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La buenota del gym pt1

Todo empezó hace unos meses cuando empecé a ir al gym para ponerme más cabrón. Ahí conocí a Dulce, una morena de unos 30 años con un cuerpo que te dejaba sin aliento: piel suave con glow natural, 1.65 m, tetas operadas grandes, redondas, pesadas y firmes que desbordaban cualquier top, areolas oscuras y pezones que se ponían duros al instante. Se movían hipnóticamente con cada paso, creando un escote imposible de ignorar. Cintura estrecha, caderas anchas y un culo de infarto: glúteos altos, redondos, duros y perfectamente separados, de esos que se levantan solos al arquear la espalda y que piden nalgadas fuertes. Muslos gruesos y tonificados que completaban el paquete.La buenota del gym pt1De ahí empezó a haber más charla entre series: “¿Cuántas repes vas?”, “¿Probaste el nuevo rack de sentadillas?”, cosas de gym que servían de excusa para acercarnos. Ella siempre entrenaba sola, nunca mencionaba a nadie, y eso me daba más espacio para fantasear. Cada vez que se inclinaba a ajustar la barra o se estiraba, el escote se abría un poco más y yo sentía cómo se me aceleraba el pulso.Un día me quedé rezagado en una rutina de pecho para esperarla sin que se notara mucho. La vi terminar su serie de glúteos, guardar sus cosas y salir caminando por la puerta trasera. Me apresuré, me cambié rápido y salí detrás. La alcancé en la esquina, a unos 50 metros del gym, caminando por la banqueta con su mochila al hombro.—Oye, Dulce, ¿para dónde vas? —le grité, acercándome con paso casual.Ella se giró, un poco sorprendida pero sonriendo.—Hacia casa, ¿por?—Sube, te doy un aventón. No vas a caminar con este calor.Dudó un segundo, miró alrededor, pero luego se encogió de hombros con una risita:—Va… gracias.Subió al asiento del copiloto todavía con el short corto y el top sudado pegado al cuerpo. El olor de su perfume mezclado con el sudor fresco invadió el carro al instante, y tuve que concentrarme en la carretera para no desviarme la mirada. Charlé lo más casual posible: el tráfico, una canción en la radio, el gym… pero mis ojos se iban solos a sus muslos gruesos apretados contra el asiento y al escote que subía y bajaba con cada respiración.En un semáforo en rojo, se acomodó el pelo detrás de la oreja y el movimiento hizo que sus tetas se apretaran contra el cinturón de seguridad, creando un valle profundo que era imposible ignorar. Sentí cómo se me aceleraba el pulso y tuve que apretar el volante más fuerte.La plática fluyó fácil: nos reímos de un cliente loco de su trabajo, de lo ridículo que se ponía el gym los viernes de pecho, y terminamos contando anécdotas tontas de cuando empezamos a entrenar. El ambiente estaba relajado, con muchas risas y miradas que duraban un poquito más de lo normal.Cuando llegamos a su depa, se quedó un segundo con la mano en la puerta antes de bajar y dijo:—Oye,… ¿tienes Instagram? Así nos mandamos fotos de entreno o nos motivamos cuando no coincidimos.—Claro —respondí, sacando el celular—. Pásamelo.Intercambiamos usuarios ahí mismo, todavía en el carro. Ella se despidió con un “nos vemos mañana en el gym” y un beso en la mejilla que rozó la comisura de mis labios un segundo de más.A las semanas siguientes en el gym, la cosa ya se sentía diferente. Nos saludamos con más confianza, un abrazo rápido de lado que duró un poquito más. Mientras ella hacía su calentamiento en la elíptica, me acerqué casual para charlar entre series.