You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Soy una gorda pajera

Después de esa experiencia con el dildo de mi mamá, me quedé ahí, frente al espejo, mirando mi culo abierto como una puta barata que no sabe controlarse. A mis 18 años, ya me sentía como una cerda gorda y patética, con mis rollos de grasa colgando, mis tetas enormes y flácidas que ni siquiera un sostén podía disimular. Me toqué el ano dilatado, sintiendo cómo mis dedos entraban sin resistencia, y en lugar de empoderarme como la feminista que ahora soy a los 25, me invadió una oleada de vergüenza que me excitó aún más. ¿Quién era yo? Una mujerzuela sucia, una perra en celo que se había metido un consolador negro gigante por el culo como si fuera una prostituta de callejón. Me denigré en silencio, pensando en cómo mi cuerpo era solo un montón de carne blanda, inútil para nada más que ser usada y humillada.
Me tiré al piso de la habitación, de rodillas como una esclava sumisa, y empecé a tocarme de nuevo, pero esta vez con rabia contra mí misma. Me pellizqué los pezones hasta que dolieron, llamándome puta gorda en voz baja, imaginando que un hombre cualquiera me veía así y se reía de mi debilidad. "Mira esta cerda feminista", me decía a mí misma, "predicando igualdad pero aquí estás, con el culo roto por un juguete, mojada como una perra abandonada". Me metí los dedos en la concha, que seguía chorreando de los orgasmos anteriores, y los saqué para olerlos, sintiendo asco de mi propio olor a hembra desesperada. Era patética, una mujer que no valía nada sin algo que la llenara, una vaca obesa que solo servía para ser montada y descartada.
La humillación me llevó a otro nivel: me arrastré hasta el baño, aún desnuda, y me miré en el espejo grande, extendiendo mis nalgas para ver mejor el desastre que había hecho. Mi ano seguía abierto, rojo e hinchado, como el de una puta que ha sido follada por una pandilla. Me puse a llorar un poco, no de tristeza real, sino de esa excitación retorcida que viene de degradarme. "Eres una mierda de mujer", me repetía, "gorda, fea, con un cuerpo que nadie querría tocar si no fuera por piedad". Me masturbé de nuevo ahí, de pie, con una mano en el clítoris y la otra pellizcándome el vientre blando, imaginando que era una esclava sexual, obligada a humillarme para complacer a un amo invisible. El orgasmo llegó rápido, pero fue sucio y vacío: un chorro de squirt que salpicó el piso, dejándome temblando y avergonzada, como si hubiera orinado por no controlarme.
Después, me limpié con papel higiénico, sintiéndome aún más baja, una hembra sucia que no merecía ni una ducha. Me vestí con la ropa vieja y holgada que tenía, ocultando mi cuerpo como si fuera un secreto vergonzoso, y juré no contárselo a nadie. Pero en el fondo, esa denigración me hizo más fuerte, aunque en ese momento solo me sentía como la mujer más worthless del mundo, una gorda que se humilla sola porque nadie más la querría. Ahora, a los 25, lo veo como parte de mi viaje, pero esa noche, era solo una perra degradada en su propia miseria.

4 comentarios - Soy una gorda pajera

Adrian_87j
uff bb... 🔥 como me calentaste 😈😈
ese culo te lo como todo y después te lleno de pija amor
ema-_-xxx
Q rica y sucia gordita, nos encantaría verte siendo sucia