tarde, nuevamente sentimientos de culpa, bronca y suposiciones vuelven.

Se pone a mirar su celular, las redes sociales.

Ve como las famosas y hasta sus amigas suben historias en playas o piletas en bikini mostrando sus cuerpos para recibir el halago de muchos hombres y mujeres.

Micaela no era de subir muchas historias de ese estilo, pero se vio tentada al leer los comentarios y las reacciones hacia las publicaciones de las amigas y las famosas.

Ensaya selfies y fotos para poder publicar y no se convence.

Su bikini turquesa que era la más chica y moderna parecía de una abuela comparada a las que veía en las redes sociales.

Decidió entonces hacer algo.

Vuelve a su cuarto y toma la tanga roja que usó la noche anterior. Esa pequeña tanga con transparencia.

Aún tiene restos secos de las eyaculaciones de sus sobrinos, pero no le importa.

Se la cambia y va hacia la reposera.

Allí toma fotos mostrando el bondadoso culo blanco que tiene, con la tela roja metida entre sus nalgas y solo unas tiritas que la sostienen en sus caderas.
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Se pone más osada y se saca la parte de arriba, no habría nada de malo, está tomando sol y no quiere las marcas de un corpiño.

De alguna manera logra tomar una foto de ella cubriéndose los pezones, sin ser grotesca, acostada en esa reposera mostrando su inocente cola y la pileta de fondo.
tia y sobrino

Duda mucho en subirla, y cuando lo hace usa una opción de mejores amigos, solo para algunos elegidos.

Todas sus amigas están incluidas, también compañeros de facultad y de trabajo, excluye a familiares directos, excepto a dos: sus sobrinos Marcos y Agustín.

Llueven las notificaciones y reacciones, de amigas que la felicitan, que le dicen que es una bomba, que es hermosa, etc.

También de los compañeros de trabajo y facultad y hasta de la secundaria, hasta con comentarios subidos de tono, sin respetar que es una mujer casada.

Se indigna cuando ve que hombres con novia o esposa e hijos le comentan la foto.

Le agrada gustar, le sube el ánimo. Pero con decepción ve que sus sobrinos al ver la foto no hacen nada.

Sigue tomando sol y siguen cayendo notificaciones, y le llegan mensajes al whatsapp de hombres que buscan excusa para ver si tienen alguna oportunidad.

Algo la hace enojar, en la cantidad de notificaciones le llega una foto temporal que solo se abrirá al tocarla.

Es de un ex compañero de secundaria, y a pesar de que sabe que no debe abrirla lo hace.

Era lo obvio, una foto de sus genitales. El pobre creía que tenía algo poderoso entre las piernas y solo causa risa, asco y gracia a Micaela. Un pequeño pene feo, rosado, con muchos pendejos castaños, todo aestético. Sacado en su propio baño, se ve un inodoro, un calzón con manchas. Todo menos erótico.

Micaela se cansa y borra la foto, también silencia el teléfono. Se pone auriculares y escucha su música favorita mientras sigue al sol transpirando con sus pechos ofrecidos y su diminuta tanga roja manchada.

Sumida en una canción vuelve a recordar los miembros de sus sobrinos, y no puede creer la diferencia de cuerpos y de aparatos que portaban ellos comparado con el desubicado que le envió esas fotos poco agraciadas.

Recuerda como su mano comprobó el ancho y el largo del falo de Agustín y del tamaño enorme de sus bolas bamboleantes.

Vino a su mente el sabor y el calor del enorme glande de Marcos, y de cómo intentó comer centímetros de carne hasta que tuvo ese orgasmo.

Sus dedos volvieron por instinto a su vulva, metiéndose por debajo de la pequeña tanga.

El sudor, el calor y sus propios jugos se activaron. Hicieron fácil la entrada de sus dos dedos mayor y anular.

Arquea su cuerpo y escucha el chapoteo de sus dedos en su vagina a pesar de tener auriculares.
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Esto la calienta más y trata de meter más profundo sus dedos, como queriendo llegar más lejos, pero sabe que es limitado el largo de estos, el largo de los miembros de sus sobrinos sería más del doble de sus delicados y femeninos dedos.
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Pierde la noción del tiempo y el espacio. Su otra mano toca sus pezones buscando mayor estimulación.

Jadea y gime de forma sonora, no le importa. Está extasiada.

Comienza a temblar, está llegando nuevamente al clímax del orgasmo.

Grita y el movimiento hace caer uno de los auriculares. Abre los ojos por instinto y al girar su cabeza ve a sus sobrinos Marcos y Agustín en la entrada de su casa, con la puerta corrediza abierta, mirando el espectáculo.

Ella intenta sacarse los dedos que están bien profundo en su interior y en ese movimiento acelerado roza su inflamado clítoris.

“nooo” grita gimiendo mientras tiene un orgasmo similar al de la noche anterior.

Tiembla y jugos caen por el costado de sus muslos.

Está toda roja, transpirada, despeinada, en tetas y vestida con la pequeña tanga roja transparente, húmeda y brillosa por la leche de sus sobrinos.

Sus sobrinos siguen estáticos en la puerta.

Micaela se levanta como puede, camina temblorosa hacia ellos.

Al acercarse se contonea, no le importa estar en tetas. Llega hasta sus sobrinos.

Vuelve sus manos hacia su vulva. Marcos y Agustín se debaten entre mirar las tetas maduras de su tía y lo que hace con sus manos.

Ella toma de sus jugos y les dice:

“abran la boca pendejos”

Marcos y Agustín obedecen. Micaela les mete sus dedos con sus jugos producto de su masturbación que fue causada por el recuerdo de lo que hicieron ellos.

“esto lo causaron ustedes, así que se lo van a comer” les dice Micaela.

La escena si es erótica.

Micaela parada solo con su tanga roja húmeda frente a sus sobrinos, con sus dedos dentro de la boca de sus sobrinos.

El calor del ambiente es poco comparado con el que sienten Micaela y sus sobrinos en ese momento. Y no parece que vaya a terminar allí.
(Este relato pertenece a hectornieto en Cuento Relatos)

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