—Oye, Dulce… ayer en el carro no te lo dije porque no quería sonar cursi, pero de verdad entrenas como bestia. Se te ve brutal el progreso, sobre todo en glúteos y… bueno, todo el conjunto —le dije, sonriendo de lado, mirándola directo a los ojos—. Pero hablando en serio, tus piernas están increíbles. Muslos gruesos, definidos, se nota que le das duro al squat y al leg press. Me motiva un chingo verte así.Ella se rió suave, se sonrojó un poco pero levantó una ceja con picardía. Terminó su calentamiento y me dijo:—Gracias… me rompo el lomo aquí todos los días, así que me cae bien que se note. Tú tampoco estás nada mal, ¿eh? Ese pecho se ve más ancho cada semana.tetonaEsa misma tarde, después del gym, me llegó un DM de ella sin que yo le escribiera nada. Primero una foto tomada desde abajo en la máquina de leg press: sus muslos gruesos y tonificados apretados contra el rodillo, piel morena brillando con sudor, el short gris subido lo justo para marcar la curva perfecta donde el muslo se une al glúteo.gym “¿Así de brutales? Jaja Gracias por el piropo de hoy… me motivaste a romperla másLe respondí: “Ala madre, Dulce… esas piernas son de otro nivel. No sé cómo no me distraigo cada vez que te veo en la máquina. Están perfectas mujer, gruesas y fuertes”.Minutos después llegó la segunda: recostada en la cama, pierna extendida hacia la cámara, muslo reluciente bajo la luz tenue, piel suave y definida, el short subido dejando ver casi todo el interior del muslo.amiga“Después de bañarme, ya fresquesita… pero sigo pensando en tu comentario jajaja Y para rematar, la tercera: espejo del gym (o de su casa), ángulo desde abajo con short rojo cortito, una pierna levantada sobre un banco, mostrando el muslo completo, la curva del culo asomando y ese tatuaje sutil en la piel.relato“¿Te distraen estas también? Jaja No seas tan obvio en el gym mañana… tonto La tensión explotó desde ahí. Los DM se volvieron un ida y vuelta de halagos mutuos: yo comentando lo hipnótico que era ver sus tetas moverse en press de pecho, ella mandando fotos de escote sutil o culo marcado en hip thrust, siempre con esa mezcla de “motivación de gym” y coqueteo directo. En el gym ya nos quedábamos más tiempo charlando cerca de las máquinas, roces "accidentales" al pasarnos discos, miradas que duraban segundos eternos… y los dos sabíamos que ya no era solo amistad.Un viernes por la tarde, después de una sesión intensa de piernas para ella y pecho para mí, coincidimos en la salida del gym. Estaba sudada, el short rojo subido marcando esos muslos gruesos que me volvían loco, el top pegado dejando ver el contorno perfecto de sus tetas. Me acerqué casual mientras guardaba mis cosas:—Oye, Dulce… ¿qué planes para hoy? Es viernes, ¿no te late salir por unos tragos rápidos después del gym? Hay un bar chido a unas cuadras, con terraza y cerveza fría. Para relajar los músculos y platicar sin prisa.
Ella se rió, se limpió el sudor de la frente y me miró con esa sonrisa pícara:—Suena perfecto… la verdad sí necesito desconectar. Va, déjame pasar por mi casa a cambiarme rápido y nos vemos en 20 minutos en el bar de la esquina.Nos encontramos ahí. Ella llegó con jeans ajustados que marcaban sus caderas y culo de infarto, una blusa escotada negra que dejaba ver justo el inicio de sus tetas grandes y firmes, pelo suelto y maquillaje ligero que la hacía verse aún más irresistible. Yo pedí una cerveza, ella un gin tonic, y nos sentamos en una mesa de la terraza con vista a la calle.La plática fluyó fácil: empezamos hablando del gym, de lo pesado que había sido el día, de anécdotas tontas con compañeros de trabajo. Luego se puso más personal: ella se abrió sobre el estrés del trabajo, lo sola que se sentía a veces, y yo le conté lo mismo sobre mi rutina y cómo el gym era mi escape. Las risas se mezclaron con momentos más profundos, y los tragos ayudaron a que la guardia bajara. En un momento, me miró fijo y dijo:—Sabes… me caes bien. Eres de los pocos que no solo me ve el cuerpo, sino que también escucha. Eso es raro.Yo sonreí y levanté mi cerveza:—Pues tú eres increíble, Dulce. No solo por el cuerpo (que es de otro mundo), sino por cómo eres: fuerte, divertida, real. Me encanta pasar tiempo contigo.
