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Ana, Luz y Yo

Hola a todos, mí nombre es Nicolás tengo 28 años, no soy alto 1,65 ni tampoco musculoso, pero si algo fachero, normal nada del otro mundo. Tengo una vecina que actualmente tiene 19 se llama Luz, tez blanca y pelo algo rubio, bonita de cara, lo que sí, tiene unas nalgas hermosas bastante carnosa para su cuerpo de pechos pequeños. Ese culo lo heredó de su madre Ana, una enfermera de unos 45 a 48 años, en su momento hace poco más de una década era bastante grande pero firme y tenía un caminar enamoraba, generando un morbo terrible al ver rebotar las nalgas y más aún, con su ambo, tez trigueña y unos labios carnosos que yo creo que cada persona que la veía pensaba lo mismo “terrible boca de petera”, y unas tetas enormes que crecieron aún más, por la lactancia de sus hijos y uno de ellos era un año más chico que yo.
En los veranos de hace una década atrás, creo que de a poco empezó a mostrarse un poco más, no sé si por morbo, por buscona o simplemente por sentirse más cómoda, siempre íbamos a la pileta de su casa, nuestro amigo nos invitaba y claro que disfrutábamos de eso, pero lo verdadero empezó paulatinamente con el tiempo. Ana, empezó primero a usar un short y alguna remera corta con la bikini por debajo, después paso a no llevar remera, más adelante decidió no usar shorts pero si una bikini enteriza, en lo particular, no me parece nada sexy. Pero al finalizar casi el verano, los últimos días que permitía la temperatura disfrutar de la pileta al fin uso una bikini común, algo grande, pero a veces con un poco de suerte alguno de los dos lados se le metía en la cola y hasta que se daba cuenta un cachete quedaba a la vista. El verano se fue, y con el la vista en bikini de esa voluptuosa mujer aunque guardaba en mí memoria esos breves momentos, claro está que me sirvieron para recordarla durante el invierno y esperar con ansias el próximo verano, fantaseando que se anime a usar algo, que no deje tanto a la imaginación. 
Siempre íbamos a su casa y de vez en cuando, después de ducharse al entrar al baño podía llegar a encontrar alguna linda tanga colgada en la ducha, tal vez “se la olvido”, obvio que sin pensarlo me la restregaba por la verga imaginando que después se la pondría con algo de olor a mí, las pajas en mí casa después de un suceso así, eran olímpicas.
Volvió el verano y con él los días de pileta, para nuestra sorpresa, no retrocedió en las bikinis y ya de por si era una alegría para nosotros, hasta que un día, cambiaron. Apareció con una roja, la mitad de chica que la que usaba normalmente, a mí amigo mucho no le importaba aunque nosotros le hacíamos chistes, cada vez más subidos de tono, en especial yo, pero siempre fuimos de los que juegan a “el que se enoja, pierde” así que tragaba algo de saliva, se reía y al ratito cambiábamos de tema, yo creo que algún comentario habrá escuchado Ana en algún momento y aunque sea fuera de lugar, tenía la esperanza que lo escuché pero no sé enoje. Pero el mejor día, que quedó grabado en la retina de todos, y esa misma noche seguramente al unísono todos nos estaríamos tocando recordándola, fue cuando se puso una bikini negra, de las que se regulan en la parte de atrás para hacerla más grande y tapar lo más posible las nalgas o pequeña, que se vuelve casi un hilo y así estaba, prácticamente al agacharse o hacer algún movimiento un poco más brusco de lo normal, estaba al filo de que podamos verle el ano o la concha, era delicioso.
Ahora que ya explique el morbo y el tiempo con el que cargaba hace mucho, imagínense que su hija de ahora 19 años y con un cuerpo muy similar, este atrás mío, era un sueño hecho realidad sin contar que era más linda, ya había charlas de por medio, estaba todo encaminado para que pronto se de algún tipo de encuentro, además que siempre pensé que con Ana no tendría ninguna oportunidad, pero bueno, nunca digan nunca.
Fui a su casa para que me coloque una inyección, y acá es donde comenzó todo, entre charla y charla antes de que me aplique el medicamento, me preguntó por Luz, y si andábamos en algo, yo le respondí que no pero no se quedó muy conforme con la respuesta. Me dijo que ella le había contado de unas charlas que tuvimos y que tal vez, pronto nos veríamos, nunca imaginé que Luz le contara todo esto, continuó diciéndome que le llevaba algunos años a su hija y que no me aproveche de eso, solo aclare que ella me gusta también y que por eso estoy llevando las cosas con calma. 
Me hizo recostar de costado apuntando mí culo hacia ella para la aplicación me, me llamó la atención que quería que me baje la ropa hasta las rodillas, accedí con algo de vergüenza porque como le daba la espalda, no se me vería nada. Me hizo levantar la pierna que más arriba y que solo apoye la planta del pie, formando como un triángulo. Aplico la inyección y al terminar, intenté moverme a lo que me respondió que todavía debía quedarme quieto, sentí la textura de un guante entre los muslos, seguidamente la palma de su mano en mis huevos y sus dedos en mí verga, apretó, no tanto como para que duela pero si para sobresaltarme, intenté girar la cabeza, pero su rostro estaba pegado al mío.

A: Así que esto lo que le querés dar a mí hija ?

No respondí, pero ella siguió moviendo su mano, apretando, soltando. Mí verga no tardó en reaccionar y estaba casi erecta ya.

A: Qué rápido respondes a los estímulos, seguramente Luz se divierta mucho con esto, además tenés un buen pedazo.

