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Alejandro Y Gimena: Despedida De Soltera

Gimena antes conocida como Lautaro. Viene de una familia de mucho dinero, lo que le permitió acceder a la famosa pastilla Gender Bender. Es un tratamiento experimental que me permitio transformarme en un mujer. Su nuevo cuerpo es de una mujer muy sexy, el tipo de mujer que todos desean cogerse a penas la ven. Su cara es muy femenina, sus labios son carnosos y de un color rojo pasion, su mirada es una combinación perfecta entre ternura y juguetona jajaja. Su cuerpo es suave, tierno y firme. Sus curvas son anchas combinando con su cintura estrecha. Sus tetas y culo son medianos perfectos, son suaves y firmes. Obviamente entrena su cuerpo y cuida para ser todavia y mantenerse sexy.
Después de la transformación, gracias a su familia y su estatus comenzo a trabajar como modelo. Hoy es de la mujer las deseada del pais.
Alejandro Y Gimena: Despedida De Soltera

Tres meses después de convertirla en mi perra personal, Gimena, la modelo y futura esposa de otro, me estaba llamando a su despedida de soltera. Era la prueba de que, sin importar cuánto dinero tuviera o a quién prometiera amor, ella me pertenecía
El lugar era un delirio de lujo, con una fiesta privada que ya estaba en marcha cerca de la piscina. Las amigas de Gimena, todas modelos y figuras de revista, se movían con la despreocupación de quien nunca tuvo que trabajar por nada. Yo era el infiltrado
Ella se acercó a la pista, y la seguí discretamente. Apenas nuestros ojos se cruzaron, su sonrisa se congeló y se convirtió en esa mirada de puta total que solo yo conocía.
Me acerqué por detrás. Ella estaba bailando con una copa en la mano, un movimiento sensual que ya conocía. La agarré de las caderas por encima de la tela, pegándola a mí. Ella se giró sin dejar de bailar.
— Pensé que no ibas a venir. Me susurró al oído, su aliento a champagne caliente.
— Siempre cumplo con mis promesas. Pero ahora, vas a bailar para mí. Le dije mientras la agarra y me la lleve al sitio VIP. La hice girar, y ella se sentó sobre mí, perreando sin parar, como si las caderas de la futura esposa de Marcos estuvieran programadas solo para mi verga. La tenía vestida, en público, y ella bailaba con la furia de su compromiso. La humillación era exquisita.
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— Vas a ir a ese baño. Encontré esto en el placard del staff. Te vas a poner este vestido y vas a volver aquí, lista para tu verdadero show. Le dije, dándole una bolsa pequeña con un vestido ajustadísimo que había llevado para ella.
— ¿Qué es?. Preguntó, jadeando por el esfuerzo y la excitación contenida.
— El uniforme de mi puta. Le dije.
Ella se fue, con una sonrisa de complicidad en la cara.
Minutos después, Gimena regresó. El vestido ajustado era una locura. Estaba hecho para ser tocado. Era tan ajustado que apenas le permitía caminar, y resaltaba cada centímetro de su culo y sus tetas.
Me acerqué a la barra principal donde ella y la mayoría de sus amigas y otros invitados estaban pidiendo tragos. Ella se apoyó en el mármol, las piernas cruzadas.
— ¿Te gusta, Amo?. Me preguntó, con esa palabra dulce que tanto me gustaba.
— Es perfecto. Ahora te voy hacer mía otra vez. Pero antes, un adelanto. Le dije.
Sin importarme la gente, me paré justo al frente de ella. La rodeé con mis brazos por detrás, acercándola al tumulto de la barra, donde nadie nos prestaría verdadera atención. Mis manos se movieron bajo el vestido. Levanté la tela por la espalda, exponiendo su culo redondo y firme.
— Esto es por tu compromiso, perra. Le dije con arrogancia sabiendo lo puta que es y era sola mía.