Brindamos, y la química estaba en el aire. Terminamos los tragos y le dije que la llevaba a su casa. En el carro, la plática siguió ligera, estaba contándome algo de su pasado así que ese tema quedaba inconcluso. Cuando llegamos a su depa, me miró:—Oye… ¿quieres subir un rato? Tengo cerveza fría y tequila. Podemos seguir platicando, acá te cuento bien eso, aquí la plática y el ambiente era mas intimo y personal a decir verdad, pero no lo dudé:—Va, me encanta la idea.Subimos a su depa: lugar sencillo pero acogedor, con plantas, luces tenues y un ventilador prendido porque el calor no aflojaba. Se quitó los zapatos, se sirvió un tequila en las rocas y me pasó uno a mí. Nos sentamos en la barra de la cocina, platicando cosas más personales: ex parejas, frustraciones, lo que nos gustaba de verdad en la vida. El alcohol soltó las lenguas.En un momento, mientras ella se inclinaba a servir más hielo, el top se le bajó un poco y dejó ver más escote. Yo no pude evitar mirarla y dije:—Dulce… perdón si soy directo, pero tus tetas son una locura. Se ven tan naturales, tan firmes… no sé cómo lo logras.Ella se rió bajito, se miró el pecho y dijo:—Pues… son operadas. Hace unos años decidí hacérmelas. Antes eran chiquitas y me sentía insegura. Ahora me encantan, pero solo los que están cerca saben que son implantes. Me gusta que se vean así de llenas y altas.Me acerqué más, la miré a los ojos y le dije:—Se ven perfectas, en serio. Grandes, redondas, pesadas… y combinadas con esos brazos marcados que tienes, es letal. Dije joder tengo que hacerme una foto mental de esto, o mejor déjame tomarte una foto? Solo para mí, para recordarme lo increíble que eres.Ella se carcajeó y me dijo que mañoso eres, dudó un segundo, pero sonrió pícara y se acomodó el top naranja arrugado que llevaba puesto en casa. Se apoyó en la barra de la cocina, y a modo de broma levantó los brazos un poco para marcar los bíceps y tríceps definidos, y dejó que el top bajara justo lo necesario para que sus tetas desbordaran, creando ese escote brutal con el collar de turquesa colgando en medio del valle.Le tomé la foto desde un ángulo bajo, capturando cómo sus pechos grandes y firmes se apretaban contra la tela, la piel morena brillando bajo la luz de la cocina, y esos brazos tonificados flexionados sutilmente. Ella miró la pantalla cuando terminé, se mordió el labio inferior y se rió bajito, con esa mezcla de vergüenza y excitación:mamada—Joder, amigo… me veo bien chida. Se me ven las tetas a punto de salirse. Guárdala bien, ¿eh? No quiero que ande por ahí.Le contesté acercándome un paso más, todavía con el celular en la mano: —Solo para mí, te lo juro. Pero no mientas, Dulce… te encanta verte así. Y a mí me encanta verte.El ambiente estaba espeso, el ventilador moviendo el aire caliente sin refrescar nada. Ella dejó el tequila en la barra, se giró hacia mí y me miró directo a los ojos, con el top todavía bajo, el collar de turquesa colgando justo en el valle entre sus tetas. La plática siguió normal después de unos minutos empezamos a despedirnos. Me acerqué un último segundo, le di un beso suave en la mejilla (rozando la comisura de los labios) y le dije bajito: —Oye pero no creas que me voy a olvidar de esta foto… ni de cómo te ves ahora mismo.Ella se rió suave, se acomodó el top subiéndolo un poco y me acompañó a la puerta. Antes de abrir, me abrazó fuerte, apretando sus tetas contra mí un segundo de más, y susurró al oído:—Nos vemos mañana en el gym… y quién sabe qué pase después. Buenas noches, pervertido.Salí de su depa con el corazón a mil, el sabor de su piel todavía en los labios y la imagen de esa foto grabada en la mente. Caminé hasta el carro sintiendo