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Mi primera vez parte 2

Después de entregarle la virginidad ai novio. Mi novio ya me había dicho una vez que una de sus fantasías sexuales era penetrarme analmente. La idea del sexo anal no me disgustaba, de hecho lo encontraba bastante erotizante, pero el pene de 16cm de mi novio, sumado a su abultado grosor, me hacían asustar bastante, si bien no era tan largo era grueso.

En ese momento ya me estaba relacionando con Lucy, una relación de amistad-hermandad, y me había dado consejos para tener sexo anal (usar lubricación, dilatar de a poco). Ya me sentía lo suficientemente madura para ese próximo paso.
El primer paso fue discutirlo con mi novio, le dije que tenía miedo, le dije que había hablado con Lucy y me había dado consejos de cómo hacer para que el anal fuera seguro y placentero. Él se mostró receptivo a los consejos e hizo su propia investigación llegando a resultados similares: Lubricante, dilatación de a poco, mucha paciencia y relajación. Concluimos que esto tenía que ser placentero para los dos, sino no se hacía.

Le dije que mi miedo era, sin contar el potencial dolor de su verga gruesa en mi cola, mancharlo con caca. Me dijo que no me preocupara por eso, y que no se me ocurriera hacerme un enema o algo así. Podía entender que tuviéramos que esperar 30 minutos hasta que se me dilate la cola, para ambos, si nos manchábamos, bueno, que quede como anécdota. También habíamos arreglado hacerlo con preservativo, pero que si funcionaba bien en el futuro lo íbamos hacer sin condón, o como se dice ahora, a pelo por el culo.

Estaba todo listo para pasar unas vacaciones aprendiendo el sexo anal, pero no contábamos con la desinteligencia de nuestros padres.
Los míos organizaron unas vacaciones de 3 semanas en EU, más que nada para que mi hermanita de entonces diez años, conociera Disney. La familia de él organizo un viaje a Europa de un mes, que coincidía con la tercera semana de mi viaje. No nos íbamos a ver por seis semanas, desde la primera semana de enero, hasta la tercera semana de febrero. Seis semanas sin sexo iban a ser una tortura para dos personas con las hormonas alborotadas, pero no teníamos opción, no teníamos ni voz ni voto.

Con mucho esfuerzo convencimos a nuestros padres de tener unas vacaciones entre nosotros dos, mucho más “humildes” en comparación, usando nuestros ahorros (En honor a la verdad yo no tengo ahorros, pero me consienten en todo y él tiene una extensión de la tarjeta del padre, pero no maneja efectivo).

La solución salomónica a la que llegaron en una discusión entre mis padres y sus padres, es que nos iban a prestar la casa de verano de un familiar de él, que está en Tequesquitengo. Es una ciudad turística que se caracteriza por su calor.

El penúltimo domingo de febrero estábamos viajando solos hacia Tequesquitengo, dispuestos a aprender a tener anal duro y rico.
Llegamos al lugar y era una casa con una vista hermosa, al lago, las montañas. Era bastante fría, pero había calefacción y eso que afuera hacia calor. Tenía todas las comodidades, y el cuarto disponía de una cama matrimonial.

El primer día fuimos hasta el centro a comprar comida, y todas las provisiones necesarias y encontramos un sex shop un poco alejado.

Con toda le vergüenza del mundo entramos. Nos atendió una chica de apenas veinte pocos años, muy bonita, vestida como una prostituta del GTA, y con una voz infantil dispuesta a pararle la pija a los que van.

– Hola chicos, en que puedo ayudarlos.

– estemm, hola, si yo, estoy buscando, estemmm, algo para tener sexo – balbuceo mi novio.

– Perdón, no entendí.

– Estoy buscando eso que se usa para tener sexo por la cola sin lastimar.

– Ah, estás buscando un lubricante.

– Si, si eso
– Si, si eso.

– Bueno, tenemos todos estos, estos son a base acuosa, estos son aceitosos (decía mientras iba maniobrando frascos), estos otros contienen lidocaína, que es un anestésico. No te los recomiendo si son inexpertos porque la anestesia puede enmascarar una lastimadura.

– ajam, si, interesante.

– Lo que te recomiendo es este, yo lo uso y no sientes nada de dolor.

Mientras decía eso yo moría de vergüenza y celos que esa puta le diga a mi novio como le gusta que le rompan el orto jajaja.

– Bueno, me llevo este, ¡gracias!

Caminamos en silencio para la casa la casa, muertos de vergüenza y completamente expuestos, ya que la chica que nos atendía iba a saber que queríamos coger por la cola y que me iba a romper la cola por primera vez.
Esa noche cenamos unos tacos que habíamos comprado. Era una comida bastante común. Lo mejor de todo es que nos sentíamos dos adultos funcionales, viviendo solos, cocinándonos, haciendo nuestras cosas. Si bien era una ficción porque estaba siendo sostenido por la billetera de nuestros padres, lo disfrutábamos como nunca habíamos disfrutado antes. Era otra cosa.
Les recuerdo que ocurrió el año pasado jajaja.