La besé con una pasión voraz, mientras mis dedos se movían en su culo, masturbándola, con su culo expuesto a la barra. Ella se aferró al mostrador, su espalda arqueada. La excitación de que cualquiera pudiera verla era palpable. Se corrió en mis dedos, soltando un gemido ahogado en mi boca. Sentí sus jugos vaginales calientes mojando mis dedos.
— ¡Mierda, Ale!. Me dijo entre gemidos.
— ¡No pares! ¡Que todos vean que soy tuya!. Me decia con una voz quebradiza.
Retiré mis dedos, su culo quedó brillando, empapado, justo antes de que el vestido cayera de nuevo. Me alejé, dejándola temblando y excitada en el medio del bar.
— Ahora anda. Anda a sentarte con tus amigas y disfruta de cómo tu cuerpo te traiciona.
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Gimena, con la cara roja y el cuerpo aún temblando, fue a sentarse con Candela, una de sus damas de honor, en un par de taburetes junto a una mesa auxiliar. Comenzaron a hablar, seguramente de la boda, de Andres, de cualquier mierda aburrida que la gente normal habla.
Me senté en un taburete cercano, fingiendo mirar el teléfono, observándola como un depredador acechando.
Me dirigí hacia ella. Me paré justo detrás de Gimena, que estaba sentada en el taburete, dándome la espalda.
No dije nada. Su amiga Candela estaba hablando, gesticulando, totalmente distraída. En un movimiento rápido, le levanté el vestido por completo, exponiendo su culo redondo, firme y caliente, justo en frente de Candela.
Candela y Gimena se quedaron con la boca abierta a mitad de la conversación. Candela, por la sorpresa. Gimena, por el placer anticipado.
Saqué mi verga, que ya estaba dura y recta. Agarré sus caderas y la estampé contra mí, clavando mi verga por su culo en una embestida profunda y brutal.
— ¡Sí, Amo! ¡Rómpeme el culo! ¡Que se joda Marcos! ¡Soy tu puta!
Gimió, devolviendo el golpe de mi cadera con el suyo, la voz dulce ahora convertida en un grito de lujuria.
— ¡Mira esto, Candela! ¡Mira cómo se comporta la futura señora de Marcos! ¡Está hambrienta por mi verga!. Grité, cogiendo a Gimena por la cintura y dándole más duro.
La cogí, fuerte, brutal, en público, mientras Candela se cubría la boca con las manos, incapaz de apartar la mirada del espectáculo. En ese momento, Gimena no era la futura esposa de nadie. Era mi puta personal, y yo se lo estaba demostrando a todos.
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Saqué mi verga de su culo, húmeda y caliente. Gimena se quedó temblando, delante de Candela. La amiga, completamente en shock, por fin reaccionó.
— ¡Gimena, por Dios! ¿Qué estás haciendo? ¡Es tu despedida!. Gritó Candela, pero su voz sonaba más excitada que asustada.
Gimena miro a Candela, con el rostro sudado. Su vestido estaba subido, y su culo brillaba por mi semen pre-eyaculatorio y rojo del choque de mi cadera contra su culo.
— ¡Cállate, Candela! ¡Es mi despedida! ¡Y voy hacer lo que mi amo quiera!. Le dijo a Candela.
Gimena se levantó, me agarró de la mano con fuerza, sus ojos brillaban como los de una adicta.
— ¡Todas al loft! ¡Es la suite principal! ¡La fiesta de verdad empieza ahora!. Ordenó Gimena a todas sus amigas con una voz dominante que yo le había enseñado.
— Venís con nosotras, Amo. No podes quedarte acá después de esto. Me dijo mientras me agarraba de las manos y me guió con ella.
Fuimos con el grupo de mujeres hacia la suite VIP. Apenas cerramos la puerta del loft, que estaba ambientado con luces bajas y música sensual, Gimena corrió hacia mí como una desesperada.
Entré en su vagina, que estaba caliente, húmeda y apretadísima. El golpe seco de mi cadera contra la suya resonó en el cuarto.
— ¡Esto es tuyo, Gimena!. Le dije, mientras la penetraba parado, fuerte, brutal.