la tensión acumulada en cada paso, sabiendo que iba por buen camino con ella.Esa misma noche, ya en mi casa y todavía con la cabeza en ella, me llegó un DM suyo alrededor de las 12:30 am. Primero un mensaje simple y juguetón:Dulce: “Oye mañoso… no me dejaste dormir jajaja. Todavía me estoy riendo de la foto que me tomaste y de cómo te pusiste nervioso cuando me bajé el top” Yo le contesté casi al instante, todavía con la adrenalina del tequila y de ese abrazo en la puerta:Yo: “No fue mi culpa que te veas así de bien. Esa foto me tiene dando vueltas en la cabeza desde que salí de tu casa. Y el abrazo de despedida… uff, casi no me suelto.”Dulce: “Jaja sí, sentí cómo se te aceleró el corazón cuando me apretaste. Me gustó verte así de nervioso… eres muy lindo cuando intentas disimular. ¿Te fuiste con ganas de quedarte un rato más?”Yo: “Obvio que sí. Me fui pensando en qué hubiera pasado si no te hubieras detenido. ¿Tú también te quedaste con ganas de seguir platicando?”Dulce: “Pues sí… me fui a la cama todavía con la sonrisa tonta. Me metí a la ducha para relajarme y… no sé, me puse a pensar en cómo me mirabas cuando me tomaste la foto. Me dio un calorcito raro jajaja.”Yo: “Joder, Dulce… me estás matando. Mándame algo para que me imagine mejor cómo te veías en la ducha, o al menos para que no me quede con la duda.”Pasaron unos minutos (los más largos de mi vida), y me llegó la foto: ella en su habitación, frente al espejo grande de cuerpo entero, posando con una pierna ligeramente levantada sobre la cama, bikini blanco que se pegaba suave a su cuerpo. El top ajustado marcaba sus tetas grandes y firmes, el abdomen definido brillando bajo la luz tenue, y el panty blanco de tiro bajo dejando ver la curva perfecta de sus caderas anchas y muslos gruesos. Pelo suelto y húmedo cayéndole sobre los hombros, una mano en la cintura y la otra sosteniendo el celular, sonrisa pícara y ojos brillando con esa picardía que ya me tenía loco. El tatuaje en el muslo y las tiras finas en los tobillos le daban un toque extra sexy.culonaYo: “Madre mía… te ves increíble. El bikini te queda demasiado bien. Me dan ganas de estar ahí ayudándote a ponértelo… o quitártelo jajaja.”Dulce: “Jajaja mañoso… me encanta que te pongas así. Mañana en el gym te voy a provocar un poquito más para ver si aguantas la mirada. Prepárate, porque esto apenas empieza Y así quedó la promesa colgando, más caliente que nunca, pero todavía en ese terreno juguetón y de primeros acercamientos.Al día siguiente en el gym, la cosa ya se sentía diferente. Nos saludamos con un abrazo más largo de lo normal, un beso en la mejilla que rozó los labios, y miradas que decían todo sin palabras. Durante el entreno, cada vez que pasaba cerca, me rozaba "accidentalmente" con la cadera o me pasaba un disco rozando mis dedos. En un descanso, se acercó a la fuente de agua y me dijo: —¿Quieres que salgamos este sábado? Hay un antro con buena música, vamos a bailar y… ver qué pasa.Obvio que dije que sí. El sábado llegó y la recogí en su depa. Cuando abrió la puerta, joder… Vestido negro corto y pegadito, escote en V profundo que dejaba ver el inicio de sus tetas operadas (sin bra, se movían libres con cada paso), tacones altos que alargaban sus piernas gruesas y muslos tonificados, pelo suelto y labios rojos. Subió al carro con un beso en la mejilla que duró más de lo normal, y en el trayecto ya había mano en mi pierna, roces en el semáforo y una química que se sentía eléctrica.antrofittnesbuen culoLlegamos al antro: luces neón intensas, reggaetón fuerte, gente bailando pegada. Pedimos unos shots para entrar en calor y nos fuimos directo a la pista. Desde el primer tema, bailamos