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212📑La Mujer de la Playa

212📑La Mujer de la Playa


Andy nunca pensó que su fin de semana se transformaría en una historia imposible de contar sin ponerse duro.

Todo empezó con una simple curiosidad: una playa oculta entre rocas al sur, exclusiva, privada. Se metió con unos lentes de sol, una gorra y una toalla sobre el hombro, nervioso pero con ganas de divertirse.

Y entonces la vio.

Ella caminaba como si supiera que el mundo se detenía con cada paso. Madura, piel dorada, el cabello rubio cayendo hasta la espalda y las tetas más grandes y firmes que Andy había visto en su vida. Sus tetas se movían bajó el sosten con ritmo, grandes, naturales, con pezones que se le marcaban bajo la tela que parecían pedir ser succionados. Iba con lentes de sol, con un tatuaje en la cadera y una sonrisa que anunciaba peligro.

—¿Primera vez, mi amor? —le dijo de frente, sin pudor, mirándole directo a la entrepierna.

Andy balbuceó algo, pero ya era tarde. Su pija, larga y gruesa, se había despertado bajo la tela fina del short. Ella lo notó y se relamió los labios.

—Ven, papi. Acuéstate a mi lado… y deja que te enseñe cómo se toma el sol.

No pasaron ni cinco minutos y la tenía encima. Le bajó el short sin preguntar, le agarro el pene con una mano y lo comenzó a chupar como si fuera agua en el desierto. Lo tragaba completo, hasta el fondo, con lágrimas en los ojos… y seguía mamando.

—Tienes una pija que no me va a dejar dormir —le dijo jadeando—. Pero no te me vengas todavía, que ahora quiero montarte.

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Se quitó el bikini con un movimiento y se sentó sobre su dura pija, con su concha mojada, caliente, apretada. Andy pensó que iba a correrse en segundos, pero ella marcaba el ritmo, meneando las caderas con maestría, sudorosa, salvaje, dándole sus enormes tetas para que él las chupara, mientras gemía como una perra en celo. Saltando más rapido sobre su pija.

—Dámelo, papi. Dámelo todo… Dame tu leche.

Lo montaba como una endemoniada, lo estrujaba con las tetas en la cara… y cuando él por fin explotó, ella se lo sacó para verlo chorrear y se lo restregó por las tetas. Luego, sin esperar a que se calmara, volvió a meter su pija en la boca y lo siguió chupando hasta que no quedó ni una gota.

-Que rica leche - papi!!

Andy estaba temblando, como si le hubieran drenado el alma.

—Soy sexópata, mi cielo. Andaba buscando una pija como la tuya —le dijo mientras se relamía—. Y acabas de meterte en un vicio del que no vas a salir.

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Esa noche, lo encerró con ella en una torre de salvavidas cercana. Le mamaba la pija como si no hubiera un mañana, lo lamía desde la punta hasta las bolas, se puso en cuatro sobre una colchoneta que encontró y le dijo, meteme esa pija en el culo papi, y el la penetró de una metiendo su dura pija y cogiendola tan duro, que se escuchaba el sonido de las embestidas por las nalgas. - Si duro por el culo papi!! 

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Ella lo exprimía, cabalgaba su pija salvajemente, por la concha y el culo, lo apretaba con ese culo bendito como si quisiera vaciarle la vida entera.

Andy terminó eyaculando como 5 veces, la última en las tetas, que ella relamía y se tragaba todo.

Cuando al fin amaneció, Andy desperto y encontró una nota: disfrute tu pija y tu leche papi rico, a ver cuando nos volvemos a encontrar.. 

Ella se había ido, dejándolo solo y con el pene duro.

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