Sus amigas, en lugar de horrorizarse, se quedaron en silencio, observando el show privado de su futura novia. Una de ellas soltó un jadeo. Gimena, sintiéndose observada, intensificó su actuación.
— ¡Sí, macho! ¡Dame más! ¡Soy tu yegua desquiciada! ¡Rompe a esta puta!. Me agarró la cara y me besó, una puta absoluta.
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La bajé al centro de un sillón de terciopelo. Ella se acomodó sobre mí, pero no para un paseo tranquilo.
— Miren, putas! ¡Miren lo que me da mi Amo!. Gritó, clavando mi verga hasta el fondo de su vagina.
Ella se aferró a su cabello con una mano, tirando con fuerza, mientras cabalgaba. Sus caderas, anchas y perfectas, se movían con la violencia y la rabia que había guardado por meses. Puse mis manos firmes en su cadera, guiando su frenesí. Las otras mujeres no apartaban la mirada. Sus cuerpos desnudos saltaban al ritmo de la cabalgata, y sus gemidos se mezclaban con la música.
— ¡Soy tu yegua, Amo! ¡Tu yegua de lujo!. Gritaba. Sus amigas nos veían, y eso la volvía aún más salvaje.
Gimena era la estrella del show, y yo era el director. La humillación era completa. Ella no solo era mi puta, sino que ahora era la exhibición de mi poder.
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Estaba encima de mí, en ese sillón de terciopelo, cabalgando como una yegua que recién sale del corral. Su ritmo, su rabia y su dolor eran solo míos. Las amigas miraban fijamente, sus bocas abiertas.
— ¡Mirame, perra! ¡Mirá cómo te tengo!. Le ordené, deteniendo mis manos sobre sus caderas.
Ella giró sobre mi verga en un solo movimiento, dándome el frente.
Ahora sus pechos, aunque medianos, eran un espectáculo de carne firme y sudor. Sus ojos, llenos de lujuria desquiciada. Ella misma tomó el control del ritmo, bajando y subiendo, apretándome con la fuerza de su vagina que me recibía como un viejo amigo.
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La bajé de mí. Mi verga estaba dura como una roca, empapada de su jugo caliente. Gimena no dudó. Se arrodilló entre mis piernas y se dispuso a comerme la verga.
Se llevó mi verga a la boca con una voracidad que me hizo gruñir. La succión era brutal, la destreza de su lengua, inhumana.
Candela, se acercó, fascinada.
— ¡Miren, chicas! ¡La futura esposa demostrando sus talentos! —Gritó Candela.
Candela se acercó más, y en lugar de ayudar a Gimena a levantarse, la agarró del pelo.
— ¡Dale, Gimena! ¡Hacelo bien! ¡Por tu amo!. Candela con una sonrisa perversa, guio la cabeza de Gimena, forzándola a tragarme más profundo.
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Retiré mi verga de su boca. Estaba chorreando baba y era el centro de atención de la sala.
— ¡Arriba! ¡El show no termina!. Le ordené a Gimena.
La agarré de la cintura, la levanté y la estampé sobre una mesa en el centro del loft. Entré de una estocada, violenta y profunda.
— ¡Sí, Amo! ¡Rompe a tu puta!. Gimena gritaba, agarrándose a la mesa, sus senos rebotando con cada embestida, mientras gemía y se dejaba llevar por el placer.
Mientras la cogía brutalmente, la chica más joven del grupo, Luna, se acercó a mi lado, excitada por el espectáculo.
— Alejandro, Amo. Me susurró Luna al oído, con una voz temblorosa de deseo
— Puedo ser yo tu siguiente puta?. Me pregunto casi suplicando que me la coja en ese momento. Pero esta noche iba hacer mi regalo hacia Gimena.
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La saqué de la mesa. El vestido que le había dado estaba empapado en sudor y fluidos.
— Suficiente ropa, perra. Ahora quiero el cuerpo que solo es mío. Le dije.
