Tengo habilidades especiales que adquirĂ en un viaje astral en resumen lo descubrĂ por accidente en un ritual de Ayahuasca en Oaxaca MĂ©xico mi conciencia se elevĂł a tal punto en que los viajas astrales lo hacĂa a voluntad ovamente vomitĂ© me mareĂ© in clusi me quedaron secuelas de vĂ©rtigo sin embargo lo que ganĂ© fue la habilidad transmutar la materia onĂrica y transferir mi conciencia en otro cuerpo alineando mis chakras con mi tercer ojo ,el de sansara como lo nombrĂł mi chaman

La primera vez que transferĂ mi conciencia y poseĂ un puerco fue de una chica alemana que estaba en el mismo ritual no dure mucho apenas fueron segundos y termine convulsionandome y vomitando pero pude ver quĂ© estaba en su cuerpo desde su visiĂłn y por varios meses estuve practicando, ahora 3 años despuĂ©s no dirĂa que lo domino del todo pero puedo permanecer más de un dĂa dentro de otro cuerpo
Usaba mi habilidad solamente para pasar exámenes o tener algo que querĂa todo normal osea quien no aprovecharĂa está habilidad para hacer esto, asĂ iba a continuar normalmente hasta que de la nada me naciĂł poseer el cuerpo de una chica solo por sentir que se siente ser ella



La chica se llamaba Evelyn ella tiene unos enormes pechos ese fue el detonante quĂ© hizo que decidiera tomar esa decisiĂłn al pasearse cuerpo sin ti ese par de masas de carne rebotando en mi pecho eran pesados muy suaves y sensibles obviamente hice lo que todo hombre harĂa encerrarme en su habitaciĂłn y tocarme revisando sus gavetas vi que tenĂa juguetitos obviamente los usĂ© los dĂas pasaron y yo comenzaba a tener una rutina de meterme en el cuerpo de las chicas más sexys que conocĂa
Todo empezĂł a descontrolarse cuando decidĂ probar con Nayeli. Siempre habĂa sido la amiga “prohibida”: morena, cabello largo negro, cintura de avispa y un culo tan redondo y parado que parecĂa desafiar la gravedad. Pero tenĂa novio, un tipo celoso que la tenĂa bien vigilada. Eso, en vez de frenarme, me encendiĂł más.



Me metĂ en ella una tarde de sábado mientras supuestamente estaba “tomando el sol” en el patio de su casa. EntrĂ© justo cuando el novio llegaba. SentĂ cĂłmo mi conciencia se deslizaba dentro de ese cuerpo caliente, cĂłmo los muslos se apretaban solos al verlo acercarse. Nayeli —o sea, yo— se puso de pie y lo besĂł con una lengua que ya sabĂa exactamente quĂ© hacer. Nunca habĂa sentido algo asĂ desde dentro: la humedad instantánea entre las piernas, el cosquilleo elĂ©ctrico que subĂa por la columna cuando Ă©l le agarrĂł el culo con las dos manos y lo apretĂł como si quisiera partirlo.
Me llevĂł al cuarto de visitas. Me puso en cuatro sobre la cama. SentĂ el peso de sus manos abriĂ©ndome, el roce áspero de sus dedos separando los labios, y luego… Dios. La sensaciĂłn de ser penetrada desde adentro es indescriptible. No es solo placer fĂsico; es como si todo el cuerpo se convirtiera en un solo punto de electricidad concentrado. Cada embestida hacĂa que mis tetas —las tetas de Nayeli— se balancearan pesadas, golpeando contra mis propios brazos. SentĂ los testĂculos de Ă©l chocando contra mi clĂtoris una y otra vez. GritĂ© como nunca habĂa gritado en mi vida, pero no era mi voz: era la de ella, aguda, rota, suplicante. Me corrĂ tan fuerte que las piernas me temblaron y casi me caigo de la cama. Él se vino dentro, sentĂ cada chorro caliente llenándome, y por primera vez entendĂ por quĂ© las mujeres se vuelven locas con eso.




