
“Man, tuve un accidente. Esta noche reparte mi novia. Ahí salió para tu casa”.
A la media escucho el timbre y abro. Una rubia infernal, cheta cheta cheta mal. Top verde y short de Jean y una cartera de cuero roja carmesí. Detrás de ella una Honda Biz blanca.
-¡Hola! Soy Juli, la novia de Martín. ¿Vos sos su amigo?.
Asentí. Ella no esperó y pasó a mi departamento sin que yo la invitase. Qué inocente, pensé. En menos de un minuto me dio su nombre, el de su novio y entró a lo de un desconocido. Probablemente todo lo que un dealer y una pendeja no tienen que hacer.

Abrió su cartera y empezó a buscar:
-¿Qué era lo tuyo?
-Una pasti y un gramo.
Ella se acercó a la mesa de mi living y tiró todo ahí. Tenía todo tipo de bolsitas, pastillas de colores y sobres trasparentes. Tanto que no pude identificarlo. Hizo un pequeño puchero y me dijo:
-Ay, no sé cuál es cuál. ¿Me ayudás?
Me acerqué sonriendo y busqué la bolsita de merca y mi pastilla.
-¡Ay! Gracias. ¡Sos un amor! Estoy un poco perdida, sos el primero al que reparto.
La ayudé a juntar todo y lo metió en su cartera. No podía creer lo inocente que era.
Pero, por cosas del destino, cuando se acercó a la puerta para irse se largó una tormenta infernal que no estaba anunciada. Viento y agua con todo.
-¡Ay, no! -Gritó. -¿Cómo voy a repartir con esta lluvia? ¡Se va a mojar todo!
No sé cómo hice para aguantar la sonrisa perversa y maliciosa que tenía por dentro, pero serenamente le dije:
-Si querés, te ayudo. Estoy al pedo y tengo el auto en el garage.
Saltó aplaudiendo de la alegría y me dio un pequeño abrazo con el que pude sentir sus tetas.
-¡Sos un genio! ¡Gracias!.
-Pero esperá que quiero probar esto antes.
Abrí la bolsa con una tijera. Tiré todo sobre un platito. El loco siempre me vendía cosas de calidad y esta no parecía la excepción. Piqué las piedritas y preparé dos líneas. Enrollé un billete. Esnifé una y le dije:
-Esta es para vos.
-Yo nunca tomé. -Dijo con cara de extrañeza. -Mi novio no me deja.
-Pero él toma y ahora vos estás repartiendo. Es parte del trabajo.
-¿En serio? -Dijo.
-Claro. Además no le digo nada a tu novio. Te guardo el secreto.
Me puso una mano en el pecho y dijo:
-Sos un divino. Bueno, está bien, me comprometo con el trabajo ¿Cómo hago?
-Agarrá el canuto, el billete, y ponételo en la nariz. Acercate a la línea y aspirá. Pero por ningún motivo soples.
-Está bien.
Me hizo caso y se agachó para esnifar. Yo aproveché para mirarle el culo y volverme loco con las nalgas que se le escapaban del short. Esta iba a ser una buena noche.

Ella se levantó y se apretó la nariz.
-¡Arde!.- Dijo.
-Un poquito, al principio. -Le respondí.
Me acerqué al plato y con el índice limpie los restos.
-Abrí la boca. -Le ordené.
Ella lo hizo.
-Sacá la lengua.
Incrédula, lo hizo.
Le pasé mi dedo por la lengua y ella por instinto lo chupó.
-Bien, así no desperdiciamos nada.
Ella saboreaba mientras asentía.
-Vamos a entrar tu moto y vamos al auto.
Salimos los dos, llovía una barbaridad. Llovía de costado. Ella destrabó su moto y yo la entré rápido, pero aún así quedamos empapados los dos.
-Ay, no puede ser, nos mojamos todos. -Dijo.
-Tranquila, te presto ropa. Vamos a mi pieza.
Me siguió. Yo me desvestí y quedé en pija sin dudarlo. Y, para mi sorpresa, ella también. Quedó en tanga. Una tanga roja que le quedaba hermosa.
-¿Y cómo se si me pegó la merca? -Dijo.
La miré, le miré los pezones erguidos y le pellizqué uno.

-Te pegó. -Le dije riendo.
-Siento la garganta rara. -Dijo.
-A ver. Abrí la boca.
Ella lo hizo. También sacó la lengua.
-No veo bien. Acercate a la mesita de luz que tengo una lámpara.
Ella sola fue y se arrodilló al lado de la mesita de luz. Abrió la boca y sacó la lengua. Yo me senté en el borde de la cama y abrí las piernas dejándola en el medio de mis rodillas. Agarré la lámpara y la apunté a su garganta. Todo fue un teatro para que quede a nada de mi verga, que ya empezaba a pararse.
-Ah, claro. Ya sé lo que te pasó, -Dije, fingiendo que pensaba. -La merca que chupaste hizo que se te durmiese un poco la garganta, pero se soluciona fácil.
Saqué un porro de la mesita de luz y lo prendí. Después se lo ofrecí. Sin decir nada ella metió una seca.
-¿Primera vez?
Asintió con la cabeza.
-Aguantá el humo y tragá.
Me hizo caso.
-El humo hace que se te vaya ese adormecimiento.
-Pero no se fue. -Protestó.
-Tengo otra idea. Abrí la boca otra vez.
Lo hizo.
Y sin dudar le escupí en la garganta.
-Tragá.
Lo hizo.
-En un rato se te va a pasar.
Ella miró mi verga. Estaba pesadísima.
-A mí también me pegó la merca. -Le dije.

Si les gustó el relato, agradecería que me escriban por MD. Pueden decirme como les gustaría que siga, darme ideas para otros o simplemente morbosear un rato.
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