A la noche fuimos a la cama, una matrimonial y empezamos con una sesión de besos románticos, mientras se veía la luna reflejada en el lago. Nos desnudamos, me beso toda la cara, el cuello, los pechos. Bajo hasta mi monte de venus y siguió de largo. Se concentró con mis pies, hermosos, con las uñas pintadas de negro, y habrá estado diez minutos adorándomelos. Cuando se cansó de chuparme los pies me práctico sexo oral.
Mi primera vez parte 2
muy caliente
No quería acabar todavía así que le practique un oral yo. Mis habilidades orales eran muy buenas y había sumado una técnica de succión de testículos y perineo que lo hacía gemir.
primera vez
anal

Hicimos un 69 donde tuve mi primer orgasmo, a pesar de no ser muy fan de esa posición.

Él no quiso acabar y me continúo chupando la concha. Me pidió que me ponga en cuatro y me dijo:

– Permiso, quiero hacer algo.

Sentí como me lamía la concha desde atrás. En un momento se detiene, me abre las nalgas, mira bien y me chupa la cola.

– Ayyyyyyyyyyy siiiiiiiiii.

Sentí electricidad recorrer en todo el cuerpo mientras su lengua pasaba por los pliegues de mi ano. Mi ano es chiquito, apretado. Me lo miré en el espejo en esos días y vi que era muy pequeño Se lo ve muy chiquito, cuesta creer que el pene de mi novio va a entrar ahí.

– Amor, ¿Estás lista para intentarlo?
doloroso
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Giré la cabeza para verle la cara mientras estaba en cuatro patas en la cama.
– Sí, estoy lista.
Estaba completamente desnuda, en cuatro, y conmocionada por la lamida de ano que acababa de recibir de mi novio. Estaba lista para probar el sexo anal.

En ese momento mi novio se dirigió a la mesa de luz a buscar en el cajón el frasco de lubricante anal que habíamos comprado esa misma tarde. Lo agitó un poco, lo abrió y el aroma perfumado que tenia se impregnó en la habitación. Yo seguía en cuatro patas sobre la cama esperando impaciente lo que iba a pasar, confieso que la posición y no ver la cara de mi novio me ponía un poco nerviosa.

– Amor, acuéstate boca arriba – me dijo mi novio.

Me posicioné boca arriba en la cama, en una posición más cómoda, más natural y estaba dispuesta a dejarme llevar por la situación.

Incorporo un poco la cabeza para mirar a mi novio y lo veo manipulando el lubricante mientras leía las instrucciones. Tenía una erección monumental. No obstante lo cual, me pareció que tenía un tamaño descomunal, cómo nunca antes lo había visto, y sentí terror que eso pudiera lastimar mi ano virgen y apretado.

Nunca hasta la fecha había hecho ningún juego anal, más allá de sentir el chorro del bidet algunas veces recorriendo mi ano, lo que me daba una sensación de cosquillas si yo ya estaba medio excitada de antes. Sacando eso, nada, ni siquiera un dedo.

Mi novio inspeccionó mi posición y me pidió que pusiéramos una almohada a la altura de mi espalda baja para elevar un poco la cola y tener mejor visibilidad.

Respiré hondo tratando de relajarme.

– Bueno, voy a empezar amor. Por favor avisame si te duele y paramos cuando quieras.

Se intenta poner un poco de lubricante en el dedo índice y por accidente se le cae un poco en la cama, no mucho, pero dada la consistencia viscosa hace un enchastre. En ese momento nos reímos y no nos importa. Ahora se lubrica el dedo en mucha cantidad y me dice:

– Voy, quedate tranquila por favor.
Siento que empieza a presionar los pliegues de mi ano con su dedo índice, siento que mi cuerpo hace resistencia involuntariamente, pero no digo nada, me la voy a aguantar, o eso creo.

La presión sobre mi zona anal continua hasta que siento que finalmente el dedo logra atravesar la resistencia y entra. Siento humedad en mi zona anal, por causa del lubricante que se estaba esparciendo en mi interior, y mucha incomodidad. La sensación es parecida como cuando quieres defecar.

– ¿Cómo te sientes amor?

– Bien, bien.

Lo cierto es que estaba muy incómoda, la posición era media extraña, la presión en el ano era bastante más de lo que pensé, y el líquido viscoso me provocaba incomodidad.

Pero había algo bueno: No sentía dolor.

Mi novio introducía su dedo índice, mientras que con su pulgar trataba de jugar con mi conchita, si bien entiendo la intención de él en ese momento, me sentía sobre estimulada y me costaba concentrarme, por lo que le pedí que parara de estimularme, que solo se concentrase en mi ano.

Continúa....

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