pegaditos: su culo perfecto rozando mi entrepierna al ritmo lento y sucio de la música, mis manos en su cintura bajando poco a poco hasta el borde de sus caderas anchas, sintiendo la curva firme de sus glúteos bajo la tela brillante del vestido. Ella se giraba de frente, sus tetas apretándose contra mi pecho con cada movimiento, el escote profundo abriéndose un poco más y dejando ver el collar colgando justo ahí.En un rincón más oscuro de la pista, me dio la espalda y empujó su culo contra mí, moviéndose lento y circular, frotándose deliberadamente mientras yo la agarraba por las caderas y la apretaba contra mi verga dura. Sus manos subieron a mi nuca, tirando de mi pelo suave, y yo bajé las mías por sus costados, subiendo hasta rozar el borde inferior de sus tetas por encima del vestido. Las apreté suave pero firme, sintiendo lo pesadas y firmes que eran, los pezones endurecidos marcándose contra la tela vinílica.Ella giró la cabeza ligeramente, pegó los labios a mi oído y susurró ronca:—Siento lo dura que estás… ¿te gusta cómo se me mueve el culo contra tu verga? Me encanta sentirte así de tieso, Dominic… me pone mojada saber que me deseas tanto.Yo le respondí al oído, apretando más sus tetas por encima del vestido y rozando los pulgares sobre los pezones marcados:—Joder, Dulce… este culo es una puta locura. Me tienes a punto de reventar el pantalón. Imagínate cómo te lo metería ahora mismo, aquí mismo, sin que nadie se dé cuenta… te rompería toda la noche.Ella se rió bajito, un gemido mezclado, y empujó más fuerte contra mí, moviendo las caderas en círculos lentos y profundos: —Sigue apretándome las tetas así… me encanta cuando me las agarras fuerte. Se me ponen duras solo de sentir tus manos. ¿Quieres chupármelas? Porque yo quiero que me las chupes hasta que me corra solo con tu boca…
Bajé una mano por su abdomen, presionando la palma contra su monte de Venus por encima del vestido, sintiendo el calor y la humedad que se filtraba a través de la tela. Ella jadeó y me agarró la verga por encima del pantalón, apretando y masturbándome lento al ritmo de la música:—Mira cómo estoy de mojada por ti… si metieras los dedos ahora, te los iba a mojar todos. Pero aguanta… quiero que me folles después pensando en esto, en cómo me froté contra tu verga toda la noche.Nos tocamos así durante varios temas: yo amasando sus tetas por encima del escote, ella frotándose contra mí y masturbándome por encima del pantalón, besos en el cuello, mordidas suaves, respiraciones agitadas y esos susurros sucios que solo nosotros escuchábamos entre la música alta. Todo por encima de la ropa, pero tan intenso que la gente alrededor parecía desaparecer.En un momento de pausa entre canciones, sacó el celular y me dijo con voz entrecortada:—Oye tómame fotos pa mi insta.Le tomé varias: una con ella posando de espaldas, culo marcado y luces neón reflejadas en el vinilo; otra de frente, manos empujando sus tetas hacia arriba para resaltar el escote brutal bajo las luces multicolores; y la última, la más provocadora: se bajó un poco el escote del vestido con los dedos, dejando ver casi todo el borde de sus areolas, tetas desbordando y expresión pícara con lengua afuera, luces rojas y azules iluminando su piel morena —posando enseñándome las tetas casi completas, como si me estuviera diciendo “esto es lo que te espera después”.mexicanaSalimos del antro jadeando, con la ropa pegada por el sudor y la tensión acumulada. En el carro de regreso, ya no aguantamos más. Apenas arrancamos, ella se inclinó sobre mí y me besó fuerte, lengua profunda, mientras su mano bajaba directo a mi verga por encima del pantalón, desabrochándome el botón y metiendo la mano