Me mordía el labio y no hablaba, solo miraba su mano haciendo malabares en mis partes y volvía a verle la boca mientras me hablaba, imaginando llenarla por completo justo con lo que tenía en su mano.
Me pajeaba cada vez más fuerte y hacia gemidos en mí oreja, dignos de una película porno.
Yo disfrutaba cerrando los ojos, pero devolvía la mirada a su boca.

A: Te gusta mí boca no ?

Yo: Si

A: Querés una muestra de lo que sabe hacer ?

Yo: Si

No podía hablar demasiado, cuando te hacen una paja así, de esta forma, inesperada y una mina con la que te masturbaste tantas veces pensando en ella, el placer es demasiado para que una persona común y corriente pueda soportarlo.
Me hizo sentar en la camilla y acercó una silla delante mío, acomodo su pelo con una colita, y mientras se abalanzaba contra mí verga, me miró a los ojos sonriendo, siendo lo último que vi porque cerré los ojos y me deje llevar.
Su tibia boca rodeo mí verga, casi ¾ de un solo bocado, no empezó con besos ni lamidas, fue directo al grano. Succionaba fuerte, bajaba y subía, gemía como cuando alguien prueba su plato de comida favorito. Hacía que mis piernas se endurezcan y se doblen los dedos de los pies, de tan rico que lo hacía, quería apoyar mis pies en su silla para estar más cómodo pero sus amplias caderas lo impedían, así que los apoye sobre sus muslos y solo una mano en su cabeza, me la quito, me dijo que eso no le gustaba, así que seguí aferrándome a la camilla. 
Pispeaba por el costado para poder verle las nalgas, ella se dio cuenta y sacaba más la cola sentada en la silla, era impresionante.

A: Que pasa nene ? Querés verme la cola ?

Yo: Me vuelve loco esa cola, quiero verla

Ella mandaba, al menos por ahora y yo me dejaba llevar sin objetar una palabra. Levanto mis piernas y me hizo acostarme, me puso dos almohadas atrás de la cabeza y me dijo “abrí las piernas” . Se subió a la camilla, quedando arrodillada entre mis piernas y con un vaivén bajo su pantalón hasta las rodillas, doblo un poco su remera y ahí estaba, su tanga negra quedó a la vista a los costados era elásticos, volvió a su labor que era chuparme la verga y con la otra mano se la colo más aún y subió los elásticos lo más alto que pudo, si hubiera estado del otro lado y con ese culo de frente, no hubiera dudado en meter mí cara ni por un segundo.
Dándole besos y sonriéndome, se nalgueo una y otra vez haciendo unos gemidos exquisitos. Después de un rato verle la cara daba un morbo tremendo, porque la tenía llena de su propia saliva, chupaba mis huevos, los escupía y lo mismo hacía con la verga, metía su cara sin importarle ensuciarse. Estaba llegando, ya tenía demasiadas ganas de acabar y no podía soportarlas, me incorpore un poco y sin aviso la agarre del pelo, intento sacarme, pero no la deje.

A: Soltame

Yo: Abrí la boca

La empujaba hacia abajo y lograba introducirle la verga en la boca, pero hacía fuerza.

A: Soltame

Yo: Abrí la boca y cállate puta.

Se me salió la cadena, debo reconocerlo, pero bueno, lo que estaba haciendo era de puta, así que no me hice mucho problema.

La nalguee, intentó salir de nuevo, y la volví a nalguear 3 veces seguidas pero más fuerte, la nalga se le enrojeció enseguida.

Yo: Cállate y chupa, ahora te voy a llenar la boca de leche.

Me miró, algo confundida pero ya no intento salir.

Yo: Así me gusta, te la vas a tragar toda.

Sus ojos cambiaron de forma lujuriosa, eso me indico que ya no le molestaba, sino que le gustaba.
Llegué al clímax, mis huevos no paraban de estremecerse, bajaban y volvían a subir quedándose unos segundos arriba, como para que los chorros salgan con más fuerza, ella bancaba, tosia pero no se movió, hasta tuvo 2 arcadas pero estaba decidida a no perder una gota de semen. Exhausto la miraba, mientras me mostraba la leche en su boca, y juntaba algo de sus carnosos labios, para tragarla completa.

Nos cambiamos y de repente, retorno al tema importante de nuestra charla, su hija, Luz.

A: Ahora ya no podes estar con mí hija.

Yo: Porque no ? Ella me gusta.

A: Acabo de chuparte la pija, ella es mí hija.

Yo: Y ? Que tiene ? 

A: No está bien eso.

Yo: Pero si que una mujer casada, le chupe la verga al vecino, que justamente está por salir con su hija, eso si está bien ?

A: No, pero esto solo se dio.

Yo: Lo hiciste por eso ?

A: No, lo hice porque te tenía ganas hace mucho.

Yo: Voy a estar con tu hija igual, y sino anda a contarle lo que hiciste, que ella elija.

Se quedó muda

Yo: Voy a estar con tu hija, y espero que sea putita como vos, no sabes cómo te la voy a cuidar.

A: Basta

Yo: No, basta vos. Y no me jodas, porque cuando sea mí novia y empiece a venir acá, voy a hacer que vos también me atiendas muy bien, y ya sabes a lo que me refiero.

Me di media vuelta y me fui, cuando llegue a mí casa, lo primero que hice fue hablarle a Luz, y si, la invite a salir. Su respuesta fue un sí, sin pensarlo. Ahora, toca probar a la hija.

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