SalĂ de ella esa misma noche, exhausto, con el sabor de semen todavĂa en la lengua aunque ya no era mi boca.
Luego vino lo de mi hermana. Carla. Siempre la habĂa visto como “la hermana”, nada más. Pero un dĂa la vi salir de la regadera envuelta en una toalla demasiado pequeña y esos pechos enormes, casi cayĂ©ndose, me hicieron perder la cabeza. EntrĂ© en ella mientras dormĂa. DespertĂ© —despertĂł ella— con una erecciĂłn mental brutal. Me quitĂ© la pijama y me mirĂ© al espejo del baño: los pezones grandes y oscuros, las areolas anchas, las tetas tan pesadas que dolĂan un poco al levantarlas. Me masturbĂ© frente al espejo, apretándolas, pellizcándolas, viendo cĂłmo se ponĂan duras y cĂłmo mi mano desaparecĂa entre ellas.
Pero lo que no esperaba fue que papá entrara al cuarto a media noche. No dijo nada. Solo se acercĂł, me levantĂł la camiseta y empezĂł a chuparme un pezĂłn mientras su mano bajaba directo entre mis piernas. SentĂ su verga enorme, gruesa, venosa, apoyada contra mi muslo. Nunca habĂa visto —ni sentido— algo tan grande. Cuando me penetrĂł, pensĂ© que me iba a partir en dos. DolĂa y a la vez era lo más placentero que habĂa experimentado. Él me follaba lento, profundo, gruñendo contra mi cuello, diciĂ©ndome “mi niña, mi puta niña” mientras yo gemĂa con la voz de Carla. Me vine dos veces antes de que Ă©l se corriera dentro, y sentĂ cĂłmo su semen espeso me llenaba hasta rebosar y escurrĂa por mis muslos.





DespuĂ©s de eso, perdĂ cualquier lĂmite.
La vecina de al lado, la mamá de mi mejor amigo, mi ex Valentina (que seguĂa siendo una zorra insaciable), hasta la prima de un amigo que apenas conocĂa… me las follĂ© a todas desde dentro. Cada cuerpo era un universo nuevo: unas eran apretadas y nerviosas, otras flojas y expertas, unas gritaban mucho, otras solo jadeaban y se mordĂan el labio. AprendĂ a correrme como mujer, a pedirlo de diferentes formas, a mover las caderas de maneras que ni sabĂa que existĂan.
Todo iba perfecto. Mi cuerpo original se quedaba tirado en la cama, en modo automático: respiraba, se movĂa un poco, parecĂa que dormĂa profundamente. Nadie sospechaba nada.
Hasta que entré en Miranda.
Miranda era la nueva pareja de mi tĂo RaĂşl. Treinta y tantos, cuerpo de caricatura: tetas enormes que parecĂan desafiar la ley de gravedad, cintura estrecha, caderas anchas y un culo tan grande y elástico que parecĂa de silicona viva. DecidĂ meterme en ella una noche que sabĂa que mi tĂo la iba a coger duro.







EntrĂ© perfecto. SentĂ el peso brutal de esas tetas, la forma en que se movĂan al caminar, cĂłmo el culo se balanceaba con cada paso. Me puse lencerĂa negra que apenas le cubrĂa nada y esperĂ© a RaĂşl en la cama. Cuando entrĂł y me vio, se le salieron los ojos. Me agarrĂł del pelo, me puso de rodillas y me metiĂł la verga hasta la garganta. SentĂ cĂłmo se hinchaba dentro de mi boca, cĂłmo las arcadas me hacĂan lagrimear. Luego me tirĂł boca abajo, me abriĂł las nalgas y me penetrĂł de un solo empujĂłn. Ese culo tragaba todo. Cada embestida hacĂa que mis tetas se aplastaran contra el colchĂłn y rebotaran. GritĂ©, gemĂ, le pedĂ más. Él me dio más. Mucho más.
Se corrió dentro tres veces esa noche. Yo —Miranda— me vine tantas veces que perdà la cuenta. Pero algo raro pasó al final: sentà un calor extraño, profundo, como si algo se hubiera asentado en mi vientre. No le di importancia.
Al dĂa siguiente intentĂ© salir.
No pude.
IntentĂ© de nuevo al otro dĂa. Nada.
El tercer dĂa entendĂ por quĂ©: estaba embarazada.





El cuerpo de Miranda se habĂa aferrado a mĂ. Los chakras se habĂan alineado de una forma que no conocĂa, el tercer ojo se habĂa cerrado con fuerza, y mi conciencia quedĂł atrapada dentro de esa carne voluptuosa. PodĂa sentir cĂłmo el embriĂłn crecĂa, cĂłmo mis —sus— tetas se ponĂan más pesadas cada dĂa, cĂłmo los pezones se oscurecĂan y se ponĂan hipersensibles. RaĂşl me cogĂa todas las noches, orgulloso, pensando que era su “milagro”. Yo solo podĂa dejar que pasara.
Ahora vivo como Miranda. Camino con este culo inmenso que hace que todos volteen, cargo estas tetas que ya no caben en ningĂşn brasier normal, y siento cĂłmo el bebĂ© se mueve dentro de mĂ. A veces, cuando RaĂşl me folla por detrás y me agarra las caderas, cierro los ojos y trato de recordar cĂłmo era mi cuerpo original.
Ya casi no lo recuerdo.
Y lo peor… o lo mejor… es que una parte de mà no quiere volver.
Porque aquĂ, dentro de este cuerpo de puta curvilĂnea, embarazada y follada todas las noches, por primera vez siento que realmente estoy viviendo.
Fin (Âżo comienzo de otra vida?).