Le agarré la tela por la espalda y rasgué el vestido en un tirón brutal. El vestido de fiesta cayó a sus pies, dejando a Gimena completamente desnuda frente a todas sus amigas. Su cuerpo, perfecto y suave, estaba temblando.
La puse en cuatro en la mesa otra vez, desnuda, con su piel brillando por el sudor. Me puse detrás. Agarré mi verga. Y con una mano, le agarré el cuello con firmeza, aplicando la presión suficiente para recordarle que yo tenía el control absoluto.
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Luego de un par de embestidas y escucharla gemir como la puta que es. Me senté en el centro de la alfombra. Ella se levantó, su rostro manchado de saliva, y se subió sobre mí. La acomodé para que me diera la espalda.
— Ahora, vas a montar al revés. Mirá a tus amigas y deciles a quién le pertenecés. Le ordene.
Ella se acomodo arriba mio y se dejó caer sobre mi verga con un golpe húmedo y salvaje.
Empezó a cabalgar con una furia vengativa, su culo firme rebotando sobre mi pelvis.
La agarré de las piernas y las abrí por completo, exponiendo su vagina y mis movimientos a todo el grupo.
— ¡Miren cómo me la cojo!. Grité, dándole embestidas violentas.
Mientras la penetraba en esa posición expuesta.
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Estaba a punto de correrme, sintiendo la presión explotar. La saqué de la mesa y la tiré de espaldas al suelo. Una de sus amigas, Candela se acercó, señalando la cara de Gimena.
— ¡Acá, Alejandro! ¡Hacelo en su cara! ¡Para que sepa quién manda!. Me dijo, con un brillo salvaje en los ojos.
No necesité más permiso. Me puse sobre Gimena, mis rodillas a los lados de su cabeza.
Alejandro Y Gimena: Despedida De Soltera

Estaba al límite. La combinación de la traición, el público y la succión brutal de Gimena me había llevado a mi punto de quiebre. Saqué mi verga de su vagina, mojada y chorreando. Ella cayó sobre la mesa, temblando.
— ¡Preparate, putita!. Le ordené, apuntando mi verga hacia su cara.
Gimena arrodillada en el suelo alfombrado. Las demás mujeres formaron un círculo, expectantes.
— ¡Este es tu regalo de despedida, Gimena! ¡Tragá todo!. Le dije mientras soltaba un chorro fuerte sobre su cara
Me corrí con toda mi fuerza sobre su cara, sobre sus labios carnosos, sobre su pecho desnudo. Ella se quedó quieta, cubriéndose con mi semen, con una sonrisa de absoluta satisfacción. Las amigas gritaron y aplaudieron el final del show.
Las amigas soltaron un grito de excitación y empezaron a aplaudir. Gimena, con la cara manchada y el cuerpo temblando, me miró, y sonrió. La humillación era total. La futura señora de algun boludo era mi puta personal, y el mundo lo sabía.
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¡La Despedida de Soltera fue un éxito! Gimena demostró ante todos que, aunque se case con otro, su cuerpo y su alma me pertenecen. Destrocé su dignidad y ella me rogó por más. ¿Vieron cómo se entregó a su Amo en público? Ahora, el clímax: La Boda.
¿Quieren ver cómo la cojo justo antes de que camine al altar? ¿Cómo la obligo a llevar mis marcas y mis fluidos en el día de su supuesta pureza?
Si este post llega a 300 PUNTOS, publico la tercera parte:
Alejandro y Gimena: La Boda
¡Demuestren que quieren ver a la futura esposa siendo mi puta personal otra vez!
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Anterior:
Alejandro Y Gimena: Hermana Protectora.
https://www.poringa.net/posts/relatos/6084875/Alejandro-Y-Gimana-Hermana-Protectora.html
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Continuación:
Alejandro Y Gimena: La Boda:
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Anterior Post:
Alejandro Y Elisa: La Tía Recién Separada.
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Próxima Post:
Alejandro Y Celeste: La Seguidora Fanatica:
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1 comentarios - Alejandro Y Gimena: Despedida De Soltera

ll3210
espetecular man muy bueno los gif