dentro para masturbarme lento y firme. —Estás tan duro… me encanta sentirte palpitar en mi mano —susurró entre besos, mordiéndome el labio.Yo respondí metiendo la mano por debajo de su vestido, subiendo por sus muslos gruesos hasta llegar a su coño empapado (sin panties), dedos deslizándose dentro y fuera mientras ella gemía contra mi boca:—Sigue… métemelos más profundo. Quiero correrme en tu mano antes de llegar a casa… después te voy a chupar hasta que explotes.La masturbé con dos dedos, el pulgar en el clítoris, mientras ella me masturbaba a mí con la mano apretada y ritmo perfecto. El carro se llenó de gemidos, el vidrio se empañaba, y ella no aguantó más: se inclinó sobre la consola central, me bajó el pantalón lo justo y se metió mi verga en la boca sin aviso.Cuando la vio completa, ojos bien abiertos, soltó un gemido ahogado con la verga todavía adentro:—Madre mía… qué verga tan larga y gruesa, Dominic. Me va a romper la garganta… pero me encanta. Mira cómo te la trago toda.Y lo hizo: bajó despacio, labios estirados alrededor de mi grosor, lengua presionando la parte inferior mientras succionaba fuerte. Subía y bajaba con ritmo perfecto, mano en la base masturbándome al mismo tiempo que la boca hacía el resto. Saliva resbalando por mis bolas, gemidos vibrando contra mi piel, ojos fijos en mí mirándome como si fuera su premio. Era una experta: garganta profunda sin esfuerzo, lengua girando en la punta cada vez que subía, mano apretando y girando la base para que el placer fuera doble. Cada vez que bajaba hasta el fondo, su nariz rozaba mi pelvis, y soltaba un gemido ronco: "Mmm… te sabe tan rico… quiero tu leche en mi boca, pero no todavía… quiero que me la metas después y me llenes el coño".Resistí con todo: mordiéndome el labio, apretando los músculos, pensando en cualquier cosa para no explotar ahí mismo. Pero su boca era una máquina de placer: succionaba fuerte, lamía la vena gruesa de abajo, jugaba con la punta con la lengua plana y luego la metía hasta la garganta de nuevo. Gemía con mi verga adentro: "Estás tan grueso que me cuesta respirar… pero me pone más cachonda saber que te tengo así de duro por mí".Justo cuando sentía que iba a correrme en su boca, y ella empezaba a temblar con mis dedos todavía dentro de su coño, el encargado del estacionamiento del antro se acercó con luces prendidas.—Chingada madre… nos van a decir algo —dijo ella, quitando la boca rápido y acomodándose el vestido.Todo el calentón se fue al carajo en segundos. El tipo solo nos dijo que saliéramos porque ya iban a cerrar, pero el momento se rompió. Nos miramos, todavía agitados, con la ropa desarreglada y la frustración en el aire.Llegamos a su depa en silencio, todavía con el cuerpo ardiendo. Ella bajó, me dio un beso profundo y susurró:—Esto no se queda así… mañana después del gym vienes directo a mi casa. Sin interrupciones. Quiero que me folles hasta que no pueda caminar.Y se fue, dejando la puerta entreabierta un segundo para que viera cómo se le subía el vestido al girar, mostrando el culo perfecto.Me quedé en el carro un rato, verga todavía dura, sabor de su boca en los labios y la mente llena de ella.Y así quedó la promesa colgando… más caliente que nunca.Eso fue solo el principio, la tensión se venía acumulando desde hace meses y anoche en el antro y en el carro casi explotamos, pero nos cortaron justo cuando estaba más rico Como regalo por llegar hasta aquí, les dejo unas fotos más de Dulce que me mandó o que le tomé... Miren bien porque en la Parte 2 se pone mucho mejor… ahí sí la cojo sin interrupciones, larga y salvaje como ella me lo pidióLa buenota del gym pt1
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