La primera vez que transferĂ mi conciencia y poseĂ un puerco fue de una chica alemana que estaba en el mismo ritual no dure mucho apenas fueron segundos y termine convulsionandome y vomitando pero pude ver quĂ© estaba en su cuerpo desde su visiĂłn y por varios meses estuve practicando, ahora 3 años despuĂ©s no dirĂa que lo domino del todo pero puedo permanecer más de un dĂa dentro de otro cuerpo
Usaba mi habilidad solamente para pasar exámenes o tener algo que querĂa todo normal osea quien no aprovecharĂa está habilidad para hacer esto, asĂ iba a continuar normalmente hasta que de la nada me naciĂł poseer el cuerpo de una chica solo por sentir que se siente ser ella



La chica se llamaba Evelyn ella tiene unos enormes pechos ese fue el detonante quĂ© hizo que decidiera tomar esa decisiĂłn al pasearse cuerpo sin ti ese par de masas de carne rebotando en mi pecho eran pesados muy suaves y sensibles obviamente hice lo que todo hombre harĂa encerrarme en su habitaciĂłn y tocarme revisando sus gavetas vi que tenĂa juguetitos obviamente los usĂ© los dĂas pasaron y yo comenzaba a tener una rutina de meterme en el cuerpo de las chicas más sexys que conocĂa
Todo empezĂł a descontrolarse cuando decidĂ probar con Nayeli. Siempre habĂa sido la amiga “prohibida”: morena, cabello largo negro, cintura de avispa y un culo tan redondo y parado que parecĂa desafiar la gravedad. Pero tenĂa novio, un tipo celoso que la tenĂa bien vigilada. Eso, en vez de frenarme, me encendiĂł más.



Me metĂ en ella una tarde de sábado mientras supuestamente estaba “tomando el sol” en el patio de su casa. EntrĂ© justo cuando el novio llegaba. SentĂ cĂłmo mi conciencia se deslizaba dentro de ese cuerpo caliente, cĂłmo los muslos se apretaban solos al verlo acercarse. Nayeli —o sea, yo— se puso de pie y lo besĂł con una lengua que ya sabĂa exactamente quĂ© hacer. Nunca habĂa sentido algo asĂ desde dentro: la humedad instantánea entre las piernas, el cosquilleo elĂ©ctrico que subĂa por la columna cuando Ă©l le agarrĂł el culo con las dos manos y lo apretĂł como si quisiera partirlo.
Me llevĂł al cuarto de visitas. Me puso en cuatro sobre la cama. SentĂ el peso de sus manos abriĂ©ndome, el roce áspero de sus dedos separando los labios, y luego… Dios. La sensaciĂłn de ser penetrada desde adentro es indescriptible. No es solo placer fĂsico; es como si todo el cuerpo se convirtiera en un solo punto de electricidad concentrado. Cada embestida hacĂa que mis tetas —las tetas de Nayeli— se balancearan pesadas, golpeando contra mis propios brazos. SentĂ los testĂculos de Ă©l chocando contra mi clĂtoris una y otra vez. GritĂ© como nunca habĂa gritado en mi vida, pero no era mi voz: era la de ella, aguda, rota, suplicante. Me corrĂ tan fuerte que las piernas me temblaron y casi me caigo de la cama. Él se vino dentro, sentĂ cada chorro caliente llenándome, y por primera vez entendĂ por quĂ© las mujeres se vuelven locas con eso.




SalĂ de ella esa misma noche, exhausto, con el sabor de semen todavĂa en la lengua aunque ya no era mi boca.
Luego vino lo de mi hermana. Carla. Siempre la habĂa visto como “la hermana”, nada más. Pero un dĂa la vi salir de la regadera envuelta en una toalla demasiado pequeña y esos pechos enormes, casi cayĂ©ndose, me hicieron perder la cabeza. EntrĂ© en ella mientras dormĂa. DespertĂ© —despertĂł ella— con una erecciĂłn mental brutal. Me quitĂ© la pijama y me mirĂ© al espejo del baño: los pezones grandes y oscuros, las areolas anchas, las tetas tan pesadas que dolĂan un poco al levantarlas. Me masturbĂ© frente al espejo, apretándolas, pellizcándolas, viendo cĂłmo se ponĂan duras y cĂłmo mi mano desaparecĂa entre ellas.
Pero lo que no esperaba fue que papá entrara al cuarto a media noche. No dijo nada. Solo se acercĂł, me levantĂł la camiseta y empezĂł a chuparme un pezĂłn mientras su mano bajaba directo entre mis piernas. SentĂ su verga enorme, gruesa, venosa, apoyada contra mi muslo. Nunca habĂa visto —ni sentido— algo tan grande. Cuando me penetrĂł, pensĂ© que me iba a partir en dos. DolĂa y a la vez era lo más placentero que habĂa experimentado. Él me follaba lento, profundo, gruñendo contra mi cuello, diciĂ©ndome “mi niña, mi puta niña” mientras yo gemĂa con la voz de Carla. Me vine dos veces antes de que Ă©l se corriera dentro, y sentĂ cĂłmo su semen espeso me llenaba hasta rebosar y escurrĂa por mis muslos.





DespuĂ©s de eso, perdĂ cualquier lĂmite.
La vecina de al lado, la mamá de mi mejor amigo, mi ex Valentina (que seguĂa siendo una zorra insaciable), hasta la prima de un amigo que apenas conocĂa… me las follĂ© a todas desde dentro. Cada cuerpo era un universo nuevo: unas eran apretadas y nerviosas, otras flojas y expertas, unas gritaban mucho, otras solo jadeaban y se mordĂan el labio. AprendĂ a correrme como mujer, a pedirlo de diferentes formas, a mover las caderas de maneras que ni sabĂa que existĂan.
Todo iba perfecto. Mi cuerpo original se quedaba tirado en la cama, en modo automático: respiraba, se movĂa un poco, parecĂa que dormĂa profundamente. Nadie sospechaba nada.
Hasta que entré en Miranda.
Miranda era la nueva pareja de mi tĂo RaĂşl. Treinta y tantos, cuerpo de caricatura: tetas enormes que parecĂan desafiar la ley de gravedad, cintura estrecha, caderas anchas y un culo tan grande y elástico que parecĂa de silicona viva. DecidĂ meterme en ella una noche que sabĂa que mi tĂo la iba a coger duro.







EntrĂ© perfecto. SentĂ el peso brutal de esas tetas, la forma en que se movĂan al caminar, cĂłmo el culo se balanceaba con cada paso. Me puse lencerĂa negra que apenas le cubrĂa nada y esperĂ© a RaĂşl en la cama. Cuando entrĂł y me vio, se le salieron los ojos. Me agarrĂł del pelo, me puso de rodillas y me metiĂł la verga hasta la garganta. SentĂ cĂłmo se hinchaba dentro de mi boca, cĂłmo las arcadas me hacĂan lagrimear. Luego me tirĂł boca abajo, me abriĂł las nalgas y me penetrĂł de un solo empujĂłn. Ese culo tragaba todo. Cada embestida hacĂa que mis tetas se aplastaran contra el colchĂłn y rebotaran. GritĂ©, gemĂ, le pedĂ más. Él me dio más. Mucho más.
Se corrió dentro tres veces esa noche. Yo —Miranda— me vine tantas veces que perdà la cuenta. Pero algo raro pasó al final: sentà un calor extraño, profundo, como si algo se hubiera asentado en mi vientre. No le di importancia.
Al dĂa siguiente intentĂ© salir.
No pude.
IntentĂ© de nuevo al otro dĂa. Nada.
El tercer dĂa entendĂ por quĂ©: estaba embarazada.





El cuerpo de Miranda se habĂa aferrado a mĂ. Los chakras se habĂan alineado de una forma que no conocĂa, el tercer ojo se habĂa cerrado con fuerza, y mi conciencia quedĂł atrapada dentro de esa carne voluptuosa. PodĂa sentir cĂłmo el embriĂłn crecĂa, cĂłmo mis —sus— tetas se ponĂan más pesadas cada dĂa, cĂłmo los pezones se oscurecĂan y se ponĂan hipersensibles. RaĂşl me cogĂa todas las noches, orgulloso, pensando que era su “milagro”. Yo solo podĂa dejar que pasara.
Ahora vivo como Miranda. Camino con este culo inmenso que hace que todos volteen, cargo estas tetas que ya no caben en ningĂşn brasier normal, y siento cĂłmo el bebĂ© se mueve dentro de mĂ. A veces, cuando RaĂşl me folla por detrás y me agarra las caderas, cierro los ojos y trato de recordar cĂłmo era mi cuerpo original.
Ya casi no lo recuerdo.
Y lo peor… o lo mejor… es que una parte de mà no quiere volver.
Porque aquĂ, dentro de este cuerpo de puta curvilĂnea, embarazada y follada todas las noches, por primera vez siento que realmente estoy viviendo.
Fin (Âżo comienzo de otra vida?).
0 comentarios - Los chakras alineados 🍒🍑